Creation Myth of the Universal Human Nation…

Artwork by Stefun Kelly

In those cruel times at the end of the Old Era, the era of Despair, Silo and his Companions arose in the high mountains in the South, near the center of the world.

These mountains, the mountains ruled by the great Aconcagua, Sentinel of Light, were the next link in the great chain that binds and charges the Earth, making her ready for the next Leap.

There in the high mountains, far from the din and stink of the great cities, far from the corporate citadels of inhumanity, Silo and his Companions heard and felt the first tremors of the great Snake who awoke, rank with dark power, slithering and vomiting in the bowels of the earth, consuming his own refuse. Swollen with contradiction under his ancient scales, he dreamt vipers of despair and sent them into the sleep of the unformed children of earth, poisoning many and many of them with his venom, convincing them in the innocence of their dreams that fear and greed were their only defense against Death, Loss and Annihilation.

As the tremors shook the earth, Silo and his Companions sensed the growing danger, and saw the crisis that if unchecked would bring Death and Despair to all humanity. And they spoke among themselves.

To their High Council they invited the lowliest of the children of earth, that they might become Children of the Dawn, Warriors of Light.

And together they devised a Plan, in accordance with the Plan that is held in the City of the Done and the Yet-to-be-Done, the City of Light. They devised a plan to vanquish Death – a plan whereby the Snake and his servants would be disemboweled and blasted, their remains sanctified and returned into the dust of the earth.

On the roof of the world Silo and his Companions strengthened themselves, mastering the high Game of Spheres. Opening their hearts they leapt high, their spirits awakening with joy as they summoned from Within the power of the Light.

To the Snake and his cowering minions they were invisible.

But many of the children of earth saw them playing, and drawn by the joy of the game, they joined in, dancing and singing and laughing with delight. And the earth shook with the terrible and brilliant Force of their game.

Soon the shaking became so great, this shaking of laughter and delight, that even the servants of the Dark were aroused, and looked up from their vile machinations, and wondered what was happening there above them to make the roof of their world tremble. But in their obsession with possession and destruction, they believed themselves to be the Kings of Time – and so they returned to their slaughter and their gorging, their skins stretched taut over their swollen bodies…

Above, in the sunlight, Silo and his Companions called more and more of the children of earth into their Game. In the fields of Light they flung their spheres high into the sun; accosting the heavens they soared over the great mountain ranges, making obeisance, as they passed, to the Aconcagua, Sentinel of Light. Leaving no corner of the earth in darkness, they dove even into the Seas, parting the waters and everywhere bringing the brilliant music of their Spheres.

And Humanity awoke, singing and rejoicing and making love, and their Children arose strong and pure from the earth.

But the minions of the Snake recoiled from each other in terror and hid under their mountains of wealth in the vast darkness of their souls. Hoarding what they thought was treasure but was really their own refuse, swallowing their own entrails in their terror of loss, they poisoned themselves and became hopelessly confused in their subterranean mazes, tripping over each other’s inert forms and stabbing each other in the dark.

And above, in the Sunlight, Silo and his Companions, the Children of the Dawn, Warriors of Light, became strong in Love and Compassion, until they resolved to penetrate even the Hells. Exulting and intent, with deadly aim, armed with their bright swords and their gleaming spheres, they plunged into the infernal depths. There they found the Snake awaiting them. Rearing up, it coiled its massive body around Silo and his Warriors and crushed them until their mangled bodies burst, and their remains were sucked into the bottomless void. The Snake roared and spat flames of triumph – but in the midst of his millennial roaring, Silo and his Warriors, laughing and nimble with Light, sprang whole out of the Abyss. Whirling their swords in a whirlwind of light, they severed the heavy coils and blasted all the creatures of darkness, until the Snake and his unformed servants were disemboweled and blasted, and all the children of Darkness lay eviscerated under their feet, like humus for the new spring and the new fertility of the earth.

And Silo and his Companions rose up through the earth and became the seeds and flowers, the sunlight and the water and the wind and the very earth of the New Times.

And to this day the Hells remain the place of despair and dark seclusion, of illusion and dismay, for all servants of Self-doubt.

But even in the blackest depths of Hell, there remains a single door out: the opening of the Heart of Light.

– inspired by “The Ball Game in the Hells,” from the Popol Vuh, creation myth of the Quiche people of Guatemala.

Silo y el juego de esferas

Mito Raíz de la Nación Humana Universal

En aquellos crueles tiempos, a finales de la vieja era —la de la desesperación—, Silo y sus amigos surgieron en los altos montes del Sur, cerca del centro del mundo.

Aquellos montes, gobernados por el gran Aconcagua —Centinela de la Luz—, fueron el próximo eslabón de la gran cadena que ciñe y recarga a la Tierra preparándola para su próximo salto.

Allí, entre las grandes montañas, lejos de la estridencia y del hedor de las metrópolis, lejos de las ciudadelas corporativas de la crueldad, Silo y sus amigos oyeron y sintieron los primeros temblores de la gran Serpiente que despertaba, investida de oscuro poder, reptando y vomitando en las entrañas de la tierra, devorando su propio excremento.

Repleta de contradicción bajo sus escamas vetustas soñó víboras de desesperación y las mandó a los sueños de los hijos de la Tierra no formados aún, corrompiendo a tantos y tantos con su ponzoña, convenciéndolos, en la inocencia de sus sueños, de que el temor y la codicia eran su única defensa contra la Muerte, la Pérdida y la Aniquilación.

Cuando los temblores sacudieron la Tierra, Silo y sus amigos sintieron el peligro y presintieron la crisis que, de no ser frenada, traería muerte y desesperación a la Humanidad.

Entonces hablaron entre ellos.

A su Alto Concilio convocaron a los más humildes hijos de la Tierra, para que se convirtieran en Hijos del Amanecer, Guerreros de la Luz.

Y juntos idearon un Plan de acuerdo con el Plan guardado en la Ciudad de lo Hecho y lo por Hacer, la Ciudad de la Luz. Elaboraron un plan para derrotar a la Muerte en virtud del cual la Serpiente y sus sirvientes serían destripados, destrozados y sus restos purificados para luego esparcirlos como polvo en la tierra.

En la cima del mundo Silo y sus amigos se fortificaron haciéndose maestros en el gran juego de las esferas. Abriendo el corazón saltaron a las alturas y su espíritu despertó con regocijo al invocar en su Interior el poder de la Luz.

Ellos eran invisibles a los ojos de la Serpiente y sus acobardados secuaces.

Pero muchos hijos de la Tierra les vieron jugar y, atraídos por la alegría del juego, se sumaron danzando y cantando y riendo con deleite. Y la Tierra se estremeció con la terrible y brillante Fuerza del juego.

Pronto el estremecimiento fue tal —por sus risas y deleite— que aun los sirvientes de la Oscuridad se sobresaltaron, y quitando la vista de sus viles maquinaciones, miraron y se preguntaron qué ocurría allá arriba que hacía temblar el techo de su mundo.

Pero en su obsesión por la posesión y la destrucción y, creyendo ser los Reyes del Tiempo, volvieron a su carnicería y a su gula, la piel tirante en sus cuerpos inflados.

Arriba, a la luz del Sol, Silo y sus amigos llamaron a más y más hijos de la Tierra a su juego.

En los campos de Luz lanzaban las esferas a en lo alto, hacia el Sol; asaltando los cielos, se elevaron sobre los grandes cordones montañosos, reverenciándose ante el Aconcagua, Centinela de la Luz. No dejaron un solo rincón de la Tierra en la oscuridad y hasta se sumergieron en los Mares, partiéndolos y llevándoles la brillante música de las Esferas.

Y la Humanidad se despertó cantando, regocijándose, haciendo el amor y sus hijos brotaron de la tierra, fuertes y puros.

Mas los secuaces de la Serpiente terminaron aterrados repugnándose entre sí y se ocultaron bajo sus montañas de riquezas en la inmensa oscuridad de sus almas. Acaparando sus propios deshechos creyéndolos tesoros, engullendo sus propias entrañas temerosos de perder, se envenenaron y se confundieron irremediablemente en sus laberintos subterráneos, tropezando con las formas inertes de unos y otros, apuñalándose en la oscuridad.

Y arriba, a la luz del Sol, Silo y sus amigos, los Hijos del Amanecer, Guerreros de la Luz, se fortalecieron de Amor y Compasión y resolvieron irrumpir en los Infiernos. Exultantes y resueltos, con puntería mortal, armados de fulgurosas espadas y destellantes esferas, se sumergieron en la profundidad infernal.

Allí los esperaba la Serpiente. Irguiéndose, enrolló con su enorme cuerpo a Silo y sus Guerreros hasta que sus cuerpos mutilados reventaron y fueron tragados por el vacío interminable. La Serpiente rugió vomitando llamas triunfales, pero en medio de su rugido milenario, Silo y sus Guerreros, riendo, ágiles de Luz interna, emergieron ilesos del abismo. Blandiendo sus espadas en un torbellino de Luz cercenaron los gruesos anillos de la bestia y destrozaron a las criaturas de la oscuridad. La Serpiente y sus sirvientes no formados fueron destripados, aniquilados; los hijos de la oscuridad yacieron a sus pies como fertilizante para la nueva primavera y la renovada fertilidad de la tierra.

Silo y sus amigos atravesaron la tierra y brotaron de ella siendo semilla, flor, sol, agua y viento, la tierra misma de los Nuevos Tiempos.

Hasta hoy los Infiernos son el sitio de la desesperación y la oscura reclusión, la ilusión y el desaliento para los sirvientes de la Desconfianza de sí.

Pero aun en la oscura profundidad del Infierno existe una sola puerta de salida: la apertura del Corazón Iluminado.*

*Inspirado en “El juego de pelota en los infiernos” del Popol Vuh, mito raíz del pueblo Quiché de Guatemala, de Mitos Raíces Universales de Silo. Un especial agradecimiento a Carlos Polla por su sugerencia de usar un mito americano como ímpetu estructural de la biografía. El resultado fue este “mito” que, para mí, encarna la esencia de la historia que quise relatar. En efecto, si tuviera que elegir entre esto y toda esta biografía descontrolada, elegiría esta pequeña historia. Cuando se la envié a Silo en 2006, él la aprobó y dijo que se podría publicar en el sitio web silo.net que, en esos momentos, tenía un alcance más amplio e incluía no solo la obra oficial de Silo, sino también otras obras inspiradas en el siloísmo. Sin embargo, antes de que la historia pudiese ser incluida, se reconfiguró la página para que aparecieran solo las obras oficiales de Silo.

Silo y el juego de esferas

Silo & the Game of Spheres

Trudi Lee Richards

Trudi Lee Richards, writer and poet-bard of Silo’s Message, is the author of Confessions of Olivia; On Wings of Intent, a biography of Silo; Soft Brushes with Death; Fish Scribbles; and Experiences on the Threshold. In the pre-internet past she published Human Future, an independent review published from 1989-96 in San Francisco, CA; and was co-founder of La Mamelle, a San Francisco arts publication from the '70s. A graduate of Stanford University, she is the mother of five grown kids/stepkids and five step grandkids. She currently lives in Portland, Oregon.