Anécdota con Silo

Una anécdota que sucedió durante la presidencia de Alfonsín en Argentina (1983-89):

Yo estuve charlando toda la noche con un par mendocino (era la época estructural de los Consejos), sobre temas tan diversos como, por ejemplo, porqué los Delgados de Grupo no lograban activarse estructuralmente; sobre Alfonsín y también la situación del país en general.

Al día siguiente volamos a Mendoza a un asado que organizaba nuestro amigo de marras, y al cual había invitado al Negro para que conociera personalmente a su pequeña hija. Cosa que ciertamente ocurrió.

Es aquí donde Silo desarrollo el tema del paisaje de formación de los argentinos, entre otros asuntos introductorios. Se dio un hecho extraordinario: ¡Nos contestó todas las dudas que nos habíamos planteado con mi amigo la noche anterior en mi departamento de Belgrano, en Capital Federal a más de mil kilómetros de Mendoza!

Quedamos conmovidos por la extraña situación. Era como si el Negro, hubiera estado junto a nosotros escuchando nuestra charla…

Silo, comenzó dando un largo rodeo antes de ir al tema que nos compete. Habló de Chascomús y de cómo esa tradicional ciudad bonaerense había influenciado en Alfonsín y su futura conducta. Luego comenzó a elogiar el ordenamiento que en la antigüedad hicieran los ingleses de las leyes y de cómo los argentinos nos burlábamos de todos sin haber hecho un aporte significativo a la cultura universal. Citaba a Rattín en el Mundial de fútbol de 1966, que cuando es expulsado en Wembley, se sienta en la alfombra roja del palco de la Reina, y lanza un escupitajo mientras hace un gesto obsceno hacia ella. Por supuesto que al otro día los diarios británicos titularon el incidente con el recordado, “ANIMALS”.

Decía que los europeos, al centro de su paisaje tenían un monstruo, el Minotauro y que, luego de luchar y luchar para llegar a lo más profundo de su laberinto interior, intentaban dar la última batalla contra el mítico animal. Los argentinos, por el contrario, luego de numerosas combates para llegar al núcleo de su ser, se encontraban con…, nada… Con una suerte de “vacío interno”, de “nada interna” y que por ello enloquecían cayendo en el nihilismo, y rompiendo todo lo que trabajosamente habían construido.

Daba el ejemplo de Malvinas, donde luego de tomar las islas sin una sola baja inglesa, fuerzan a las Naciones Unidad a proponer un diálogo. ¿Y qué dicen los militares? “¡Qué venga el principito!” O sea, “patean el tablero” y sumergen al país en una delirante aventura bélica…

También citaba a Borges. Decía que Borges había descrito esta situación de nihilismo a la perfección en su cuento, “El jardín de los caminos circulares”, donde al centro del laberinto no había nada, o había la nada, lo que es lo mismo.

En fin esta charla del Negro se quedó fuertemente grabada en mi memoria. Recuerdo que también habló de la “necrofilia”, del amor a la muerte de nuestros compatriotas, y lo ejemplificó históricamente con el descuartizamiento del cadáver de Lavalle, el robo del cuerpo de Eva Perón; la desaparición de las manos del General, etc.

Todo esto me fue de gran utilidad, cada vez que estaba “tentado” a tirar abajo lo construido con gran esfuerzo. También en los momentos de muerte de un ser querido, donde uno puede caer en el “abismo” y “patear el tablero” y romper todo. Aprendí que en los momentos de duelo y pérdida, no se debe cambiar nada, porque uno está motivado por razones que no vienen al caso. Es un consejo que muchas veces di (si es que es válido dar consejos…), y que nunca fue tenido en cuenta. Lamentablemente, pude ver el sufrimiento innecesario y el perjuicio que se produjo por no reflexionar a fondo este tema.