Introducción

Por lo general cuando uno mira hacia atrás, y contempla los acontecimientos que han moldeado nuestra existencia, se tiende a hacerlo con un dejo de nostalgia y con una suerte de romanticismo a veces necesario para compensar por una vida que de otra forma sería bastante aburrida y no muy interesante. No tengo idea si este es mi caso, pero estoy sumamente consciente de que es algo que he encontrado en muchas novelas biográficas.
He tratado lo mejor que he podido de evitar estas trampas y de escribir los sucesos en la forma en que los percibí, no necesariamente en la forma que ocurrieron.
Al admitir esto, quiero enfatizar que todo lo escrito en este libro es exactamente de la forma en que quiero presentar las cosas. No es de ninguna manera veraz, no es nada de imparcial y no pretende ser objetivo tampoco. Es solo la fiel recolección de cómo todo lo que sucedió fue anotado en una especie de diario, desde el momento de haber tomado contacto con el Movimiento Humanista.
Para los que leen estas páginas y se encuentran descritos como personajes, no es una coincidencia, probablemente así fue. No es claro, si, que los roles fueron jugados en la forma explicada. Solamente puedo pedir disculpas por esto y una vez más repetir que lo narrado está hecho desde mi particular perspectiva.
Esta es una perspectiva personal y el hecho de que el pasado el presente y el futuro se encuentren entrelazados a través del libro entero, es así precisamente, porque es lo que me interesa desarrollar.
Hay personajes que a propósito no son desarrollados para nada y otros que sí lo son. Las descripciones de los protagonistas principales no son detalladas y el énfasis no está en los aspectos externos, sino más bien al revés. El estilo no está diseñado para entretener, sino que para transmitir una experiencia, un punto de vista, una vivencia, una forma de mirar nuestra realidad.
Mis motivos más profundos para escribir todo esto que a lo mejor no es de interés para mucha gente, tienen que ver con tratar de remediar una situación que siempre sentí gran impotencia al respecto.
La primera vez que alguien realmente necesitaba el Movimiento y me preguntó acerca de él, no fui capaz de darle una imagen coherente de lo que éramos o hacíamos. Repetí frases sin conexión entre ellas. Enfatizé puntos que no tenían relevancia. Omití lo más básico y fundamental, y me quedé con la sensación un poco agria de no haber podido transmitir mucho de lo que para mí era lo más importante del mundo en ese momento.
Me tomó muchos años comprender que estas ideas no pueden ser aceptadas simplemente porque son presentadas coherentemente. Todo lo contrario. Muchas de las ideas más completas y coherentes que han sido expuestas a través de los siglos siguen siendo rechazadas o mal entendidas.
La aceptación o rechazo de cualquier sistema de ideas está directamente ligado al estado mental y/o al momento de proceso en que el individuo que lo recibe, se encuentra. Sin ir más lejos, cuando me hablaron del Movimiento la primera vez, simplemente lo rechacé sin pensarlo dos veces. No estaba listo para escuchar esas ideas en ese momento.
Al parecer cualquier idea puede ser muy atrayente en ciertos momentos, muy repelente en otros, y también en otro momento puede ser indiferente.
Eso con las ideas. Con respecto a los seres humanos, he notado que nos vemos o queremos ver como personas objetivas, sin reflexionar mucho acerca de que es solamente un deseo, una aspiración, pero no una realidad. Es cierto que en el esfuerzo por ser más objetivos, se genera tolerancia y apertura, lo que es muy positivo. Pero de ninguna manera podemos hablar de verdadera objetividad. ¿A qué viene todo esto? A repetir una vez más que estos escritos son sumamente subjetivos y que como tales están basados en creencias, en ideales, en aspiraciones. Sin estos ingredientes, la vida sería un cinismo absoluto.
El “creer” en algo, en alguien, en algunos o muchos, sucede cuando internamente creamos un espacio en donde hay aceptación para ese fenómeno. Ese espacio que conscientemente se abre, genera comprensión de ideas, conceptos, teorías, comportamientos y básicamente, comprensión de otros seres humanos que son el reflejo de uno mismo.
“Creer” es un riesgo que se toma, especialmente por las desilusiones que puede causar, por el rechazo que puede provocar, o el uso que otros pueden hacer de uno. Por otro lado, el que no toma el riesgo, no comprende mucho, y la falta de experiencia arruina la riqueza misma de la vida, generando un escepticismo muy en boga en estos días, que no es más que temor disfrazado de razón. Este nihilismo, que no es nada nuevo en la historia humana, en vez de proteger al interesado, lo aísla con una falsa sensación de seguridad.
Estos escritos carecen de nihilismo y a pesar de yo ser una persona ingenua, no me es difícil entender que el “creer ingenuamente” no es lo que estoy tratando de explicar, y eso si podría destruir la poca “fe” que las personas pueden generar. No me refiero al creer ingenuo, sino a la capacidad de apertura y de honradez interna que podamos tener con respecto a lo que nos llega como estímulos desde el mundo circundante.
Estas páginas contienen creencias y vivencias que me confirman el hecho de que es imprescindible poder creer en otros. Más importante aún que el creer en un sistema, en una ideología, en una doctrina o lo que fuere. Es solamente cuando nuestra intencionalidad humana se expresa en el mundo, es que podemos darle sentido a nuestras vidas.
Asumiendo que todos queremos tener sentido en nuestra existencia, creo que no hay forma posible de hacerlo si no nos abrimos a otros y orientamos nuestras vidas en esa dirección. Esto no es algo objetivo, ni tampoco es algo que uno lo pueda pensar mucho. Es fundamentalmente un acto emotivo de entrega y de cariño por uno mismo y por otros que últimamente es lo mismo.
No pretendo remediar completamente la situación de no haber podido comunicar lo esencial del Movimiento Humanista, porque he aprendido que la coherencia no lleva una aceptación implícita y que en estos asuntos, la reciprocidad es clave. Al menos he tratado de presentar los temas en la forma en que me impactaron y confío que a mucha gente estos temas le pueden resultar igualmente motivadores.
Este libro no pretende grandes desarrollos teóricos de las propuestas humanistas. Tampoco pretende explicar nada de lo que ha sido explicado en ocasiones anteriores. Estas páginas son solamente una expresión más de estas propuestas, vividas intensamente por él que las relata.
Por último, quisiera añadir que me identifico plenamente con este párrafo que cito a continuación y que ha sido un enorme movilizador en la aventura de escribir este libro.

“Cuando alguien comprueba que el individualismo esquizofrénico ya no tiene salida y comunica abiertamente a todos sus conocidos qué es lo que piensa y qué es lo que hace sin el ridículo temor a no ser comprendido; cuando se acerca a otros; cuando se interesa por cada uno y no por una masa anónima; cuando claramente expone la necesidad de multiplicar esa tarea de reconexión en un tejido social destruido por otros; cuando siente que aún la persona mas “insignificante” es de superior calidad humana que cualquier desalmado puesto en la cumbre de la coyuntura epocal…cuando sucede todo esto, es porque en el interior de ese alguien comienza a hablar nuevamente el Destino que ha movido a los pueblos en su mejor dirección evolutiva, ese Destino tantas veces torcido y tantas veces olvidado, pero reencontrado siempre en los recodos de la historia. No solamente se vislumbra una nueva sensibilidad, un nuevo modo de acción sino, además, una nueva actitud moral y una nueva disposición táctica frente a la vida.”

De los Archivos del Siglo XXI – Primera carta a mis amigos

Fernando Aranguiz,
Portland, Oregon
Octubre, 1998

Ver en Amazon.com

Photo credit: Rafael Edwards
El Aniversario