Experiencias en el umbral con el Mensaje de Silo

Una compilación de testimonios personales sobre el vivir y el morir plenos de sentido

Trudi Richards, Catalina Portel, Hugo Novotny

 

Aquí se cuenta cómo al sin-sentido de la vida

se lo convierte en sentido y plenitud.

Aquí hay alegría, amor al cuerpo, a la naturaleza,

a la humanidad y al espíritu.

Aquí se reniega de los sacrificios, del sentimiento de culpa

y de las amenazas de ultratumba.

Aquí no se opone lo terreno a lo eterno…

 

del Cap. 1 – “La meditación”, en

“La Mirada Interna” de El Mensaje de Silo

 

 

 

 

No te imagines que estás solo en tu pueblo, en tu

ciudad, en la Tierra, en los infinitos mundos.

No te imagines que estás encadenado

a este tiempo y este espacio.

 

No te imagines que en tu muerte

se eterniza tu soledad.

 

de “El Camino”, en El Mensaje de Silo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A Salvatore, con todo nuestro cariño


Indice

Agradezco – por Bélgica Villalobos

¿Qué es El Mensaje? – por Patricia Ríos

Introducción y agradecimientos

TESTIMONIOS

Experiencias con la Ceremonia de Bienestar

Elena – Madrid, España

Mónica – Río Negro, Argentina

Fabiana – Buenos Aires, Argentina

Roberto – Madrid, España

Huga – Santiago, Chile

Pía – Buenos Aires, Argentina

Silvina – Buenos Aires, Argentina

Poli – Madrid, España

Leda – Barcelona, España

Isabel – Madrid, España

Agata – Buenos Aires, Argentina

Norma – Buenos Aires, Argentina

Emma y Godi – San Francisco, California, EEUU

Sara – Roma, Italia

Zoe – Santiago, Chile

Experiencias con el Oficio

Ricardo – Avellaneda, Argentina

Patricia – New York, EEUU

Experiencias con el Pedido

Para Graciela – Mar del Plata, Argentina

Kelmis – Mar del Plata, Argentina

Nieves – Buenos Aires, Argentina

Ester – Madrid, España

Cecilia – Bogotá, Colombia

Aurora – Madrid, España

Hugo – Moscú, Rusia

Claudie – París, Francia

Experiencias con la Ceremonia de Asistencia

Patrizia – Milán, Italia

Raquel – Lima, Perú

Fabiana – Buenos Aires, Argentina

Néstor – Buenos Aires, Argentina

Kelmis – Mar del Plata, Argentina

Juan Pablo – Santiago, Chile

Catalina – Buenos Aires, Argentina

Mabel – Barcelona, España

Miguel Angel – Madrid, España

Soledad – Santiago, Chile

Trudi – Davis, California, EEUU

Serenella – Milán, Italia

Peter – Amsterdam, Holanda

Experiencias con la Ceremonia de Muerte

Marcos – San Pablo, Brasil

Quim – Barcelona, España

Isaías – Buenos Aires, Argentina

Serenella – Milán, Italia

Federica – Milán, Italia

Antonia – Nápoles, Italia

Hugo – Moscú, Rusia

Cecilia – Florencia, Italia

José – Quito, Ecuador

Experiencias en los Parques de Estudio y Reflexión

Irene – Madrid, España

Isaías – Buenos Aires, Argentina

Rodolfo – Quilmes, Argentina

Rita – Milán, Italia

Raúl – Jujuy, Argentina

Mariángeles – Río Negro, Argentina

Blanca – Buenos Aires, Argentina

Maroly – Río de Janeiro, Brasil

Viky – Madrid, España

Reflexiones

Mayte – Alcalá de Henares, España

Angelo – Milán, Italia

Gonzo – Quito, Ecuador

India – Roma, Italia

Anexos

  1. Ceremonias

Oficio

Imposición de manos

Bienestar

Asistencia

Muerte

Reconocimiento

Agradecimiento

Pedido

 

  1. Experiencias guiadas

La persona amada

El resentimiento

La protectora de la vida

La muerte

III. Silo acerca de la muerte y la trascendencia

El sentido de la vida

El Camino

 

  1. Vocabulario

 

LLamadas


Agradezco

Agradezco a Dios

que me ha abierto los ojos

y mostrado la verdad del mundo,

me ha entregado su Ser

para que lo viva en mi ser.

Agradezco a Dios

por presentárseme

y no dejarme vagar, ya,

por el sin sentido y la duda.

Agradezco a Dios

con alegría

por llenar tanto la copa mía.

Agradezco y agradezco

por el punto de partida

por el punto de llegada

y toda la travesía.

Bélgica Villalobos

(pocos días antes de partir,

por un cáncer terminal)

 

 

¿Qué es El Mensaje?

¿Qué es El Mensaje de Silo?

El Mensaje es un soplo de vida que nos despierta luego del largo sueño invernal.

El Mensaje es como la primavera: es la renovación que nos limpia, desde adentro, purificándonos del dolor y el sufrimiento, del temor y la amargura… El Mensaje toca esa parte de nosotros ya agotada por la larga lucha, con nosotros mismos y los demás; transformándola en un lugar de serenidad, en un espacio de compasión, reconciliación y verdadera solidaridad. El Mensaje abre el camino que nos lleva de vuelta a casa, al corazón; donde anida la certeza de cómo vivir nuestras vidas y qué hacer por nuestra gente querida y por el mundo, para que la vida avance y la muerte retroceda.

El Mensaje es poderoso como el agua que baja de las montañas, refrescante, inagotable en su verdad y significado. El Mensaje se convertirá en un río que correrá a través de todas las tierras, uniéndonos y conectándonos del modo más simple con lo Profundo, aquello que lleva en sí lo que es y siempre será.

El Mensaje es un regalo para la Humanidad: ceremonias y reflexiones que nos dan fuerza para nuestra búsqueda de sentido y transformación.

El Mensaje de Silo es nuevo pero también ancestral, porque ha nacido junto con la Humanidad.

El Mensaje es una insinuación de libertad.

El Mensaje es una posibilidad.

 

 

 

 

Patricia Ríos

 


Introducción y agradecimientos

El tema de la trascendencia

…cuando la Muerte irrumpe

                                                y explota

                                                en la inexistencia,

como una finísima película de rocío

en una mañana de verano…

 

Si usted alguna vez ha llegado, por accidente o por intención, a ese lugar donde no se muere, usted nada querrá más que volver allí: para encontrar nuevamente la puerta entre los dos mundos y abrirla, para que todos puedan pasar a su través.

Este libro está dedicado a esa búsqueda y a esa apertura.

El espíritu de estas historias, la mayoría de las cuales fueron escritas a modo de cartas a amigos, es el de una maravilla, un deseo de compartir una suave esperanza, una nueva posibilidad. Estas son historias de profunda conexión con nuestro más interno ser, con los demás, con lo Sagrado. Muchas de estas experiencias irrumpen frente al rostro de la muerte o ante la cercana posibilidad de morir; en aquellos momentos cuando lo único que nos importa es encontrar y dar alivio, sentido, reconciliación. Por eso tal vez, cuando debemos enfrentarnos al dolor o a la partida de un ser querido, o al final de nuestra vida tal cual la conocemos, en nuestra desesperación, muchas veces, nos abrimos a algo nuevo…

El contexto común a estas historias lo pone la obra del escritor y guía espiritual argentino Silo. Muchas de las experiencias relatadas fueron inspiradas por las ceremonias que se encuentran contenidas en el libro El Mensaje de Silo; otras ocurrieron en conexión con otros aspectos del trabajo de Silo . Aunque muchas podrían fácilmente ser ubicadas en más de una categoría, las hemos agrupado del siguiente modo:

Experiencias con la Ceremonia de Bienestar

Experiencias con el Oficio

Experiencias con el Pedido

Experiencias con la Ceremonia de Asistencia

Experiencias con la Ceremonia de Muerte

Experiencias en los Parques del Mensaje de Silo

Reflexiones

Las ceremonias de Bienestar, Oficio, Imposición de manos, Asistencia y Muerte provienen de El Mensaje de Silo; el Pedido es una breve oración para pedir profundamente por aquello que realmente necesitamos; los Parques del Mensaje de Silo Estudio y Reflexión son espacios abiertos a la reflexiуn experiencia profunda, la meditaciуn, eal intercambio y eal encuentro entre personas, sin distinción de edad, nacionalidad, raza ni religión, localizados en diferentes países alrededor del mundo.

Algunas de las historias también hacen referencia a diversas eExperiencias gGuiadas y lecturas. Muchas de las ceremonias y experiencias referidas en las historias, así como algunos otros escritos que consideramos especialmente relevantes para el tema de la muerte y la trascendencia, puede ser encontrados en los Anexos. Aquellos que no han sido incluidos por cuestiones de espacio están mencionados y pueden ser fácilmente encontrados en el sitio oficial del Mensaje de Silo: www.silo.net .

Un vocabulario de términos y expresiones comunes ha sido incluido al final.

Estas historias son ofrecidas aquí no como una “prueba” de la realidad de la trascendencia, sino como inspiración, como posibilidad, como referencia; reconociendo que el único conocimiento realmente válido proviene de la experiencia personal. En 1980, durante un intercambio con un grupo de estudios en la ciudad de MéxicoMéjico, Silo habló claramente sobre esta materia, declarando su propia certeza de que “la muerte no detiene el futuro”, pero también resaltando la experiencia personal de cada uno como punto de partida para el descubrimiento de la propia verdad:

Y así, coherentemente con lo enunciado, declaro ante ustedes mi fe y mi certeza de experiencia respecto a que la muerte no detiene el futuro, que la muerte, por lo contrario, modifica el estado provisorio de nuestra existencia para lanzarla hacia la trascendencia inmortal. Y no impongo mi certeza ni mi fe, y convivo con aquellos que se encuentran en estados diferentes respecto del sentido, pero me obligo a brindar solidariamente el mensaje que reconozco hace feliz y libre al ser humano. Por ningún motivo eludo mi responsabilidad de expresar mis verdades aunque éstas fueran discutibles por quienes experimentan la provisoriedad de la vida y el absurdo de la muerte.

Por otra parte, jamás pregunto a otros por sus particulares creencias y, en todo caso, aunque defino con claridad mi posición respecto a este punto, proclamo para todo ser humano la libertad de creer o no creer en Dios y la libertad de creer o no creer en la inmortalidad.

Entre miles y miles de mujeres y hombres que codo a codo, solidariamente, trabajan con nosotros, se suman ateos y creyentes, gentes con dudas y con certezas y a nadie se pregunta por su fe y todo se da como orientación para que decidan por sí mismos la vía que mejor aclare el sentido de sus vidas.

No es valiente dejar de proclamar las propias certezas, pero es indigno de la verdadera solidaridad tratar de imponerlas.”

Para todos los amigos que nos han facilitado estos relatos, hacemos llegar nuestro sincero agradecimiento.

Y un AGRADECIMIENTO muy especial para Mario (Silo), nuestro Maestro y amigo del alma, que nos ha ayudado con sus enseñanzas a manifestar en la propia experiencia lo mejor de nosotros mismos, para otros.

Trudi Richards, Catalina Portel, Hugo Novotny

SetiembreJuni 201106

 


 

 

 

 

Testimonios

 

 

 

 

 

I.

                                             Experiencias

                                             con la Ceremonia

                                             de Bienestar

 

ELENA – Madrid, España

Con Luis

El pedido de ayuda me llegó a través de mi hija. El hijo (19 años) de su amiga Ana ha tenido una recidiva de leucemia y no reacciona frente a la quimioterapia. A su amiga se le ha cerrado el futuro y se encuentra en tal situación de bloqueo que no sabe bien por dónde tirar ni qué puede hacer ella por su hijo.

Diciembre

Me puse en contacto con Ana y le comenté la forma en que yo podría ayudarla. La charla duró apenas unos minutos y la invité a experimentar. Eso fue decisivo.

Ella ha ido invitando a miembros de su familia, a sus amigos, a los amigos de su hijo.

Después de dos experiencias, nos juntamos todos en el hospital. Hemos pedido permiso al médico y nos juntamos en una salita cercana a su habitación. Allí hacemos las ceremonias. En la primera la gente estaba un poco tensa, sin saber muy bien qué estaban haciendo allí. La segunda fue toda una sorpresa. Doce personas, todos allí de pie, con los ojos cerrados, totalmente entregados. Ahora ninguno de ellos se la quiere perder y todos están pendientes del día y la hora.

Por otra parte, estoy trabajando con el hijo con Experiencias Guiadas. En principio con la Configuración del Guía Interno y con la Protectora de la Vida. Él se sorprende de que cada vez que las hace le salen cosas diferentes y habla sin tapujos de la muerte. Cada vez van interesándose más acerca del Mensaje y alguno ha preguntado si eso lo podrían reproducir ellos en otros ámbitos.

La madre, Ana, comenta que desde que hizo aquella primera experiencia, su vida se ha transformado, como si ella se hubiera convertido en una persona diferente, con más energía y con imágenes positivas en su cabeza.

Enero

Luis comienza a reaccionar a la quimio, por lo que le incluyen en el programa de transplante de médula. Esto va a significar que al producirle la aplasia (bajada total de las defensas) le van a colocar en una situación muy delicada, pues cualquier catarro o infección puede llevarle a las puertas de la muerte. Aún así, Luis accede. Durante el permiso que le dan para volver a su casa antes del transplante, Luis abandona el trabajo interno, sólo quiere pasarlo lo mejor posible con su novia por si acaso se muere durante el período del trasplante.

Una vez le provocaron la aplasia, prohibieron las visitas, por lo que todo mi contacto con él se redujo a las llamadas telefónicas.

Julio

Estoy en Santander, me llama mi hija y me dice que Luis está en la UCI con una infección pulmonar y que esperan muera en las próximas horas. Ana no quiere contestarme el teléfono, pero a fuerza de insistir (y de un SMS muy elaborado que le mando) ella termina llamándome. Desde Santander hago una experiencia y siento a Luis muy conectado, así que llamo a Ana y se lo digo, le digo que no se crea tanto el determinismo de los médicos, que de ésta no se muere. Le dije que de cualquier forma le hiciera la ceremonia de Asistencia, pero más tarde me dijo que no se la hizo porque le daba “yuyu”.

Una vez llego el domingo a Madrid, acudo al hospital. Al estar Luis en la UCI, únicamente nos dejan visitarle 1 hora por la mañana y otra hora por la tarde. Ana me pide que hable yo con los médicos, que ella no quiere verlos. Los médicos nos reciben ya con cara de funeral y poco se puede hacer para cambiarles el clima. Entro a ver a Luis y le veo entubado y sedado, le siento con una fuerza increíble, peleándosela como un toro. Salgo a la sala de espera y planteo un psicodrama a la familia: “cómo puede ser que él se la esté peleando de esta manera y vosotros estéis aquí llorando una muerte que aún no sucedió, esto no es forma de ayudarle”. No se si me pasé, si fui muy brusca… fue un impulso que no sé de dónde salió. De cualquier forma, Ana me miró muy sorprendida y reaccionó. Entró conmigo a ver a Luis. Le hicimos la ceremonia de Asistencia. Por la tarde hicimos la experiencia de la Protectora de la Vida y la de las Nubes. Al día siguiente Luis comenzó a mejorar. Yo veía en él cambios muy evidentes con la experiencia de las Nubes, por lo que me centré en ella y se la hacíamos por lo menos un par de veces al día. También seguimos haciéndole la Configuración del Guía y la Protectora de la Vida, así como la Imposición. Mientras hacíamos las experiencias, o bien teníamos una mano sobre su cabeza, o sobre su pecho…

El hecho de estar en la UCI, supuso en un comienzo una incomodidad, las enfermeras y médicos nos miraban de reojo y una sentía en la piel las miradas. Pero establecer la prioridad fue esencial, también el hecho de pensar que todos aquellos que escucharan algo aprenderían y registrarían.

Los días siguientes, Luis fue mejorando a pasos agigantados y los médicos plantearon ir quitándole la sedación. Éste es un momento delicado, pues normalmente los pacientes “vuelven” muy agitados y desorientados, de forma que plantearon hacerlo de una forma paulatina, un proceso de varios días. Los médicos, mientras, seguían con cara de funeral y lo único que pude hacer fue que nos aseguraran que ellos iban a hacer su parte bien hecha y con los medios que fueran necesarios al caso. Continuamente insistían en que Luis no podía oírnos y no podía sentirnos. Pero nosotras sabíamos que, sobre todo, en la experiencia de las Nubes su corazón aceleraba el ritmo siempre en la misma parte y se relajaba también siempre en la misma parte (las ventajas de tener la monitorización a mano). También podíamos ver en el monitor cómo le subían las pulsaciones cuando su novia le acariciaba y le hablaba al oído. ¡¡Vaya que se enteraba!! ¡¡DE TODO!!

Justo el día que esperábamos se iba a despertar, la saturación de oxígeno desciende y los análisis de sangre muestran la presencia de una infección. Nadie entiende qué pasa. Comienzan a revisar todo y pasado un día más, se dan cuenta que tenían que haberle cambiado los catéteres ¡¡hacía más de cinco meses!!, motivo más que suficiente para haberle provocado una infección.

Dos días después, Ana me llama por la mañana y me dice que no puede entrar a verle, que algo internamente se lo impide. Le digo que yo en la mañana no puedo ir y que alguien tiene que hacerle la experiencia, así que finalmente pasa ella.

A las 7 de la tarde, según estamos esperando la hora de la visita, nos informan de que Luis ha tenido un infarto cerebral. Ana no quiere entrar. Ella queda abajo esperando mientras entro a verle. Le siento tan nítidamente que parece que me habla, me queda claro que él no va aceptar quedarse entre nosotros con las consecuencias de ese infarto. Le hago la Asistencia, y siento lo mismo que si echara una gota de agua sobre un río caudaloso. Bajo y le comento a Ana que me parece no tenemos mucho tiempo y que creo que lo mejor es que suba a despedirse.

Con nosotras también estaba Cristina, la mejor amiga de Luis. Estaba como fuera de lugar, en un rincón, como si ella no tuviera derecho a estar allí. Le sugerí hiciera la Asistencia, de modo que se acercó a Luis y con la mano en su cabeza comenzó a leer, despacio, con un cariño inmenso. Su cara se transformó y me pidió si podía quedarse con el libro del Mensaje (yo llevaba varios en el bolso, he aprendido a ir preparada, así que sin problemas).

Lo que pasó a partir de aquí supone una de las experiencias más hermosas que he vivido. Ana, que es pura dinamita, un potro desbocado, se acercó a Luis, tomó una gasa y con una suavidad impropia de ella comenzó a limpiarle la boca, bromeando y regañando porque las enfermeras son unas vagas que no le limpian. Comenzó a tratarle como si fuera un niño pequeño, con una dulzura exquisita; le tranquilizaba, le decía que ya sabía que todo esto había sido mucho para él y que nos dábamos cuenta de que ya no podía más. Le acariciaba las manos, los brazos, el pecho, la cabeza, con una ternura que parecía trasladarnos a otro espacio y otro tiempo. Se acercó a su oído y le susurró algunas frases que nadie más que Luis pudo escuchar.

En el mismo instante en el que ella acabó de hablarle, Luis dejó de respirar, el vello de su piel se erizó y tomó un color ceniciento. Cerré los ojos y comencé una experiencia de Fuerza. Oía a Ana que me llamaba, preguntándome por qué Luis no respiraba. Yo estaba intentando sentir a Luis y una vez registré que todo estaba bien con él, abrí los ojos y le contesté que Luis ya no estaba dentro de ese cuerpo. La unión y la paz que registramos todos los que estábamos allí, fue muy grande…

Septiembre

Nos hemos reunido para hacer una experiencia conjunta aprovechando que es el cumpleaños de Luis. Viene toda la familia, amigos, novia… Nos juntamos 20 personas. Se lee una carta que he escrito. Algunas lágrimas asoman, pero sobre todo la emoción en la sala alcanza una cota muy alta. Después, hacemos la experiencia de “El ser querido” que Rosita Ergas incluye en su libro “La muerte, un umbral”, adaptada a esta especial circunstancia. Mientras leo la experiencia, observo detenidamente a los presentes: todos están derechos, con sus pechos henchidos, los ojos cerrados… Ana no puede reprimir las lágrimas. Cierro los ojos y veo a Luis danzando entre nosotros, acercándose a su madre y dándole una colleja cariñosa le dice: “serás boba…”

Los testimonios posteriores son sorprendentes. Muchos de los presentes están asombrados y comentan con vehemencia, como para que los otros puedan creerlo, que han sentido a Luis allí mismo, a su lado. El clima que se ha generado es tremendamente positivo y todos comienzan a recordar los buenos momentos pasados con Luis, sus travesuras, aquello que “me dijo” o “hizo”, etc. Le recuerdo a Ana los últimos momentos vividos con su hijo, su forma de hablarle, su suavidad… ella no lo recuerda.

Con Dani

Dani es hermano de Luis, tiene 10 años.

La muerte de Luis le ha trastornado. Se siente desprotegido sin su hermano mayor. Ana (su madre) no sabe qué hacer en esta situación.

Acabamos de hacer la experiencia de El Ser Querido en casa de Ana. Invito a Dani a que venga a una habitación conmigo.

Nos sentamos en la cama. Le sugiero que cierre los ojos y a partir de allí se sucede esta experiencia:

– Cierra los ojos Dani. ¿Puedes imaginar a tu mamá?

– Sí.

– La ves bien, ¿verdad? Sin embargo, mamá no está aquí.

– No.

– ¿Y la quieres?

– Sí.

– ¿Cómo sabes que la quieres? Lo sientes?

– Sí.

– ¿Dónde lo sientes?

(por unos instantes Dani queda callado, levanta su mano y la posa un poco más abajo de la garganta, después la desplaza hasta el pecho)

– Aquí (me señala).

– Ahora intenta imaginarte a Luis. Hazlo sin prisa, tómate el tiempo que necesites y avísame cuando puedas verlo bien.

(pasa un tiempo, quizás un par de minutos)

– Ya.

– Le puedes ver, ¿recuerdas cómo se reía y cómo jugaba contigo?

– Sí.

– ¿Le quieres mucho, a qué sí?

– Sí, mucho.

– ¿Y dónde lo sientes?

(Dani queda bastante tiempo callado, finalmente lleva su mano al pecho)

– Lo siento aquí, pero por dentro (señalando con su mano hacia atrás, como marcando una profundidad).

– Pues ya has encontrado el lugar donde está Luis. A partir de ahora siempre que quieras verle podrás hacerlo, siempre que necesites su cariño lo tendrás.

– ¿Y podré hablar con él y preguntarle cosas?

– Siempre que quieras. A lo mejor a veces tarda un poco en contestarte, pero eso no tiene que preocuparte. Le podrás contar todas las cosas que te pasan en el colegio, pero no te olvides de contarle también las cosas alegres, que a él le va a gustar.

Unos días después, Ana asiste (oye desde otra habitación) a la siguiente conversación entre Dani y su hermana Verónica (8 años):

– Vero, no seas pesada. Hay veces que mamá se pone un poco triste porque quiere hablar con Luis y cuando se pone así no tienes que molestarla.

– ¿Y cómo se puede hablar con él?

– Elena me ha enseñado a hablar con Luis y yo te voy a enseñar a ti.

 

Elena Ayuso

helen_ayuso@telefonica.net    

 

 

 

 

MONICA Río Negro, Argentina

Todo empezó en el mes de septiembre, cuando necesitaba unas radiografías para hacer taceles de escultura, eran las 23:00 y no sabía donde conseguirlas. Salí al kiosco, a llamar a mi madre… y cuando volví me encontré con una mujer que estaba hablando con otra en la vereda.

Y le digo, así como soy yo: “¿Doña no tiene algunas radiografías?”

Algunas tengo…”, me contesta.

Necesito una o dos…”, le respondo.

¿Donde vivís?”, pregunta.

En la esquina doña, en el departamento de la puerta verde”.

Fue a su casa y volvió… con 5 radiografías.

En mi casa teníamos algo desordenado, entonces nos quedamos charlando afuera, la noche estaba muy serena… Y me contó su historia. Y me contó que su hijo tenía un tumor en la cabeza, y que se sentía muy desesperada.

No dudé y entré a buscar el librito del Mensaje.

Y le dije que dentro de esa gran angustia de madre hay una fuerza gigantesca, que si la trabaja con fe, quién dice… quizás ayude en algo.

Le expliqué la ceremonia de Bienestar, la de Imposición… y ella me dijo que tenía una virgen a la que le rezaba…

Bueno, yo estaba con los exámenes del Insa, así que casi no tenía tiempo libre para ir a verla, ella trabaja en 3 casas de empleada doméstica y no podíamos juntarnos… Así que quedamos en que cada una hacía lo suyo… en cada casa.

Al mes me la encuentro, me dice que había leído todo el librito… y que había partes que no entendía, pero que, no sabía por qué, le gustaba igual… Y que le había leído al hijo las ceremonias…

El 24 de diciembre golpea la puerta, la atiendo. Me da la noticia que al hijo le había desaparecido el tumor. Me invita a que en la Nochebuena pase por su casa…

La vida tiene un sentido, que en ocasiones no alcanzo a percibir, y esto me da que pensar.

Mónica Ceballos

artehumanista@yahoo.com.ar

 

 

 

 

FABIANA – Buenos Aires, Argentina

La muerte del hijo de Nora

En estos días sería el aniversario de cumpleaños del hijo de Nora de Villa Itatí (tal vez algunos recuerdan las ceremonias de Bienestar en la plaza de Tribunales con Nora, otras madres de chicos víctimas del “gatillo fácil”, familiares, amigos y distintas argupaciones). A Nora la policía le mató a su hijo de 18 años en noviembre pasado.

Yo no recordaba bien si era el viernes o el domingo, así que la llamé el viernes a las 15hs y me dijo que a las 16 habría una misa en nombre de Víctor, que se había adelantado a último momento, porque originalmente estaba planificada para las 18.

Fui directamente para allá. Llegué a las 16.30 y en la puerta de la capilla cerrada había una nota: estamos en …….- una casa de enfrente -.

Golpeo en la casa y me abre un muchacho joven, dueño de la casa.

En la cocina, humilde, había unas 20 personas de todas las edades alrededor de la mesa (hermanos, amigos, familiares) y un cura en uno de los lados, que ya había comenzado con su misa. Yo conocía a unas 3 personas.

Después de cantar algunas canciones, un muchacho que tocaba la guitarra propone a los invitados que, quien quisiera, compartiera con todos la memoria que Víctor había dejado en ellos; y que, gracias a esas historias, él había llegado a conocer y querer a Víctor. Como nadie hablaba, habló Nora, con el corazón y entre algunas lágrimas.

Entonces, aprovechando la oportunidad y con el consentimiento de Nora, hicimos la ceremonia de Bienestar – en la mitad de la misa – después de unas palabras que alentaran nuestros mejores sentimientos ante la adversidad reinante.

Todo transcurrió con mucha profundidad. Nora dijo que sentía la presencia de Víctor entre nosotros. Unos 10/15 minutos más y terminó la misa y todos nos abrazamos y besamos. Tenía que volverme a casa, pero Nora me pidió que me quede y nos quedamos conversando y tomando unos mates un tiempo más.

Me dijo que había conseguido, a través de una asociación gubernamental (lavadoras de culpas), que hicieran un local en la Villa para atender a las víctimas de la violencia. Estaría inaugurado para noviembre y nos invitó a participar con las Ceremonias y tratar de cerca el tema de la violencia con todas las personas. Tenemos tiempo de prepararlo bien para entonces.

Nora se ha convertido en “madre de madres” huérfanas de hijos, víctimas de la violencia (he conocido a algunas de ellas) y esa actitud solidaria de salirse del propio dolor para ayudar a otros, la ha “salvado”, a mi ver.

Quería compartir con ustedes esta experiencia de hacer la ceremonia de Bienestar en medio de una misa católica, porque me pareció que es bueno estar ahí, donde la gente está buscando “afecto, sentido y esperanza” sea cual sea el lugar donde busquen. Y eso me abrió una nueva comprensión sobre mis propias limitaciones, que pueden ampliar su cerco si me dispongo suavemente y sin prejuicios a que eso pase.

Un fuerte abrazo para todos,

Fabiana

fabiana@elmensajedesilo.com.ar

 

ROBERTO – Madrid, España

Carmen es la hermana mayor de diez hermanos. A los 51 años los médicos le diagnostican Alzheimer, mi cuñado y sus hijos deciden internarla en una residencia, pues dicen que sus hermanos no quieren ayudar (líos de familia). Radicalmente cortan las relaciones con los hermanos, no se sabe dónde se encuentra Carmen. Cuando Carmen cumple 60 años nos enteramos por una prima que se encuentra en un hospital terminal; no conseguimos averiguar en dónde exactamente.

Sábado 5 de Marzo de 2005

Me despierto. Sentado en la cama tengo una sensación extraña. Me levanto, me aseo y se me olvida. Es sábado y toca trabajos domésticos; sobre media mañana, limpiando el polvo me pongo a llorar, no entiendo el motivo del llanto. Me habrá entrado polvo en los ojos… es la explicación que me doy. En la cocina, preparando la comida, vuelvo a llorar y no estoy picando cebollas, pero esta vez siento mucha emoción. Me digo: “Bueno, esto está bien, me viene bien para desbloquear”, porque algunas veces al llorar siento que duele el pecho y algo dentro paraliza el continuar llorando. Duermo una siesta después de la comida, al despertar continuo con el llanto y me digo: “como esta mañana he soltado, viendo que esto era bueno, por eso sigo llorando”. No le doy mayor importancia.

Martes 8 de Marzo

Es mediodía, suena el teléfono. Es Mercedes, mi hermana de Estepona. Me cuenta lo que le pasó el sábado: que estaba muy revuelta, discutió con el marido y con los hijos y con los vecinos, que esto era señal para ella de algo que pasaba en la familia. El domingo llamó a una prima de Jerez. Se contaron sus vidas y, antes de colgar, la prima le dijo: “te lo tengo que decir Mercedes, me lo han prohibido pero eres mi prima y te quiero, Carmen partió el sábado, su cuerpo fue incinerado el domingo”… Comprendí el llanto del sábado.

Domingo 13 de Marzo

El resto de la familia se quedó descompuesta, no pudieron despedirse de Carmen. Se me ocurrió juntarlos en el local para hacer la ceremonia de Bienestar y después empecé hablando de lo positivo de Carmen. Manma – así es como la llamaba de pequeño – era para mí, mi segunda mamá. A los cuatro años tuve un accidente, sólo recuerdo un edificio parecido a un convento, pero, lo más importante: “me encontraba en brazos de Manma”. A los catorce años quería ser sacerdote de la iglesia, no por creencia, sino por emular al director espiritual que teníamos en la iglesia, que era una buena persona. Fue quien me inculcó que veníamos a este mundo para ayudarnos los unos a los otros, siempre estaba en discusión con los demás curas, porque siempre defendía a las personas. Ahí estaba Manma aconsejándome que si quería ayudar a los demás, podría hacerlo desde otros ámbitos. A los quince vestía como un adulto, pues usaba la ropa de mi padre (traje chaqueta con corbata); éramos muchos hermanos, yo era el que más crecía, me tocó la herencia. Ahí estaba Manma aconsejándome que tenía que vestir como los jóvenes, pues siempre me encontraba triste y que la ropa acompañaba a mi tristeza. Ella fue la que habló con la Mamá, que en aquellos tiempos no era fácil. A los dieciséis mi hermana Eugenia y yo todavía sosteníamos cómo venían los niños al mundo de una forma infantil. Ahí estaba Manma. Me dio un libro diciendo que lo leyera y le preguntara cualquier duda que tuviera. Noté mucha emoción en mis hermanos, poco a poco se fueron sumando a contar su experiencia con Carmen.

Se tomaron esta juntadera como si hubiera sido la despedida y el entierro de Carmen.

Ese día comimos juntos, durante la comida estuvimos hablando de cómo Mercedes y yo habíamos intuido la partida de Carmen, sin poderlo asociar en el momento que nos sucedió. Entonces Eugenia y Elena (otras dos hermanas) compartieron sus experiencias. Eugenia contaba que en la madrugada del sábado había tenido un sueño extraño, discutía con Carmen y la echaba de casa; lo extraño del sueño consistía en que nunca había soñado con ella y que tampoco había vivido con ella, pues Carmen se casó muy joven y ella era bebé. Elena contaba que, el sábado por la mañana, sentada en su cama arreglando la ropita de su bebé, sintió por detrás de ella que alguien la observaba, giró la cabeza y vio a nuestro padre (que partió hace ya más de treinta años) apoyado en el marco de la puerta sonriéndole y le pareció escuchar en su interior que le decía: “No te preocupes, todo está bien”. Para ella nuestro padre es su Guía, en los momentos buenos y malos siente que la acompaña.

Jueves 17 de Marzo

Llego del local a casa, es de noche y como de costumbre me dirijo a la habitación para ponerme ropa cómoda. Al traspasar el umbral de la puerta de la habitación siento un fuerte escalofrío en la espalda, al salir vuelvo a sentir el escalofrío (debe de ser que he cogido frío sentado en el local). El pasillo es un habitáculo pequeñito, que une los cuatro espacios de la casa, cada vez que paso por este espacio punto de unión, siento el escalofrío. Los días siguientes pasan cosas extrañas en la casa, me tranquilizo diciéndome que me he obsesionado con el tema, que yo mismo produzco las rarezas. Le pido ayuda y protección al Guía.

Lunes 21 de Marzo

En la reunión de trabajo interno comento lo que me está pasando en casa, entre comentarios y risas llego a la conclusión de que algo o alguien está en la casa y necesita ayuda. Esa misma noche pongo el plan en marcha. Estoy acostumbrado, por gusto, a escuchar la experiencia guiada de La muerte con el discman en la cama antes de dormirme. Antes de ponerme los auriculares digo en voz alta: “Quien quiera que se encuentre aquí que aproveche esta experiencia para encontrar el camino hacía la Ciudad de la Luz”. Me pongo en la postura fetal porque estoy acojonao… Cuando llega esa parte que dice: “Cuando en la gran cadena montañosa encuentres la ciudad escondida debes conocer las entrada. Pero esto lo sabrás…”, siento como golpes en la cadera, siento que ese alguien aprovecha la vía que le he ofrecido… Y entonces siento una gran calma, ya no hay miedo.

Sigo con los escalofríos. Cuestiono lo que hice aquella noche, no sirvió para nada… “Espera – me digo – sí sirvió, al menos me tranquilicé y las cosas extrañas dejaron de suceder”.

Miércoles 30 de Marzo

Todas la noches a las once, más o menos, trabajo con la ceremonia de Bienestar y algunas veces también con la Fuerza. Y en ese espacio personal sagrado, que voy creando poco a poco, pido por los seres queridos que tienen dificultades. En este tiempo y algo más atrás venía pidiendo por el tío de una par, pues estaba hospitalizado; y también pedía por Carmen, a los seres queridos de otro tiempo y espacio, que la ayudaran a encontrar el camino. A cambio ofrecí las acciones válidas llevadas a cabo por mí, para que Carmen no fuera con las manos vacías.

Eran las 4 de la tarde, suena el teléfono, era mi par, me llamaba para saludarme. Estábamos conversando, cuando me dice que había sentido un escalofrío en la espalda. Yo le digo: “debe ser tu tío Felipe que viene a despedirse de ti”.

Ella me dice que no bromee con estas cosas, que ella pasa mucho miedo, y seguimos conversando sobre el tema. Hasta que me da las gracias por haber seguido conversando, de ese modo le dio tiempo a llegar hasta la calle sin sentirse sola.

Esa misma tarde, en el masaje de osteopatía, tengo una experiencia curiosa. Cierro los ojos para observar los bloqueos energéticos que hay en el cuerpo; de entre las imágenes que van surgiendo veo a Carmen, y detrás de ella a un hombre joven con los cabellos largos y dorados. Le pido al hombre que conduzca a Carmen a la Ciudad de la Luz, pues se encuentra perdida.

A las 11 de la noche suena el teléfono, es Soledad (mi par). Su voz está triste, me dice que su tío partió a medio día y me pregunta: “¿Cómo sabías tú que mi tío vino a visitarme?”. Le contesté que fue casualidad: al decirme lo del escalofrío, lo asocie al escalofrío que yo siento en casa y creo que es Carmen, y pensé que podría ser tu tío, pero fue casualidad. Y le conté la experiencia que tuve esa tarde. Me preguntó cómo era el hombre, se lo expliqué, y me dice: que así era su tío de joven.

Comprendí que no estaba loco. Y que todo lo que había pasado, había pasado.

Comprendí que uno no está sólo y que se puede dar y pedir ayuda a cualquier persona de cualquier tiempo y cualquier espacio.

 

Robe

9153532589@telefonica.net

 

 

 

HUGA – Santiago, Chile

Querida Eva,

Te escribo a ti sola primero, porque es más íntimo. Si tú quieres, después se lo mandas a quien creas que puede interesarle o servirle.

Lo de mis operaciones – ya llevo tres – más uno que otro evento más o menos grave que ha requerido anestesia, es algo que en verdad me ha puesto en contacto con otro espacio. Una no sabe si acaso la anestesia ayuda a eliminar un poco de racionalidad y te permite ver más allá, o si todo es un estado alucinatorio por lo mismo.

Lo que sí te puedo asegurar es que es muy agradable, muy pleno y hasta me atrevo a decir a veces… trascendente.

Hace cuatro años, cuando desperté bien, estaba muy serena. Habían pasado como 15 horas desde que había entrado al pabellón de operaciones, no recordaba en qué momento me había dormido. Mi gran amiga, Sonia, me acompañaba. Eso me daba mucha tranquilidad, pero apenas lo recordaba. Al despertar bien, supe que había sido muy largo el procedimiento, más de 10 horas, y que se temía por mi vida.

Bueno, pues la serenidad que yo sentía era porque me acompañaba la visión de que todos mis amigos del movimiento estaban con las manos extendidas; y de todos esos dedos, que deben haber sido cientos, salían rayos de luz de todos los colores. Con eso se formaba un lecho que me sostenía, durante el tiempo que fuera necesario, hasta que estuviera fuera de peligro. Esa fue una visión clarísima. No sé en que momento se produjo, pero su recuerdo era tan reconfortante y sanador como no te puedes imaginar.

Ahora en la última operación, que sólo duró 5 horas, siempre tuve una fuerte sensación de protección y seguridad. Creo que esto tiene que ver con que sabía que en muchos lugares se estaban haciendo ceremonias de Bienestar, Oficios y pedidos por mí. Pero además, yo sabía que el Negro tenía mi foto en su monitor. Incluso había dicho que él iba a estar ahí. Lo cierto es que me sentía como si estuviera adentro de un útero o algo así. Todo lo que pasara estaba bien: la recuperación, la partida, todo. No había lugar para el temor, ni para la más mínima tensión.

Después de despertar pude recordar y agradecer. Todavía sigo agradeciendo, cada día. A veces me pregunto si estaré destinada a algo mayor. Ya que la vida me ha sido difícil, pero al mismo tiempo he sido tan premiada, querida y protegida…

Bueno Evita, eso es todo por esta noche. Mañana volveré a escribirte, cosas más baladíes.

Un gran abrazo.

Huga.

hugatormen@gmail.com

 

 

HERNAN

Mi historia comienza en el mes de febrero de

Después de una operación, debo comenzar con el tratamiento de quimioterapia. A esta altura de la situación mi estado físico y psicológico era deplorable ya que había bajado mucho de peso y estaba moralmente muy desanimado. Cuando comencé la quimioterapia la situación se siguió complicando porque había perdido totalmente el apetito y la pérdida de peso continuaba.

Evidentemente, en esta situación, la posibilidad de recuperarme era impensable y por más esfuerzo que hiciera no podría revertir la situación.

En esos momentos nos ponemos en contacto con una Mensajera y ella se ofrece para acompañarme en charlas personales y también comenzamos a realizar el Oficio, la Imposición y la experiencia de Bienestar. Al principio comenzamos a realizarlos solos, luego se sumó mi esposa y comencé a concurrir a las reuniones de los días viernes, donde también, luego de un intercambio, realizamos el Oficio.

En esa etapa yo no podía concurrir en forma regular a las reuniones porque mi estado físico a veces no me lo permitía, entonces hicimos las reuniones en mi casa en varias oportunidades.

A partir de un determinado momento, y sin que hubiera un motivo médico que lo justificase, de a poco comencé a tener ganas de comer nuevamente y paulatinamente comencé a re

Hoy, después de haber terminado el tratamiento de quimioterapia y ya estando en el periodo de controles mensuales, mi estado es excelente, ya que recuperé mi peso original, pude comenzar a trabajar y prácticamente mi vida es normal.

Como comentario final puedo decir que, gracias al apoyo de mi familia, de mis amigos y a las ceremonias y reuniones del Mensaje pude salir al frente y tener hoy fuerzas para seguir peleando.

 

Hernán Pérez Aguirre

PIA – Buenos Aires, Argentina

Gonzalo tiene 45 años. Ha pasado los últimos 25 años de su vida en distintas instituciones siquiátricas. Su diagnóstico es esquizofrenia paranoide.

Hace unos meses, su bronquitis crónica se complicó. Los médicos le retiraron la medicación siquiátrica por las dificultades que tenía para respirar.

Era jueves, llegamos a la clínica a verlo y su doctora nos preparó para lo peor. Nos invitó a despedirnos de él pues su estado era muy grave. No estaba comiendo ni tomando líquidos. Le habían dado una medicación que tardaría 20 días en cambiar la química de su cerebro, pero no sabían si el cuerpo resistiría tantos dias. No había esperanzas para él.

Entonces entramos en su habitación. El cuerpo de Gonzalo sobre esa cama parecía el de un cristo sin cruz, hasta sus pañales y la posición de sus piernas casi de costado me recordaban aquella imagen.

Parecía que se había desconectado del entorno. No me dejaba tocarlo, ni taparlo, no quería más… Su mirada estaba perdida y, a pesar de mis palabras, no había forma de conectar con él. De pronto giró su cabeza y me miró. Dijo algo así como: “no quiero nada más, no quiero nada más”, suspiró y entendí su mensaje. A los pocos minutos había desconectado otra vez.

Nos fuimos del lugar pensando que era el final, sin saber si al día siguiente seguiría vivo.

Al otro día, viernes, nos reunimos en casa como todos los viernes para hacer el Oficio y la Ceremonia de Bienestar. Cuando el oficiante preguntó si alguien quería que pidiéramos por alguien, yo les pedí a todos que pensaran en Gonzalo, les conté su condición y agradecí. Al terminar, todavía todos en silencio, el oficiante me dijo: “Pía, lo vi. Sentado en la cama, va a estar bien”.

Al día siguiente fuimos a verlo como todos esos días, y mi sorpresa fue enorme al entrar en la habitación: Gonzalo estaba sentado en la cama! Habia tomado el desayuno en el comedor con todos sus compañeros, sentado a la mesa. La doctora no sabia qué decirme, dos días antes me había asegurado lo peor… Claro…. ¿Qué podía decirme?

Pía Argimon

mensajera0405@ciudad.com.ar

SILVINA – Buenos Aires, Argentina

“Sentir la presencia de aquellos seres muy queridos que, aunque ya no están en este tiempo y en este espacio…

Las ceremonias de Bienestar han sido siempre muy conmovedoras para mí, sobre todo por la posibilidad concreta de desearles alivio y bienestar a mis seres queridos de un modo muy profundo.

En las primeras ceremonias me costó conectarme con aquellos que ya no están, era como tocar una herida que todavía no estaba cicatrizada del todo, no me aparecía ninguna imagen.

Hasta que una vez pude enfocar la manito de un niño pequeño, me animé a seguirla y apareció la carita sonriente de mi hijito.

La vez siguiente pude enfocar a mi abuela tan querida, conversé con ella, le conté cuántos progresos estaba haciendo y la dejé en paz.

Luego de muchas ceremonias y de imágenes borrosas, pude ver a mi madre, ya no con esa cara tan preocupada y sufriente con la que se fue, sino feliz y contenta.

Entonces me animé, y la pude ver en un lugar lindísimo, lleno de niños, en un paisaje hermoso, ella cocinando en una hermosa y gran cocina, con un delantal. Para mi sorpresa ahí también estaba mi papá ayudándola, ya no se peleaban, se querían y estaban contentos. Luego ubiqué ahí a mi hijo Patricio con la edad que tendría ahora, 21 años, y a mi pareja… estaban todos, en paz y armonía.

Ahora, en cada ceremonia, vuelvo a ese lugar. Cada vez le pongo más cosas y lo hago más lindo, ya tiene música y hermosos colores. Converso con alguno de ellos, me reconcilio, les cuento lo que me pasa, los abrazo, les pido que protejan a mis hijos.

El otro día mi papá me dijo que me quedara tranquila, que ellos están bien, que yo siga mi vida, que todavía tengo muchas cosas por hacer acá.

Sin dudas esto ha sido bueno para otros, reconfortante para mí e inspirador para mi vida…

Descubrí que podía elegir la forma de recordarlos. Si todo está en mi cabeza puedo decidir evocarlos en forma sufriente o no y eso, sin dudas, influye en mi vida y en la vida de los que me rodean.

Hoy se me ha aliviado una tensión que tenía, detrás del corazón, desde hace mucho tiempo, y tengo mucho más amor para dar aquí. Me dí cuenta de cuánto me costaba soltar el cariño que siento por los que están acá. Ya no siento temor a perderlos, ya no temo que se vayan, porque sé que siempre van a estar dentro de mi corazón.

Paz, fuerza y alegría para todos.

Silvina S.

sisph@yahoo.com

 

 

 

 

POLI – Madrid, España

Una experiencia de contacto con nuestros seres queridos que ya partieron…

Les hago llegar una experiencia reciente que tuve la oportunidad de vivir.

El pasado día 10 de octubre hizo exactamente 8 años que falleció mi padre, y recordándolo me dije: tal vez pueda hacer algo aún por él, aunque ya no esté aquí físicamente con nosotros. Tal vez, me dije, tratando de sentirlo llegue alguna señal y podamos comunicarnos. Entonces me propuse experimentar.

Busqué una ubicación adecuada, debía alcanzar una condición idónea para acallar los ruidos externos y las tensiones cotidianas, necesitaba recogerme en silencio, dejar la mente en calma y sosiego. Trabajé con la experiencia de Paz, luego un relax interno, para proseguir con una experiencia de Fuerza. Una vez que ampliaba la sensación de la esfera fuera de mi cuerpo me encontré en un espacio amplio, enorme y vacío. Mi atención se dirigía a percibir este espacio y a soltar, a desprenderme de cualquier deseo, persecución o posesión. Una vez allí, sin ensueño, en libertad interior me propuse sentir a mi padre, intenté conectarme con su esencia, con su ser…

Al instante pude percibir una existencia delante de mí, una existencia luminosa, una existencia que transmitía paz y esperanza. Una alegría me invadió y me conmovió. Mientras más me conectaba con él, más se fortalecían los registros. La experiencia no se prolongó mucho, pero muy reconfortado me despedí de él invitándole a que se encaminara hacia la Luz, hacia la más hermosa entre todas las luces…

Apenas me incorporé para continuar con mis tareas cotidianas me acordé de mi madre y la llamé. Justo acababa de venir de misa, de celebrar el aniversario. Le conté lo sucedido, lo que había vivido durante la experiencia y le dije: “papá está bien, le percibí luminoso y lleno de paz” . Mi madre, que no es muy expresiva en estas cosas pero sí muy escéptica, me respondió con un “mejor es verlo de ese modo positivo que de otro, hijo”.

A los pocos días me encontré con mis suegros, que estaban muy dolidos por la pérdida de su hija. En un momento en el que se recordó el dolor, me pareció que era el instante para testimoniarles del siguiente modo: “les diré una cosa que puede sonar un poco raro pero es algo que yo siento muy profundamente… recientemente tuve una experiencia donde intenté sentir y tomar contacto con lo mejor que recuerdo de mi padre y pude percibir una existencia luminosa, llena de paz y alegría”.

Todos quedaron en silencio, no sabían que añadir, mi suegra rompió el incómodo vacío con un “sí, todos sentimos a nuestros familiares y lo que nos toca de un modo especial”.

No resulta fácil transmitir estas experiencias, la gente no está acostumbrada a oír estas cosas; pero son necesarias como el agua para vivir, necesitamos señales para sobrepasar el absurdo de la muerte y darle sentido a nuestra existencia.

Nos vamos soltando poco a poco. Y recuerdo ahora las palabras del Maestro, que aproximadamente venía a decir: “ya es hora que lo interno comience a manifestarse en el mundo”.

 

Poli Durán – Octubre 20

plduran@ya.com

 

 

LEDA – Barcelona, España

Hola amigos!

Quiero contarles lo que me ha sucedido hoy.

Estaba desayunando en mi cocina y de pronto siento un gran impulso por realizar la ceremonia de Bienestar para el hermano y la flia. de Gaby. Miré el reloj, porque también sentí que era en ese momento el huracán.

Hice el relax rápidamente y me conecté con mucha fluidez, mientras expandía la esfera para abarcarlos y protegerlos. De pronto surgen un espiral y muchas esferas amarillas. Me sorprendieron, pero yo seguí con mi esfera y estuve muy conectada con ellos y otra gente que estaba allí… enviándoles tranquilidad, calma. También envié bienestar para Gaby (que vive al sur de Francia).

Luego fui a poner música y entonces escuché que mi amigo se levantaba, ya eran las 10.25 hs. De nuevo en la cocina, tomando un té con leche, quise compartir con él.

Y le cuento que hacía unos momentos, exactamente a las 10 menos cuarto del reloj que teníamos en frente, había hecho las ceremonias de Fuerza y Bienestar para el hermano de Gaby… y que tuve el “presentimiento de que en ese momento en Houston estaba el huracán”. Mientras le contaba esto, encendí el televisor y… estaban las imágenes de Houston y la locutora diciendo que el momento más fuerte había sido a las 10 menos cuarto de la mañana, exactamente a la hora que yo lo había sentido!

Queridos amigos! a cada momento tenemos más y más fuertes evidencias de la conexión entre todo y todos, esto me hace muy feliz porque veo, siento, que es posible llegar a muchos!!!

Hagámoslo. En eso estoy!

Un abrazo fuerte, queridos amigos todos.

 

Leda

ledaayax@yahoo.es

 

 

 

ISABEL – Madrid, España

 

El 3 de agosto falleció mi jefe y compañero Pepe Alvarez, de un infarto, a los 55 años de edad. Era un tipo comprometido con su trabajo y con la gente de a pie: los beneficiarios de las ayudas comunitarias de los programas “Leader” para el Desarrollo Rural y los programas “Proder” a nivel estatal.

Era un tipo de trato amable y afable, chistoso, pulcro y generoso.

Acompañé a su hijo y a su familia en los trámites en el Anatómico Forense y en el sanatorio, adonde acudieron familiares y muchos compañeros, y todos los vecinos de su pueblo de ‘acogida’: Serranillos (Ávila).

24 horas más tarde les oficié la ceremonia de la Muerte antes del entierro. El momento era muy emotivo, todos estábamos muy sobrecogidos por la pérdida, pero por el registro de paz que tuve, sé que algo de luz y paz les llegó.

Dos primas se me acercaron al finalizar y me pidieron si podían hacer una fotocopia, y me llevaron a un lugar en el tanatorio donde habían visto una fotocopiadora; y una persona de allí, amablemente, nos la hizo y en un solo folio.

Ayer, 15 de septiembre, se celebró el funeral. El hijo me preguntó si quería leer algo y le propuse hacer la ceremonia del Bienestar. Se celebró en la iglesia de los jesuitas en la Calle Serrano, frente a la Embajada Americana. Pedimos permiso al cura y, al finalizar la misa, una de las primas me auxilió y juntas oficiamos la ceremonia de Bienestar.

Había al menos un centenar de funcionarios del Ministerio que se acercaron. La iglesia, menudo localito, estaba llena. Algunos hablaban de 500 personas; no sé, era bastante gente, ahí sentados enfrente mirando. El silencio era impactante y las miradas expectantes.

Luego por la tarde una suave alegría me fue inundando; un registro de tono alto, muy alto. No era un registro habitual pues no era emotivo; era luminoso, era de certeza, de plenitud. Un registro de conexión con algo más elevado.

Aún hoy sigue conmigo este registro. Es un buen registro-guía que me acompaña en mis acciones cotidianas y me infunde mucha alegría, bondad y una suave calma, una suerte de optimismo frente a las dificultades, y empuje y certeza para avanzar hacia lo que me propongo.

 

Isabel.

 

 

 

AGATA – Buenos Aires, Argentina

Hola a todos,

El motivo de este carta, es sencillamente para contarles un poco mi experiencia con los hechos del 30 de diciembre, el incendio en el boliche “República Cromañón”.

Ese día yo no estaba en mi casa. Este año terminé el secundario, así es que para festejar, fuimos a comer con 3 amigas del colegio; cosa que nunca había hecho, por lo que era una grata experiencia para mí. Por esto mismo, no supe nada del accidente hasta aproximadamente la 1am, cuando llegamos a la casa de una de ellas. Verlo en la televisión me conmocionó, y me llenó de angustia e incertidumbre. Tengo muchos amigos y amigas que era muy probable que estuvieran allí, y yo tengo 18 años, y he ido a recitales, por lo que también yo podría haber estado allí. Y el ver que el número de víctimas aumentaba a cada segundo me aterrorizó, un nudo se apoderó de mi estómago y mi garganta.

A la mañana siguiente, cuando llegué a casa, ya el aire se notaba raro. Yo vivo a 6 cuadras del boliche, a media cuadra de la Clínica Dupuytren y a tres cuadras del Hospital Ramos Mejía, por lo que el barrio entero estaba en silencio. La gente murmuraba en las calles, se lamentaba, lloraba en sus casas, no por algún familiar, sino por el simple hecho de lo ocurrido.

Una vecina, comerciante del barrio, nos contaba acongojada como la gente bajaba de los taxis, desesperada. Los médicos de la clínica traían los reportes, y las cifras no eran buenas.

Sin embargo, creo que lo que mas me shockeó, fue ver a un hombre llorando en su auto parado en el semáforo… secándose las lagrimas y tomando fuerza para volver a arrancar… Quizás estaría buscando a alguien… quién sabe…

Todo ese día me sentí mal, triste, acongojada, con bronca… Pude hablar con algunos amigos: uno de ellos había ido el martes al recital, y ese día no, porque no tenia plata… a otro lo dejaron plantado… otros simplemente no pudieron… y por suerte, ninguno de ellos había estado allí. Sin embargo, con todo el que hablaba, tenía algún amigo, hermano, o cercano en el boliche; algunos luchando en algún hospital, otros fallecidos. Y aunque yo no tenía nadie allí, sentía tanta pena y tanta bronca de no haber estado en mi casa esa noche, para ir a ayudar… sentía que tenía que hacer algo y no sabía qué… y no podía dejar de hablar del tema… Fue entonces cuando mi mamá me comentó la idea de ir al Hospital Ramos Mejía, y no dudé ni un minuto.

Pasamos a buscar a esta vecina comerciante y las tres fuimos el sábado al Hospital. Para ellos nos hicimos unos distintivos, una especie de credencial, en la que estaban impresos: el logo de El Mensaje de Silo, “Mensajera”, el nombre, apellido y DNI de cada una, y debajo: “Comisión Acción Solidaria”. Simplemente para que supieran quiénes somos.

Cuando llegamos, ya había unos cuantos de los nuestros que habían estado hablando con la gente, fuimos hasta la Sala de Terapia Intensiva, donde el panorama era un poco más tenso, y donde creo, la gente necesitaba más apoyo. Cuando entramos fue shockeante, pero me sentí parte de ellos.

Primero nos acercamos a una chica que estaba llorando. Su hermano estaba empeorando. Entonces mi mamá la abrazó y yo le tomé la mano, y esa chica me agarró tan fuerte que me paralizó. Trate de darle lo mejor de mí, no podía hacer mucho más por ella ni por su hermano, pero al menos hacer que se sienta un poquito mejor. Después, como otros de los nuestros habían hablado personalmente con cada uno, mi mamá dijo solo unas palabras a la gente:

“Queridos, traten de sentirse mejor, traten de aliviarse, porque ellos – se refería a los que estaban internados –, ellos reciben todo su dolor. Traten de sentirse bien, para que esa oleada de bienestar les llegue a ellos. Es mi sugerencia, y es todo lo que puedo darles.”

Mientras tanto yo me quedé a un costado de ella y, cuando terminó, pasamos a darle un beso y un abrazo a la gente que allí estaba, y traté de darles a cada uno mis mejores deseos. Y sucedió algo que no esperaba: la gente sonrió por un segundo, y nos decía: “Bendiciones”, “Gracias”, “Que Dios te bendiga”, y me sentí tan feliz al escuchar sus palabras, porque las decían desde lo más profundo de sí. Fue tan reconfortante para mí poder hacerlo, porque yo sabia que no podía hacer más que pedir por los que estaban internados y los que ya se habían ido, pero sí podíamos hacer algo por las familias, hacerlos sentir mejor, aunque sea por un momento.

Nos despedimos, y volvimos a bajar el ascensor desde el 4° piso, mientras la gente se nos quedaba mirando… creo que preguntándose por qué razón estaríamos allí, dándoles un beso por el solo hecho de hacerlo…

A decir verdad, no sé si lo que hicimos pudo realmente hacerlos sentir mejor. Sin embargo, sé que al salir del hospital se alivió mi dolor de garganta, y ese nudo en mi estómago y en mi pecho y, aunque fue poco, es lo que pude hacer por ellos.

Esta fue mi experiencia en el Hospital y quise compartirla con ustedes. Porque me parece que el Mensaje es para esto, para dar alivio a las personas que tienen dolor, para dar fuerza, porque sabemos que unas palabras y un abrazo pueden reconfortar a alguien. Sinceramente, es en estos casos en los que agradezco profundamente estar en El Mensaje.

Un fuerte abrazo.

Agata.

agatacevey@gmail.com

 

 

NORMA – Buenos Aires.

Quisiera compartir lo vivido a partir del accidente de Juan, joven Mensajero de la villa 21, atropellado por una camioneta.

Hubo tres momentos: la semana en el hospital, la partida y despedida de Juan y el tiempo posterior.

Ya desde una cierta distancia, puedo decir que esa semana de convivencia en el “campamento” levantado en el hospital permitió crear vínculos profundos y algo más entre todos los que estuvimos allí día tras día, algunos 24 hs. corridas. Todo fue muy intenso.

Durante las primeras horas estaba sola para levantar los ánimos, realizar el Bienestar, acercarme a quien se quebraba o aislaba. Al anochecer otros hacían lo mismo: Johanna, Mensajera y amiga de Juan; Guanchan, Mensajero y hermano de Juan, y la mamá de ambos. Este modo de enfrentar esa angustiante situación fue contagioso y, al pasar los días, se fue produciendo una suerte de cadena en donde unos alentaban a otros y así siguiendo, cuando era necesario. Fue maravilloso ver la transformación que se iba dando al poner en práctica esa actitud en que nos pone el Mensaje y el ámbito de las ceremonias.

La primera ceremonia al aire libre la realizamos donde siempre nos juntábamos a hacerle “el aguante” a Juan; éramos unos 20 o treinta amigos, jóvenes en su gran mayoría, algunos sentados en bancos, otros en el suelo, otros de pié. Entre ellos había creyentes y ateos. Muchos, si no todos, buscadores de lo Profundo aún sin saberlo.

Me senté al lado de su mamá, quien me tomó la mano y así comencé con la ceremonia. Me pareció que lo mejor era hacer una parte del Pedido (el Regalo) uniéndola a una parte del Bienestar. Eso hice. Con mis palabras, sin leer nada, guiando con calma y de acuerdo a lo más profundo de mi sentir.

En ese momento pensaba en Juan, en sus padres y en esos jóvenes que estaban presentes, quienes hacía menos de dos meses habían pasado por una situación similar con otro amigo. Los vi cerrar sus ojos, llevar sus manos al corazón y pedir por su amigo…. A medida que surgían las palabras sentía que crecía en mí un inmenso amor hacia ellos. Ya finalizando la mamá de Juan se quebró, hablándole a su Dios con conmovedoras palabras.

El viernes 27, el Pedido lo hicimos en un parque frente a la habitación donde estaba Juan. Los chicos querían cantarle las canciones que más le gustaban. Para eso habían llevado las guitarras, pero pidieron hacer nuevamente la ceremonia antes de comenzar a cantar. Entonces pedimos por lo aparentemente imposible, por sus padres y hermano, y “por nosotros”… agregó uno de los chicos. Se sentía una fuerte conexión entre todos. Entonces comenzaron a tocar y a cantar. Fue muy conmovedor.

El sábado 28 tuvimos el primer anuncio de la partida de Juan, pero una hora después y luego de que le hicieran un estudio más profundo, se comprobó que aún tenía actividad cerebral. Sin embargo, el lunes a la mañana dejó su cuerpo y comenzó su viaje hacia los infinitos mundos.

Guanchan, después de hacer la Asistencia a su hermano, nos contó: “la hice con mis palabras, pero sentí algo muy fuerte, sentí que no era yo quien hablaba”…

Recién al día siguiente se pudo llevar el cuerpo a una suerte de galpón perteneciente a la iglesia de la villa. Allí estuvo toda la noche en compañía de amigos y familiares. Al otro día había casi 200 personas. El cura de la villa realizó una misa, lo que puso un clima un tanto pesado por los contenidos de la misma.

Su hermano y su madre me habían pedido que realizara la ceremonia de Muerte. Me pareció conveniente hacerla en el momento previo al cierre del cajón. Eso hice. Pero antes de comenzar, les pedí que recordaran lo mejor de Juan y que guardaran eso en su mente y en su corazón para que los alentara, los inspirara. Las caras de algunos de sus amigos se distensaron. En varios brotó una mirada esperanzada.

Entonces un poco leyendo y un poco con mis palabras, fui dando la ceremonia. Sentí que mi corazón se unía al de ellos y éramos una unidad, tuve un suave registro de la Fuerza.

Después, en paz, salimos para acompañar (más de 100 personas) en micros y autos hasta el cementerio. Una vez allí, todo fue breve y conmovedor. En un momento su madre clamó al cielo: “Oh, Juan te has ido!” Entonces surgió en mí invitarlos nuevamente a recordar lo mejor de él y guardarlo en el corazón. Luego su hermano me murmuró: “salgamos de acá, es hora de dejarlo”. Y nos retiramos, aplaudiendo sentidamente.

Ayer los amigos más cercanos pasamos un rato juntos mirando fotos, escuchando sus canciones y riéndonos de los momentos graciosos compartidos con Juan. Si bien había una cierta nostalgia, nadie estaba triste, sino que se sentía una suave alegría y algo de asombro – decían – por estar bien frente a esta situación.

Parece que la partida de Juan ha producido algunos “milagros”: sus padres han vuelto a vivir juntos, como así también un par de primos que estaban separados; militantes de izquierda de la villa finalmente se encontraron con el Mensaje, cosa que él había intentado desde que nos conociera; también otros amigos suyos se acercaron ahora al Mensaje; todos juntos ya están consiguiendo un micro para ir a la Sala de La Reja.

Me resulta difícil poner en palabras lo que se generó porque fueron muchos intangibles… La situación en sí, el paisaje externo, ha sido dramático. Sin embargo la atmósfera instalada entre nosotros fue de afecto, de unidad y de una esperanza indescifrable, no sólo del momento. Con palabras sencillas y sentidas hemos conversado sobre el sentido de la existencia, sobre creencias, sobre experiencias que muchos han tenido de lo Profundo. También hemos cantado y reído. Todo fue diferente a lo usual en estos casos.

¿Qué guardo de lo vivido?

El recuerdo de cómo una situación se transforma en otra y el cambio que se produce en otros al poner en práctica la actitud del Mensaje y las ceremonias; los fuertes vínculos generados entre todos; el amor de ellos hacia Juan; el profundo amor experimentado por mí hacia ellos; el gran acto unitivo que realicé a último momento con Juan; mi agradecimiento hacia él; mi profunda convicción de que la muerte no detiene la vida.

Norma Coronel.

3 de febrero 2006

comunidad_s@yahoo.com.ar

 

EMMA y GODI – San Francisco

Extractos de cartas intercambiadas por Emma Ortega, Godi Gutiérrez, Karen Rohn y Silo después de la muerte de Love, hijo de Emma y Godi, quien se suicidó a la edad de 29 años.
De Karen –

 

Querida Emma,

Gracias por tu hermosa carta.


No tengo idea de lo que debes experimentar con la partida de Love, pero tu carta tiene un tono que es muy suave. Estos tipos de “encuentros” con seres queridos en nuestros sueños, experiencias guiadas y transferencias son muy saludables y son signos de reconciliación interna y de cercanía. Me acuerdo de la muerte de mi abuelo. Fue una persona muy importante para mí, y éramos muy cercanos. Por muchos años no podía creer que él no estaba aquí en “forma física.” A veces me iba al teléfono para llamarle y entonces me acordaba que no podía llamarle, que él no estaba “aquí” aunque lo sentía “aquí.” Siempre lo he sentido muy cerca de mí, aún después de su muerte. Es como si sólo su forma física se hubiera ido, pero él nunca me ha dejado. Me acompaña en mi vida y aprecio su presencia.


Tenemos una amiga en el movimiento, en Brasil, cuyo padre murió recientemente. Ella le preguntó al Negro como podía re-contactar a su padre porque sentía que tenía cosas para decirle. El recomendó algo que siento es muy especial, algo que a lo mejor un día quieras hacer. Le dijo algo así… que vaya a un río, a un lugar muy pacifico y hermoso, con el sonido del agua corriendo, donde se sienta relajada y bien. Una vez allí, sola, “llamar” a su padre, convocar su presencia. Cuando se sienta en contacto con la presencia de su padre, decirle todo, en voz alta, todo lo que sintiera que todavía tiene para decirle, tranquila y completamente, expresándose desde el amor que siente por esta persona tan especial. Cuando se sienta ya tranquila por dentro, entonces agradecerle… Una suerte de ceremonia que uno puede hacer por uno mismo y por el otro. Leyendo tu carta me acordé de esto y quería contártelo.


Te mando un gran abrazo.

Karen

De Godi –

 

Querida Karen,

Disculpa el retraso de esta respuesta, pero estábamos observando las repercusiones de la ceremonia que hicimos al lado del río como sugeriste.

En realidad fuimos hace tres domingos. El lugar se llama Putah Creek, y está ubicado en las colinas al pie de la Sierra Nevada. Es un riachuelo que alimenta un lago con la nieve derretida de las montañas. Es un hermoso riachuelo de unos 20-25 metros de ancho. Lo que el lugar tiene de lindo es que allí exactamente Love y su amigo Aron iban para pescar por años; y Aron nos dijo que Love realmente amaba este lugar…

En todo caso, fuimos con Emma al riachuelo y, cuando llegamos a la ribera, caminamos en direcciones opuestas. Aunque la temperatura ambiente era cercana a los 32ºC ese día, cerca del río estaba muy agradable: 20ºC, por el agua fría y por los árboles y la vegetación en la ribera.

Empecé a llamar y hablar a Love en voz alta. Sentí inmediatamente su presencia y lo sentí justo atrás de mi, casi al lado. Sentí sus manos en mis hombros y comencé a decirle cosas que había planificado decirle por años, pero que nunca había tenido la oportunidad de decir. También le pedí su perdón (más tarde, también me perdoné a mí mismo). Para terminar, hice la experiencia guiada que escribí cuando se murió mi madre hace más de tres años. Por supuesto, lloraba a lo largo de toda la experiencia. También lo sentí besarme en la mejilla, como siempre hacía al saludarme.

Después, Emma y yo hicimos un breve intercambio y salimos del lugar. En camino a casa, nos pusimos de acuerdo para volver a ese río con Lorena.

Esa noche, trabajando en mi computadora, un instante de recuerdo de Love provocó un breve pero intenso momento de alegría interna dentro de mí, lo que se repitió por varios días. Puedo decir, definitivamente, que ahora entiendo el sentido de la vida de mi hijo, y también el sentido de su muerte, aún cuando las palabras no puedan explicarlo. Y no hay necesidad de hacerlo. Todo lo que puedo decir es que me siento tranquilo, y doy gracias por haber tenido la oportunidad de ser su amigo y su padre.

Muchas gracias por sugerir esta ceremonia.
Hasta la próxima, un cálido abrazo…

Godi

De Karen –

Querido Godi,

Gracias por compartir conmigo tan hermoso encuentro con tu hijo y contigo mismo…

Parece que esta ceremonia provee una vía para reconciliarse y sentirse en paz con situaciones que necesitan una forma de salir de nuestros “canales normales” para conectar con una experiencia mas trascendental.

Estoy muy feliz por ti y Emma y Love…


Un gran abrazo,

Karen

De Silo –

Hola Godi.

Esperamos que Ema y tú reciban las condolencias de Ana Luisa y mías por la desafortunada desaparición de vuestro hijo.

Quisiera enviarles una reflexión que se refiere a la situación en la que estaba Love desde hacía mucho tiempo… él estaba enfermo y no parecía posible su recuperación. Siempre este desenlace es una gran desgracia, pero tratándose de una enfermedad de ese tipo no podía evitarse algo así, aún cuando se le diera toda la atención y cuidados del caso.

Todo depende ahora de las particulares creencias que tengan ustedes dos con respecto a la muerte y a la trascendencia. Por lo que a mí respecta, creo que luego de lo que ha pasado, él puede encontrar un camino que estaba perdido en su mente. Además, pienso que unos buenos pensamientos y un esfuerzo por lograr el estado de reconciliación interna serán para los que quedan acá y para quien se ha ido, la mejor de las actitudes mentales.

También dirijo mis mejores imágenes hacia Love.

Un cálido abrazo,

Mario.

Esta mañana al levantarme, tuve una comprensión y me sentí inundado de alegría. Me di cuenta que los que buscan la verdad interna definitivamente la van a descubrir; que los que buscan lo Sagrado dentro de sí mismo seguramente lo encontrarán; que los que rechazan la violencia en esta vida lograrán la paz eterna en la próxima. Ahora no tengo duda que Love dejó este mundo porque estaba demasiado violento para él, y que ahora está en camino a la vida de la paz eterna.

Paz en el corazón, Luz en el entendimiento!

Godi.

godi@pxr.com

 

SARA – Roma

En la reunión de experiencia pasada, Alberto propuso hacer una ceremonia de Bienestar por un querido amigo suyo gravemente enfermo. Terminada la ceremonia, sentimos la necesidad de tomar un libro del Mensaje de Silo y escribir una dedicatoria para él…

Pero al poco tiempo esta persona murió… Y entonces Alberto pensó en regalárselo a la esposa.

Así, ayer me contó que había ido a encontrarse con la esposa y los hijos. Estaba muy emocionado (me lo decía y temblaba todo…).

Les dió el libro, explicándoles que habíamos hecho una ceremonia por el marido y, como no habíamos alcanzado a dárselo a él, se lo dábamos a ella, esperando que pudiese encontrar alivio en eso. Les explicó cómo estaba compuesto el libro y la esposa quedó muy conmocionada y contenta. En ese mismo momento, Alberto sintió una fuerza enorme que lo invadía…

Un fuerte abrazo,

Sara.

saracarc@hotmail.com

 

 

 

 

ZOE – Santiago

Queridos amigos, tengo una noticia hermosa:

Cuando me inscribí en esta lista, hace 2 ó 3 semanas, les conté que estaba agradecida de que existiera un grupo como este para poder compartir las experiencias en torno al umbral. Sinceramente, no pensé que yo tuviera algo que contar y, por esas cosas de la vida, anoche recibí un regalo que les paso a comentar.

Anoche soñé con mi papá, quien falleció en julio de 1998. Fue una muerte repentina, un coágulo se le fue al cerebro, de ahí entró en coma y ya no salió más.

Ayer lunes, con Bárbara hicimos una ceremonia de Bienestar para Xavi, con varios amigos cercanosgente de nuestra línea. Después de eso, nos quedamos comentando sobre la experiencia y salió el tema de la muerte del padre. Bárbara, sentada a mi lado, me pregunta: ¿tú te conectas con tú papá? Respondí simplemente: “en sueños”, a pesar que hacía mucho tiempo que no soñaba con él y, cuando lo hacía, no eran tan buenos esos sueños.

Gracias a la ceremonia, gracias a Xavi (y me gustaria que se lo contaran) y gracias a la pregunta de Bárbara, anoché soñé con mi papá y fue el sueño más hermoso que he tenido.

Fue tan lindo, me cuesta describirlo. No recuerdo bien la situación, pero era algo así como que había muerto pero había vuelto para conversar conmigo; y además, traía algo en las manos, un regalo.

Le dije cuánto lo queria y que lo que más deseaba en el mundo era cuidarlo hasta el día de su muerte. Él me lo agradeció y comprendió en profundidad.

Nos dimos un tremendo abrazo (he aquí el regalo), con tanto cariño como jamás lo habría imaginado. Sentí tanto amor… también sentí como que algo se ordenaba en mi interior, era como un sólo corazón encontrándose. Lloré de alegría, muy emocionada, él también lloraba y me abrazaba…

Siento que fue una experiencia de conexión verdadera. Lo sentí tan vivo, incluso más vivo que cuando estaba en este plano, porque por vez primera lo ví conectado a él mismo también.

Les comparto esta historia porque me llena de esperanza, de infinitos futuros posibles… donde todo lo puedo, no sólo continuar, sino también mejorar…

Un gran abrazo de agradecimiento a todos ustedes y especialmente a Xavi y Bárbara, parte de los protagonistas.

Zoe.

zoe_basso@yahoo.es

 

 

 

 


 

 

 

 

 

II.

                                             Experiencias

                                             con el Oficio

 


RICARDO – Avellaneda

Cuando participé de las Ceremonias, estaba embargado de un sentimiento de curiosidad.

Me gustaba que fueran ceremonias espirituales, sin importar a qué religión, culto o iglesia se pertenecía. La invitación, como la participación, son siempre apelando a los espacios de libertad individual. Creo que este “saber que estoy libre” permite conectarse, llegar a los lugares profundos de cada uno.

Durante las ceremonias nos invitan a meditar, relajarnos, sentir entonces que sí estaba re-ligado (origen de la palabra religión) con lo cósmico, con el Todo, aunque por ahora sea un sentir transitorio, breve.

En otro momento cuando invocamos o pensamos en nuestros seres queridos, me invadió emoción, tristeza y agradecimiento, la sensación de sus presencias fue muy fuerte.

Desde mis escasas vivencias recomiendo se conecten con los amigos mensajeros para poder pasar por la experiencia de las Ceremonias.

No puedo saber si es esto lo que ustedes están buscando. Pero lo que sí sé es que, luego de cada ceremonia, uno sale renovado, mejor con uno mismo y con los otros; y encaminado para lograr poco a poco un mayor acercamiento a nuestras partes más luminosas.

Creo que es desde este camino que la vida comienza a tener sentido; luego con el tiempo y con el estudio, ese Sentido será el que marcará nuestro camino.

 

Ricardo Carreras

ricardo_carreras@hotmail.com

 

PATRICIA – Nueva York

……. Al bajar de los cerros y volver a Tuba City, fuimos a hacer una ronda de visitas y se me invitó a una tarde de ceremonias oficiadas por una curandera, una chamán de 86 años, tía de Lolita. Como única condición, se me pidió que no reprodujera en ninguna forma lo que allí aconteciera. Terminada la sesión, le manifesté a uno de los hombres mi deseo de hacer una de las ceremonias del Mensaje de Silo.

El fue a pasarle el mensaje a las mujeres, que son las que toman las decisiones. Estas lo conversaron y me pidieron detalles. Luego una de ellas, la mayor, se dirigió a la curandera, en idioma navajo. Todos guardamos un silencio expectante, mientras la anciana escuchaba el mensaje con la cabeza baja. Después de un momento de reflexión, la matriarca dijo “Ou“, que significa “Sí”. De inmediato se dispuso todo, mientras yo repasaba la ceremonia con el hombre, que ahora hizo de traductor. Hicimos el Oficio en un impecable tono ceremonial y después le entregué, a cada uno de los participantes – unos 10 en total, más 5 niños -, libritos del Mensaje que todos guardaron, muy bien guardados, en sus bolsas. Los indios, sobrios y callados, quedaron un largo rato en silencio.

Estos son algunos de los hechos “externos”. Pero como ya dije, aún no sé expresar lo que se produjo en mí porque debo integrarlo, pero sospecho que lo interno se volcó hacia afuera y lo externo se volcó hacia adentro. O tal vez lo que ocurrió, es que se rompieron los límites y ambos ámbitos se fundieron en uno.

Patricia

prios@rcn.com

 

 

 

 

 

 

 

III.

                                             Experiencias

                                             con el Pedido

 

PARA GRACIELA – Mar del Plata

Cristina,

Querida amiga de tantos años, quiero estrecharte hoy en mi corazón y darte, aunque sea a la distancia, mi afecto y mi acompañamiento; y desear que Graciela, finalmente liberada de su cuerpo, se encamine hacia la más maravillosa luz. Sé que la fuerza tuya y la de todos nosotros te ayudará a evocar los mejores momentos con Graciela, superando de esta manera esa nostalgia que nos invade en estos momentos, a nosotros, simples aprendices de todo lo que nos ha transmitido el Maestro. Pero que, en el fondo de nuestros corazones, sospechamos que pronto ese velo caerá y los que aparentemente “partieron” estarán detrás de ese velo para darnos la bienvenida a la gran fiesta de lo inmortal.

Te acompañamos y pedimos por vos y por ella.

Lea y Jose María – Argentina

Cristina: estoy ahí junto a ustedes, pidiendo desde lo mejor de mí por Graciela y recordando que cuando me conecté con el Movimiento, Rosario me invitó a visitar Mar del Plata y fui a dormir al departamento de Graciela. Ella está unida a uno de lo mejores recuerdos de mi vida… por eso pido con Fuerza que su Guía la acompañe hacia el mejor camino ..

Vaya mi mejor sentimiento, mi abrazo más cálido y mi deseo profundo del encuentro con lo mejor de la Vida.

Alicia O. – Argentina

Hola Cristina, hola amigos.

Al cerrar los ojos, abracemos a Graciela muy cerca de nuestro corazón, de modo tal que sirva para dar señal de bienestar en su tránsito a otro tiempo y espacio. “Así, vuela hacia las estrellas el héroe de esta edad. Vuela a través de regiones antes ignoradas. Vuela hacia afuera de su mundo y, sin saberlo, va impulsado hasta el interno y luminoso centro”.

Un gran abrazo,

Gustavo – Argentina

Hola de nuevo a todos.

Graciela ya ha partido a otro tiempo y otro espacio.

En este momento me vienen a la cabeza las palabras del Maestro: “…como es posible que lo inmortal genere la ilusión de la mortalidad?”. Y qué bueno sería que podamos rebelarnos de la creencia ilusoria de la muerte!. Nos queda pedir porque Graciela llegue a buen lugar y también por todos los que la queremos, y en especial por nuestra amiga Cristina.

Un fuerte abrazo. ¡Paz en el corazón, luz en el entendimiento!

Sonia- Argentina

 

 

 

 

KELMIS – Mar del Plata

Por Ivana

¿Cómo empezar?, ¿cómo expresar?… IVANA, mi hija, está bien!

Quiero abrazarlos a todos, a todos los viejos Siloístas que dedicaron su tiempo a pedir para que Ivana esté bien.

Recuerdo que, al tener que mandar los primeros mail para que hicieran ceremonias por ella, tenía algo de pudor (uno siempre piensa que hay otros primero) luego se sumaron más y más amigos de distintas creencias y ya estaba en mí la certeza de que todo era solo un pequeñito mal momento. Amigos, tenía miedo… Amigos, ustedes me acompañaron en cada instante, los veía, los sentía, los abrazaba. Hoy quiero agradecerles de una forma nueva, quiero ese gracias que nunca usé, quiero ese beso que nunca dí, quiero ese nuevo abrazo… todo para ustedes.

Nunca me hubiera atrevido a escribirle a mi guía, al MAESTRO, pero la fuerza de una madre busca, empuja, salta… y llega. Así fue esa carta a mi guía… con vergüencita, pero firme. Por eso… gracias, Negro!

Amigos, sigamos confiando en nuestra fuerza Siloísta, sigamos mejorando nuestro interno mundo, sigamos despertando. Ivana reza todas las noches y pide por todos ustedes, por todos los que también piden por ella. Gracias a todas las Cecilia Frontini que pasaron los mail, gracias a todos los Jorge Aló que pidieron hacer ceremonias por Ivi.

Quiero acariciarlos con mi amor, quiero que estemos siempre cerca.

Kelmis

(mamá de Ivana de Argentina)

edit_mile@yahoo.com

 

 

NIEVES – Buenos Aires

Acompañé a mi padre al médico como es mi costumbre desde que se le declaró su enfermedad terminal. Él no puede caminar normalmente por causa del dolor que tiene en la pierna derecha.

Fuimos con nuestro auto (un Renault 12 modelo 86). Al salir de la consulta el auto no arrancó, por lo cual les pedí a unos muchachos que me dieran una mano para empujarlo, pero aún de esta manera no lo pude hacer funcionar. Unos de ellos logró que un colectivo nos empujara por una cuadra, pero seguí sin lograr que arranque. Le pedí a varios autos que me ayudaran y finalmente un taxi paró y me ayudó topeteándonos por dos cuadras más. De imprevisto, en el medio de una avenida dobló y nos dejó varados allí en medio de decenas de autos que se nos venían encima. Bajé para hacerles señas tratando de evitar que nos llevaran por delante.

En ese momento le pedí al Guía que me ayudara a salir de esa situación.

Otro taxista, viendo mi desesperación, paró y se aprestó a ayudar mientras en ese mismo instante dos hombres bajaron corriendo de una trafic y se acercaron para empujar el auto. Dejé que uno de ellos subiera mientras el taxi empujaba nuestro auto. No hubo caso, no funcionó. Pero el hombre, Jorge, después de revisarlo, me comentó que creía que se trataba de la tapa del distribuidor.

Él, me explicaba, había comprado por prevención una tapa para su Trafic, pero pensaba que no serviría para el nuestro por que son más altas. Se fue a buscarla y, al regresar de su vehículo con cara de asombro y la cajita en la mano, me comenta que es increíble, pero que le vendieron una tapa que no era para su Trafic sino justamente para el modelo de nuestro Renault. La colocó y quedó perfecta… empujó con su auto el nuestro y arrancó. No puedo explicar la alegría y el agradecimiento que sentí en ese momento.

Por supuesto le agradecí a Jorge, pero mucho más agradecí en mi interior.

 

Nieves B.

nieves_barbi@yahoo.com.ar

 

 

ESTER – Madrid

Esta mañana he visto cómo atropellaban a un hombre en la M-30.

Ya le había visto de lejos, titubeando, cuando apenas había cruzado el primer carril de los tres que había. Me pareció un indigente, quizás borracho. Nada más verle, he pensado: “de ésta no se salva”.

Había aminorado mi marcha, pues la M-30 bajaba con mucho tráfico y de esa forma los demás (al menos de mi carril) también irían más despacio. Un coche que iba más adelante, también por el carril central, ha iniciado una maniobra de adelantamiento y se ha encontrado al hombre a bocajarro, el coche ha tirado hacia la mediana para esquivarle, pero el hombre ha hecho lo mismo. Le he visto pegar una voltereta en el aire y un zapato ha caído en el carril central.

Por el retrovisor he visto cómo el hombre que lo atropelló, salía de su coche echándose las manos a la cabeza. El cuerpo del otro estaba tendido boca arriba, inmóvil, encima de la mediana.

Yo no podía parar, el tráfico era intenso. Pero me iba con mala sensación, con el corazón encogido, como que podía hacer algo y no sabía qué. Además, la imagen del choque y el hombre volando por los aires volvía una y otra vez a mi cabeza, lo que producía además una gran tensión visceral. Me planteaba cosas como que en lugar de pensar que “de ésta no se salva”, podría haberle enviado pensamientos positivos, o podría haber enviado al Guía a ayudarle.

Así que de pronto, de adentro, me surgió una respuesta: el Guía podría asistir en esta situación, no sólo al moribundo, sino también al que le había atropellado (que seguro debía sentirse perdido y angustiado), aportando calma a ambos, incluido que no hubiera más accidentes provocados por éste.

Vi al Guía pasando su mano por debajo de la cabeza del atropellado y la otra mano en su pecho. Después, dándole unas ligeras palmadas al conductor en la espalda, induciendo calma. Le pregunté al Guía si éste hombre viviría, y una respuesta surgió en mi mente “si elige cambiar de vida, vivirá”.

Casi instantáneamente, mi corazón comenzó a calmarse y me invadió una gran sensación de calma en el pecho que se ampliaba poco a poco. Era una sensación muy suave pero intensa. A medida que seguía conduciendo, una gran calma se iba apoderando de mí; y cuando llegué a destino, la situación se había reconvertido en mi corazón y en mi cabeza.

Ya por la noche, en casa, y reconsiderando algunos aspectos, recuerdo la imagen del hombre, titubeante, nervioso, como si estuviera únicamente esquivando una bola de nieve y no supiera lo que se estaba jugando. Y en realidad era una acción suicida, quizás no ponderada por su estado de embriaguez o nerviosismo… He pensado en el hombre que lo atropelló, que si hubiera ido atento, habría visto lo mismo que otros vimos.

También he reconsiderado ese registro de “certeza” de lo que iba a pasar, que tuve al ver la puesta en escena, como si todo el escenario hubiera estado dispuesto para que pasara lo que pasó.

Para mí fue un gran descubrimiento el hecho de poder asistir a otras personas en situaciones en las que aparentemente nada se puede hacer. Cierto es que no puedo constatar qué ocurrió con las otras personas, pero tuve la certeza de que mi acción había llegado adonde la envié.

Ester

 

 

 

CECILIA – Bogotá

Un dia estaba en el bus camino al trabajo. La silla al lado mío estaba vacía, se sentó una señora con un niño de más o menos 6 años, tenía la marca de haberle sacado sangre en su bracito…

Me quedé mirándolo y sospeché, intuí, que el niño tenía leucemia y miré la carita de su mamá o de su abuela, no se quién era, y esa cara de sufrimiento y dolor me llegó al alma. Le pregunté al niño: ¿te sacaron sangre? La señora contestó que no, que está enfermo y le pusieron suero…

Un silencio tenaz… En ese instante lo que hice fue pedir por el niño y por la señora, una respiración profunda se concentró en mi corazón y pedí… ¿qué podría hacer en ese instante fuera de pedir por la salud y el alivio del sufrimiento de estos seres?…. De repente me vi a mí misma hablando con la señora y le dije: “pide por el niño, por su salud, respira profundamente y conecta tu corazón, pide a Dios o a lo que tú creas, puede darte un alivio…” Hicimos la experiencia en aquel bus lleno de gente. La señora me dijo: “ud. tiene un don, cuanto le debo? puedes ir a mi casa y hacemos nuevamente esto?” Le contesté: “no, no tengo un don, todos los seres humanos podemos hacerlo, ya ve, ud lo hizo…”. Me dió las gracias y el número de teléfono.

Fue una experiencia muy linda. Miré el rostro de las dos personitas y entendí que hay mucho para dar que no es necesariamente material… Alrededor habían otras personas escuchando y hubo un silencio especial, que yo agradecí internamente….

Ceci U.

umagna_mensaje@yahoo.com

 

AURORA – Madrid

Amigos,

Los pedidos u oraciones que habeis hecho por mí todavía pululan por los “espacios infinitos”. Esos pedidos me han conmovido y me conmueven internamente produciendo una expansión luminosa dentro de mi pecho, a la vez que despiertan mis mejores sentimientos.

Basta con mentar en vosotros, a veces surgen rostros conocidos entre muchas figuras luminosas, otras sólo siluetas luminosas que sé que sois vosotros y algo se mueve dentro de mí, desde muy adentro.

Una comprende por experiencia el poder de la fe, de las creencias, de las imágenes. Tengo certeza que en las ceremonias que hicimos en Madrid en la Salita del Mensaje la relación de fuerzas dentro de mi vejiga varió y la infección se fue. Todo ha ido muy bien. He visto mi interior, y en concreto la vejiga, muy luminoso, muy liviano, ocupando el lugar que le corresponde y nada más (no sé expresarlo de otra manera).

Tanta energía y amor he recibido que he podido daros y dar, a aquellos seres humanos del mundo, sin rostro, que creo están escasos de apoyos internos, para que en su interior surgiera la fe, la esperanza y la alegría.

Quisiera compartir con vosotros la respuesta que me dio un amigo muy querido por todos nosotros, antes de la operación.

Le escribí: “Pido tu ayuda y consejo para este momento y más allá.

Él me dijo:

“¡Ningún consejo, porque todo va a salir muy bien!

En todo caso, aprovecha la operación para entrar en un sueño inspirador y ver el mundo a una “distancia” conveniente, sobre todo ver a “distancia” a tu mundo interno.”

Aurora

auroramarquina@gmail.com

 

HUGO – Moscú

EL VIAJE DE GALINA

Hola Trudi!

Qué buena idea la de trabajar con quienes asisten a moribundos. Personalmente, la experiencia que he tenido con un caso así me ha hecho descubrir entre ellos (médicos, enfermeras y voluntarios que atienden a enfermos terminales) a gente muy sensible, solidaria y especial. Y para quienes el Mensaje es una necesidad, a veces incluso, imperiosa. Además, claro, del enfermo y sus familiares; para quienes el Bienestar es un bálsamo y la Asistencia – el mejor regalo que podría hacerse a quien parte desde este mundo.

Así fue con el acompañamiento a Galina, una señora rusa enferma terminal de cáncer que, como último pedido, sólo quería volver a su tierra.

En las tres semanas que pasaron desde el momento de conocernos hasta el viaje, nuestras ceremonias y pedidos con Galina y su hijo en el hospital fueron respondidos con verdaderos milagros, gracias a los cuales logramos superar situaciones que, al presentarse, parecían irresolubles. Primero, el acercamiento y reconciliación entre madre e hijo, enredados como estaban en una situación contradictoria que los hacía sufrir mucho a ambos. Y luego, logrando poner a favor a la gente necesaria, que al principio era totalmente escéptica, para que nos ayudara a realizar el viaje a pesar de las condiciones fisicas y económicas de la enferma, decididamente extremas. El consulado ruso, la compañía aérea, la agencia de viajes, el hospital, los médicos y enfermeras, todos finalmente hicieron su parte para que el viaje se concretara.

Después de mucho hacer y pedir, en un momento en que ya parecía que nada iba a salir, de repente se abrió un dique. Y un río de compasión comenzó a correr, tocando el corazón de todos los que se cruzaban en el camino. Esto incluso fue mucho más fuerte durante el viaje mismo, las 24 horas de vuelo entre Buenos Aires y Moscú, en las que mucha gente, inesperadamente, se acercó a ayudar de una manera conmovedora.

El viaje resultó realmente muy duro para el extenuado cuerpo de Galina. Ella dejó de respirar y continuó su viaje hacia la Luz, poco antes de que el avión llegara a Moscú.

Terminamos la ceremonia de Asistencia en el momento mismo de aterrizar. Y el río de compasión, con todo su caudal desatado, no se detuvo. En el aeropuerto, con los médicos, policías, personal del aeropuerto y de la compañía aérea, y luego los familiares que la esperaban… todos, demostraron la mayor calidez y comprensión que uno pueda imaginar en una situación así.

En definitiva, comprendí que había sucedido, milagrosamente, lo mejor que podía suceder. Ella concretó su último deseo – que su cuerpo descansara en Rusia. Y sus familiares pudieron darle un entierro digno en su patria (cosa que para ellos es muy valiosa). Sabes, fue, creo, la combinación más bondadosa y compasiva que podía haberse dado. Entre otras cosas, al evitarse todo el sufrimiento que podría haber provocado, en ella y en su gente querida en Rusia, el tener que sobrellevar por más tiempo ese estado terminal, extremadamente doloroso, en que se encontraba.

Fue una experiencia muy significativa, que agradecí profundamente y que luego tuve oportunidad de compartir con otros médicos, enfermeras y voluntarios que trabajan con enfermos terminales. Muchos de ellos se llevaron el Mensaje, vaya a saber como habrá seguido y seguirá corriendo entre tantos…

Decididamente, acompañar a un enfermo terminal es una experiencia muy profunda, buena para otros y para uno, que merece ser vivida por todos. Con el Mensaje de Silo, entre el corazón y las manos.

Te mando un fuerte abrazo

y los mejores deseos.

 

Hugo.

hugonov@yandex.ru

 

CLAUDIE – París

Hola amigos,

Quiero compartir una pequeña experiencia de hoy, muy simpática.

Hoy, 2 de octubre, tuvimos una celebración del dia de la no-violencia, coincidiendo con el cumpleanos de Ghandi. De repente, se me propuso que también hablara del Mensaje. No tenía nada previsto y me murmuraba internamente: “haz algo, una ceremonia, algo, para que termine bien para todos…”. Pero por una parte, la gente ya se había ido al bar, ya estaban tomando cafecitos, intercambiando; por otra parte había muchos ruidos… Bueno, no veía cómo hacer una ceremonia… Tomé una bocanada de aire, pidiendo al guía que se exprese a través de mi boca.

El me hizo decir más o menos algo así:

“Por todas lados en nuestro mundo, se ve también la violencia religiosa, la falta de libertad respecto de las creencias. A través del Mensaje de Silo se reclama la libertad de creer o no creer, la libertad de aprender de nuevo a sentir, a escuchar lo que vive adentro, muy profundamente en cada uno de nosotros. El Mensaje no tiene para ofrecer más que un contexto, un ámbito, para dar las condiciones para hacer silencio y escuchar… – increíble, pero todos se han puesto poco a poco calladitos…-. Estamos llenos de ruidos, y los impedimientos se multiplican, haciendo que uno se aleje de sí mismo… Pero el Mensaje no es una teoría, es una experiencia. Así, propongo a los que lo deseen, no importa si están de pie, conversando con alguien, sentados… dónde están… Si lo quieren, cierren los ojos y escuchen… tratando de bajar… a lo profundo… Algo inmenso vive al interior de cada uno, algo infinito, algo suave, escucha… Y como la gente se habían puesto muy silenciosos, cerrando los ojos: “Aspira una bocanada de aire, llévala a tu corazón, y pide… pide a tu dios, o a tu guía interno, o a una imagen reconfortante; pide para que tu vida tenga unidad, y pide para que se haga el silencio, pide para escuchar el sonido lejano,… pide…”. Y se hizo un silencio profundo, y una onda muy buena, y la cara de la gente cambió, y se veían sonrisas, suavidad, por todos lados…

Ha sido muy cortito, muy sencillo, pero ha sido un momento casi mágico, que nunca olvidaré. Tampoco olvidaré el agradecimiento de algunos después. Al parecer, la bocanada de aire y el pedido, en cualquier situación, también en conjunto, permite a algunos ponerse en sintonía con esa onda que sigue difundiéndose.

Un fuerte abrazo a todos,

Claudie

claudie_baudoin@yahoo.fr

 

IV.

                                             Experiencias

                                             con la Ceremonia

                                             de Asistencia


PATRIZIA – Milán

Queridos amigos,

Desearía compartir con aquellos que amo la gran experiencia que he vivido y por la cual todavía estoy agradeciendo.

Desde Agosto del 2002, después de mi ceremonia de Reconocimiento, han sucedido muchas cosas: he cambiado muchas cosas de mi vida cotidiana y sobre todo de mis relaciones, he sentido profundamente la alegría y el sufrimiento de las personas que amo, he trabajado conmigo misma y con la relación con los otros. Algunos amigos conocen mi recorrido.

En este tiempo, ha ‘aparecido’ mi madre y desde entonces, nos hemos acercado mucho, compartiendo momentos, días, sensaciones. Una mujer con mucha fe y por lo tanto con mucha fuerza.

Hace muchos años que sufría una enfermedad que se llama mielomonocitosis, que al principio de este año se transformó en leucemia mielomonocítica, una forma agresiva. Hacía tiempo que me preparaba para este momento y pedía que no muriese sin que yo estuviese allí para asistirla.

Bien, un día se agravó, en parte por una caída y rotura de fémur. Cuando después de 12 horas llegué con ella estaba ya en un estado confuso, sufría mucho y a veces llamaba a su madre (sucede con frecuencia en estos estados cercanos a la muerte). La segunda noche de vigilia que pasé con ella estaba sedada.

Pasé todo el tiempo acariciándola, hablándole, y esto me sirvió para conectarme con ella, diciéndole y haciéndole sentir que la quería, que estaba con ella y que podía estar tranquila, que todo iría bien. Le pedí disculpas por el pasado, descubriendo que eran todas cosas secundarias. Le dije, sosteniéndole la mano, bañándola y secándola, que la quería, que había sido maravillosa y que le estaba muy agradecida.

Al final de la segunda noche sentí que era el momento adecuado para hacer la ceremonia de Asistencia. Empezamos, tomándole la mano, y en el momento de la pausa vino una enfermera a tomarle la temperatura, así que después pensé que sería adecuado volver a empezar la ceremonia; pero vi como una lágrima descendía de sus ojos… para entonces yo estaba sintiendo una fuerte sensación en el pecho. Sentía solo esa sensación, enorme y cálida, y la sentía a ella. En aquel momento supe, tuve la certeza, de que ella estaba haciendo el trabajo, entonces proseguí con la ceremonia. Fue la sensación interna más fuerte de toda mi vida, de gran amor. Me sentía muy cercana a ella, muy conectada, leí las últimas palabras y dejó de respirar.

Lo primero que hice fue agradecerle, por este gran regalo que ahora yo podré llevar a otros. Me mostró, al despedirse de mí, su gran amor sin condiciones. Y me enseñó qué hay que hacer, de qué modo hay que atender a alguien que está partiendo y cómo se siente uno cuando la puerta del corazón está abierta.

En ese momento, muchas de las tensiones y preocupaciones de los últimos meses se desvanecieron y sobrevino una sensación de paz, mientras los enfermeros se movían para llamar al médico y verificar el deceso.

No era el primer cadáver que veía, pero acompañando su cuerpo me reafirmé en la certeza de que aquello no podía coincidir con la persona que lo había habitado y que habíamos amado.

Lo que sucedió en los dos días sucesivos fue todavía más extraordinario: parientes y amigos se interesaron por lo que hago, gracias a que ella les había hablado. Algunos querían verme y hablar conmigo, otros vinieron a las reuniones del Mensaje.

Durante el funeral, en la iglesia, leí la ceremonia de Muerte y fue fantástico ver como el Mensaje puede ser interpretado con tantos colores (matices) diferentes por cada uno; lo elogiaron como “hermosa poesía”, “hermosa plegaria”, “palabras verdaderas”, las “palabras conmovedoras” que había escrito “yo”…

El sacerdote me pidió el texto y comentó que lo leería y que le gustaría hablar conmigo.

Extraordinario. Esta mujer ha sabido sembrar, dar a aquellos que la rodeaban… también por esto me siento afortunada.

Que el Mensaje se manifieste y se manifeste en el corazón de cada uno de nosotros, de cada ser humano, es el mejor pedido que se puede hacer …

Llevar el Mensaje a otros, es el mayor acto de amor.

Un abrazo a todos.

 

Patricia.

patrizia@dialogo.org

 

 

RAQUEL – Lima

una carta a Mario Rodríguez (Silo) y su respuesta:

Querido Mario…

 

Me atrevo a escribirte, después de mucho pensar, aún cuando no tengo expectativa de que me respondas, imagino que has de tener interminables listas de correos que responder… En todo caso sólo quería enviarte un abrazo eterno y mi profundo agradecimiento por todo lo que nos has regalado desde el Mensaje, por todo lo que esta maravillosa propuesta le aporta a nuestras vidas… Y, si consideras pertinente y además te es posible, me ayudaría mucho que pudieras responder aunque sea breve, algunas inquietudes sobre cómo accionar desde nuestra doctrina, con las personas que están cercanas a la muerte. ¿Cuál sería nuestro mejor proceder?

Con profundo aprecio y admiración!

Raquel Gargatte (Lima-Perú)

 

Una experiencia que motiva mi pregunta…

(Sábado 11 de junio 2005) Ayer, como cada semana, fuimos con Miguel a ver a una amiga querida que está muy enferma, la hermana Vicenta, por quien pedimos juntos hace unas semanas… Ella casi parece inconsciente, no habla y está postrada en la cama o en una silla de ruedas en el mejor de los casos, dependiente siempre de una enfermera.

Después de preguntarnos Miguel y yo sobre cómo podríamos ayudar a la hermana Vicenta dada su situación, decidimos leerle algo del Mensaje de Silo. Después de hacer una breve petición de bienestar para ella, le leí el capítulo La Guía del Camino Interno y fue impresionante cómo, al leer este capítulo, sus ojos me miraban atenta, aún cuando sus fuerzas parecían abandonarla… Poco a poco sus ojos se fueron iluminando, con un brillo tan radiante que no pasaba desapercibido… su rostro se iluminó!!!…

Al terminar de leer el texto le pregunté si quería que le leyera otro párrafo, con la esperanza de que pudiera hablar algo, pero casi segura de que se quedaría muda, como tantas veces lo hizo ante alguna pregunta mía. Pero grata fue mi sorpresa cuando, con mucho esfuerzo y con los ojos bien abiertos, apenas terminé de preguntar me dijo “Sí!”, como sedienta del Mensaje, como hambrienta de él, como si lo hubiese estado esperando… Sentí un nudo en la garganta y mis ojos se inundaron de lágrimas por la emoción! Ella había escuchado, estaba comprendiendo y el Mensaje resonaba con el momento de su vida…

Miguel hizo una pequeña ceremonia para invocar a su guía, para que ilumine su entendimiento en este momento y luego volví a hacer la misma lectura, la cual ella siguió atentamente… sus ojos se iluminaban mucho más… Es increíble cómo se puede encender la mirada y hasta la vida misma a partir del contacto con el Mensaje…

Es grandiosa y reconfortante la experiencia que nos tocó vivir con Vicenta! Esta experiencia vivida me está dando una respuesta importante a las preguntas formuladas… Pero sigo meditando en las preguntas y la comparto con ustedes porque me gustaría podamos reflexionar e intercambiar sobre este tema… Imagino que a muchos de ustedes les ha tocado vivir situaciones así, verdad? me gustaría saber algo más de experiencias así…

¿Cómo proceder en los casos en que las personas están cercanas a la muerte y a veces hasta inconscientes, para ayudarles a despertar esa dimensión sagrada de su ser?

¿Es posible que ellos, en momentos límites de sus vidas, puedan encontrar el camino que les lleve al despertar espiritual?

¿Qué es lo mejor que podemos pedir para ellos, cuando sabemos que su vida ya se apaga?

 

 

La respuesta de Silo:

Querida Raquel.

 

Agradezco mucho tu carta. Por otra parte, el relato que haces de la visita a la hermana Vicenta es muy lindo y, sobre todo, inspirador. Ya mismo te respondo lo que creo: el ejemplo de lo que sucedió con Vicenta nos orienta en la ayuda que podemos prestar. En todo caso, pueden ocurrir grandes cosas si se despierta en uno la Fe en el momento en que se trata de ayudar a alguien.

En cuanto al Pedido “cuando se sabe que esa vida ya se apaga”, la fuerte compasión y el cálido deseo de que pase a otro plano con unidad; el cálido deseo de que supere todas las contradicciones que la pueden haber acompañado.

Respecto al intercambio y a los comentarios sobre estas anécdotas tan positivas ya es hora de que estas cosas se sepan… muchos las recibirán con agradecimiento.

Aprovecho para enviarte un gran abrazo.

 

Mario.

Raquel Gargatte

rabe_humanista@yahoo.es

 

 

 

FABIANA – Buenos Aires.

Abril 2003 (carta por mail)

Hola amigos,

Les quiero compartir una particular experiencia que me sucedió el día lunes.

Llegué a la oficina temprano, a las 9.30. Alrededor de las 10.30, cuando iban llegando el resto de mis compañeros, se escucha un ruido muy fuerte.

Una mujer joven se tiró del edificio de al lado.

(El edificio donde estoy trabajando estos días tiene la particularidad que, junto con las torres vecinas, no están sobre la línea de la vereda, sino que forman un gran semicírculo con una fuente grande en el centro. La mujer quedó entre la fuente y la entrada de nuestro edificio.)

La vimos desde arriba. Todos estaban conmovidos. Entonces, decidí bajar para hacer la Ceremonia de Asistencia.

La policía había cubierto de inmediato el cuerpo con un nylon negro semitransparente.

Me dirigí segura al grupo de policías y les dije, con la mirada sobre la de uno de ellos: -¿puedo Asistir a la chica?

Y sin mediar un segundo, como hipnotizado, el que parecía “el capo” me contestó que sí.

Me acuclillé al lado de los restos, cerca de la cabeza, corrí el nylon que la cubría y, con el Libro del Mensaje en una mano y la otra en el corazón, hice la Ceremonia. Una vez. Y me pareció necesario repetirla. Así lo hice.

Nadie me molestó.

Algo pasaba, algo sentía. No les puedo explicar bien qué, ni si era de afuera o de adentro de mí.

Me sentía trasladada de tiempo y lugar. De afuera, sólo el murmullo del agua de la gran fuente y el sol de la mañana.

Como algunos saben, la Asistencia es una experiencia de mucho afecto. En ella se va guiando a la reconciliación, a la paz y a un nuevo rumbo.

Cuando terminé, me paré y vi que estaba rodeada por una valla amarilla formando un gran círculo a una considerable distancia. Nadie más dentro de él.

Saludé con un gesto al policía y me fui. Ninguno me hizo preguntas.

Durante el día tuve algunos particulares registros, supongo por la copresencia de la muerte y el sentido de la vida en mi mente y, por otro lado, por la conmovedora sensación experimentada durante la Asistencia. Eran oleadas de fuerza creciente que traspasaban mi cuerpo y todo mi ser, a la altura del corazón.

Por la noche, reflexionando sobre lo ocurrido, descubrí dos cosas. Una: en ningún momento me causó impresión el cuerpo, ni la “muerte” misma. Y la otra: la certeza interna de haber ayudado.

Que estén todos muy bien.

Fabiana.

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Le escribí a Silo para comentarle la experiencia y consultarlo. Le pregunté si puede un ser que se suicida integrar, transferir, reconciliarse, si puede uno ayudarlo. Porque sentí que fue algo profundamente bueno; pero también que a la vez venimos de una cultura donde, sin saber muy bien el porqué, se condenan acciones que tal vez solo merecen de nuestra mayor bondad. ¿Cómo no merecerán la bondad de lo bondadoso con más razón? ¿Cómo explicarle a mi corazón la creencia de una condena final si nunca había sentido una experiencia tan amorosa? Algo no encajaba. La respuesta de Silo, fue el hilo que unió, de una puntada, mis partes. Dijo:

“La Asistencia es buena para todos, aún para los suicidas, porque ¿quién sabe que pasa en la mente de esa persona en esos instantes? Y, desde luego, puede ser una maravillosa experiencia personal de comunicación con una vida que termina o que tal vez comienza”.

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Enero 2006

En aquel momento, cuando escribí este mail, fue con la necesidad de que llegara lejos esta esperanza, que fuera una insinuación para que todos pudieran percibir, aunque más no fuera, un halo, una brisa, del regalo que recibí aquel día… que esa brisa pudiera remontarlos y ver por sí mismos aquellos espacios que “visité” guiando a esta mujer. Aquellos paisajes eran lo más real que había visto en mi vida.

Y allí, en la entrada, nosotras nos despedimos.

 

Fabiana.

fabiana@elmensajedesilo.com.ar

 

 

 

NESTOR – Buenos Aires

 

Este año que pasó, la madre de un hermano mayor adoptivo que tengo (adoptado por mí, digo), cayó en una internación ya grave, con varias cosas junto con sus 90 más o menos. El cuadro que me pintó mi amigo era terminal.

Fui a hacerle la Asistencia y, por suerte, no hablé con la hermana de mi amigo, que la estaba cuidando en ese momento. La saludé y me fui derecho a la cabecera de Juana, que dormía plácidamente. El cuerpo en posición fetal, su rostro ya muy chupado pero sin signos de dolor, simplemente años. Traté de reconocerla, la recordé cómo era la última vez que la había visto hacía unos años.

Así que después de conectarme emotivamente con ella dormida, me dispuse a leerle la ceremonia de Asistencia.

Para empezar, le dije que venía a visitarla y le iba a leer algo. Y sentí que vino a mi encuentro. Sentí como una picazón iridiscente en la piel de la cara y las manos, y como una suave masa de calidez en el pecho. Era algo que flotaba extendido por sobre el cuerpo.

Sentí que me estaba recibiendo y me lo hacía saber. Pocas veces nos habíamos visto pero nos teníamos mucho cariño.

Siguió con su sueño plácido durante toda la lectura y me despedí al terminar.

La hermana me habló de cómo se estaba recuperando y que le darían el alta en esos días, en un estado de negación habitual. Cuatro días más tarde Juana falleció.

 

 

Néstor Tato.

nestortato2005@yahoo.com.ar

 

 

KELMIS – Mar del Plata.

Por el tío Chulo

Recibí un llamado que anunciaba la internación del hermano de mi papá (el tío Chulo). Como mi abuela estaba muy grave en otra ciudad, era yo la única que podía ir, ya que varios estaban con la mamá de Chulo en el hospital.

Llegamos con mi hijo Bruno, nos dejaron entrar para despedirnos del tío. Pasé, lo saludé con los piropos que siempre le decía (que era el tío más lindo) y le dije muchas veces que lo quería, también le comenté que tenía algo para leerle, que si él quería iba a pasar otra vez y se lo leía. (Pensé: si tengo que hacerle la Asistencia seguramente tendré tiempo y si no, será que mi tío no quiere escuchar esto)

Pronto sentí la necesidad de entrar. Era la primera vez que hacía una ceremonia de Asistencia, tenía dudas y temores pero la gran necesidad de ayudar en ese momento le ganó a todo.

Leí al oído, noté que fué cambiando mi tono, como si saliera la voz desde muy adentro mío… sentí una gran energía que nos envolvia… me emocioné muchísimo y ví una lágrima en los ojos de mi tío…. Entonces supe que escuchaba y aceptaba.

Terminé la Asistencia con una gran paz, con la seguridad de que Chulo estaba reconciliado.

Le conté que yo tenía un guía, le dije su nombre y lo invité a que lo escuche si es que lo encontraba (eso lo hice porque lo sentí y porque Chulo no tenía una religión y creí que podía ser útil para él).

Luego acompañé dos días más a mis primas y familiares, siempre pidiendo Bienestar para todos.

Mi tío trató de comunicarse conmigo de muchas formas, en todas lo entendí…

Siempre deseo que mis sobrinos, primos, hermanos, tíos, estén en el Mensaje (mis hijos y esposo sí son Mensajeros) pero no hay caso, entonces ahora digo: “Aquí no me escuchan… PERO LES VOY A LLENAR EL CIELO DE MENSAJEROS!”.

 

Kelmis

edit_mile@yahoo.com

 

 

 

JUAN PABLO – Santiago

 

Hola Amigos,

Intentaré contarles en forma sintética algunas de mis experiencias con la ceremonia de Asistencia.

Todo comenzó “casualmente”, con el pedido de un par, de quien su padre estaba muriendo… Este querido amigo me pidió si le podía llevar la ceremonia de Asistencia ya que su padre estaba pronto a partir… a lo cual le dije que encantado..

Una vez en el hospital, habiéndole entregado el material y viendo que hasta ahí llegaba yo, se me ocurrió – no por primera vez, ya que muchas veces antes lo habia pensado – ir a hablar con el director del hospital, quien además conocia muy cercanamente al padre de mi amigo. Y solicitarle un permiso para realizar ceremonias a las personas que se encontraban en situaciones límite con respecto a su condicion física.

No fue posible hablar directamente con él ese mismo dia. Pero la información le llegó y se concertó una reunión, a la cual asistimos un amigo, Francisco Martínez y yo. El director, con copia de la ceremonia de Asistencia en mano, nos agradeció la iniciativa y dijo estar muy contento con que realizáramos este acompañamiento.

A los tres días ya teníamos en nuetro poder una credencial que decía: “Asistencia Espiritual” la cual nos permitía entrar a cualquier recinto del hospital y efectuar las ceremonias. Así que allí comenzó todo.

Comenzamos a realizar ceremonias de asistencia en la UTI y la UCI. Al comienzo los registros fueron suaves, pero debo reconocer: las ceremonias que realicé en un principio fueron con el texto antiguo, este que te pasea por todos los estados internos… Si bien uno no sabe realmente el tremendo significado que pueden tener esas palabras para una persona que está por partir, a mí al menos me dejaban una sensación de que, al momento de estar realizándolas, eso que hacía al otro también estaba pegando en mí.

Luego de realizar las ceremonias me invadía una profunda quietud, si pudiera graficarlo más claramente era como estar en un profundo mar de nubes infinitas, donde todo estaba muy bien. Recuerdo haberme registrado así algunas veces, pero siempre con un registro de unidad, tranquilidad y suave alegría.

Al salir del lugar en que realizaba las ceremonias, algunas veces ví la “realidad” de un modo muy diferente… Si bien las cosas seguían allí, me sentía situado en otro espacio interno, que definitivamente no era el mirar diario. No existía sentido alguno en todo lo que lograba ver… todo carecía de sentido, era como si el significado de lo externo no estuviera presente o fuera otro que no lograba descifrar y si bien mi relación con las personas era muy calmo y sentido, por describirlo de algún modo, todo alrededor carecía de algún sentido.

Lamentablemente, todo puede llegar a ser mecánico. Aún aquellas maravillosas experiencias. Uno puede perder el norte y trasformarse en un gran consumidor de experiencias, los registros que tan amablemente me acompañaron fueron perdiendo fuerza y… llegó el momento de reconocer que me estaba transformando en un consumidor y que aquellas ceremonias que tan sentida e intencionadamente realizaba a otros… habían perdido la dirección original, el Sentido. Por otro lado, mi situación era tan precaria en todos los aspectos que, claro, se fue transformando en una gran compensación. Pero no he de degradar nada de lo vivido… ya que siempre fue desde lo mejor de mí.

Hoy, cuando escribo este relato, estoy decidido a realizar nuevamente estas ceremonias y, claro, sé que son de gran utilidad para ese otro que esta allí, indefenso frente al paisaje de la finitud. Me imagino de buena forma y otras no tan buenas, qué bueno es cuando a uno le aclaran el camino y creo que eso es lo que realizamos con estas ceremonias: abrir el futuro más allá de lo concebido.

Una experiencia:

Me encontraba realizando una ceremonia de Asistencia a un anciano que se encontraba muy grave en la unidad de tratamiento intensivo. Los médicos le daban pocas posibilidades de vida. Cuando de repente, en medio de la ceremonia, siento fuertemente una presencia… me volví para saber de quién se trataba…. (ya que siempre intentamos no molestar en los procedimientos clínicos). Pero sorpresa… no había nadie allí… sólo algunos enfermos. Varias veces esta presencia me sacó de tema, tanto así que decidí nuevamente realizar la ceremonia al anciano…

Una vez terminada la ceremonia, me aprontaba a partir cuando aparece un señor con una camilla. Rápidamente me di cuenta que se trataba de otro tipo de “camilla”, ya no para trasladar enfermos, sino para trasladar cuerpos sin vida. Le pregunté al caballero adónde se dirigía y me dijo que a la misma sala de donde yo venía saliendo. A lo cual le pregunté: ¿y por qué? Y este me dijo que allí había fallecido una persona hacía poco tiempo (1 hora aproximadamente) y me señaló en la habitación un sitio, donde unas cortinas corridas no permitían ver al paciente. Entonces lo relacioné con la presencia que había sentido tan fuertemente y que había interrumpido tantas veces la ceremonia. Le pedí al camillero unos minutos y me dispuse a realizarle la ceremonia de Asistencia al hombre que se encontraba allí. Era muy Bello, como de unos cincuenta y tantos y con un buen semblante. Una vez allí, hablándole a quien acababa de “dejar el cuerpo”, le dije que le iba a leer algo muy lindo e importante para él… Y comencé… Al poco tiempo, tuve el registro como si una bomba atómica estallara en el centro de mi pecho y se expandiera iluminándolo todo… Fue tan fuerte que, al volver… digo volver porque fue una verdadera conmoción energética, me di cuenta que al querer seguir con la experiencia no podía, ya que se me había olvidado por completo el texto de la ceremonia.

Poco a poco comencé a recordarla nuevamente y recomencé con ella. Pero esta vez poniendo atención a la ubicación de mi cuerpo con referencia al espacio en que me encontraba. La situación anterior nuevamente se presentó… Una nueva conmoción energética, tan fuerte como la anterior, pero esta vez tenía un relativo manejo de lo que estaba ocurriendo. Así es que continué hasta lograr terminarla. Me despedí amablemente, deseándole mucha paz, fuerza y alegría.

Ese día había quedado en juntarme con un amigo para asistir a un concierto de jazz en un amable parque junto al río… Haciendo hora para nuestro encuentro, decidí pasar al Centro Español de Cultura. “Casualmente” comenzaba en ese momento un concierto de un instrumento muy especial, el cual conocía solo por fotos de libros.

Se trata de una especie de pandero o arpa, pero con muchísimas cuerdas. Este, según contaron allí, era un instrumento muy antiguo ocupado solo para ocaciones de índole religioso. En medio del concierto el interprete tocó una cuerda… y al momento generó en mí un impacto emotivo, seguido casi al unísono de una fuerte vibración auditiva, un zumbido que llenó la habitación. Luego de terminado el concierto, lo que se dijo allí.. era casi surrealista. Hablaban de lo profundo, de la energía, de la bondad y muchas otras cosas del mismo tenor.

Luego de esto, me dirigí al lugar de encuentro. Todo el tiempo con conmociones energéticas en el centro de mi pecho. Una vez en el lugar y no habiendo podido encontrar a mi amigo, dada la gran cantidad de gente, decidí sentarme y escuchar el concierto.

En medio de este, una persona que se encontraba a mi lado se pone a conversar por celular, ante lo cual le manifiesto que esto es un concierto…así que, si quiere hablar, que lo haga en otro lugar… Se lo dije amablemente, pero con cierta dureza, ya que me pareció una gran desconsideración el estar hablando como si estuviera sólo allí….. Bueno, la cosa es que sentí la mala recepción a mi solicitud; y en ese minuto creció en mí una fuerza incontenible, era como un reactor… y la dirección era de indignación por lo que estaba percibiendo de mi vecino por lo solicitado.

La verdad es que sentí tanta fuerza que, si se la hubiera lanzado en forma negativa a mi vecino, creo que lo hubiera dañado… Pero afortunadamente me acordé de las palabras del Maestro, que sirvieron de coopresencia y hablaba respecto de la dirección que uno le puede imprimir a la energía… Y, en ese minuto, desconecté a mi vecino para ocuparme de lanzar la energía hacia un lugar luminoso.

Bueno, no contaré otros acontecimientos, ya que rayan con la alucinación. Pero esa misma noche y junto a otros amigos, recuerdo haber reído, por primera vez en mi vida, como un loco… Esta risa salía de un lugar muy profundo y con una intensidad que nunca había registrado… Era todo mi ser riendo desde un lugar desconocido para mí.

Bueno espero aportar con lo comentado. En todo caso, quiero dejar claro que una vez que comencé con estas experiencias y registré lo que allí ocurría, me dije: “esto es lo que he estado buscando toda mi vida”.

 

Paz, Fuerza y Alegría!!!

 

Juan Pablo

jpantunezg@gmail.com

 

 

 

CATALINA – Buenos Aires

Mis experiencias

Luego de haber acompañado y leído a más de 250 personas en su tránsito la ceremonia de Asistencia, puedo reconocer claramente el registro de conectar en esos momentos con una sensación especial, muy particular y… curiosa.

Al leer la ceremonia una y otra vez, encontré la respuesta en la información sumaria del Mensaje: la ceremonia de Asistencia es una experiencia. Como el contacto con la Fuerza en el Oficio, con una pequeña diferencia: en la Asistencia es el contacto con una presencia que está afuera de uno, en el Oficio es una sensación que sale de uno y se conecta hacia fuera. Tanto en una experiencia como en otra se modifica la relación espacio-tiempo, casi se desprende uno del lugar en donde está.

Cuando en algunas circunstancias he acompañado a alguien leyendo la Guía del Camino Interno, he observado respuestas físicas de la persona agonizante.

Si me pregunto cuál es el motivo de mi opción por realizar esta experiencia, esto surgió en aquellas oportunidades en que percibí mucho sufrimiento en el otro. Como respuesta, he notado un contacto con la humanidad de quien me dirigía. Es conectar con experiencias que poco tienen en común con el habitual estado cotidiano. Una sensación agradable y calma suele acompañarme por varias horas luego de haberla realizado, con la certeza interna de haber hecho algo útil.

Por muchos años guardé estas experiencias, sin poderlas compartir con otros.

Recuerdo que la primera vez que me sucedió de optar por la lectura de la Guía del Camino Interno fue allá por el año 1982, en oportunidad de estar cuidando a una persona enferma, en forma ocasional, en reemplazo de otra. Era un alto representante de la iglesia católica en un estado de total desasosiego. Decido leerle en voz alta el escrito, produciéndose, para mi sorpresa, un cambio repentino de comportamiento y hasta de sus gestos, para luego quedarse totalmente relajado (muy grande fue mi sorpresa en ese momento).

Más recientemente, tuve que ir a visitar a una señora muy grave, a quien no conocía. La encontré conectada a un respirador sin poderse comunicar. Pero como la familia había pedido que alguien del movimiento se acercara para que le guiara una experiencia, me encontré ante la incertidumbre de no saber qué hacer. Sentí de pronto la necesidad de leerle la Guía del Camino Interno.

Cuando comencé con la lectura la señora comenzó a moverse muy inquieta, pero aún así seguí leyendo, sugiriéndole que se quedara tranquila y siguiera la experiencia. Sentí de pronto que algo muy importante me había llevado hacia allí, al presenciar y percibir una relajación profunda de sus gestos y, en fin, conectarme con la humanidad que estaba delante de mí.

Por varias horas más tuve la sensación de haber hecho algo útil.

En cada nueva experiencia de acompañamiento siento un aumento de la energía, como si estuviera suspendida sobre el suelo, avizorando un sentido que me impulsa a explorar más en estos temas. Es un “antes y después de cada experiencia”. A lo que he llegado a llamar: la magia que Silo nos ha puesto en las manos para tomarlo como estilo de vivir.

Aclaro que mi especialidad, profesionalmente hablando, es atender a enfermos muy graves y en etapa terminal. Llevo más de 15 años dedicada en forma exclusiva a esta tarea. Y llevo de experiencia con el Mensaje de Silo algo más de un año, aunque conozco su enseñanza desde el año 76.

 

Y estas son mis preguntas

¿Es posible que con estas experiencias se encuentre o refuerce la Fe?

¿Es posible que esto se tome como camino útil y querido?

¿Es posible acrecentar día a día, con la evocación de esos momentos, un estado interior de calma?

¿Es posible sentir ocasionalmente la presencia de alguna protección, luego de tomar contacto con alguna de estas experiencias?

No tengo una repuesta segura, pero sí una sospecha.

Quisiera poder compartir con otros experiencias similares.

 

A continuación, los escritos de dos amigos: Mónica y Oscar.

Mónica, con sus tenues palabras cargadas de emoción, que aún perduran como suave brisa en el recuerdo, después de su partida. Palabras que fueron escritas por ella para alumnos a los que tuviera que explicarles a qué me dedico yo. Ellas refuerzan mi fe en estos seres que están presentes como compañías, haciendo desaparecer la creencia en la existencia de la muerte. Cada vez que las he leído, sentí que ella estaba conmigo.

Oscar, que enfrenta una enfermedad muy grave, es conciente de lo que está pasando e intenta agotar todos los recursos que se le presentan a mano. El dice que le va a “dar pelea a la enfermedad” aún a pesar de no saber cuando partirá. Pero lo seguro es que no quiere “irse ahora”. En este tiempo, aprendió que puede descubrir las contradicciones que están a la base de sus creencias y que, a medida que las va reconociendo, se va liberando de “falsas y viejas creencias”. Y que, a pesar del problema físico, puede aprender a perdonarse, a reconocer que es posible ser creativo y a llevar adelante proyectos. Actualmente escribe un manual sobre cómo preparar sustancias homeopáticas, preparados magistrales de herboristería y fitoterapia; como así también un taller para principiantes en esos temas. Curiosamente, esta especial espera lo ha impulsado a realizar viejos sueños.

 

Catalina Portel.

catalinaportel@2vias.com.ar

 

 

Mónica

Palabras escritas durante una enfermedad terminal, pocos días antes de partir.

Frente a la hoja en blanco la palabra siempre es un desafío, alguien que comienza a andar más allá de nuestra inspiración.

Durante mucho tiempo me he quedado sin palabras, tanto era el asombro de lo que ocurría, sin posibilidad de decir, de expresar, de expresarme como la persona que dejaba de ser y lo que se asomaba, débil, desconocida, dolorida, descorazonada, todo cuerpo. Temía los testamentos, las palabras célebres, la última canción, el legado de agradecimientos, perdones, destiempos, despechos, obligaciones posmortum, frases proféticas.

En otro afán por diferenciarme del resto de la humanidad, me iría en silencio aunque nunca tenia la seguridad de estar partiendo del todo.

Hoy frente a una hoja que empezó a llenarse de palabras con sentido, con palabras que ya no quieren diferenciarse sino comunicar algo, digo que “me entrego a este tiempo en que vivo y voy muriendo”.

Quisiera estar despierta, quisiera que la emoción no se pierda, que la belleza continúe su camino de vino y rosas, y que el amor siga perseverante, contundente, insoslayable.

Me siento profundamente amada y amo intensamente.

Voy a ser un buen recuerdo, tengo el alma colmada de buenos recuerdos.

Brindo por la amistad !!!

¡Quiero vivir!

Monica P. – 19/10/03.

Oscar

Poemas escritos durante el proceso de trabajo con las experiencias del Mensaje, enfrentando una enfermedad muy grave.

NOSOTROS

 

Muchas veces, escuché decir: nosotros…

Muchas veces, se refirieron a mí diciendo… nosotros

otras veces, el Universo fue…un, nosotros

y en una dulce caricia viví…un, nosotros

Una mirada a los ojos, también fue… un, nosotros

y un paisaje de esperanza, fue…un, nosotros

y así, esos nosotros, rodaron una y mil veces

cayendo en ninguna parte.

 

¿Cómo es, que todo fue y quedó un nosotros?

¿Cómo es, que todo fue y no fue…el, nosotros?

¿Tal vez porque rocé aquel “NOSOTROS”

que tan poco tiene de nosotros?

Si pienso en nosotros te veo y me veo.

Pero,,, si “estoy” en “NOSOTROS” ya no eres ni soy.

No eres. Ni estás. Ni estoy. Ni somos…

¡Hay un “NOSOTROS” mas allá de nosotros!

Porque “NOSOTROS” no es, tu y yo sentados frente al otro.

¡No! El “NOSOTROS” del que hablo es otra cosa.

LA NADA

La nada no existe.

Y si la nada existe, esa nada es “ALGO”

Algo con todos los adjetivos posibles e imaginables,

y algunos más…

Dicho en cantidades, es un poco más

y un poco menos de “ALGO”.

Y si pensamos en tiempo, siempre es “ALGO”,

un poco antes y un poco después.

O sea, que siempre es “ALGO” en continuo cambio.

Es siempre lo mismo en todos los tiempos y estados.

Nosotros somos unas partículas de “ALGO”

suspendidas en una eternidad de tiempo y espacio,

en un punto de inflexión entre el algo y el “ALGO”

Oscar Varela.

 

 

 

MABEL – Barcelona

 

Desde pequeña el tema de la muerte siempre fue una incógnita para mi existencia. Pasaron los años y, al conectarme con la doctrina, me fui aproximando a algunas verdades…

En tres oportunidades estuve a un breve espacio de toparme con ella. Entonces me di cuenta que todavía no era hora, que aún tenía mucho camino que recorrer… y que tengo un destino.

Sí, estuve muy cerca de seres queridos que han pasado a otro plano y eso quiero compartir con ustedes.

La primera vez sucedió con mi padre, que falleció en 1986. Hacía poco tiempo que había hecho un centro de trabajo… Lógicamente, al salir de allí, tuve la necesidad imperiosa de reconciliarme con él, ya que siempre se había opuesto a mi participación en el movimiento.

Fue hermosa la charla que tuvimos: el reconocimiento de errores… el perdón de ambos… el cálido abrazo y el respeto mutuo de las elecciones que ambos habíamos hecho. Todo bien hasta aquí… pero se le ocurrió morirse un mes después!!!

Fue un shock. La no aceptación, el enojo, habíamos perdido tanto tiempo enojados… que me pareció una injusticia.

De todas maneras pude realizar la ceremonia de Asistencia y luego de Muerte… Llegué a tiempo, ya que nos distanciaban casi 1000 km; tuve que intencionar fuertemente para poder entrar en la terapia intensiva. Susurrando dulcemente a mi guía y el de mis amigos que acompañaban pude hacerlo…. Por un instante que sonrió, por las lágrimas y la respuesta refleja de su mano me di cuenta que escuchaba… Luego se fue…. Su estado era gravísimo, estaba en coma pero su conciencia activa…. Ese día definí mi vocación: el Servicio.

Hace muchos años que trabajo en Salud, el estar en contacto con personas enfermas me puso en situación de asistir a familiares. El entrenamiento continuo hizo que el registro se ampliara, nada más que eso: un poco de atención y hacer lo que hay que hacer.

Otra experiencia muy significativa fue asistir a una querida amiga del alma, humanista, se llama Maisa. Con ella tuvimos más tiempo de trabajar el tema de su partida.

Trabajamos incansablemente un año, ya que cuando le detectaron el cáncer de páncreas los médicos le pronosticaron 3 meses con la cirugía. Ella decidió 1 año, hasta tanto dejaba arregladas todas sus cosas: su hija que entonces tenía 14 años, su madre anciana y sus tías, también ancianas y enfermas… Resolvió todo al detalle hasta el día antes de partir. Nunca en mi vida había estado con un ser humano tan íntegro y con tanta dignidad para morir.

Sus últimos días, a pesar de las incomodidades propias de la enfermedad, fueron bellísimos en registros: compañía, compasión y amor. Fuimos sus custodias Débora Tormen, Ana Arduino y una amiga de la infancia. Todas sincronizadas, no faltó nada, eran nuestras almas danzando. Allí no había sufrimiento ni cansancio físico, solo una suave alegría, y una paz… que se me hace imposible describir.

Desde entonces Maisa es mi dulce compañía… siempre alegre, solidaria y con extraordinario sentido del humor. La oigo en la risa franca de los adolescentes… La veo en el ensimismamiento de los que leen libros… La siento en la fuerza de nuestras actividades… Ella dejó su huella y tengo ya la certeza que la muerte no existe.

Ahora, con el Mensaje, mejoraré los aspectos que faltaban pulir.

Donde quiera que vaya, tengo la certeza que hay mucho para dar, mucho para integrar y, fundamentalmente, que no estoy sola.

 

Mabel Ochoa.

08-09-2005.

mabelforfet@yahoo.com.ar

MIGUEL ANGEL – Madrid

Aquel 17 de octubre

Rosa se marchaba en silencio, suavemente, su cuerpo había perdido fuerzas por el transcurrir de los años. Estábamos muy cerca cuando el momento llegó.

…..

Rosa era la hermana de Carlota, mi abuela; Rosa era fuerte en su carácter, y bondadosa también. Los años la habían hecho reservada, observadora y muy afectuosa para con las personas, conocidas o desconocidas por ella.

Durante los últimos años de su vida recibió gran cariño, nunca quedó sola y tuvo lo que necesitó.

Aquel 17 de octubre no fue como años antes, cuando visitó la sección de urgencias del hospital, siendo ingresada en cuidados intensivos…

Fui a verla apenas llegó al hospital, bien entrada la noche.

Estaba inconsciente a pocos metros, y supe – con total certeza – que no era el momento de despedirse de ella.

Me acerqué a su oído y, acariciándola suavemente en su frente, le susurré. “querida tía, querida Rosa, recupérate pronto, porque tenemos todavía tiempo para estar juntos, te necesitamos y Alvaro (mi hijo, que tenía por entonces 2 años) te está esperando. Antes de retirarme hice un Pedido.

Mis padres, que aguardaban en la sala contigua, temían por su vida, de forma inminente.

Me acerqué a mi madre y le dije que Rosa no moriría: “..ahora tenéis que ir a descansar”.

A los pocos minutos me alejé del hospital sin temor alguno, con un registro grande de unidad interna.

En la mañana, Rosa despertó con vitalidad, desayunó y a las pocas horas fue sacada de la unidad de cuidados intensivos.

…..

Más tarde, aquel 17 de octubre, fue de otro modo.

Nuevamente ingresada, la fui a visitar acompañado.

Rosa estaba inconsciente y era asistida por mi familia.

Poco a poco, los visitantes fueron retirándose. Quedamos junto a ella mi madre, mi compañera Alicia y yo.

Conversaban ellas dos en un extremo de la cama, en tono bajo. Yo, en el otro extremo, buscaba un espacio donde recogerme y estar muy cerca de su cuerpo.

La observé, traté de sentirla profundamente, traté de transmitirle bienestar. Supe que la despedida estaba muy cerca, muy próxima.

No dejaba de “mirarla”, de “sentirla”.

Rosa tenía la respiración fatigosa, forzada, era asistida con oxígeno.

A los pocos minutos, Rosa sufrió un suave espasmo, dejó de respirar, su corazón se detuvo.

Lo percibí como algo esperado, “bien llegado”, sin temor.

Llegaron las enfermeras casi de inmediato, rutinariamente comprobaron que el corazón de Rosa había dejado de latir. Anunciaron su fallecimiento y nos pidieron abandonar la sala. Acompañé a mis padres afuera, estaban conmovidos. Reingresé en la habitación y solicité a las enfermeras que me dejasen solo con ella, invité a Alicia a acompañarme.

En silencio, junto al cuerpo de Rosa, muy próximo a ella, me dispuse a oficiar la ceremonia de Asistencia. Con mucho amor.

Ў°….Prepárate a entrar en la más hermosa Ciudad de la Luz, en esta ciudad jamás percibida por el ojo, nunca escuchada en su canto por el oído humano….

Ven, prepárate a entrar en la más hermosa Luz…”

Susurrando a su oído, me despedí, no sin antes hacer “mi pedido” y finalicé:

“Gracias por todo lo que nos has dado, … que Dios te bendiga, Rosa”

En aquel instante, con paz de corazón, en el “silencio” que solo puede experimentarse en tan especial momento, vi sobre el cuerpo – a la altura de su cabeza – lo que sólo puedo definir como “polvo de luz”……

Quise, después, dar una explicación a tal experiencia… algo muy difícil de hacer.

Preferí acordar conmigo el guardar silencio.

Rosa se había marchado.

Salí de la habitación e invité a mis padres a entrar. Se despidieron, pero Rosa ya no estaba en aquel “desanimado” cuerpo.

Las enfermeras, poco después, entraron y cumplieron su función.

Rosa compartió con nosotros 92 años.

Ў° A ti, mi más profundo agradecimiento… Ser”.

Miguel Angel

invarato@ciumundo.es

 

 

SOLEDAD – Santiago

Sobre la asistencia que dí a mis padres en el momento de su muerte.

Fue un día de otoño muy frío, una tarde en que con una amiga salimos a concretar un espacio para el intercambio entre artistas, poetas y cantores humanistas. Cuando veníamos de vuelta en su auto, entró un llamado a mi celular. Era Patricio, mi pareja, quien me dice que tiene una mala noticia: me cuenta que mis padres han tenido un accidente, los han atropellado y han muerto…

Mi asombro fue tan grande que no le quería creer, pensando que era un broma de muy mal gusto…. Pero, sí, era cierto. Así que nos dirigimos hacia el lugar, mientras trataba en vano de ponerme en contacto con mis otros hermanos y hermanas por teléfono.

La intensidad de lo que registraba mi cuerpo es difícil de describir, mi pecho ardía como fuego. Entonces recibí el llamado de un querido hermano (con el que por meses estuvimos dando asistencia a moribundos en un hospital de esta ciudad); escucho su voz, muy calma y suave, que me recuerda que “será muy importante acompañarlos y guiarlos hacia la Luz” y “que esté muy tranquila”… Su llamado me hace volver en sí y me tranquiliza, siento que me voy hacia ” adentro”, a un lugar de mí misma donde encuentro un estado de Paz.

Llegando al lugar miro alrededor y hay un sinnúmero de autos, mucha gente agolpada en las veredas, auto-patrullas con alarmas encendidas. Me bajo. Allí hacia el costado izquierdo está el auto rojo, y en el techo los anteojos de papá (entonces comprendo que él está ahí todavía). Y a la derecha veo un tul azul cubriendo el cuerpo de mi mamá. Un primo, el mayor, se hace cargo de la situación, mientras la policíа acordona el lugar.

Converso primero con mi primo, al cual le pido que por favor se vaya y me deje a mí en su lugar, que yo necesito estar a solas con ellos y evitar que la policía nos eche a ambos.

Me acerco a mi mamá y cuando estoy por verla, un policía me dice que yo no puedo estar allí y que no puedo tocar los ” los cuerpos”, ni nada y que debo abandonar e irme… En ese momento sentí una Fuerza que venía desde muy adentro, una convicción total de que nadie me sacaría de allí, una Fuerza vital imparable! Entonces con mucha calma y firmeza le dije al policía : “Aquí están mi papá y mi mamá, este es mi territorio. Así que le pido que Ud. se retire y me deje estar con ellos”. A lo cual él accedió inmediatamente. Sentí esa fuerza de la naturaleza, que a su paso no encuentra resistencia… eso sentía en mi interior: un registro de certeza total.

Así, me volví a arrodillar, para encontrarme con mi mamá. La miré dulcemente: allí estaba, tendida sobre el pavimento, como durmiendo su siesta…. Me pareció por un momento que sólo dormía. Y la acaricié, la acaricié y ví que su frente tenía un poco de sangre, entonces sentí un dolor tan hondo, un dolor tan grande, que tuve que dejarla por un rato y me senté cerca a sacar ese dolor de mis entrañas. Y por no sé cuanto rato estuve sacando ese dolor que nunca antes había sentido….

Hasta que por fin, me sentí calma y reconfortada. Y en ese momento, en un estado de completa paz interior, me imaginé una esfera grande y luminosa que nos incluía a los tres. Fue un momento Sagrado, algo indescriptible, había un afuera y un adentro y forjamos nuestro templo, nuestro lugar íntimo y protegido.

Entonces, me acerqué nuevamente a mi mamá y le dije que este era el momento de su partida, que ahora iba a hacer el viaje más hermoso de toda su Vida (ella era una gran viajera y aventurera); que este sería el viaje más lindo que nunca antes había hecho; que ahora iba a un lugar donde se encontraría con sus seres queridos, con su madre; que habrían jardines y flores y fuentes de agua y gotitas de cristal… Que ahora iba a la Ciudad de la Luz; que yo y mis hermanos la amábamos más que a nadie en este mundo y que estábamos muy agradecidos por todo lo que nos había entregado! Y así, entre complicidades y risas, le fui contando que también el papá se iba con ella, se iban juntos, como siempre lo quisieron, irse juntos.

Luego que sentí que mi mamá me había escuchado, tuve la urgencia de ir a ver a mi papá. El estaba dentro del auto y no podía más que tocarle un poco a través del vidrio de la ventana. Así, muy conmovida al verle, le recordé que no estaba soñando, que no creyera que este era un sueño, que este era el momento de su muerte, que estaba muriendo. Y le decía: ¿te fijas, papá, que no es terrible ni doloroso, como tú pensabas? Entonces lo invité a recordar las mejores acciones de su vida, a recordar todas las buenas acciones que hizo por otros; le recordé y le manifesté lo muy buen padre que fue con nosotros, le recordé su bondad infinita, mientras me callaba, para dejarlo tranquilito elaborar sus contenidos. También le conté que la mamá, el gran amor de su Vida, se iba junto con él y le dije que ahora era su tiempo de liberación, que ahora tenía que irse y focalizarse hacia la luz, sin perderla de vista, ir hacia la Luz… Luego lo sacaron del auto y pedí que lo pusieran cerca de la mamá. Y así, durante un tiempo indefinido y eterno para mí, estuvimos los tres juntos, antes de su partida final.

La Paz y la energía que nos unía en ese momento era ese fuerte motor que es el Amor.

Por 12 años consecutivos (mientras estaba fuera de Chile) pedí a mi “Guía”, recurrentemente, estar ahí presente, acompañando a mis papás, en el momento de su partida. Somos 7 hermanos y la única que llegó ese día fui yo. Por lo tanto, hay algo muy grande y potente en eso…

Soledad Antúnez

santunezg@gmail.com

 

 

 

 

 

TRUDI – California

 

LAS HISTORIAS DE AMALIA

  1. TRES HISTORIAS DE RECONCILIACION

Queridos Amigos,

Aquí van tres historias de reconciliación – de la afirmación, a la vez irracional y profundamente reconfortante, de la Vida en toda su gloria terrible.

1.

Me fui con Ana y Leticia a visitar a Amalia, la tía de Natalia, quien estaba en las últimas etapas de un cáncer. Estaba con dolor agudo y constante y tenía mucho miedo de morir y de estar sola, sin dirección, así que fuimos a hacer la Ceremonia de Asistencia y cualquier otra cosa que pudiéramos hacer por ella.

Yo quería mucho visitarla. De cualquier forma, lo hice pidiendo ayuda al guía, porque este es un tema muy antiguo para mí. Durante muchos años evitado, negado, enterrado bajo las mentiras sacarinas que traspalé en el calor de mi propio espanto.

Fue de adolescente que empecé a nutrir un miedo mórbido al cáncer. Muchos de los amigos de mis padres se estaban muriendo en agonía por esa enfermedad. Mis padres hablaban de ellos con silenciosa desesperanza, y me llevaban a visitarlos. Mi horror creció con cada muerte. Y se redobló cuando tenía 19 años y mi madre (con las mejores intenciones para con mi desarrollo humano) arregló para mí cuidar la casa y los niños de la vecina de enfrente que se estaba muriendo.

Allí estaba todo el día, todos los días, cuidando los nenes, preparando las comidas, llevando comida a la madre joven que estaba muriendo en un dolor terrible a la edad de 35 años. Lo soporté durante algunas semanas; y cuando no lo aguanté más, escapé.

Me fui de viaje con otros chicos, todos hippies, buscando algo, cualquier cosa – la droga, la religión oriental, grupos de encuentro, estratagemas de todo tipo para el perfeccionamiento de uno mismo – cualquier cosa que pudiera dar socorro y alivio de este mundo vicioso y absurdo…

Por muchos años guardé mi miedo encerrado en mi personal calabozo, echándole pedacitos de reconocimiento, temblando de miedo y sin acercarme nunca demasiado, cada vez que escuchaba de otra persona con cáncer. No fue hasta que tenía 37 años y encontré al Movimiento Humanista, que descubrí la llave, la magia de ir más allá de mí y hacer que mis acciones terminen en otros: tratando a los demás como quería ser tratada, viviendo con coherencia y actuando con mis mejores emociones y pensamientos…

Esto me ayudó muchísimo. Poco a poco mi miedo se encogió. Entonces, hace cinco años, tuve una sorprendente e increíble experiencia donde conocí, fuera de duda, que nosotros no morimos. Que la muerte es una simple ilusión, un truco de espejos. Mi miedo al cáncer-dolor se convirtió en nada más que un monstruo dócil, y mi alegría en la vida creció a pasos agigantados. Hasta hoy experimento un suave crecimiento de felicidad, y cada día doy gracias…

De cualquier forma, después que Natalia nos contó lo que le pasaba a Amalia, seguí pensando acerca de ella y su terrible dolor. ¿Por qué le pasan cosas tan terribles a la gente buena? ¿Qué se puede hacer? Tuve que admitir que mi viejo miedo seguía allí, marchito y lastimoso, seguramente, pero seguía vivo, borboteando en su celda. Tenía que enfrentarlo.

Le pedí ayuda a mi guía, y la respuesta vino como una joya de coherencia: “Haz frente a tu miedo. Ve a verla y estar con ella en su dolor”.

Fue un mensaje de compasión, que abracé con alegría. Le dije a Leticia, una buena amiga de Natalia, que quería ir a ver a Amalia y a lo mejor hacer imposición de manos o lo que fuera más apropiado. Ella estuvo de acuerdo, ya que estaba esperando hacer lo mismo, y lo había hecho antes una vez.

(Leticia es una mujer asombrosa, una hermosa persona de ojos marrones suaves con alegría, que hace varios años perdió una hija joven por cáncer, y la alegría y reconciliación con que abrazó el tránsito de su hija es un regalo inconcebible, un ejemplo precioso de lo que es posible, para cada madre o padre que alguna vez ha tenido miedo de perder a un hijo).

También llamamos a Ana, que tiene la vocación de trabajar con moribundos (ella es una querida amiga, que encontré hace poco, pero a quien he conocido siempre, una amiga bondadosa y sabia, Protectora de la Vida, quien ha orientado muchos amigos en el movimiento, acá en Paraná, por varios años).

Cuando fuimos a visitar a Amalia la siguiente noche, los que la atendían nos dijeron que tenía un dolor terrible. Entonces Leticia fue primero a preguntarle si nos quería ver, y regreso diciendo que entráramos.

Amalia es una mujer pequeña con una cara dulce. Cuando entramos nos mostró una sonrisa agotada. Leticia nos presentó, ella nos tomó las manos con gratitud, sollozando quietamente. Entonces Leticia se sentó a su lado, acariciándola y susurrándole palabras reconfortantes. Ana y yo nos sentamos cerca, tocándola y mandándole paz y bienestar, Luz y alivio.

Pasamos a lo mejor una hora. Leticia le leyó la Ceremonia de Asistencia quietamente, con tono íntimo, y uno a uno la acariciamos y la abrazamos. Cuando la tocábamos y acariciábamos, lloraba quietamente, diciéndonos que el dolor era demasiado, que no lo podía aguantar. Cuando me tocó el turno, le dije la única cosa que podía pensar: “Tú no estás sola”. Entonces una quieta corriente de energía nos conectó, y me hizo continuar: “Nunca estarás sola, muchos, muchos amigos están contigo ahora, amándote y mandándote luz y paz…” Es la Luz que ella más quería, pienso, como el agua, como un bálsamo.

“Luz…” murmuró, con anhelo…

Después de eso fuimos a un café, y estuvimos una hora con mis amigas con un gran sentimiento de paz.

Esa noche pensé que la visita a Amalia había sido muy buena, llena de paz, y que la había ayudado – sino disminuyendo el dolor, al menos acompañándola en su dolor. Pero algo no era… ¿qué no era? Entonces caí en cuenta que tenía expectativas, esperanzas de que este acto fuera el golpe final y espectacular a mi miedo, vaporizándolo para siempre. Y no fue así. Las cosas estaban más o menos igual.

En la mañana empecé mi meditación con los aforismos habituales: empiezo el día con fe, doy gracias por mi vida, busco lo sagrado en mí y fuera de mí. Pero algo era diferente. Sentí una impaciencia bordeando el disgusto – un descontento, una impaciencia, una desnudez. Como si dijera “Basta!” y solté algo, como despojándome de una vieja piel. Eso era: como si una capa se me hubiera caído con esa visita. Y me sentía más cercana a la vida, sin ese aislamiento como gelatina que siempre usé para cubrirme…

Entonces medito, bajando la esfera, blanca-dorada, con un brillo suave; y sus pétalos infinitos se expanden desde mi corazón, envolviéndome, desbordándose hacia el Universo.

Una experiencia de Luz desde adentro – no tanto viéndola sino sintiéndola – radiante, beatificante, tibia, rica, llena de Paz.

Estoy sostenida en los brazos de la Gran Madre…

Pregunto acerca del dolor – y no recibo respuesta – solamente paz…

Veo el ser esencial de Amalia – hermosa, tranquila, fuerte, humilde, suave, llena de Luz…

He perdido una capa de dulces mentiras que me protegían de la vida – una interpretación, una limitación, a la que me aferraba en mi búsqueda como a un salvavidas…

¡Pero ahora veo que puedo nadar!

2.

Anoche nuevamente tuve RLS (síndrome de las piernas inquietas). Estoy aprendiendo que esta enfermedad nerviosa es un signo de alguna alteración, de una carga emocional escondida, por algo que no he enfrentado. Se manifiesta como electricidad a través de mis pies.

Lo tuve por años, antes de encontrar a alguien que me ayudó, un médico perspicaz, un homeópata, que finalmente me llevó a lo mas obvio: “¿Qué estaba pasando en tu vida cuando empezaste a experimentar esto?” me preguntó. Y allí estaba, como un bulto de plomo. Todo empezó cuando mis mellizas se fueron de la casa. Y nunca me había permitido apenarme.

Así que tenía que enfrentarlo. Me permití estar desconsolada, herida, desdichada por la desaparición de mis queridas niñas de mi lado. Los síntomas desaparecieron – dormí como un ángel. Esperaba que mi RLS desaparecieran para siempre. Pero no. Eso sería subestimar el ingenio de mi psique. ¿Por qué abandonar esa herramienta útil? Así que de vuelta mis pies me estaban diciendo que buscara más profundamente – hasta encontrar esa ciénaga escondida de burbujeante desánimo, generador de la electricidad que corría por mis pies.

Por lo menos ahora tenía una idea más exacta de lo que había que buscar, considerando que el RLS había empezado de vuelta justo después de la visita a Amalia. Me parecía bastante claro. Aunque había alcanzado un nuevo nivel de reconciliación con la realidad del dolor, que hacía mucho tiempo había enterrado profundamente, y nunca lo había mirado cuidadosamente, nunca lo había sentido…

Puesto que no tenía ni idea de cómo hacer eso, medité, pidiendo ayuda al guía para enfrentar mi miedo, abrazarlo, liberarlo.

Estoy adentro de la tierra muy hondo, descendiendo una escalera escarpada, más y más profunda. Todo está oscuro. En lo más profundo encuentro una caverna – un pequeño espacio redondo, tallado en piedra roja oscura. En ese espacio hay una cama con una mujer acostada allí, atada a la cama por lazos fuertes y apretados. Es Maybelle, la mujer que tenía que cuidar a la edad de 19 años. Está semi–consciente, gimoteando del dolor, luchando contra las cuerdas, muriendo interminablemente sin morir.

Hay solamente una solución. Agarro un cuchillo brillante y corto los lazos. Esta libre – es una pájara blanca, y sale volando, remontando hacia la Luz!

Pero hay algo más que tengo que hacer. Tomo mi linterna y buscando por la caverna encuentro sus dos niños, agachados en un rincón, aterrorizados, desnutridos, sucios. Los tomo de la mano y les digo que están libres, se pueden ir – y se transforman, riéndose, mientras salen corriendo por la escalera hacia la Luz.

Ahora hay otra persona echada en la cama en la cámara oscura. Es mi madre. Está en las últimas etapas, inalcanzables, del Alzheimer – disminuida, arrugada, perdida en amargo olvido, mas allá del alcance de la memoria, el pensamiento, las caricias, las lágrimas. Voy hasta ella y la tomo de la mano – y la Luz la invade – y se levanta, ágil, llena de vida, riéndose, lúcida – y juntas subimos por la escalera hacia el aire libre, hacia la luz. A medio camino mi padre nos encuentra. Está joven, muy contento de vernos, y nos dice que está listo para un lindo viaje. Feliz, subimos juntos… más y más arriba, hasta que finalmente salimos a una pradera verde en plena luz del sol. Allí un globo de ascensión de muchos colores está tirando las cuerdas para subir, con ganas de irse… El asistente nos hace señas, nos ayuda a subir, deja libre las cuerdas, y nos despide sonriente, diciendo: “No se preocupen, el globo sabe adónde ir….”

En una subida vertiginosa, subimos rápidamente y volamos muy alto, volando por colinas verdes, entre las nubes blancas y el sol, muy lejos arriba de los pueblos y las ciudades brillantes. Estamos como niños, encantados y asombrados, extasiados por la belleza y la aventura…

Más y más alto volamos, trasvolando altas montañas, hasta que finalmente aterrizamos en una cima altísima – un lugar de belleza increíble, el punto más alto en una cordillera vasta que nos rodea, adornada de suaves valles verdes y lagos brillantes. Todo está sumergido en la luz del sol centellante – estamos abrumados de belleza…

Ahora mis padres me cuentan de su vida nueva y sus planes. Los dos eran maestros en su vida anterior. Mi madre me dice que está muy contenta porque tiene la libertad de ir adonde quiere, donde la necesitan, ayudando a sus amigos, los maestros y los niños… Mi padre me dice que él también está contento, enseñando a jóvenes sobre lo que más le encanta, con todo tipo de diseños y soluciones, planes e inventos…

Finalmente llega el tiempo de irme. El globo me espera, balanceándose suavemente en el aire, para llevarme de vuelta. Antes de irme, mi madre coloca en mis manos un regalo. Es algo que ella misma ha hecho – una manta hecha de Luz. Me dice que me envuelva cada vez que tenga frío. Les abrazo, a ella y a mi padre, diciéndoles que voy a volver a verlos cuando pueda. Y me dicen que me van a esperar…

Tomando mi regalo, subo una vez más al globo, y trasvuelo por las montañas y los valles, hasta la ciudad donde vivo. Finalmente el globo aterriza en un parque. Salgo y me voy adonde está Amalia, con su dolor.

Tomando la manta de luz, la cubro, envolviéndola en la luz. Le digo que es suya – “una manta de Luz para ti” – que mi madre hizo para ella… Mi madre, quien pasó a través del dolor y del olvido y de la muerte y entró en la vida futura – o puedes decir el Cielo – pero cualquier cosa que creas, la Vida sigue.

3.

Esta mañana me desperté resentida y melancólica. Eso no debería ser, porque ayer tuvimos un retiro maravilloso, la configuración del Guía, con nuestros nuevos amigos aquí en Paraná.

Pero hoy estoy pensando en Amalia, con tanto dolor por el cáncer, y en tantos otros que sufren. Aunque agradezco poder mandarles la Luz, estoy tan consciente de su dolor.

Pido al Guía que me ayude y soy impactada por una Fuerza que me quita el aire, la energía sube por mi cuerpo pero no sé que hacer con eso!

Sigo pidiendo fe pero solamente siento esta oscura melancolía.

Algo me dice que hay que esperar. A lo mejor, pienso, este es el espacio de la Luna Negra. Así que rechazo la tentación de improvisar, de cocinar mis propias respuestas y espero el amanecer.

Como pasatiempo pregunto por mi obra en proceso, la Epopeya de Silo. No he estado dedicando suficiente tiempo a eso. He estado tan fascinada por esta nueva experiencia con la Comunidad de la Esfera y los amigos, lo que me da tanta alegría. En contraste, el trabajo del libro es duro, las investigaciones son interesantísimas, pero suelen ser agotadoras.

Esperando una respuesta a mi desesperación, me pega que tengo la respuesta justo acá: es el Proyecto Vital! Lo que para mí en este momento es este libro: un proyecto con tanta vitalidad, inspiración y vida que me puede llevar por el Infierno trasvolándome por encima de los tsunamis y los abismos, como una balsa que no puede naufragar, impulsada por esta misma energía lúdica y sagrada que nos levanta en las alas del intento. Así que me siento reconfortada.

Mando la Luz a Amalia y me doy cuenta que en realidad ella está esperando recibir la Luz. No es mi parte decidir lo que haga ella con esa Luz. Ese es su proceso, su regalo, su dignidad, su rito sagrado. ¡Esto me alivia tanto! Puedo ayudarle, sin la presión de la culpa por no lograr aliviarle el dolor.

Las cosas siempre son diferentes de lo que yo pensaba. Mi visión ha sido tan ingenua y azucarada como una película mala de los 50. Lo que no es tan extraño, tomando en cuenta mi edad. Pero el contraste, de cualquier forma, me molesta. Siempre pensaba que cuando más iluminada llegara a ser, más fáciles se volverían las cosas. Y en un aspecto importante, es así. Pero lejos de encontrarme en un cuento de hadas, en donde todo termina feliz, cuanto más avanzo hacia lo Profundo, cuanto más trato de pensar, sentir y actuar con amor y compasión, más fe necesito, no menos! ¡Que paradoja! El camino se pone más fácil (más alegre, más brillante, menos limitado al pequeño yo, más unido al gran mar de Luz) y a la vez más difícil (veo más dolor, más desesperanza, y tengo que adentrarme más, sumergirme más adentro de la reconciliación y la compasión, para abarcar el dolor y el sufrimiento que me rodean).

Pero si quiero avanzar: siempre hacia arriba, siempre hacia la Luz, no hay otra opción. Así que, convocando a los Grandes Seres, ofrezco mi cuerpo, mi mente y mi corazón como faro de la Luz.

Y de una manera extraña, hacer tanto esfuerzo resulta ser sin esfuerzo. A lo mejor eso es lo que significa la entrega.

Así que, de algún modo, ¡todo está bien!

La vida parece estar suspendida en el medio, en un equilibrio dorado entre la alegría y la desesperación y es nuestra meta pararnos fuertemente en ese medio, tomando una postura – como en las artes marciales de la no-agresión – que está a la vez absolutamente pacífica y absolutamente despierta, en armonía con nuestro Destino más alto.
*

  1. CIRCULO DE LUZ

Queridos Amigos,

Empecé esta mañana con preguntas. ¿Debería decirle a Amalia que la voy a visitar cada día? He sentido desde el principio que eso es lo que quiero hacer – pero he vacilado, pensando que no me quiero poner en una situación de obligación – y además no es fácil, aunque me llene de paz… Y además de eso, ¿cómo la puedo ayudar cuando la visito? ¿Qué imágenes, palabras, herramientas le puedo dar para ayudarle con el dolor?

Medito y pregunto a la Guía.

La Guía viene con su calidez y alegría eterna, su fuerza profunda, su sabiduría… La Luz brilla en su frente – intensa, pura y clara – y mi cuerpo entero se llena de Luz y de una electricidad que brota…

Sí, claro, le voy a decir a Amalia que le visitaré todos los días. Me da una sensación cálida en el corazón. Es lo que quiero hacer. Todo argumento es irrelevante.

La Guía me da una imagen con la cual Amalia puede trabajar. Que se imagine en la escena siguiente, viéndose y sintiéndose allí lo más claramente posible:

“Estás en un circulo de Amigos, Seres de la Luz, todos tomados de la mano. Y ellos están mandando la Luz a través de tu cuerpo. Circulando con gran fuerza y velocidad por el círculo, una correntada de luz brillante, suave, blanca, pasa continuamente a través de tu cuerpo, llenándote de una luz luminosa, curativa, que disminuye y neutraliza el dolor… La Luz es mucho más grande que el dolor…”

*

III. DAR LA FUERZA

Queridos Amigos,

Anoche tuvimos una reunión del Mensaje aquí en Paraná, con ocho participantes. Hicimos el Oficio y después la Ceremonia de Bienestar, pidiendo por Amalia, la tía de Natalia que está muriendo de cáncer.

Durante el Oficio sentí la Fuerza con mucho más intensidad que nunca antes. No era que la Fuerza era más fuerte, era que yo estaba más receptiva, más abierta. Nunca antes me había sumergido en lo Profundo con suficiente profundidad, con suficiente Paz para reconocer esa Energía…

Había visitado a Amalia en la tarde, y la experiencia de estar con ella, aunque no tengo ninguna solución mágica para ayudarla, me pone en un estado de paz profunda. Y fue desde ese espacio que me abrí a la Fuerza…

Y en esa energía universal, el Todo de lo que Es, sentí lo Sagrado…

Aún después de perder la experiencia (por tratar de agarrarla) podía contactarla de vuelta, sentirla… Fue fuertemente reforzada por la presencia de todos los Amigos, todos abriéndose humildemente, lo mejor que podían, a esta Energía Sagrada, a la Luz, que nos llenó a todos y nos desbordó…

Después de las ceremonias arreglamos un grupo de estudios para los domingos, para estudiar Psicología I, II y III – por lo menos en este momento de vacaciones cuando todo el mundo tiene tiempo. Y seis de nosotros nos ofrecimos para trabajar con Amalia. Vamos a ir individualmente cuando podemos y, el martes que viene, iremos juntos.

En la mañana, hice la meditación.

Siento la Fuerza y la Luz.

Pregunto al Guía cómo ayudar a Amalia, y ella responde:

Hay que darle la Fuerza. Dile que le van a dar la Fuerza, y que eso le va a ayudar, que ella no va estar sola con el dolor. Las Fuerzas de la Luz le van a ayudar a pasar al otro lado del dolor…

Hay que hacer la imposición de manos, porque la Fuerza se puede dar, se puede transferir – y eso es lo que se necesita ahora. Nada más, nada menos.”

Le doy gracias a mi Guía, y a todas las fuerzas de la Luz, por lo Sagrado, lo Profundo, lo Infinito…

*

  1. DECIR SI! A LA VIDA

Ayer fui a visitar a Amalia. Le dije que voy a venir todos los días, para leer y estar con ella. Leí la Ceremonia de Asistencia, que le encanta, y también El Camino, y la experiencia guiada “El resentimiento” – porque el leer nuestras cosas parece ayudarle más que cualquier otra cosa. Pero todavía me sentí sobrepasada por la pesada conciencia de su dolor que nunca para, que nada alivia, ni siquiera la morfina. Está con un dolor agudo y constante…

Esto pesa sobre mi mente y mi corazón, toda la tarde, toda la noche. Todo lo que hice o pensé fue ensombrecido por la imagen de Amalia dolorida.

Esta mañana medité, para preguntar a la Guía como sobrepasar esta duda (no, esta certidumbre, esta comprobación flagrante de que hay algo irremediablemente terrible en la vida…). Porque esta noche vamos a hacer una Imposición de Manos para ella, y no la podemos hacer en un clima de desesperanza!

Meditación:

Estoy en un tormento de duda, buscando milagros de ayuda desde afuera, servidos en una fuente de oro. Llamo y llamo a la Guía, siento su gran calidez, pero nada más; expando la esfera, pidiendo fe y más fe… Siento la energía, veo la luz… pero con todo eso, siempre guardando para mí misma ese núcleo de reserva, esa pequeña duda, ese resentimiento contra la vida…

Entonces de golpe veo que puedo dar un paso adelante y decir Sí a la Vida! Si a sobrepasar el sufrimiento y el dolor! Que puedo y debo, simplemente, ser lo que quiero tanto! Puedo y debo irradiar la Luz, el Sí gigantesco, la Afirmación. Si no doy ese paso adelante sin miedo, afirmando mi amor, mi aceptación, mi celebración de la Vida, toda la energía en el universo es inútil y sin sentido. Una brisa fresca sopla por la ventana…

Esta tarde la Guía va estar conmigo – con nosotros – y transferiremos la Fuerza a Amalia, y compartiremos la copa de Paz!

Paz, fuerza y alegría!

*

  1. La Guía y el Lago de Luz

En la mañana medito, relajándome profundamente.

Bajo la Esfera de luz y la dejo expandir, llenándome con placer, calidez, felicidad, creciendo más y más, expandiéndose más allá de mí…

Suavemente, llamo a la Guía. Está acá conmigo – profunda, con un gran sentido y dignidad, pero también dulce como una madre. Pero ni posesiva ni juzgadora, una Madre Divina…

– “Mira para arriba, me dice”.

Lo hago, y una fuerte corriente de energía me inunda, llenándome de asombro y de gratitud. Es la Luz allí arriba – brillante, fulgurante, benevolente, abarcándolo todo. Un Lago de Fuego en el Cielo…

Quiero mandar esa luz a mis seres queridos, y empiezo a imaginarlos a cada uno, llevándolos al Lago de Luz. Uno tras uno, los veo acercarse al Lago de Luz con reverencia, abriendo los brazos para bañarse en la Luz… Uno tras uno, vuelven al mundo, rejuvenecidos, recargados, bendecidos…

Estoy llena de luz, felicidad, bienestar, calidez. Profundamente agradecida, quiero compartir esta experiencia con otros. Pregunto a la Guía si tendría que irme ahora, y con ternura me contesta:” – Sí.” Abrazándome fuertemente. Recogiendo la luz alrededor de mí la concentro en una joya brillante dentro de mi corazón, y la subo, ofreciéndola hacia arriba, al Lago de Luz…

*

  1. La Guía y los Miedos Antiguos

Hoy trabajo con la esfera, y la gran Luz arriba.

Una gran felicidad me inunda – estoy cargada de energía, una sensación física, poderosa, de bienestar, deliciosa… nunca me he sentido tan bien…

Traigo todos mis seres queridos a la Luz, y estoy pegada en el corazón con la belleza, la intensidad, la sublimidad de su Ser Puro. La cara de Amalia, bendiciendo a todos sus seres queridos, está luminosa, con felicidad suprema.

Hace algunos días, haciendo el relax, bajando por el cuerpo, me ha parecido que encuentro un bloqueo en el abdomen. Me preocupa, y hoy le pregunto a la Guía de qué se trata.

Ella introduce la mano en mis entrañas y saca un piedra, redonda y gris-verde, un conglomerado de 6-9 cm. de diámetro. Entonces, con una antorcha, busca cualquier fragmento que quedase. Finalmente deja todo limpio, clarito, diciéndome, “eran simplemente algunos miedos antiguos.” Después, llamando a todos los animalitos del bosque y de la pradera soleada, los ciervos y las ardillas y los pajaritos, la rompe y se la da de comer a todos – una comida dulce y nutritiva – y las pequeñas criaturas se dan su banquete. Adentro de mi cuerpo estoy llena de una luz hermosa azul-verde, trémula, enjoyada… Todo está bien.

*

VII. La Guía y Todo lo Grande y Bueno

Anoche el calor era sofocante. Sintiendo una energía agitada recorriendo mi cuerpo, dormí poco. En la mañana, antes de abrir los ojos, pregunté a la Guía, con un sensación de desgano, si tendría que levantarme, o tratar de dormir un poco más. Me responde: “Empieza el día con fe! Da gracias por tu vida! Anda en búsqueda de lo Sagrado, adentro de ti y afuera de ti.” Sonrío por dentro, y me levanto.

Aquí en Paraná no tenemos auto y los remises están baratos – así que vamos a todos lados así. Ayer mi hijo estaba riéndose de mí porque yo hablaba del tiempo con todos los chóferes, algo que hago porque no me gusta estar sentada allí en silencio. Así que regresando a casa, le conté al chofer mi experiencia con Amalia, y cómo ha sido tan maravilloso para mí estar con ella, cómo enfrentando mis miedos los voy sobrepasando, ayudarle me llena de alegría… Y con interés me pregunta cómo la conocí a ella. Así que le explico que nos juntamos con algunos amigos para hacer ceremonias de Bienestar, y que Amalia es la tía de uno de los participantes.

– ¡Qué bueno! – me dijo, obviamente conmovido. – Todos los norteamericanos son como vos?

– ¡No, para nada! le contesté, riendo. – Pero hay gente por todos lados que están empezando a desarrollar una sensibilidad nueva. Gente maravillosa que hace estas cosas hay por todos lados!

Finalmente le invité a la reunión de los Mensajeros. Sonriendo con agradecimiento genuino, me dijo que vendría, no esta vez porque tiene que trabajar, pero la próxima…

Y entonces entendí de una forma nueva estas palabras de la Ceremonia de Reconocimiento: “Después, iremos hasta las personas más cercanas a compartir con ellas todo lo grande y bueno que nos ha ocurrido.”

Hoy medité:

Me baño en el Lago de Luz arriba – me regenera y me alivia, llenándome de bienestar. Pido a la Guía que aparezca, y ella viene con una calidez risueña. Le pido que me enseñe a trabajar con la Fuerza.

“Toma la Luz en las manos, tómala en el frente, y vuelve al mundo. Diles a la gente que te rodea todo lo grande y bueno que te ha ocurrido!”

Ahora veo lo que significa eso. Voy a ir adonde Amalia, y decirle cómo el estar con ella me ha ayudado a enfrentar y sobrepasar mis propios miedos, que me ha hecho un regalo muy grande. Y voy a ir a su hija. He estado pensando en cómo ayudarle a ella – siempre parece alegre, pero está claramente frágil de miedo y de negación… Ahora veo que le puedo contar mi propia experiencia, cómo casi murió de cáncer mi propia madre cuando tuve su edad, cerca de 35. Y compartir con ella cómo estar con Amalia me ha ayudado a reconciliarme con esos recuerdos dolorosos, con tantos miedos profundos, espantos que nunca había querido enfrentar… Me maravilla que al estar allí con Amalia, viendo su agonía, acercándome lo más cerca posible a ese dolor de otra persona, mi propio miedo al dolor está disminuyendo! Espero que al compartir eso con su hija, le pueda ayudar a estar con su madre más profundamente, a acercarse realmente a ella, a compartir la alegría de la vida y el misterio de la “muerte” con ella…

Mando la luz a Amalia: la veo infundida de Luz, de dignidad y de alegría – y veo cómo la corriente de reconciliación se derrama desde ella a todos sus seres queridos…

Ahora siento una urgencia para terminar esta meditación, para ir al mundo y hacer lo que tengo que hacer… Pero no estoy lista – quiero mandar la luz a mis seres queridos, como lo hago todos los días. Viendo mi impaciencia, la Guía, siempre práctica, me sugiere: “Puedes reunirlos a todos!”

Así que veo a todos mis seres queridos – más de una docena de parientes íntimos, más algunos queridos amigos – cenando juntos en una celebración grande alrededor de la gran mesa ovalada de mi hermano. Están llenos de risa, de alegría – y veo a la Luz que los llena a cada uno, hasta que están radiantes de felicidad, luminosos de Paz y de Bienestar…

*

VIII. Amalia y la Reconciliación

Hoy cuando fui a visitar a Amalia estaba desilusionada y triste. Había tenido un mal día… “Que todo se termine rápidamente” me dice… “Solamente me estoy empeorando más y más. No temo a la muerte, pero ojalá que el sufrimiento se termine pronto!” Está tan cansada, sobrepasada de sufrimiento…

Aunque su familia todavía pretenda que se pueda curar, ella está perfectamente consciente de que está muriendo. Le digo que yo creo que cuanto más se reconcilie con la vida y con los demás, más rápido y fácil va a ser…

“Ah, quiero reconciliarme – me dice – pero hay tanta gente que viven lejos, que no pueden venir! Personas que a lo mejor lastimé por algún malentendido… Quiero que me perdonen, pero no pueden visitarme…”

“Oh, no es necesario que ellos vengan aquí” le digo. “Y no tienes que preocuparte por ellos, eso es algo que ellos tienen que hacer. Te puedes reconciliar, con ellos y contigo misma, sin que ellos estén presentes.”

“Lo puedo hacer mentalmente?” exclama, sorprendida y alegre.

“Por supuesto,” le digo. “Te voy a ayudar.”

Así que le leo la Experiencia Guiada llamada “El resentimiento”. Escuchando, me aprieta la mano, absorta de concentración…

Queda aliviada y agradecida. Le digo que voy a volver para hacerlo nuevamente…

Pero ahora está dolorida; haciendo una mueca de dolor, me dice que pronto va a necesitar el calmante. Así que me levanto para llamar a la enfermera. Alarmada, me agarra la mano, “No! Primero vas a leer la Ceremonia…”

Le hemos estado leyendo la Ceremonia de Asistencia cada vez que la hemos visto durante las últimas semanas, y le encanta esta ceremonia breve. Así que tomo asiento de nuevo y leo, suavemente, conmovida por las palabras trascendentes….

“Los recuerdos de tu vida son el juicio de tus acciones. Puedes, en poco tiempo, recordar mucho de lo mejor que hay en ti. Recuerda entonces, pero sin sobresalto y purifica tu memoria. Recuerda suavemente y tranquiliza tu mente…”

…………………

Y finalmente:

Ў°Estás reconciliada…

Estás purificada…

Prepárate a entrar en la más hermosa Ciudad de la Luz, en esta ciudad jamás percibida por el ojo, nunca escuchada en su canto por el oído humano…

Ven, prepárate a entrar en la más hermosa Luz…”

Como siempre, su cara está llena de una suave alegría. “Esas últimas palabras siempre me hacen tanto bien!” me dice. Nos abrazamos, le agradezco por estar conmigo, y me voy hacia fuera, hacia la tarde, llena de paz.

*

  1. La Guia y la Prisa

Hoy estoy apurada. Tengo que meditar antes de que llegue el carpintero…

Pido a la Guía que me ayude a hacer todo rápidamente.

Y allí está, me doy cuenta, aún antes de que la llame. La reconozco de mi niñez – la sensación de confort y de bienestar que me da, que siempre ha estado conmigo, al fondo de mi ser, cuando la busco. Está tan cerca que usualmente no la noto. “Bueno,” me explica, “si fuera más obvia, te estorbaría…”

Ahora me apuro a bajar la luz, a dejarla expandir dentro de mí, y en mi prisa, empiezo a divagar… Pero la Esfera llega a mi corazón a pesar de mi distracción. Agradezco ese fenómeno de la co-presencia – esa capacidad de la mente de mantener una dirección aún cuando, bulléndome por dentro, me tomen las imágenes vagabundas…

Quiero mandar la luz a mis seres queridos. Primero veo a Amalia – cordial, llena de dignidad, bondad y suave alegría. Extiende la mano y la luz corre desde las yemas de sus dedos, encendiendo la Luz en sus seres queridos… Ahora traigo toda mi familia al Parque Memorial, nuestro lugar especial para picnics, debajo de los grandes árboles ancianos, las secoyas. Primero veo a la familia de mi hermano, del brazo, con humildad y temor reverencial por la belleza del lugar; y mis dos hermanas, y sus familias, los niños corriendo para encontrarse, saltando y corriendo de exhaltación; y ahora mis propios hijos, y sus seres queridos… y todo está bien… antes de que llegue el carpintero!

*

  1. ROMPER LA CADENA

El estado relajado del corazón es la alegría.

El estado relajado de la mente es serenidad.

El estado relajado del cuerpo es el placer.

Hace algunas días fui a hablar con Cecilia, la hija de Amalia, para ver si le podía ayudar a convivir con la enfermedad de su madre. Su prima, Natalia, la médica encargada del caso de Amalia, estaba allí también. Me habían dicho que Cecilia casi nunca va a visitar a su mamá, aunque esta allí en la clínica la mayoría del tiempo, porque es ella que la dirige. Que muestra poco cariño hacia su mamá… Intuí que debía estar asustada.

“Me acuerdo cuando mi propia madre casi se murió del cáncer,” le dije a Cecilia. “Sufrí terriblemente. Esta experiencia debe ser muy dura para ti.”

Hizo un gesto de desesperanza. “Sí, estoy sufriendo… es muy duro,” dijo. Y me contó que se sentía torturada de resentimiento y de culpa, porque su madre la trataba como una sucia, hablándole cruelmente, mientras que a los demás los trataba con cariño. Yo empezaba a sugerirle que, a lo mejor, eso tenía que ver con que Amalia se sentía más abierta con su hija – porque muchas veces nos sucede de maltratar a la gente más cercana, más querida, porque no tenemos tanto miedo de su rechazo… Pero me cortó: “Tienes que saber,” dijo, “que esta relación ha sido maldita desde el principio. De niña me trató mal, me hizo cosas terribles – mi prima lo puede corroborar.” Natalia asienta, agregando, “Hizo cosas a ella que nadie tendría que hacer a un niño. Siempre ha sido una relación de enojo y de lástima, desde el principio.”

Así que, qué voy a decir?… “Ah!” digo, solamente.

“Por supuesto que no hay culpa,” dice Natalia “Estas cosas vienen de muy atrás, probablemente de muy atrás en la familia. Alguien fue maltratado por sus padres y después reproduce el maltrato compulsivo con sus propios hijos… No es culpa de nadie. Pero siempre tenemos la oportunidad de romper la cadena.”

Entonces me acordé de la experiencia guiada “El resentimiento”. Tengo una copia en el bolso, la que he estado leyendo a Amalia, que quiso escucharla muchas veces… Se la doy a Cecilia, diciendo que a lo mejor le puede interesar y servir.

La próxima vez que fui a visitar a Amalia, me paré antes en el parque y pedí ayuda a la Guía para verla sin juzgar, para ver realmente quién es, su Luz. Entonces entré a verla, y me senté a su lado.

Empecé a hablar de la reconciliación, preguntándole acerca de sus relaciones. Todo estaba bien con todos, me dijo, excepto algunas cosas viejas. Por supuesto que uno a veces hace cosas que resultan malentendidas, que hace que uno no se sienta bien… Podía ver la pena de esos hechos viejos en su cara. “¿Y los hijos?” le pregunté. “¿Todo bien con ellos?”. “Sí”, me aseguró… Y entonces, mirando a otro lado, me dijo: “Me tengo que reconciliar conmigo misma también. A veces he pensado en matarme a mí misma, cuando siento los dolores terribles. Y le he pedido a Dios que me perdone. Yo sé que no tendría que tener esos pensamientos, como de suicidarme, pero no lo puedo evitar. Y entonces me di cuenta que me estaba mintiendo, que realmente no quería que Dios me perdone, realmente quería morirme…”

“Amalia!” le digo, “Eso no es pecado, querer evitar el dolor! Yo sentiría lo mismo! Cualquier persona lo sentiría! Tienes que ser más suelta contigo misma! No tienes que sentirte culpable por eso, para nada!”

“¿Realmente piensas que es así?” Sonriendo como una niña, me toma de la mano y la presiona. “A veces pienso que Dios me está tratando de decir algo, por darme tanto dolor… Antes de que me enfermara, no me interesó para nada la Luz, las cosas del espíritu… Pero entonces, un mes antes de que me entere que estaba enferma, sentí este impulso de asistir a las misas de curación, cada sábado – no podía dejar de ir – eran tan hermosas. Duraban cinco horas, y después, uno sale como nuevo… Y entonces empezaron los dolores…”

Sentí que, aunque no hablaba de eso, quería profundamente reconciliarse con su hija…

A la mañana siguiente, medité.

Esta vez la expansión es más fuerte y la esfera más palpable que nunca – me acuerdo del comentario del Negro que las esferas son reales. La expansión de Luz fulgurante es como un destello atómico de pura energía positiva, hacia el infinito…

Veo a Amalia y a Cecilia, abrazándose de corazón a corazón, en una explosión de Luz…

Cuando pregunto a mi Guía cómo las puedo ayudar, me dice que tendría que ir a ellas y sentarme con ellas para escuchar mientras hablan. Hablarle por teléfono a Cecilia y hacerle una propuesta, de arbitraje, como persona neutra. Decirle que en el fondo hay un amor profundo, aunque nunca se haya podido expresar – porque eso es el fondo de la humanidad y de la vida. Que es importante hablar, juntas, antes de que Amalia fallezca. Con una tercera persona neutra presente, a lo mejor se puedan comunicar mejor. Ella ha cambiado, está cambiando, pero el hábito de la culpa es fuerte, “probablemente no quiera enfrentarla claramente y no se da cuenta concientemente de su comportamiento contigo, como tú te das cuenta”. La culpa es una resistencia fuerte. Pero con la presencia neutralizadora, suavizadora, de otra persona, quien realmente, en el fondo, es parte de ambas, y quien solamente quiere ver lo positivo, viéndolo latente, esperando la oportunidad de expresarse dentro de cada una – así un cambio positivo se puede manifestar.

Esa mañana llamé a Cecilia, y ella pareció muy contenta de escucharme. Le pregunté si le había gustado la experiencia guiada y de corazón me dijo que le encantó. Entonces le expliqué mi idea, ofreciéndome como presencia neutra para ella y su mamá, y se puso muy contenta. “Por favor,” me respondió, “Necesito hacer eso, y no creo que lo pueda hacer sin ayuda.” Así que nos pusimos de acuerdo. Yo iría a la clínica en dos días, el sábado a las 10:00 de la mañana.

Esta mañana pedí a mi Guía que me enseñe el arbitraje. Esto es lo que me dijo: “El arbitraje significa estar allí, escuchar, buscar lo mejor de cada uno, afirmando que todo lo que dicen esta motivado por el deseo de sobrepasar el sufrimiento, de reconciliarse. Hablar solamente si a uno se lo piden. Decirles antes que hay que hablar francamente, de corazón, sin esconder nada, para romper la cadena del resentimiento”.

Llegó el sábado por la mañana, teníamos que viajar esa tarde. Me sentí como si estuviera empaquetando las cosas esenciales de mi vida, esta experiencia con Amalia y su hija, en lugar de las valijas, a las 10:00 de la mañana…

Llegue a la clínica, concentrándome en ponerme en un espacio de calma y de abertura, un espacio de Paz. Cecilia llegó más tarde, y mientras esperaba, meditaba… Me sentí dispuesta a escuchar, a ver lo mejor en cada una. Entonces llegó Cecilia, me abrazó, y se sentó en el escritorio. Parecía nerviosa. “Le has dicho algo a tu mamá acerca de nuestra conversación?” le pregunto. “No, nada…” y después confesó: “No estoy lista! Tengo miedo!”

“Bueno, podemos esperar hasta que yo vuelva, en dos semanas. Eso me convendría a mí – y a lo mejor sería mejor – puedo hablar con tu mamá ahora para proponerle la idea también.”

Ella quedó muy aliviada. Y me fui a visitar a Amalia, para presentarle la idea. Después de todo, me había sentido un poco incómoda porque en nuestro apuro no le habíamos consultado por la idea. En nuestro apuro y en mi incomodidad por el prospecto de hablar del tema con ella…

Amalia estuvo encantada de verme, parecía muy en paz. Me senté a su lado y le conté inmediatamente lo que habíamos hablado con Cecilia, que su hija quería hablar con ella y que yo me había ofrecido para ayudar a que la comunicación se suelte. Que podríamos hacerlo en dos semanas, cuando volvería del Sur. Amalia asintió sin hesitación, diciendo que sería muy bueno… Y así nos pusimos de acuerdo. Dos semanas.

Hice la Ceremonia de Asistencia con ella una vez más, y como siempre se conmovió profundamente, transportada a un espacio de paz. Con cara luminosa me abrazó, y me despedí de ella.

*

  1. LA MUERTE DE AMALIA

Hola amig@s,

Hoy se ha resuelto una historia de angustia y reconciliación, una historia que me refuerza profundamente la fe.

Apenas volvimos de viaje, nos enteramos que falleció nuestra amiga Amalia, con quien estuvimos trabajando durante varias semanas con el Mensaje y sus Ceremonias.
Es una maravilla lo que pasó. Se acuerdan que su sobrina, Natalia, una médica que participa en nuestras reuniones, nos dijo que su tío, el hermano de Amalia, había muerto de la misma enfermedad – cáncer a los huesos – el año pasado, y que se murió con mucha desesperanza y sinsentido. Natalia había sido la única persona que se animó a quedarse con él, aunque no sabía como ayudarle. Así que cuando se enfermó su tía, ella buscaba desesperadamente algo que le permitiera una experiencia mejor.

Entonces, poco tiempo después, vino con una amiga a la reunión nuestra. Y nos contó la historia de su tía – un caso de dolor agudo e insoportable, que no respondía ni a la morfina. Una historia de mucha desesperanza, mucha agonía. Además, la situación familiar de Amalia, especialmente con su hija, fue bastante difícil, con mucho resentimiento, falta de comunicación, experiencias pesadas del pasado, mucha necesidad de reconciliación. Y Amalia era muy católica, y por eso se sentía culpable, una mujer mala, cuando sentía el deseo de morirse porque estaba experimentando dolores muy agudos. Encima de todo, ella estaba muy sola, recibiendo pocas visitas. Así que con algunos amigos empezamos a visitarla; yo fui cada día, para aliviar su soledad. Le leímos la Ceremonias de Asistencia y de Bienestar. Le conseguimos un reproductor para escuchar CDs, para que pudiera escuchar las experiencias guiadas de El resentimiento y de la Configuración del Guía; y también música, para distraerse del dolor… A Amalia le encantó el trabajo nuestro – cada vez que leí la Ceremonia de Asistencia se le transformó la cara, sonrió con tanta paz, aún si estaba dolorida en ese momento. Y la última vez, me dijo que con esa ceremonia el dolor que sentía en la cabeza desapareció. Siempre me dijo ‘estas palabras tuyas me hacen tanto bien!’… y después de verla, nosotros también nos sentimos transformados, llenos de paz.

La ultima vez que vi a Amalia, hice las ceremonias de Bienestar y de Asistencia y sabiendo que yo estaba por viajar, me tomó las manos y me dijo, muy conmovida: ‘eres mi mejor amiga, siempre me levantas el espíritu con tus palabras…’ Eso me hizo sentir rara, no sabía como recibir esta suerte de veneración, así que finalmente le dije: ‘Mira, lo que pasa es que yo pedí ayuda, y la recibí – y ahora quiero compartirlo!’ Y me contestó: ‘¡Seguramente lo has logrado conmigo!’

Habíamos planificado que cuando volviera, yo actuaría como intermediaria entre ella y su hija, para que ellas pudieran entrar en comunicación directa. Porque tenían una historia muy difícil entre ellas, y ambas querían de todo corazón reconciliarse.

Así que me fui de viaje. Y cuando volví, me enteré que se había muerto.

Me fui a hablar con su hija y ella me contó que había sido una experiencia muy difícil para ella, porque no había tenido la oportunidad de hablar con su mamá, como habíamos planificado. Durante muchas noches después de la muerte de Amalia, ella había sufrido pesadillas terribles, soñando que estaba peleando con su mamá… Pero que, finalmente, la noche antes de que llegue de viaje, logró soñar que estaban juntas, en paz y tranquilidad… Entonces me di cuenta, y le dije a ella, que lo que posibilitó esta transformación tan importante era solamente su intención, su fuerte deseo de hacerlo. También me dijeron que cuando Amalia entró en coma, y nuevamente cuando murió, le habían leído la Ceremonia de Asistencia, la ceremonia que amó tanto. Y me sentí tan agradecida, tan llena de humilde agradecimiento, por esta transformación tan maravillosa, tan bendecida.

Doy gracias a los Dioses, a nuestro Maestro Silo por su Mensaje, a todos los Amig@s…

Un gran abrazo,

Trudi Richards.

wingedlion@gmail.com

 

 

SERENELLA – Milán
Como les prometí meses atrás, les contaré la experiencia que viví cuando murió mi abuela.

Les comento que esta abuela incidió mucho en mi vida, muchos climas y situaciones desagradables que vivimos mi familia y yo, tenían a ella como centro.

Por eso, inicio desde que me reconcilié con ella, porque para mí ha sido muy importante y quiero compartirlo con ustedes. Esto sucedió durante una experiencia. En ella se soltó una tensión (también física) que tenía con ella, visceral diría. Sentí justamente cómo se soltaba algo, aunque no puedo describirlo.

Volviendo a Milán, tenía la sensación fuerte de que ella había muerto. Lo sentía en cada célula de mi cuerpo y un fuerte temor me asaltó.

La buscaba y no la encontraba y eso me aterrorizó. Sentía no haber tenido el tiempo, que me faltaba tiempo para hacer algo con ella. Estaba agitadísima… me sentía como un león enjaulado.

Cuando la encontré en su casa y estaba simplemente durmiendo, me sentí reconfortada, era como si, para mí, hubiera nacido en ese momento.

La invité a pasar 4 días en Francia, la primera parte del viaje ella se lo pasó contando historias racistas, degradantes, pero a mí esta vez no me importaba, lo importante era que ella estaba allí conmigo. Al final del viaje, en cambio, después de haberla mimado y más que nada, que ella se dejó mimar, me contó cosas de su vida, cómo ella había vivido su vida. Y comprendí qué cosas eran importantes para ella…. Ser aceptada por lo que era, una mujer así completa.

Entre tanto, insistí con los demás parientes para festejar su cumpleaños, en ese momento no sabía por qué pero sentía que era importante. Efectivamente, fue el último.

Pocos meses después le encontraron un tumor y fue internada, mientras tanto trascurría mis días con ella haciéndome contar sus cosas. Un día la encontré acostada, parecía muerta y me pidió de disculparla porque no había podido cumplir la promesa que me había hecho años atrás, promesa que yo ya no recordaba. Y me dice: “he sido una mujer afortunada, he hecho, de todos modos, una bella vida….”. En un cierto momento se conectó fuertemente con algo y me dijo: “si se puede decir que vivir dos guerras es ser afortunado”.

Sentí en sus ojos el horror y la desgracia que causa una guerra, el desgarro y el dolor. Le pedí sólo una cosa: de ir habituando a mi padre a su muerte, porque habíamos sufrido varios lutos y en ese momento él no estaba listo para perder también a ella. Esto sentí y ella también reconocía este sentimiento.

Pasaron tres meses, donde ella sufrió operaciones, inmovilidades, etc. Cosas que jamás antes había vivido. Ella, antes de esto, no se había enfermado nunca. Fue atendida por una persona de color, lo que, para quien la conocía, sabe qué significado eso tiene.

Un día, mi padre me llama y me dice de correr al hospital. Busco desesperadamente la ceremonia de Asistencia mientras estaba al teléfono con un querido amigo. Como siempre en esas situaciones, no la encontraba, pero al final encontré el librito del Mensaje.

Corro al hospital, estaba moribunda, gritaba de dolor, continuaba llamando a su padre, muerto muy joven. Me acerqué y la ayudé a encontrarlo, como si estuviese guiándola. Poco después, se sentó en la cama, me tomó la mano con una fuerza increíble, me miró a los ojos y me dijo, reconociéndome (mi padre se sorprendió pues es médico y no entendía cómo podía reconocerme en ese estado): “Serenilla quiero morir, no puedo más”. Le dije con todo el amor que pude, que no se preocupara, que se fuese… Comprendí en ese momento que ella seguía viva para cumplir el compromiso que tenía con su hijo.

Poco después, con una excusa, salí de la habitación. Sentía que ella quería morir mirando los maravillosos ojos azules de su hijo (los pedacitos de cielo como le gustaba llamarlos)… El tiempo de tomar un vaso de agua y me llama mi padre al celular, me dice de correr, quería a su niñita a su lado…

Hicimos la Ceremonia, él estaba conmigo y con su madre. Y además una prima que estaba en el hospital, ya que en el piso de arriba estaba yéndose su suegra que partió dos horas después. Todos juntos, apretados, leyendo el Mensaje. Las letras del libro eran grandes, luminosas. Nosotros estabamos unidos en un silencio que parecía la eternidad, cada palabra era una melodía. Jamás experimenté una cosa así…… Era como si fuésemos todos una sola cosa al hacer esto… Cuando terminamos, mi prima me pidió el libro para hacer la Ceremonia a su suegra.

En el funeral, me sorprendí de que mi padre quiso que estuviera a su lado y no me soltó la mano en ningún momento. Muchos de mis familiares me dijeron que era maravillosa esa poesía que leí a la abuela, les regalé los libritos.

Poco después supe que me dejó de regalo su casa, en la cual vivo junto a aquellos que fueron sus vecinos.

Un abrazo a todos.

Serenella

s.piccini@flashnet.it

 

 

PETER – Amsterdam.

 

Mis experiencias con el acompañamiento a mi padre enfermo, hasta el momento de su muerte.

A lo largo de un período de un año y medio acompañé a mi padre en el proceso de enfermedad que llegó hasta su muerte en la madrugada del 1 de agosto 2003.

Era mediados de julio cuando llegué para pasar el día con él. Estaba con clima de urgencia. Me dijo que me sentara, porque tenía que contarme algo importante. Dijo que ya se lo había contado a mi hermana mayor y que iba a contármelo y también a mi otra hermana, pero que quería hacerlo con cada uno en forma separada. Y empezó a hablar. Me contó, con mucha emoción, reviviendo con toda la emoción de entonces, la historia de cómo fue acusado falsamente, y encarcelado, y todo lo que pasó. Lo hizo con tanta intensidad, reviviendo todo, que me impactó profundamente. Y comprendí que ese era el gran secreto que tenía que compartir y expresar antes de poder morir. Yo conocía la historia, pero sin esa parte emotiva, sin ese gran sufrimiento que le había causado y que había llevado consigo durante toda su vida. Estuve llorando internamente por él, por el daño que le habían causado, y también por la gran dignidad con la que había llevado consigo esa herida profunda durante toda su vida… y sin resentimientos, sólo dolor.

Vi y sentí en ese momento cómo era la esencia de mi padre, vi y sentí su alma y su espíritu. Vi una persona limpia, herida pero muy limpia, que finalmente había logrado expresar sus emociones dolorosas más profundas. Y vi también cómo se estaba liberando de este gran peso. Y me sentí feliz por él. Me dijo que todavía faltaba mi otra hermana, que vendría la semana siguiente a su cumpleaños, y entonces tendría el momento para contarle todo a ella también. Me pidió que nunca hablara con otros sobre lo que me había contado. Y mantengo mi promesa, porque fue su confesión a sus hijos, que era lo único importante.

Vi cómo se distendía internamente y me di cuenta cuánto le había costado llegar a contar esa parte de su vida. Cuánto tiempo le había tomado llegar a sentirse capaz de sacar ese gran secreto afuera.

El último cumpleaños

El día 18 de julio 2003 fue su último cumpleaños. Estuvimos todos en casa de mis padres. El ya no podía hacer ni decir mucho y mantuvimos todo muy calmo y agradable para él. Fue tambien el dia en que Lory, yo y nuestras dos hijas, comenzábamos nuestras pequeñas vacaciones anuales de una semana en el sur de Holanda. En la tarde, mi padre estaba tan cansado que decidió irse a la cama. Una cama de hospital que había sido instalada desde hacía varios meses en el dormitorio de mis padres. Fue también el momento en que Lory, las dos nenas y yo quisimos despedirnos para ponernos en viaje hacia el sur. Fui al lado de su cama y me dijo que no me preocupara por él, que quería que tuviéramos una linda semana de vacaciones, que él estaría bien. Claramente, no quería que me fuera preocupado. De todos modos, acordé con mi hermana mayor estar en contacto cada día. Mi otra hermana decidió quedarse con mi mamá algunos días más.

Dos días después, el domingo, me llamó mi hermana mayor diciéndome que papá había decidido dejar de tomar sus medicinas y dejar de comer. Y que ese mismo día le habia preguntado a mi madre si ya podía partir. Ella le había respondido que sí, que no tenía que preocuparse por ella, que estaría bien. Entonces mi padre se metió en su cama y ya no se levantó más. Yo mantuve un contacto diario e hice dos veces un trabajo de enviarle mis mejores sentimientos de amor. En estas experiencias experimenté una gran compasión, quería bañarlo en Luz. Tambien pedí, con mis sentimientos más profundos, por la protección de su alma. Y en esos momentos vi varios seres alrededor de su cama, que me dieron la certeza interna que él estaba protegido y en buenas manos. Al mismo tiempo sentí, en estas experiencias, su sufrimiento… querer irse y no poder hacerlo… Quería ayudarlo, enviándole suaves olas de bienestar y paz.

El viernes 25 de julio decidí que era el momento de volver a la casa de mis padres. Dejé a Lory y a las nenas en casa de la madre de Lory, que estaba cerca de nuestro lugar de vacaciones. Mi hermana menor había decidido quedarse todo el tiempo con mi madre, así que cuando llegué la encontré en casa. De inmediato fui a ver mi padre y lo encontré muy debilitado. Casi no podía hablar. Le costó mucho pronunciar unas pocas palabras. Estaba feliz de verme, se esforzó mucho por demostrarlo. Yo sentía impotencia por querer hacer algo para aliviar su última lucha, pero no saber cómo. Lo vi tan frágil y vulnerable, sufriendo visiblemente porque quería irse y no podía. Le hice varias veces masajes en la nuca para aliviarlo mínimamente. Quería hacer más, pero no sabía cómo.

Entonces me fui a dar un paseo por el bosque, al lado de la casa. Y, en medio del verde y del silencio de la naturaleza, hice un Pedido con toda la compasión que sentía en mí. Pedí poder ayudarlo a partir. Pregunté qué podría hacer para ayudarlo. Y de pronto me invadió una gran tranquilidad interior. “Dale paz”, escuché como respuesta. Que yo puedo darle paz a mi padre… Me sentí de nuevo calmo y luminoso. Volví a la casa, fui hasta donde estaba mi padre y advertí que estaba muy calmo, en un estado de paz interior. El resto de la tarde y de la noche le transmití la paz interna que yo sentía. Y tenía la sensación que eso le hacía bien. Lo amaba mucho y traté de transmitirle ese sentimiento, sin palabras.

En un momento de la tarde le hablé de algunas cosas. Le dije que había hecho todo muy bien en su vida. Que le estaba muy agradecido por todo lo que me había dado. Nuevamente tuve la impresión de que, aunque parecía que él estaba en otro lugar, entendía lo que yo decía y lo absorbía.

Ya casi no podía hablar. Ví que estaba agradecido por cada gesto y cada ayuda que nosotros – mis hermanas y yo – le estábamos dando para aliviar su sufrimiento.

Sábado, 26 de julio

La colaboración entre nosotros tres – mis dos hermanas y yo – es excelente. Mi hermana menor ha decidido quedarse en la casa de mis padres. Ella vive lejos. Es muy hermoso ver cómo mis dos hermanas, cada una a su manera, expresan su amor por nuestro padre. Nada es demasiado. Cada señal de mi padre es respondida inmediatamente. Esto me dice mucho sobre lo que es la vida en realidad: algo que nos une. Así, le sacamos todo peso a mi madre y ella puede distenderse y fortalecerse. Para ella también es extraordinario tener a sus tres hijos cerca, le es muy difícil ver a su gran amor en este estado. Pero se mantiene bien y la acompañamos todo el tiempo.

Mi padre parece ya un niño desamparado. Con pequeños gestos o sonidos muestra cada vez su agradecimiento. Siento que le hace muy bien que sus tres hijos estén cerca suyo todo el tiempo.

Esa tarde, cuando fui a hacer un paseo por el bosque para ordenar mis sentimientos y pensamientos, me vino a la mente una imagen de cómo opera la vida. Un nacimiento tiene que ser doloroso para el bebé. El pasa de una fase a otra, siendo prensado por un tubo hacia este mundo. Así también, el final del período de tiempo sobre esta Tierra es acompañado por dolor y momentos dolorosos, al experimentar que el cuerpo falla, que el alma ya no puede seguir viviendo en él. Un tránsito doloroso hacia una nueva fase, un tránsito hacia otro mundo del cual uno no tiene ningún conocimiento previo.

Así veo a mi padre en este momento. Desesperado, en un cuerpo quebrado, delante de la puerta de una nueva, posible, fase de la vida, en otra dimensión. El tránsito es doloroso y siento compasión profunda. Detrás de esta situación tan penosa, experimento la presencia de un significado más profundo y la importancia de poder ayudar a que ese tránsito sea lo menos doloroso posible. Siento también que el amor es de gran importancia, como un puente que enlaza todo entre sí, por encima y más allá del quehacer diario.

Estas experiencias me hacen reflexionar profundamente sobre el misterio de la Vida. Ese misterio que, justamente en los momentos de contacto con la muerte o en la muerte inminente de personas queridas, se pone en evidencia y habla con los sentimientos más profundos. En tales momentos me siento ligado no solamente a la persona querida, sino también a la vida de muchas personas, distribuidas en todo el mundo, conocidos y no conocidos. Entonces siento que nadie en este planeta tendría que morir solo, sino rodeado por gestos afectivos de acompañamiento, compasión y comprensión de aquello que le está sucediendo…

El domingo tuve que ir a buscar Lory y a las nenas, para llevarles de vuelta a Amsterdam junto con el coche que habíamos alquilado para nuestra semana de vacaciones. Antes de irme voy a despedirme de mi padre y decirle que ya el martes en la mañana estaría de regreso. Tomo su mano y él hace un enorme esfuerzo para decirme algo, mientras se aferra a mi mano. Logra pronunciar la palabra ‘importante’, y en seguida las palabras ‘vida’ y ‘muerte’. Advierto con certeza que quiere transmitirme algo muy importante para él. Pronunciar estas tres palabras le toma una media hora, y lo hace con una intensidad increíble. Mi impresión es que ha descubierto o ‘visto’ algo, y que quiere que yo lo sepa. Le digo muy suavemente que no se preocupe, que he entendido. Entonces se distiende completamente y suelta mi mano. Le doy un beso y repito que estaré de vuelta dentro de un día.

En ese momento me siento muy feliz por esa comunicaciòn entre él y yo, tan íntima, de sólo tres palabras, pero cargadas de algo muy grande. El siempre decía que no había nada después de la muerte. Por cierto no creía en el paraíso del que habla la iglesia; y yo siempre le decia que sí, que por cierto esta cosa de la iglesia era muy chata, pero que no estaba nada mal dejar abierta la posibilidad de que hubiera algo después de la muerte física, algo muy bueno. El me había prometido que dejaría este tema abierto. Yo pensé que él había ‘descubierto’ algo sobre el tema y quería comunicármelo. Me había contado varias veces que había visto a su padre al lado de su cama, y que eso significaba que su padre lo estaba esperando.

Martes 29 y miércoles 30 de julio

Mi madre, mis dos hermanas y yo, estamos cerca de nuestro padre. El ha tenido un día difícil y pensamos que está llegando el momento de su despedida de este mundo. Así que mi hermana mayor decide también quedarse y no volver a su casa. La noche del martes me quedo velando al lado de la cama de mi padre, de modo que mi madre y mis hermanas puedan dormir. Hago un trabajo profundo con la Experiencia de Paz y envío ese estado a mi papá, acompañado por los mejores sentimientos de amor. El está en un estado de mucha inquietud, pero al enviarle paz y un suave amor, se tranquiliza bastante. Repito esta acción varias veces durante un período bastante largo, y en otros momentos tomo su mano y le transmito por ese contacto físico, con mis mejores sentimientos, amor, paz y luz.

Pasa la noche bastante calmo y tiene períodos largos de sueño tranquilo. Observo su estado, también durante el día siguiente, y llego a la conclusión de que él está atrapado en un círculo vicioso, en algún lugar que no es agradable, y por lo cual está sufriendo. Ese día, miércoles, empiezo a hablarle. Siento que es necesario guiarlo cuidadosamente en otra dirección. Eso hago, diciéndole que recuerde los mejores momentos de su vida, mientras le transmito, por contacto físico, sentimientos de paz y luz. También a eso él reacciona. Me siento a mí mismo como un ancla con la cual él puede hacer lo que quiere. Mi percepción es que, por el momento, el solo extrae un cierto apoyo de eso, por lo cual se tranquiliza y finalmente se duerme.

Decido hacer esta misma noche una primera ceremonia de Asistencia. Mientras hago la ceremonia está muy tranquilo y su rostro se distiende un poco más. Siento que se está creando una atmósfera muy íntima, aunque no sé qué esta haciendo él con las sugerencias de la ceremonia. Pero al final, tengo la impresión de que está agradecido, aún cuando su lucha no haya terminado todavía. También percibo, al observar sus gestos con mucha atención, que ya no está atrapado en aquel lugar desagradable.

Su estado hace que, con mucha frecuencia, él emita sonidos y mueva sus brazos y manos continuamente. También sufre dolores que tratamos de aliviar. Su cuerpo tiene el aspecto de un esqueleto. Y eso shockea mucho a mis hermanas y a mamá. Para ellas es muy difícil ver a su padre y querida pareja en ese estado físico; casi no poder reconocer a la persona que ellas conocían, les crea sufrimiento. Yo intento ayudarlas diciendo que el estado del cuerpo no tiene nada que ver con el padre y la pareja fantástica que ellas conocen. Que este hombre todavía está tal como era, que sólo su cuerpo se está deteriorando, no él. Eso las ayuda un poco. Yo sé que es dificil “desconectarse” del cuerpo y contactarse con otra cosa; pero intento, en distintos momentos, ayudarles a conectar con él y no con su cuerpo, tomando la decisión de que también ellas necesitan ser guiadas.

Yo mismo puedo ver solamente un ser en pena, el cuerpo no me asusta. En contacto físico con su cuerpo, siento la vida de un padre muy querido, a quien amo y a quien quiero ayudar todo lo posible, para que pueda concluir su vida aquí de la mejor manera.

Me ha costado un tiempo encontrar la conexión interna adecuada, con la cual poder ofrecer ese ayuda de verdad. De tanto verlo sufrir, en un momento mi corazón se quebró (sentí un fuerte dolor en el pecho). Sentí una gran compasión, pero no me sentí totalmente capaz de darle alivio. Me sentí inseguro. Entonces he apelado a mi Guía Interno y he pedido su ayuda. Y extendí ese pedido también hacia otros seres de Luz, pidiendo que lo ayudaran para poder liberarse. Fue entonces que llegó, desde un registro muy interno, la respuesta: “Dale Paz”. A partir de ese momento me sentí diferente, profundamente tranquilo, con la certeza interna de que podría ayudarlo. Y desde entonces esa certeza nunca más me abandonó, y he realizado todas mis acciones desde ese registro.

A partir de ese momento, la atmósfera entre nosotros cuatro (mamá, mis hermanas y yo) se hizo muy especial. Estábamos juntos durante horas, contándonos muchos buenos recuerdos, que nos produjeron alegría, risas y distensión. En esta atmósfera suave, cada uno de nosotros podía hacer en libertad lo que sentía. El hecho de alternarse al lado de la cama de mi padre sucedió fluidamente, contándonos después lo experimentado. Esta experiencia fue muy particular para mí y me alegró mucho: nos cuidábamos entre nosotros y cuidábamos a nuestro padre. Y mamá también estuvo envuelta en una manta de afecto.

Jueves 31 de julio y noche de jueves a viernes

Durante todo el día nos alternamos para estar con nuestro padre. Mi madre está haciendo su trabajo – se nota – de prepararse para la despedida. Le dejamos su espacio y varias veces durante este día ella iba al dormitorio para estar con su gran amor. Hablaba con él, diciéndole que lo amaba mucho y que se fuera en paz, tomando su mano en la suya. El le daba señales, apretando su mano. Ella se sintió feliz con eso, porque no estaba segura si él podía escucharla. Todo esto nos lo contó ella, en otro momento.

Vì que el cuerpo estaba dando su última batalla, ya era solamente la batalla del cuerpo contra su propio deterioro. En mi opinión, ya no había ninguna relación entre la lucha del cuerpo y el hermoso ser que tenía que lograr desprenderse de ese vehículo que lo había acompañado fielmente durante toda su vida.

Por la tarde me fui de nuevo al bosque, buscando un lugar tranquilo y apartado, y me puse a pensar en mi padre y a hablar con él, diciéndole todo lo que me parecía importante. Después entré en un estado de paz profunda y comencé a hacer un Pedido a los ‘seres’ luminosos del otro lado para que “por favor ayudaran a mi padre a encontrar su camino hacia la Luz”. Entonces surgió esta escena: del lado derecho del espacio de representación aparecieron figuras luminosas en un estado de espera. Todos estaban mirando hacia la izquierda, donde vi una especie de separación casi transparente, con una silueta detrás que reconocí era la de mi padre. En ese momento tuve la certeza de que él estaba por pasar al otro lado, y también experimenté la sensación muy suave y reconfortante, como una brisa ligera, de que las figuras luminosas se ocuparían de él. Fue casi como estar un momento en la presencia de los dos mundos. Entré en un estado de silencio muy particular, como suspendido en el aire, y comencé a caminar por un pequeño sendero, manteniéndome en ese estado. Parecía que todos los colores del bosque eran mucho más intensos, más brillantes, casi vibrantes, con una luminosidad propia. Y me sentí circundado por una presencia omnipotente que estaba en todo. Caminando con esa experiencia particular, sentí de pronto otra presencia que se ‘materializó’, unos 20 metros delante de mí, una figura en sombras. No vi bien su cara. Estaba allí, sin moverse. No sentí miedo y continué caminando despacio hacia él. Surgió una sensación, un contacto, y sentí con certeza que era un mensajero, un ángel de la muerte. Lo sorprendente fue que este ‘ángel’ emanaba una paz total y una suavidad muy reconfortante; y mientras me acercaba a él, se disolvió. Entonces, sentí un profundo agradecimiento.

A partir de las 21.00 horas mi padre entra en un estado de calma y advierto que el cuerpo ha dejado de luchar. Llamo a mi madre y mis hermanas alrededor de su cama, pidiéndoles que le envíen sus mejores sentimientos de amor; sin tristeza, ya que la tristeza no lo ayudará a desprenderse de este mundo. También les digo que no se identifiquen con su cuerpo, sino que hagan el esfuerzo de conectar con lo que es él, ayudándose con sus mejores recuerdos. Ellas me acompañan en este Pedido. Si les entra tristeza, les digo que es mejor alejarse un momento y arreglar la emoción fuera del dormitorio. Todo eso con mucha suavidad.

Estamos juntos un tiempo alrededor de la cama y se crea una muy linda atmósfera. Cada uno de nosotros lo toca suavemente, transmitiendo amor y bienestar. El se queda muy tranquilo y aunque parece que no está o que está en estado de coma, tengo la certeza que registra nuestra presencia. Después de un tiempo volvemos al salón, para hablar un poco entre nosotros y tomar algo juntos.

Creo que eran alrededor de las once cuando decidí hacer otra vez la ceremonia de Asistencia.

Me siento en una silla al lado de su cama, cerca de su cabeza, busco paz interna y empiezo la ceremonia, muy suave, con mucho afecto. Observo que él está reaccionando a las frases y en un cierto momento extiende hacia adelante un brazo y hace un sonido con un tono de sorpresa y de felicidad. Mi interpretación es que él está viendo algo que lo hace feliz. Yo siento una atmósfera muy cálida y reconfortante que invade la habitación.

De allí en adelante voy a controlar su estado cada 15 minutos. A la una repito otra vez la ceremonia de Asistencia y noto que su cara se distiende completamente. Una hora después observo que su respiración va cambiando y disminuyendo, que se ha vuelto dificultosa. Y advierto a mis hermanas y a mamá que, según mi impresión, nuestro padre está a punto de partir. Son las dos de la mañana del viernes. Mi madre no quiere estar más a su lado, dice que ya se ha despedido y se va a dormir al salón. Nos pide que la despertemos cuando papá ya se haya ido.

Mis hermanas y yo nos ponemos alrededor de la cama en total silencio, para acompañarlo hasta su último aliento. La atmósfera es muy linda. Nos quedamos así durante dos horas, y en todo ese período le envío paz y sentimientos suaves de afecto. Se crea una atmósfera casi mágica. Observo atentamente su respiración y percibo claramente que es solamente la mecánica del cuerpo. Me resulta fascinante ver cómo son los pulmones y el corazón los últimos mecanismos que ‘mantienen’ el alma y el espíritu ligados al cuerpo. Y llega el momento en que los pulmones dejan de trabajar y, precisamente en este momento, hay un movimiento en la garganta y se detiene la respiración. Veo que el corazón realiza todavía algunos golpes… y se detiene… Miro el rostro de mi padre y veo cómo, de repente, ya no está más lo que estaba en ese cuerpo. De pronto el cuerpo queda vacío… y aparece como ‘sin volumen’…. Para mí fue un momento casi místico… y también de un gran alivio. Mi padre se había liberado de su cuerpo. Siento agradecimiento y una suave felicidad. Cierro sus ojos y dejo un beso en la frente de esta cara vacía. En silencio le deseo que vaya bien y feliz hacia su nuevo mundo. Y mientras mis hermanas se ocupan de hacer algunas acciones necesarias indicadas previamente por el médico, voy a despertar a mamá.

Mis hermanas y yo nos ocupamos de lavar y preparar el cuerpo. Fue muy especial hacer juntos ese último acto, el cuerpo todavía tenía cierto calor. Cuando terminamos, me sucedió una cosa muy particular. Desde atrás, una ola muy suave de energía traspasó mi cuerpo. Fue como una brisa, una caricia, que transmitía alegría, luminosidad y una sensación de agradecimiento. Fue como si tocase mi corazón. Sentí que era la esencia de mi padre que se despedía. Fue un momento muy íntimo, mágico.

Al rato, estando en la terraza, me sobrevino un llanto convulsivo que no comprendí. Reflexionando sobre aquello, me quedó claro que súbitamente había caído en cuenta que nunca más podría tocar físicamente a mi padre. Decidí entonces volver adonde estaba el cuerpo, me ubiqué al pie de la cama, mirando ese cuerpo, y le hablé a mi padre sobre lo que me pasaba, y que ahora tenía que despedirme de su cuerpo. Fue un acto que me produjo calma y paz interior.

Ese mismo día Lory vino a buscarme y regresamos juntos a Amsterdam. En nuestra casa, instalándonos en el balcón (hacía mucho calor), he hablado por horas y horas, recordando y contando muchas cosas de mi padre. También eso fue importante. El hablar de él por horas y Lory escuchando, tratando de integrar mi larga vida con él. Al día siguiente esas charlas continuaron y me hicieron muy bien internamente.

Entre mi mamá y mis hermanas habíamos acordado que de la ceremonia – que suele hacer un sacerdote – me ocuparía yo: la ceremonia de Muerte. Fue tambien algo muy particular, que tocó profundamente el interior de más de un familiar.

Con la ayuda de Eduardo, quien me explicó cómo hacerlo, he seguido acompañando a mi padre por un tiempo, haciendo la ceremonia de Asistencia más o menos cada tres semanas, hasta que tuve la certeza interna de que él había encontrado su camino hacia la Luz. También estas experiencias fueron muy significativas, porque en cada oportunidad sentí que se acercaba una presencia que escuchaba con atención mis palabras. Nunca lo ‘vi’ perdido. Durante las primeras ceremonias lo ‘vi’ feliz y alegre, con expresión sorprendida, fascinado por algo, pero las palabras de la ceremonia producian un cambio de postura, un escuchar. Y esa experiencia con él me dejaba la impresión de que él estaba todavía en un ‘espacio intermedio’. No sé muy bien cómo traducir eso en palabras. Lo interesante fue que lo ‘vi’ siempre joven, alrededor de los 25 años de edad. En la última ceremonia que hice, en noviembre 2003, lo vi delante de una gran Luz, mirando hacia la Luz, y tuve la certeza de que ya estaba bien, ’en camino’.

 

 

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Mis experiencias con 10 meses de acompañamiento a Desiree

Introducción

Voy a intentar ordenar mis experiencias de acompañamiento a una amiga muy querida, Desiree, durante sus últimos 10 meses de vida en este tiempo y en este espacio.

Quiero empezar el relato con la descripción del momento en que ella fue informada de su situación de salud, cómo reaccionó y empezó a elaborar su imagen de cómo vivir estos últimos 10 meses, porque este fue el primer impacto.

Alrededor de mayo 2003, Desiree empezó a sufrir episodios de dislexia y fallos en su facultad de escribir. También tenía momentos de “fall-outs”; por ejemplo, falta de control sobre sus reacciones motrices mientras conducía su coche. Entonces decidió ir al hospital. Los médicos descubrieron 3 tumores en el cerebro y le comunicaron que el proceso estaba demasiado avanzado, que su situación era terminal. Le dijeron que tenía como máximo 7 meses de vida y lo único que podían hacer era ayudarla con una serie de radiaciones para ralentizar un poco el proceso e intentar que recuperara el control sobre sus facultades de escribir y leer por un tiempo. Explicaron que los tumores habían producido líquidos que presionan sobre ciertos centros y que eso le producía los fallos en sus funciones. Le dieron píldoras para eliminar esos líquidos y le anunciaron que, en la semana siguiente, comenzarían con las radiaciones. Le informaron también que con el paso del tiempo sus períodos de sueño se irían haciendo más largos, hasta que finalmente no se despertaría más.

Después de haber recibido toda esta información, pasó algo muy particular con Desiree. En pocos segundos, su primer estado de shock se convirtió en un registro pleno de liberación total. Se sintió de pronto luminosa y liberada de todo peso. Con un humor como nunca antes, con una emoción muy positiva, suave y luminosa, muy conectada con lo mejor de ella. Eso me impresionó mucho. Ella me contó qué quería hacer con el tiempo que le quedaba y también que tenía la certeza interna de que todo iría bien. Me dijo que estaba lista para emprender una nueva aventura y que no tenía miedo a la muerte física; que se sentía capaz de cumplir con la intención que siempre había tenido pero que le había resultado difícil de realizar; que tenía muy claro su proyecto para los próximos meses.

Primeramente quería dejar todo en orden en el plano práctico. Para asegurar que, después de haberse ido, sus familiares (hermanas) no se encontraran con tener que dar soluciones a deudas y demás. Esta parte ella la puso en marcha inmediatamente, con la ayuda de dos amigas suyas, especialistas en estas cosas.

La segunda parte de su proyecto era dejar en todos sus familiares y amigos un sentimiento muy positivo que les abriera el futuro. Para lograr eso, ella decidió tener momentos aparte y conversaciones muy íntimas, de corazón a corazón, con cada uno; con la intención de dar a cada uno lo que necesitaba. Además, ella tenía claro que cada uno llegaría con sus propias proyecciones sobre la muerte, que les estaban produciendo dificultades para meterse con esta situación. Y por eso, me dijo, había decidido “marcar” aquello que no quería hablar y aquello que sí quería hablar con ellos. Y así quería llevar a todo su medio inmediato, que eran muchas personas, hacia un sentimiento alegre y luminoso, sin ningún drama de por medio.

Otro aspecto de su plan era que iba a regalar todas las cosas (bastante extraordinarias) que ella había acumulado en sus viajes por el mundo. Decía que este acto le daba una gran alegría. Quería quedarse sin nada antes de irse. Ella me dijo también que internamente ya había soltado todo, pero que le gustaría mucho si pudiéramos hacer juntos, ella y yo, un proceso de preparación interna. Y por supuesto le dije que sí, que estaba encantado de poder hacer ese proceso de preparación junto a ella.

Y con este acuerdo entre nosotros dos, empezó un período de largas conversaciones y experiencias que para mí fueron un enorme y fascinante regalo.

 

El ritmo de encuentros y el proceso de trabajo sobre la marcha

Decidimos encontrarnos en su casa con un ritmo semanal fijo, ella y yo solos, para conversar y hacer algún trabajo, según las necesidades de ella. Esto aparte de otros momentos juntos: saliendo al campo o a cenar juntos con amigos, acompañándola en sus tratamientos en el hospital, etc…

Este momento semanal era muy íntimo, sin distracciones externas, duraba en general unas 6 horas, siempre por la noche a partir de las 20.00 horas. Todos los otros días, Desiree tenía citas con amigos y familiares, semana por semana, como un “plan de acción” con un objetivo claro.

En nuestros encuentros semanales, una parte del tiempo la dedicábamos a charlar de sus experiencias en las conversaciones diarias con los amigos y familiares, evaluando y sacando conclusiones para implementar la próxima semana. El objetivo de esta parte era que ella pudiera integrar lo hecho y observar lo que le sucedía internamente.

En todas las primeras conversaciones con los amigos y familiares, ella sacó el tema de la muerte y el miedo a la muerte, no dejando ningún espacio a temas secundarios. Quería transmitir su estado luminoso y alegre y al mismo tiempo tocar lo humano en el otro. Me contaba lo que sucedía con cada uno, la dificultad que tenían en bajar sus defensas y cómo veía que en cada uno había un ser humano muy hermoso; y que ella sólo quería comunicarse con este ser hermoso en cada uno. Demostraba una compasión muy grande, independientemente de lo difícil que era para estas personas sacarse las defensas. Al contarme todo esto, ella logró conmoverme profundamente, por la inexistencia de cualquier prejuicio, frustración o desilusión. Ahí me sucedió la primera decisión, interna y profundamente sentida, de ocuparme plenamente de su bienestar. A partir de ese momento su bienestar se convirtió en mi preocupación principal. Su total dedicación a lo humano del otro, al bienestar del otro, me provocó esa decisión. Y a partir de allí, sentí una conexión y comunicación muy particular con ella que nunca fue interrumpida a lo largo de todo el proceso. Creo que justamente esa particular conexión me sirvió de guía en los distintos momentos de su proceso de preparación interna.

El otro aspecto permanente de nuestros encuentros semanales fue la parte de trabajo personal. Dejé a ella total libertad de elección. Ella se decidió por el trabajo con la Fuerza, cosa que mantuvimos a lo largo de los casi 10 meses. Sólo en las últimas 3 semanas ya no fue posible su continuación.

Realizamos el trabajo con la Fuerza siempre en relación directa a cada encuentro semanal, direccionando la experiencia con la Fuerza en base a lo conversado y el deseo o la necesidad de Desiree.

Lo curioso en todas las conversaciones fue que ella nunca se quejaba, y que su estado físico poco le importaba. Este hecho ayudó mucho a no caer en sentimientos dramáticos. Ella estuvo con permanencia lanzada hacia adelante y creo que justamente por esa actitud le resultaba bastante fácil integrar todo su pasado de un modo calmo y lúcido. Su preocupación era por el futuro y utilizaba reconocimientos de errores del pasado para reforzar sus deseos y aspiraciones hacia el futuro. Su tema constante fue poder tener un proyecto más allá de la muerte física, una continuación de su proceso en otra dimensión. Ese tema fue el motor de todas nuestras conversaciones.

No importaba de qué estábamos hablando, muchas veces temas en apariencia totalmente secundarios. Tocando todos los aspectos de la vida, hablando de otras culturas, de lo que le pasaba a su vecina, a sus amigos, a sus hermanas. Todo la fascinaba y logró transmitirme esta fascinación. Eso me producía un cambio de mirada y una nueva conexión con todo lo humano. Su compasión fue “choqueante” para mí, me tocó muy profundamente. Ella, en su estado terminal, era capaz de preocuparse a pleno por los sufrimientos o las enfermedades de otras personas. Por esas personas sí le venían las lágrimas, lágrimas sinceras, de pura compasión, sin ningún dramatismo. En esos momentos mi afecto y amor por ella llenó mi corazón y me hizo reflexionar profundamente sobre la propia vida y las relaciones con las personas. Creo, no estoy convencido, que en este contacto permanente con su estado emotivo, me he vuelto más suave, más comprensivo, se ha abierto un canal emotivo más profundo, que hasta hoy día está influenciando mis relaciones con múltiples personas.

Por mi parte, internamente me concentré mucho en esta relación particular con Desiree. Cada momento era importante y me concentré en estar ahí para ella, con la cabeza, el corazón y el cuerpo. También eso me producía una apertura interna, acompañado de calma interior. Desde este estado todo era posible, todo era fluido, acompañado por un sentimiento recíproco de confianza total. Dos ánimas que se tocaban, que se reconocían, que se valoraban recíprocamente.

En todo esto influyeron, decisivamente, las experiencias que hicimos con la Fuerza.

Siempre le preguntaba a ella qué quería pedir esta vez. Fue muy importante intentar “dirigir” la experiencia en relación directa con sus deseos o necesidades. Muchas veces ella pedía que se aliviara la presión del tumor en su cabeza; otras veces alivio en todo el cuerpo, estar en buenas condiciones para continuar sus “sesiones” diarias con amigos y familiares. Otras veces, ella pedía sabiduría en la relación, con algunos casos muy difíciles que le causaban frustración por la actitud cerrada de estas personas queridas.

En este proceso de Pedidos llegó un momento de cambio radical. Eso fue cuando ella se dio cuenta que no iba a lograr su objetivo: producir un cambio de registro en sus seres queridos. Fue el momento en que ella empezó a dudar de sí misma.

Después de haber dado lo mejor de ella durante 4 meses seguidos, empezó a dudar de sí misma. Y con todo lo acumulado en este período, sintiendo su sinceridad pura, intervine con fuerza. Le dije que ella había hecho su parte a pleno, dando lo mejor de ella. Y que ahora los demás tendrían que hacer su parte. Que no era seguro que la hicieran. Que su acción era muy válida y que ningún resultado o falta de resultado podía quitar validez a las acciones realizadas. Le propuse ubicar el registro de la acción permanente que había mantenido durante 4 meses y observar si esta acción le había producido y todavía le producía unidad interna, una sensación de total acuerdo consigo misma. Lo tomó muy en serio y pudo entonces confirmar que se sentía totalmente de acuerdo con lo que había hecho.

Sentí su profundo agradecimiento y me sentí también profundamente agradecido. Le expliqué que ella había construido algo muy limpio y unitivo en su interior y que yo me sentía muy agradecido de poder ser parte de esa construcción. Que ella me había dado mucho. Ella me contestó que no, que yo le había dado mucho. Dije entonces que bueno, que NOS habíamos dado mucho, y nos reímos con ganas…

A partir de entonces, aunque ella seguía con los encuentros con amigos y familiares, entramos en una nueva fase. Desiree empezó a concentrarse en lo místico de la vida, de un modo muy cercano a sí misma y a sus deseos y dudas.

Aparte de las evaluaciones semanales sobre sus experiencias (los relatos sobre lo que pasaba en las conversaciones con los visitantes) empezamos a hablar de la muerte y el misterio de lo que habría después. Confirmó que la muerte en sí no le causaba ningún miedo, y que tenía el gran deseo de poder continuar su camino en otra dimensión. Hablamos mucho del tema de soltar todo. Recordamos la transferencia exploratoria de 2 años atrás, en la que Desiree se encontró con un ser en una cúpula que ponía la mano sobre su corazón, y ella la mano sobre el corazón de este ser. Y el significado de eso era: la disposición a soltar todo.

Yo expresé mi opinión de este tema: que quizás era importante no tener ninguna atadura con este mundo, ninguna cosa que pudiera obstaculizar su desprendimiento de este tiempo y este espacio. Y que eso tenía que ver con una total reconciliación, consigo misma y con el mundo que iba a dejar. Acordamos que ella pondría atención a sus reacciones en relación con sus relaciones externas e internas. Estaba tan sincera y abierta, tan humilde, que de nuevo me movió lugares profundos de mi corazón.

Ese estar en un contacto tan íntimo con lo Humano del otro me parecía un misterio en sí, e intenté expandir lo que sentía con ella hacia otras personas, empezando con mi medio inmediato de familiares y amigos y haciendo incluso “experimentos” hacia personas no conocidas por mí. Advertí que esta manera de estar en contacto me debilitó las defensas. Una sensación que me dejó muy vulnerable, pero que no quería perder.

En relación con el tema del “post mortem”, Desiree empezó a hablar mucho del “ego”. Cómo ella observaba que todas las personas a su alrededor tenían mucho ego, y que este ego obstaculizaba la comunicación de corazón a corazón. Eso me llamaba mucho la atención y empecé a hacerle preguntas, que me explicara cómo ella experimentaba eso. Fue muy interesante, porque llegamos al tema de la ilusión. Cómo el ego crea la ilusión de uno mismo, con muchas creencias que no sirven para nada, sólo para obstaculizar una comunicación real. Pero lo más interesante fue que ella hablaba de esta cosa sin ningún prejuicio hacia los demás, más bien con compasión y diciendo: “qué lástima que no se dan cuenta, que se resisten a abrir hacia otros el registro de sí mismos y de los demás”.

Hablamos de lo curioso que todas estas personas queridas tienen una conexión particular con ella, que se dan cuenta del gran trabajo que estamos haciendo ella y yo, que están muy agradecidos por eso, pero al mismo tiempo no logran abrirse ellos mismos a una nueva experiencia. Y así llegamos a la situación general en el mundo y qué fácil sería el gran cambio si todo el mundo dejara de defender su ego.

Continuamos con el tema de que nadie puede cambiar al otro, sólo darle oportunidad real de poder elegir. Allí Desiree reconoció que ella misma se había resistido muchos años, aunque en su corazón sabía que tenía una tarea en este mundo. Y tocamos de nuevo el tema de la reconciliación más profunda. Le dije que ahora lo importante era haber reconocido el obstáculo: el miedo a perder. Todo el mundo vive este miedo de perder algo, que es totalmente ilusorio. Ella me preguntó cómo reconciliarse entonces. Y me surgió decirle que ya la reconciliación empieza a operar por el simple hecho de haber reconocido cómo el miedo opera y crea monstruos. Fue muy bueno, todo quedó claro y finalmente pudimos reírnos.

Utilizamos el tema de la reconciliación en varios trabajos con la Fuerza.

El momento clave fue cuando ella expresó su deseo más profundo, pero con una gran duda, acerca de si tenía derecho a tener ese deseo. El deseo de poder continuar su proceso después de la muerte física. El gran deseo de llegar a la Luz, a la Ciudad Escondida, y poder seguir contribuyendo a la humanización del mundo. Le dije que no sabía cómo funcionan las cosas en esa otra realidad, pero que estaba convencido de que ella tenía todo el derecho de pedir de acuerdo a sus deseos más profundos. Que de seguro no existen jueces que dicen “tú si y tú no”. Y seguimos hablando con mucha libertad sobre sus deseos, sobre cómo expresar con total libertad lo que quería, sobre los guías que la acompañarían en las “acciones” que posiblemente tendría que hacer.

A lo largo de todo este período iba con mis materiales, con el Mensaje de Silo. Leímos y hablamos mucho de los estados internos en La Mirada Interna. Leímos la ceremonia de Asistencia y de Reconocimiento, el Camino, siempre intercambiando mucho.

Finalmente llegamos a hablar de que, lo que sucede después de la muerte física depende de lo que uno crea. Y que ella tenía libertad total de creer lo que quisiera (eso en relación con algunas cosas que Silo había dicho en una charla reciente).

Por toda esta experiencia con Desiree, acerca de la muerte y el después, se reforzó mucho en mí un registro interno de la vida y la muerte como un gran misterio, por encima de todo lo cotidiano y de las miserias, dificultades y sufrimientos que existen. Pero también me reforzó otra convicción importante: que tenemos que cumplir una tarea en este mundo y que esta tarea tiene que ver con el misterio de la vida. Para mí eso es importante, pero no lo forzaría ni impondría a nadie. Puedo compartir, pero no imponer. Esa es mi percepción y puede ser muy diferente para otros.

Lo mismo, creo, vale para las experiencias con la Fuerza que hemos tenido con Desiree y que voy describir a continuación.

 

Los trabajos con la Fuerza

A lo largo de todo el período, experimentamos el trabajo con la Fuerza como una aventura fascinante de la mente.

Terminábamos cada sesión semanal con un Oficio: pasaje de la Fuerza y Pedido. En general dirigíamos cada experiencia en base a lo charlado antes, o en relación con una necesidad especial del momento, que muchas veces fue hacer algo para dar alivio al cuerpo.

En un primer período, Desiree hacía su relax externo, interno y mental y seguía la práctica de la esfera hasta su expansión hacia fuera del cuerpo. A partir de cierto momento, veía que le costaba mucho hacer todo eso y le propuse simplemente ponerse lo más relajada posible y abrirse al pasaje de la Fuerza. Siempre nos pusimos uno al lado del otro, lo que ayudó mucho a crear una atmósfera íntima de dos amigos que van juntos en “un viaje de experiencia”.

Cada experiencia fue diferente, por no buscar la repetición de la experiencia precedente y siempre quedarnos en una actitud mental de apertura, sin expectativas: lo que suceda estará bien. Pero había ciertos aspectos que se repetían siempre. Uno de ellos fue que ambos teníamos la experiencia de no estar solos ella y yo, que siempre había otra “presencia”, profundamente reconfortante.

Acordamos trabajar siempre de la misma manera: ella, antes de empezar, tenía claro su Pedido. No tenía que preocuparse del grado de contacto con la Fuerza, sólo relajarse lo mejor posible y abrirse de mente, corazón y cuerpo. Yo me concentraba en hacer toda la práctica de la experiencia (el relax, el trabajo con la esfera y la expansión). Cuando estaba seguro de estar en un estado de silencio y paz interna, y con claro registro de la expansión de la sensación de la esfera, yo tomaba suavemente su mano, muy ligerito, sin presión, y empezaba a pedir para ella, diciéndole que ahora ella pidiera lo que necesitaba.

Por mi parte, pedía siempre lo mismo: Luz para su mente, su corazón y su cuerpo. Pedía a algo de muy, muy lejos; pedía que viniera y que utilizara mi cuerpo como vehículo de transmisión, pedía con mucha fuerza, para ella. Y siempre venía esa presencia, acompañada por una gran bondad, muy suave, pero al mismo tiempo muy poderosa. Y de pronto me invadía un silencio particular, y un vacío particular. Me sentía como suspendido, suspendido y anclado. Y el espacio cambiaba. Se transformaba en algo esférico, luminoso, y empezaba a sentir el ritmo de un corazón. Este ritmo, este pulsar, en el que había una luz poderosa, lo transmitía por la mano a Desiree. Pulsaciones de luz poderosa.

A veces aparecieron personas conocidas y también seres no conocidos, siempre en formación circular alrededor de nosotros dos. Otras veces había sólo una enorme cúpula de luz, vacía, pero también llena. Y siempre esa pulsación al ritmo de un gran corazón. Yo sentía cómo ese ritmo lo armonizaba todo, era como si todo entrara en armonía. Y yo era sólo una parte íntegra de algo mucho más grande, cumpliendo una función. En el momento en que ese pulso disminuía, también sentía cómo esa “presencia” se alejaba y entonces sacaba mi mano de la mano de Desiree, muy suavemente, dejando transcurrir un tiempo hasta que ella abría sus ojos.

Eso fue lo permanente en casi todas la experiencias.

Lo diferente que había, tenía que ver con el pedido de Desiree. Si ella pedía por su cuerpo (cabeza u otras partes de su cuerpo, donde sufría presiones o dolores), intentaba imaginarme estas partes, pidiendo luz y alivio para esta partes, que aparecían envueltas en una luz pulsante. Cuando su pedido tenía que ver con su deseo de poder pasar a otro estado de ser de un modo consciente, en el momento de dejar este mundo, aparecían imágenes de ella muy hermosa, joven, luminosa, frente a seres que la esperaban para llevarla.

Lo curioso fue que muchas veces, en el intercambio después de la experiencia, lo que ella me contaba como su experiencia, coincidía con lo vivido por mí. Muchas veces hasta la experiencia de la cúpula, el silencio suspendido, las personas y seres en círculo, fue idéntica. Y cuando yo la había visto envuelta en luz, ella contó que se había sentido llevada en luz, experimentando mucho alivio. En todo caso, siempre ella se encontraba revitalizada y con la cabeza liviana y en la mayoría de los casos este estado se mantenía durante los días siguientes.

No lo puedo decir con total certeza, pero tengo la sospecha de que esta experiencia semanal con la Fuerza le ha dado la oportunidad de mantenerse en pie y activa, para poder seguir haciendo lo que le era importante de hacer. Hasta el momento en que, de pronto, su cuerpo truncó la batalla y empezó un rapidísimo deterioro (las últimas 3 semanas antes de su muerte). De eso, hasta el día de hoy estoy muy agradecido, porque los doctores habían previsto otro escenario (una progresiva pérdida de control sobre el cuerpo, con períodos siempre más largos de sueño, hasta entrar en coma). Y también en las 3 últimas semanas, su mente quedó lúcida hasta las últimas horas. Sólo en las últimas horas no hubo más contacto con el mundo externo.

Una cosa que me impactó profundamente fue asistir al deterioro progresivo de un cuerpo que se sabe va a perder la batalla y, al mismo tiempo, ver con creciente claridad un ser hermoso adentro de ese cuerpo deteriorado. Fue casi mágico. A más deterioro del cuerpo, más traspaso de la esencia a un ser hermoso y luminoso.

Vi también cómo Desiree, lo que es ella, se estaba transformando; y, aunque vi su cuerpo, también vi otro cuerpo, en el que ella se encontraba bien. No era su cuerpo enfermo, era otra cosa, que coincidía con su hermoso estado mental. Y eso siempre me producía alegría. Ahí me quedó claro otra vez el gran error de identificarse mucho con lo exterior, con el deterioro del cuerpo de una persona querida, que causa mucho sufrimiento y hace perder esta oportunidad de conectar con el interior de ese ser querido.

Esta experiencia me hace pensar sobre las limitaciones del cuerpo y el “sin límites” de la esencia humana, de su espiritualidad. Si nos damos la oportunidad a nosotros mismos de construir este espíritu con nuestras acciones – para las cuales necesitamos el cuerpo – este cuerpo tiene su sentido como vehículo, como instrumento que necesitamos en este mundo para construirnos. Y creo que justamente por eso vale la pena luchar, también en situaciones límite, para darnos la oportunidad de quedarnos en paz con lo hecho y con lo que no se ha podido hacer.

He tenido la gran oportunidad de asistir a la decisión de una mente de ponerse por encima de la fatalidad y celebrar la vida con una pasión y compasión que me ha dejado perplejo. He asistido a un proceso super acelerado de 10 meses, en el que una persona querida logró, no sólo poner en orden su vida, sino además abrirse con total dedicación hacia el futuro como algo muy largo y sin límites. Inspirada y excitada, con brillo en sus ojos hasta los últimos días de su vida aquí.

Su dedicación y nuestro trabajo conjunto tienen para mí un enorme sentido y, aunque no sé mucho de los profundos mundos de la Fuerza, me tomo la libertad de creer que estos trabajos que hemos hecho juntos han dado un enmarque muy significativo en el proceso de Desiree y siguen teniéndolo en mi proceso.

La última etapa (las 3 últimas semanas)

Quiero describir esta etapa con mucho más detalle.

A finales de marzo 2004, la situación de Desiree cambió de un modo muy brusco. El jueves tuvimos nuestra sesión semanal, de muchas horas y, aunque ella mostraba cansancio, no había señales preocupantes. Pasamos el tiempo juntos en una atmósfera muy buena e íntima y terminamos, como siempre, con el trabajo con la Fuerza. La dejé en un estado feliz, con el acuerdo (eso también como siempre) de que ella me llamaría si tenía necesidad de mí.

El sábado por la mañana me llamó una de sus hermanas, comunicándome que estaban por llevar a Desiree al hospital. También que Desiree le había dicho que ahora estaba lista para ser transferida al hospicio, el lugar que ella misma había elegido meses atrás, para transcurrir su último tiempo cuando el momento se presentara.

Yo me fui de inmediato al hospital, donde la encontré durmiendo. Pero vi de inmediato que el cuerpo se había rendido. Me impresionó mucho comprobar su fuerza mental. Porque seguro que ella había mantenido su cuerpo funcionando por pura voluntad suya. No había habido deterioro gradual, por lo menos no visible desde el exterior. El cuerpo se cayó de golpe. Y hasta la muerte, ella no se levantó más de su cama.

El martes, 3 días después, la transportaron al hospicio. Un lindo lugar, una casa en un barrio de Amsterdam, donde las personas con enfermedades terminales pueden estar en total tranquilidad y donde voluntarios se ocupan de ellos con mucho cariño.

Me fui a visitarla el mismo martes, para ver si se encontraba bien. La vi alegre y muy contenta por su habitación. Y al preguntarle si no echaba de menos su casa, me dijo que para nada, que estaba bien y contenta donde estaba. Después de haber charlado un tiempo, con sus hermanas presentes, acordamos continuar nuestras sesiones el mismo jueves. El jueves llegué a las 20 horas y todavía había otra gente, amigas, que se despedían. Vi a Desiree bastante agotada y, cuando estuvimos solos, me dijo que no le dejaron espacio ni para respirar. Que venía gente todo el día, sin anunciarse, con muy buenas intenciones y flores y demás, pero que ella ya no podía más. Que era demasiado y ahora necesitaba tiempo para sí misma. Entendí lo que estaba pasando. Mientras ella estuvo en su casa, organizó todas las visitas por medio de citas acordadas, que tenía bajo control. Aquí, en el hospicio, la gente simplemente venía cuando se les ocurría.

Me quedó claro que Desiree necesitaba espacio para poder prepararse internamente. Se sentía invadida, sin control de la situación. Ella dijo que, a partir de ese momento, sólo quería la presencia de algunos pocos, los más cercanos y sólo uno por día. Nos pusimos de acuerdo y me fui a hablar con la gente del hospicio, pasándoles una pequeña lista de nombres y acordando que no dejaran pasar a nadie que no hubiera hecho cita previa (por teléfono) con Desiree. Por supuesto, las 2 hermanas de Desiree venían cada día. Pensando en haber arreglado bien la cosa, me despedí de Desiree con el acuerdo de volver el domingo a las 20 horas. Llamé a una de las hermanas para comunicarle el deseo de Desiree y ella estuvo muy de acuerdo.

El domingo la encontré en un estado de total desesperación. La cosa no había funcionado, porque al parecer los voluntarios del jueves no habían pasado la información a los otros. Y claro, conociendo bien a Desiree, una vez que la gente entraba, ella se esforzaba en recibirles bien. Sentí la desesperación de Desiree físicamente y le decía que ahora lo arreglaríamos bien y por escrito, hasta con un papel en la puerta. Desiree expresaba que ella había dado todo de sí a todos y que ahora tenían que dejarla en paz. “Vienen con sus historias y ni siquiera se dan cuenta del estado en que me encuentro”, me dijo, y eso con una expresión en sus ojos que me laceraba el corazón.

Tomo su mano y ella se deja ir, cerrando los ojos, y le envío paz y mis mejores sentimientos. Después de un tiempo me pregunta si vamos a hacer algún trabajo y le propongo leer la ceremonia de Asistencia. Ella está de acuerdo. Le propongo intentar “absorber” las frases. Así que hacemos eso juntos: yo leyendo muy despacio y ella absorbiendo. Al llegar al final de la ceremonia, su cara estaba muy serena y me dice que fue muy bueno, que se siente en paz y si podemos hacer lo mismo en mi próxima visita.

Nos fumamos un cigarrillo, me pidió de buscar algunos objetos en su casa que ella quería a su lado y me dio sus llaves. Acordamos que yo volvería al día siguiente para llevarle estos objetos. La dejé en un estado tranquilo y calmo y nos despedimos con mucho cariño. Antes de salir del hospicio fui a hablar con los voluntarios para explicarles nuevamente lo que tenían que hacer: no dejar pasar a nadie que Desiree no quisiera recibir. Estuvieron muy de acuerdo y me aseguraron que esta vez lo pondrían por escrito.

El día siguiente, lunes, me presento a las 20 horas a la puerta del hospicio y… no me dejan pasar. Bueno, pienso… al menos ahora funciona. Sólo que no estaba previsto para mí mismo… Intento explicar, pero no hay manera, porque dicen que las hermanas han dicho de no dejar pasar a nadie. Así que dejo los objetos con el pedido de dárselos a Desiree, junto con las llaves.

De vuelta en casa llamo a una de las hermanas y le cuento lo sucedido. Ella me explica que Desiree había dado la “orden” de no dejar entrar nadie en su habitación, que ella quiere estar sola por una semana entera. Respeto su decisión y me pongo de acuerdo con la hermana, que ella me mantenga informado. Nos hablamos casi cada día y me cuenta que recibe llamadas de amigas enfadadas y hablamos un poco de cómo la gente está tan insensible a la necesidad de Desiree en su última fase. Me ha hecho reflexionar mucho sobre el egoísmo de quienes no dan nada y sólo quieren recibir. Afortunadamente, muchos otros no han mostrado esa actitud y han respetado completamente ese deseo de Desiree de “clausurarse” una semana. El sábado, 10 de abril, la hermana mayor me llama para decirme que Desiree quiere celebrar su cumpleaños, el lunes 12 de abril, con sus 2 hermanas y sus 5 amigos(as) más íntimos, entre los cuales me incluyó.

Nos encontramos el lunes todos en la habitación de Desiree. Ella está radiante. Es claro que ya no come y sólo bebe. Fue una celebración de cumpleaños inolvidable. Ella todo el tiempo radiante, con mucho humor, dando atención a cada uno. Pasamos el tiempo en una atmósfera muy serena y alegre. En cierto momento, ella dice que quiere verse con cada uno, uno por día en los próximos días. Y cada uno hace su cita con ella. A mí me toca el jueves, 15 de abril, a las 20 horas.

El día después de su cumpleaños, su hermana me llama, comunicándome que Desiree estaba muy agotada. Claramente ella hizo de su cumpleaños una última tarea personal, poniendo toda su fuerza mental en ese único día, manteniendo todo el día su estado radiante y alegre. Quizás fue su despedida de las personas más queridas. ¡Qué regalo inolvidable! ¡Qué generosidad!

Cuando entro en su habitación, la tarde del 15, Desiree está semidormida, respirando con dificultad. Me pide que me ponga al pie de la cama, donde ella pueda verme (ya no puede ver nada hacia los laterales). Yo pongo una silla ahí silenciosamente y espero, mirándola. Ella cierra los ojos y sigue respirando con alguna dificultad. Estamos en silencio, no quiero romper ese silencio y empiezo a mandarle mentalmente y con todo mi corazón olas de bienestar, charlando con ella desde mi interior, sin palabras. Todo muy suave, con mucho afecto. Pasa el tiempo. Su respiración se hace más y más tranquila y su cara se distiende más y más. De pronto abre los ojos y me mira. Se pone un poco más en posición sentada y me pide de darle su shag, para hacerse un cigarrillo. Me viene una sonrisa, es tan de Desiree fumarse un cigarrillo… aún en los momentos más difíciles. Es casi un ritual. Le pongo el paquete en sus manos. Con gestos automáticos ella logra prepararse su cigarrillo y yo le doy el mechero. Hace un tiro y hablamos un poco, algunas frases que le cuestan mucho. Veo que ya no tiene fuerza física. Después de tres tiros deja el cigarrillo en el cenicero. Una señal para mí de que no le queda mucho tiempo más. Le pregunto cómo se siente y me dice que está en paz. Ya las palabras no son necesarias. Nos despedimos y le doy un beso. Me agradece haber estado con ella y al salir de la habitación ya está con los ojos cerrados, adormeciéndose.

Esa misma noche llamo a su hermana, pidiéndole que me mantenga informado cada día, cosa que ella promete hacer. Al día siguiente me llama, comunicándome que la situación ha empeorado y que han cancelado la cita para ese día. Entre tanto me pongo en contacto con los amigos humanistas, comunicándoles la situación y proponiendo estar alertas para hacer juntos la ceremonia de Bienestar el sábado en la noche.

El sábado a las 15 horas me llama la hermana de Desiree, comunicándome que es muy probable que Desiree vaya a morir ese mismo día. Desiree había pedido que viniera un cura para darle los últimos sacramentos. Ella había dicho a sus hermanas que, como había hecho la comunión cuando era joven, le parecía coherente también cerrar este proceso (católico) con los últimos sacramentos. Acordamos que me presentara en el hospicio después de este ritual, alrededor de las 19 horas. Llamé de inmediato a los amigos humanistas, acordando con ellos encontrarnos en la casa de Jan, a pocos pasos del hospicio, ese mismo día a partir de las 19 horas. Que ellos me esperaran allí para hacer juntos la ceremonia de Bienestar.

En ese período, hasta irme al hospicio, me pasó de todo. Aunque sé que Desiree había dicho a sus hermanas un tiempo atrás que ella quería que yo estuviera con ella en sus últimos momentos, haciendo con ella la ceremonia de Asistencia, me entró el miedo de que no me dejaran hacer eso, que no me dejaran estar a su lado. Aunque me decía a mí mismo que no, que tendrían que respetar ese deseo de Desiree, no estuve muy convencido. Sentí que era muy importante poder hacer la ceremonia de Asistencia, como conclusión de todo ese período de 10 meses de trabajo con ella.

Me puse muy nervioso y cuando salí de mi casa para tomar el tranvía, empecé a pedir internamente que por favor nadie me obstaculizara en esta última tarea. Y pasó una cosa muy extraña. Mientras estuve en este estado de pedir incesantemente, tuve la sensación de que había siempre más presencias y cuando iba caminando por el último trayecto hacia el hospicio, esas presencias iban caminando a mi lado y fueron siempre más. Me sentí caminando con mucha “gente”. A mi lado estaba Salvatore. Y todos me daban algo, alguna forma de apoyo. Y sentí cómo desaparecía mi incertidumbre, cómo mis pasos se hacían cada vez más decididos. Me sentí iluminado, sereno, y en este estado llegué al hospicio a las 19 horas en punto.

Ahí me encontré con las amigas y una de las hermanas. Me recibieron con mucho cariño y dijeron que podía entrar en la habitación de Desiree inmediatamente. Así que entré. La habitación estaba en penumbra y vi a la otra hermana sentada tranquilamente al pie de la cama. Desiree estaba respirando con mucha dificultad, en una especie de coma. Me quedó claro inmediatamente que estaba en la fase de la lucha del cuerpo (que reconocí por mi experiencia en las últimas horas con mi padre). La hermana me saludó silenciosamente. Tomé una silla y me puse al lado de la cama, lo más cercano posible a Desiree. Estaba claro también que, con todo el rumor de la respiración de Desiree (que era bastante fuerte), no podía hacer la ceremonia en voz alta. Y rápidamente busqué en mí una alternativa. Me vino a la mente que en las últimas conversaciones y trabajos con la Fuerza, el tema principal fue llegar a que ella aceptara que podía pedir con toda libertad y sin ninguna restricción de acuerdo con sus más profundos y sinceros deseos. Afortunadamente lo aceptó, superando su creencia de que ella no tenía derecho a pedir tanto. Su gran deseo era poder realizar su tránsito en plena presencia de la Luz, y encontrar el mejor de los Guías para guiarla hacia la Luz y su “próxima tarea” (o proyecto, como ella decía). Su deseo era también poder seguir, de alguna manera, contribuyendo a la humanización y transformación humana, aunque desde otra dimensión de la Vida…

Y justamente al recordar ese gran deseo de ella, lo he tomado como centro de concentración en el acompañamiento final al lado de su cama, cuando ella estaba librando su “última batalla”. Empecé a conectarme con ella, cerrando los ojos. Se sentía sólo su laboriosa respiración. Me conecté buscando en mí los mejores sentimientos de amor hacia ella y cuando estuve seguro de que se había producido esa especial conexión emotiva, empecé a mandar olas muy suaves de paz y amor. Después empecé a mandar también suaves olas de Luz. La paz y el amor para su corazón, y la luz para su cabeza (su mente). Y mientras estuve concentrándome en esta acción, empecé a pensar las frases de la ceremonia de Asistencia, comunicándoselas en silencio. Cuando terminé, seguí hablando mentalmente con ella, mientras seguían las olas de paz y de luz, recordándole su deseo, invitándola a abrirse hacia la Luz y liberarse… “levantándola”, llevando su mente a un estado luminoso. Y mientras estaba en esa comunicación, empecé a pedir a los “luminosos”, a los seres bondadosos, de ayudarla, de bañarla en una luz reconfortante, de no dejarla luchar sola…

Y de pronto, aparece al lado izquierdo de mi cabeza y direccionado hacia la cabeza de Desiree un enorme ser translúcido de una luz muy intensa, tan intensa que era como una sinfonía de sonidos de indescriptible belleza. Era un ángel con alas enormes que se movían. Y recordé que Desiree muchas veces había dicho que ella veía un ala enorme, sólo un ala, y que ella experimentaba esa “aparición” como algo importante, pero que nunca veía más que ese ala enorme y que le gustaría poder ver esa aparición por completo.

Y entonces tuve la certeza de que su ángel había venido para asistirla y acompañarla. Entre tanto, sentí que Gerda, su hermana, salió muy silenciosa de la habitación y quedamos solos con Desiree. Y lo qué pasó después, todavía estoy tratando de integrarlo.

Desde atrás, y más o menos diagonalmente, sentí como ’empujones’ de algo que llegó desde muy lejos, empuje de una gran Fuerza luminosa. Llegó con un ‘sonido’ magistral y me sentí como el conductor de una transmisión. Fue aumentando en intensidad y estuvo dirigido directamente hacia la cabeza de Desiree. Y todo se iluminó y la cabeza de Desiree, en esa Luz intensa. Me rendí a esa Fuerza luminosa que pasaba por mí y terminaba ola tras ola en la cabeza de Desiree. En un determinado momento, fue tan intenso que me entró la duda de si era bueno que esto pasara. Y entonces, oigo una voz poderosa que me dice: “NO SEAS RIDÍCULO”. Casi como una orden de no interrumpir, pero sin agresión y con algo vagamente humorístico en el tono. Así que me tranquilicé y seguí dejando pasar esos empujes de olas. Mientras todo eso sucedía, sentí que Desiree hacía ruidos como pequeñas exclamaciones y abrí un poquito los ojos y vi su cara con expresión de sorpresa. Cuando terminó esa experiencia, me quedé un tiempo más con una gran paz interna y hablando mentalmente con Desiree, comunicándole que todo estaba muy bien, que se fuera en paz y con alegría.

Había pasado una hora. Me levanté y me fui a la puerta para salir. Me encontré con la hermana Gerda y le dije que me iba a la casa de Jan, que está prácticamente al lado del hospicio, para encontrarme con los amigos humanistas que estaban esperando allí para hacer una ceremonia de Bienestar para Desiree. Y que íbamos también a hacer la ceremonia para las hermanas y las otras amigas íntimas de Desiree que estaban allí cerca.

La ceremonia en casa de Jan fue muy especial para todos y todos enviaron sus mejores deseos y su apoyo.

Cuando volví al hospicio a las 22.10 horas, en diez minutos más, Desiree se fue. Y dejó su último regalo a sus seres queridos. Todos sentían una gran alegría, también los voluntarios cuidadores del hospicio.

Como todos los presentes se ponían alrededor de la cama, yo me metí de inmediato en una habitación libre de al lado, sólo con un muro que me separaba de la cama donde estaba el cuerpo de Desiree. Y realicé, esta vez en voz alta, la ceremonia de Asistencia. Todo el tiempo sentí una gran alegría y conexión con Desiree. Y en cierto momento, que no recuerdo bien a qué momento de la ceremonia correspondía, registré su presencia muy fuerte, en forma de una gran esfera llena de alegría luminosa. Sentí claramente la esencia que era Desiree y me despedí de ella, diciéndole en voz alta que todo el proceso que habíamos hecho juntos había sido muy bueno; y que aquí, en este mundo, habíamos concluido este maravilloso proceso de un año; pero que, de alguna manera, quizás habría posibilidad de seguir comunicando desde otro nivel. Y la saludo, deseándole un muy buen viaje hacia su próximo destino.

Durante todo el resto de la noche, estando con las hermanas y las otras amigas charlando, había entre la gente todo el tiempo esta atmósfera muy suave, de una alegría muy suave. Exactamente como Desiree había querido. Sin drama.

Me siento muy bien y profundamente agradecido. Por haber tenido la oportunidad de hacer este proceso con Desiree y por todo el apoyo e interés sincero de muchos amigos de nuestro Movimiento. Más de uno, como Mariana, Dani, Mónica, Gustavo, Harald, Gabi, venían a Amsterdam a visitar a Desiree y se quedaron fascinados con ella. Y los múltiples intercambios que hemos tenido con ellos y muchos otros más, han sido de gran ayuda para poder hacer este proceso lo mejor posible.

Como decían Luz y Dani: “Desiree ha contribuido enormemente al nacimiento de una nueva cultura frente a la “aparente” muerte”.

Durante todos estos días he sentido de alguna manera la “cercanía” de una presencia que registré claramente como “parte esencial de mi gran amiga Desiree”. Y hoy noche, el día 22 de abril 2004, me he puesto en situación interna para hacer lo que un gran amigo me ha dicho de hacer: agradecerle por esta oportunidad que ella me ha ofrecido durante todo este año. No fue muy difícil ya que, cada vez que ella me había agradecido por un trabajo o una larga conversación juntos, yo le he devuelto mi agradecimiento por darme la posibilidad de hacer esa maravillosa experiencia y de pasar tantas horas fascinantes con ella. Creo que, justamente por esa relación totalmente abierta y sentida, hemos podido ir tan lejos juntos.

Pero la experiencia de esta noche fue muy diferente. Después de un buen relax, empecé a buscar el contacto emotivo con ella, ayudándome con imágenes brillantes de algunos buenos recuerdos. Sus ojos brillantes, su risa, su particular humor. Y se me presentó una figura envuelta en un “viento” de Luz, que era claramente Desiree. Estaba a distancia, pero me miraba fijo. Y empecé a hablar en comunicación mental. Mi agradecimiento venía de muy adentro de mi corazón, mostrándole a ella muchos momentos juntos a lo largo de este año y contándole cuánta gente estaba agradecida por su enorme aporte. Y detrás venía una suave alegría. Me daba la impresión de que ella me escuchaba con mucha atención, casi con expresión facial seria. Pero también serena. Algo emanaba de ella y llegó a mí como una caricia ligera como una pluma.

Entonces, interpretando esa “sensación” como un contacto, me surgió de pronto preguntarle si se había encontrado con lo que era su gran deseo y si podía darme una señal. Ahí pasó algo extraño. Sentí que tenía que levantar hacia adelante mis manos, hacia ella. Entonces su imagen desapareció y había sólo una luz. Pero algo casi tocable envolvió mis manos, después mis brazos y pasó por mi cuerpo hacia atrás, dejando la misma caricia ligera de una pluma y una especie de confirmación. Y me sentí “unido” con su presencia. Entonces la registré mirando desde mi hombro izquierdo y apuntando con un brazo y mano hacia adelante. Seguí con mis ojos la dirección que indicaba y vi de lejos una figura en un paisaje luminoso. Supe de inmediato que era mi padre y sentí un gran agradecimiento por el regalo que ella me estaba dando. Y todo parecía muy bien. La figura de mi padre se acercó con su particular sonrisa y desapareció en una luz. Qué mundo extraño que me deja sin ningún parámetro…

Me despedí de ella con gran cariño. Me daba la impresión de que estaba muy feliz.

Todo eso pasó en una atmósfera suspendida y casi transfigurada. Una parte de mi mente estaba todo el tiempo escuchando con un oído que no era de las orejas. No se bien cómo describir eso.

Nota final:

Hasta hoy día, la luminosa presencia de Desiree, mi padre y muchas veces también Salvatore, se presentan en las ceremonias de Bienestar que hacemos para muchas otras personas en situaciones difíciles. Y también en numerosos momentos íntimos míos, en que me comunico con estos seres tan queridos, enviándoles mis mejores sentimientos. No desaparecen, se quedan en mi interior con presencia luminosa, muy vivos en su nuevo estado, acompañándome con suavidad.

Peter Deno – 31/12/2005

PeterNoordendorp@compuserve.com

 

 


 

 

 

 

V.

Experiencias

con la Ceremonia

de Muerte


MARCOS – Sao Paulo

Nunca fui de escribir. No es para mí una virtud como veo en tantos de nosotros. Pero fui impulsado por la necesidad de dejar constancia de un hecho que sucedió luego de la muerte de Víctor Lopes – un humanista brasilero, gran amigo, leal, bondadoso e irónico, sólo como los grandes sabios saben ser.

Este escrito pretende apenas relatar una experiencia de reconciliación y suavidad, después de una ceremonia de Muerte.

Espero sepan disculpar la falta de estilo de quien apenas usó el corazón para escribir.

Marcos.

A VICTOR,

Ў°que ha tomado en sus manos parte del hilo de la eternidad”

Eran las 10 de la mañana cuando sonó el teléfono y Roberto me anunció que Víctor habia partido. Me puse la mano derecha en el rostro para recomponerme y terminar de despertar.

No me gustan los entierros, nunca me gustaron. Eso lo aprendí de mi madre que siempre se quedó con las mejores imágenes de quienes amaba y murieron, sin participar de velorios y esas cosas. Además, siempre supe que la familia de Víctor no gustaba mucho de nosotros.

Pero sentí un llamado… algo que nació dentro de mi pecho diciendo: “ve… hay algo importante por hacer”. Llamé a Roberto y le pregunté adónde era el cementerio y a qué hora sería el entierro. No sabía si llegaría a tiempo, pero con toda calidez me preparé y antes de salir agarré un librito del Mensaje. Subí al tren que me llevó hasta São Paulo. Después al metro. Cuando bajé en el barrio pregunté a un conductor de taxi la dirección. El reloj marcaba 11:45. El evento sería a las 12:00. El dinero que tenía no alcanzaba para el taxi. El conductor entonces me dijo: “Voy a mi casa que queda cerca. Vamos que te llevo.” Y así fue. Llegué al local a las 11:58.

Agradecí al conductor y bajé, al tiempo que vi a Roberto, Jeferson y Eduardo, fuera de la sala adonde estaba el cuerpo. Entré y observé el local. Había unas pocas personas, algunos familiares. La mayoría eran amigos nuestros. En el centro de la sala estaba ubicado un cajón muy sencillo, de madera sin barnizar. Miro al lado y veo a su madre, sentada en una silla. Fui a su encuentro un poco inseguro por la reacción…

Tomo sus manos y nos miramos por unos segundos. Ella me llama a un fuerte abrazo y dice: “nuestro Víctor se fue”.

No le dije nada, solo seguí con el abrazo reconfortante.

Una vieja funcionaria del cementerio entró en el recinto y anunció con su formalidad burocrática que había llegado la hora, pues había otros velorios marcados para el local. Y eso me pareció gracioso, porque imaginé varios autos enfilados con sus cajones, entrando y saliendo, y siempre la misma vieja con su solemnidad estatal apurando el fin de la actividad.

Cambié la mirada y tenía a mi frente al hermano de Víctor. En ese momento sentí muy profundamente que debía hacer una ceremonia. Saqué el libro y llamé a todos diciendo que lo más importante ahora era reconfortar nuestros corazones. Y dije: “Víctor siempre ha sido una persona que nos ha marcado con su bondad, con su alegría, con su generosidad, con su disposición a ayudar y, sobre todo, con su irreverencia e ironía. Por lo tanto, nosotros que compartimos con él sus mejores momentos, sus deseos por un mundo mejor y sin violencia, estamos acá para reconfortar nuestros corazones junto con su gente querida”.

Empecé la ceremonia, fuerte y potente, sintiendo como una ola de calidez envolvía poco a poco a todos los presentes. Terminado el trabajo, su madre me dio un fuerte abrazo, agradeciendo.

Llegó la hora de llevar el cajón hasta el local para sepultarlo. Dieron a los nuestros esta tarea.

Teníamos una escalera hasta llegar al túmulo de forma cilíndrica y que quedaba adherido a una pared. La madre de Víctor no podía subir los peldaños y quedó sentada sola, observando y conectada con su interior.

Los sepultureros, preocupados por el horario de su almuerzo, interrumpieron la formalidad y los pasos lentos de los que traían el cajón y se apuraron a colocarlo en la tumba.

Yo no seguí con el procedimiento. En cambio, elegí bajar hasta la señora, que seguía sentada en un muro.

Una vez más, la abracé y tomé sus manos. Ella entonces me dijo: “Víctor siempre ha participado de este movimiento. Siempre he peleado con él por esto. A veces, algunos de ustedes iban a dormir a casa y yo los echaba, pero ustedes no tenían vergüenza… siempre volvían”… Y se rió.

Apretando mis manos, ella miró hacia el infinito por unos momentos, como si estuviera oyendo algo desde lo más profundo de su corazón. Y terminó diciendo: “Y aquí están ustedes… ¡Y qué bueno es verlos!”.

Me levanté para despedirme, prometiendo un nuevo encuentro para hacer una ceremonia de Bienestar en su casa.

Ya me estaba encaminando hacia la salida cuando la escuché decir: “Víctor quiso que tu vinieses”.

Sonreí y sólo respondí: “Yo sé…yo sé…” En ese momento sentí la fuerza y la suavidad de la reconciliación profunda.

 

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UNA EXPERIENCIA DE CERTEZAS

 

Jueves, 03/12/04

Mi hermano Edgar, 50 años, dos hijos (Lincoln, 29 y Lucas,10) ha sufrido un infarto y es llevado al hospital para recibir los primeros cuidados. Queda internado en la UTI. Su infarto fue muy grave, pero está medicado y sigue monitorizado. Entramos en contacto con su médico en São Paulo y él nos dijo que no podría transferir a mi hermano porque no estaría en el hospital aquel fin de semana, pero que el lunes todo se arreglaría.

Sábado 04/12/04

Fuimos a verlo en la UTI. Llevé a mi madre porque si el lunes Edgar fuera transferido para São Paulo, quedaría más complicado para que ella lo visitara. Le llevamos frutas y cuando nos miró, dijo burlonamente: “Yo no quiero frutas, quiero mi ropa para volver a casa”… y sonrió. Todo parecía tranquilo, salvo para mí que, al mirar el monitor del electrocardiograma, como conozco el tema, percibí que su saturación de oxígeno no era para nada buena. Nos despedimos cálidamente.

Domingo 05/12/04

La médica del día me llama por teléfono diciendo que necesita transferir a Edgar porque su estado había empeorado. Llamé a algunos contactos y conseguí un hospital muy bueno en São Paulo. Volví a llamar a la doctora y le dije que todo estaba arreglado y que en un rato estaría allá para charlar con ella. Al llegar me recibió con una mirada desalentadora. “Lo siento muchísimo – dijo – pero su hermano ha empeorado y ha entrado en choque cardiogénico (eso ocurre cuando la presión arterial cae demasiado porque la bomba cardiaca ya no puede mantener la perfusión de la sangre en los tejidos) y ahora está en coma inducido. No se puede hacer nada, solo esperar. Sentí una impotencia grandísima, algo como un choque de fracaso que de golpe nos derrumba al suelo, sin imágenes, sin sensaciones… solo el sentimiento de impotencia… Vuelvo a mi casa e intento calmar a mis padres y a la familia de Edgar… Lo que siguió fue una sucesión de hechos en la cual su estado cíclicamente mejoraba y empeoraba, hasta que sus riñones colapsaron ocho días después…

Martes: 14/12/04

Intentaron sacarle los líquidos que se acumulaban en el cuerpo por un procedimiento llamado diálisis peritoneal, donde se introduce un catéter en el abdomen y se inyecta una solución para que salga más de lo que entra. Fue la última tentativa…

Miércoles 15/12/04

Recibo varios e-mails de nuestra gente en varias partes del mundo. Mensajes de aliento, relatos de ceremonias de Bienestar en las cuales se pedía por Edgar y por su gente querida. Fue alentador y muy conmocionante. Por primera vez en estos días no he me sentido solo…

Viernes 17/12/04

Desperté con una sensación de despedida…y, exactamente en este día, me fui a verlo solo… y llevé conmigo un librito del Mensaje. Al llegar, la médica me dijo que Edgar tuvo dos paros cardíacos 40 minutos atrás… Yo entré y lo miré, entre equipos de fármacos, con los tubos en la boca y sentí que su hilo de vida con este lugar era producto de la tecnología médica y nada más… Pedí para hacer una ceremonia de Asistencia, que pronto aceptaron y pusieron un biombo para que quedásemos solos de las miradas.

Puse mi mano en su pecho….y le dije cuanto le amaba… Sabiendo que nunca se lo había dicho ni demostrado… pero que ahora era el mejor momento para demostrárselo… porque eso lo ayudaría en su tránsito a otro espacio, a otro tiempo… Pasaba mi mano por sus cabellos, por su rostro… pidiendo que estuviera tranquilo… tranquilo como un niño que con miedo corre hasta su padre y con un fuerte abrazo siente toda su protección…

Y empecé a leer la ceremonia de Asistencia. No con la letra textual… sino en forma de charla… ayudándole a reconocer su propio paisaje… Muy lentamente, tranquilo… tranquilo… Al terminar el último párrafo, una lágrima se desprendió de sus ojos… mientras el monitor avisaba que había parado de nuevo… El equipo llegó rápidamente… y cuando vieron que yo estaba con mi mano en su corazón, se quedaron inmóviles… La médica estaba con el aparato desfibrilador en sus manos… Nos miramos profundamente y ella comprendió que era hora de dejarlo partir…

La sensación era de una tristeza muy profunda, pero también con una suave alegría… Yo estaba muy tranquilo y en paz… mucha paz.. Y eso era bueno, porque la peor de las tareas todavía aún me esperaba: contarle a mis padres y la familia de Edgar…

Sábado18/12/04

Estaba muy cansado por todo el tema del entierro, pero antes de acostarme le envié un mail a Karen. Le pregunté si se podría hacer de nuevo la ceremonia de Asistencia, porque no me sentí conectado con mi hermano el día de su muerte… Su respuesta fue que sí, claro que podría hacerlo… que bastaba conque me conectara de corazón a corazón.

Domingo 19/12/04

Me encontré con la gente de mi comunidad del Mensaje. Entre la gente había una chica, muy especial, llamada Jessica. Ella no sabía mucho de lo ocurrido. Le dije que íbamos a hacer unas ceremonias e incluso la de Asistencia. Un poquito antes de terminar, Jessica empieza a llorar y cuando terminamos, ella mira al fondo de mis ojos y suelta estas palabras: “No sé como decirlo, pero tengo que decírtelo: tu hermano te ha acompañado hasta esta salita, él quería despedirse de ti. Me ha pedido decirte que te ama muchísimo y que no te preocupes si la vida o las circunstancias no los hicieron muy próximos. Insiste en decirte que todo está bien ahora. Pide que cuides de su hijito Lucas cuando las circunstancias así lo exigieran. Sabrás cuando y qué hacer. También dijo que no te preocupes con la ceremonia de Asistencia. No lo sentiste porque ya no estaba más… Pudo elegir entre quedarse o partir y eligió partir y eso fue el martes; o sea, tres días antes de su muerte física”. Jessica termina diciendo que él insistía en que todo estaba muy bien ahora y era necesario dejarlo ir… En este momento todos sentimos algo como un cariño en el rostro… Una fuerte presencia que suavemente nos brindaba una evidencia… Todos lloramos mucho por esta experiencia tan fuerte…

Al llegar a mi casa estaba radiante… quería despertar a mi madre para contarle, pero no tuve ánimo para tanto, ya que ella estaba dormida y eso era bueno, pues estaba muy cansada. Pero cuando estaba por salir a mi cuarto ella despertó y me llamó. Me acerqué hasta ella y le tomé las manos. Antes de empezar a contarle lo ocurrido ella me dijo: “estoy sintiendo una paz tan grande, pero tan grande… sentí que Edgar estuvo acá y que me ha tocado en el rostro y se me fue toda la angustia”… Nos abrazamos fuerte y sonreímos…

Antes de acostarme, sentí necesidad de abrir mi correo, pues estaba recibiendo mensajes de todos lados. Percibí que no importaba en absoluto la distancia física porque mentalmente y en el corazón estaba conectado con toda nuestra gente linda y querida. Al abrir el programa de correos me sorprendí con un correo en especial… Sí… un mail del Maestro. Al abrirlo las lágrimas me fueron cayendo, en tanto en el corazón sentía una alegría suave y una paz, que terminaron por integrar todos los hechos aquí relatados.

El mensaje decía:

Querido Marquiños.


No dejo de recordar a tus padres, Ana y Idegar. Desde luego,tengo muy en cuenta a Goreti y a sus hijos Lincoln y Lucas.

Como muchos otros, yo estoy muy sintonizado con la situación de Edgar que pasó a otro tiempo y otro espacio en donde necesariamente nos vamos a reencontrar quienes estamos ligados por tan fuertes lazos. Entre tanto, pienso que estamos haciendo lo que está a nuestro alcance con todo el afecto de que somos capaces.

Se han realizado las ceremonias del caso y los pedidos no solamente para Edgar sino también para todos sus seres queridos.

Que haya mucha paz y un claro entendimiento del significado de este tránsito…lo deseo de todo corazón,

Mario

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NOTA: Exactamente un mes después de su muerte, me encontré con el enfermero jefe de la UTI en la cual mi hermano estaba internado. Es un gran amigo y me dijo: “Bueno, ahora que ha pasado todo tengo que contarte algo para quedar en paz con mi conciencia. ¿Recuerdas que yo estaba muy mal en el día de la muerte de Edgar?” Yo le respondo que sí. El continúa: “Pues bien, yo estaba así porque ya lo sabía: tu hermano estaba vivo solo artificialmente… En verdad había tenido muerte cerebral 3 días antes, el martes…”

Inmediatamente recordé a Jessica en el día de la ceremonia… Tuve la confirmación de la certeza.

Marcos Salgado.

marcoshumanista@uol.com.br

QUIM – Barcelona

Queridos amigos!

El jueves de madrugada, se fue de este plano Gerardo, padre de un cuñado mío. A la tarde me acerqué al tanatorio y saludé a mi cuñada, cuñado, hermanos y madre.

Todos estaban con gran pesar y un dolor muy intenso en sus pechos. Los percibí a cada uno de ellos y les traté de trasmitir alivio y bienestar.

Evoqué al guía y se fue directamente con Gerardo y se pusieron a hablar. Yo los dejé y agradecí que hiciera eso con Gerardo.

Entonces creí oportuno hacer una ceremonia de Muerte en el funeral. Al menos aliviaría tanto dolor con un poco de comprensión y paz. Inmediatamente aparecieron dudas y temores en mí. Nunca antes había llevado el Mensaje tan abiertamente y aparecían en mí dudas por el temor a no ser comprendido.

A la noche hicimos la reunión del Mensaje. Me ayudó mucho poder expresar abiertamente mis temores y me dieron ánimos para llevar adelante la ceremonia.

Afortunadamente para mí estaba ese día entre nosotros Luis Armado, de Lima, el cual pudo testimoniar sobre varias ceremonias de Muerte en las que él ofició y en las que los familiares agradecieron sus palabras.

Evidentemente mis temores eran básicamente por temor al rechazo. Mi gran temor era el de meter la pata en un momento tan delicado. No podía prever como resultaría…

Pedí hacer en aquel momento una ceremonia de Muerte aunque no estuviera allí el cuerpo de Gerardo. En la ceremonia me di cuenta que no tenía manejo en el texto. Las frases son largas y me costó un poco hacerla sentidamente. Me sirvió mucho tener esta oportunidad, me dio seguridad.

Al día siguiente me levanto a las 7 am e imprimo unas hojas con la ceremonia. A las 8 am llamo a mi cuñado diciéndole que había preparado unas líneas que me gustaría leer en el funeral para su padre. Me dijo que no había problema. Este era un paso muy necesario para mí. Al comprometerme verbalmente, era más fácil el camino.

Por otro lado, sentía que este era un aporte muy valioso que podía hacer por mi cuñada y mi cuñado. Ante estas situaciones, normalmente se mezclan muchos sentimientos contradictorios y tenía la sensación de que estas pocas palabras podían ser muy valiosas para ellos. No era una cuestión de meter la pata, o de lo que pensaran los demás. Para mí era una cuestión de coherencia interna y de que aquella era una oportunidad irrepetible de trasmitir la certeza que la vida no termina con la muerte.

A las 9 am llego al tanatorio. En aquel momento salía una procesión de orientales. Me sorprendió lo escandalosa que era. Los familiares, con ropa blanca muy bien cuidada, gritaban y se desgarraban de dolor. Los acompañantes, con cara descompuesta. Nunca antes había visto una escena como aquella, me ponía los pelos de punta. Uno de ellos llevaba una cámara de video y corría de un lado a otro para hacer los mejores planos de la escena…

Finalmente entré al velatorio. Al saber que minutos después se iba a hacer la cremación, los familiares miraban al cuerpo de Gerardo y lloraban desconsoladamente. Evoqué al guía y, como el día anterior, se ocupó de Gerardo. También él estaba dolido por todo lo que veía. Dejamos que descargaran las tensiones más profundas…

Mientras tanto me acerqué a la capilla. Era un recinto de reciente construcción con cristales de techo a suelo en un lateral, desde donde se veía la montaña con sus valles y laderas.

En la puerta, un cartel muy visible especificaba que el lugar era aconfesional y que se admitía en él cualquier ceremonia, civil o de cualquier religión. También estaba permitida la música. El cartel me dio confianza.

Entré a una puerta tras el altar y pedí por el mossen. Le dije que deseaba decir unas palabras y muy amablemente me indicó que ya me avisaría en el momento oportuno.

Me senté en primera fila y empezó la misa. Estaba muy inquieto y pedí al guía que me tranquilizara. El me dijo que no me preocupe por nada, que en el momento que tenga que hablar, tendré las mejores condiciones y él estará conmigo. Mientras tanto, que atienda al momento.

El cura católico empieza a hablar de dolor, de tristeza, de añoranza, de resignación… Todos ellos valores terrenales y el más allá lo deja en manos de Jesucristo, un intermediario de Dios. La única esperanza es que algún día resucitaremos todos… (¿de carne y huesos?).

Su discurso me pone más inquieto. Estaba frente a la intransigencia de mi infancia. ¿Y en medio de esta visión tan corta de la trascendencia tenía yo que hablar?

Afortunadamente el tema estaba muy avanzado y no quería dar marcha atrás…

Me avisa el cura. Una correntada energética circula por toda la columna vertebral. Subo al púlpito. Miro a la gente. Unas 300 personas observaban. Solo conocía a los sentados en la primera hilera de bancos. Todos atentos a mí.

El cura, después de prepararme el micrófono, retrocede dos pasos y se queda detrás mío como asistente. Miro el texto.

“La vida ha cesado en este cuerpo…”

Es muy directo. No da tiempo a las dilaciones ni a las ambigüedades. A mi lado está Gerardo…

Con tono suave y muy lentamente, voy oficiando la ceremonia. Lentamente, para que cada palabra caiga en lo profundo de cada uno.

“Este cuerpo no nos escucha. Este cuerpo no es quien nosotros recordamos… ”

En cada silencio, no se oía una sola respiración. Todas las miradas estaban muy atentas a lo que decía.

“Aquel que no siente la presencia de otra vida separada del cuerpo, considere que aunque la muerte haya paralizado al cuerpo, las acciones realizadas siguen actuando y su influencia no se detendrá jamás. Esta cadena de acciones desatadas en vida no puede ser detenida por la muerte.”

Con estas palabras siento que la gente se relaja, al recordar las buenas acciones de Gerardo. El era un hombre bueno…

“Y aquel que siente la presencia de otra vida separada, considere igualmente que la muerte solo ha paralizado al cuerpo; que la mente una vez más se ha liberado triunfalmente y se abre paso hacia la Luz… ”

En este punto me emocioné profundamente. Parecía que no podía continuar y una fuerza interior me hizo sentir radiante y lleno de energía de nuevo.

“Sea cual fuere nuestro parecer, no lloremos los cuerpos. Meditemos más bien en la raíz de nuestras creencias y una suave y silenciosa alegría llegará hasta nosotros… ¡Paz en el corazón, luz en el entendimiento! “

Miré a los familiares, a todos los reunidos allí. Todos tenían una expresión calma, silenciosa, reflexiva. Ya no se oyeron más llantos…

Al volver al banco, mi cuñado me agradeció lo que había hecho por su padre.

Al salir del recinto, me toca el cura por la espalda y me dice: “Me han gustado mucho tus palabras”.

Ya en el crematorio, todos los familiares agradecieron mi intervención y me preguntaron: “¿De dónde es esto?” A lo que les contesté: “Es del Mensaje de Silo”.

Un fuerte abrazo!

Quim de Riba.

29-07-05

quimderiba@yahoo.es

 

 

 

ISAIAS – Buenos Aires

La muerte de mi cuñado Arturo

El domingo por la noche mi cuñado Arturo – esposo de Eva, mi hermana mayor – falleció victima de un infarto fulminante. Era un buen hombre, médico pediatra jubilado, amante de la música clásica, los libros de arte, que dedicaba gran parte de su tiempo a pintar en una habitación que había convertido en taller. Fue allí, mientras escuchaba el “Stabat Mater” de Vivaldi y pintaba, que lo sorprendió esa irrupción, esa extraña situación – para todo ser vivo – que el uso cotidiano denomina “la muerte”.

Solo dos horas más tarde supe del suceso. De todos modos, cuando llegué a la casa, esperé a que su ex-mujer y uno de los dos hijos de ese matrimonio quedaran agotados por el llanto y salieran de la habitación. Entré y cerré la puerta, acerqué una silla al borde la cama y, tratando de conectarme con su alma, le leí despaciosamente la Ceremonia de Asistencia.

Al mediodía del día siguiente, una treintena de personas entre los cuales estaban su ex-mujer, sus dos hijos, mi hermana y sus dos hijos, varios nietos de ambas partes – niños entre 4 y 12 años – algunos otros parientes y varios amigos, partimos en esa singular “caravana” hacia un cementerio privado situado en la zona norte del Gran Buenos Aires, llamado “Jardín de Paz”, que por mi parte no había tenido ocasión de conocer anteriormente.

El lugar es un bellísimo y extenso parque-jardín, sin ninguno de las habituales construcciones y símbolos propios de las religiones tradicionales conocidas por estas latitudes (las cruces cristianas y las “estrellas de David” de los judíos). Nada de mausoleos realizados en costosos mármoles y coronados con ángeles que soplan sus trompetas con largas cabelleras al viento, nada de lápidas más ricas o más pobres, adornadas con flores o con todos los signos del abandono y del olvido, ningún “profesional” a la espera de sus “clientes” – los sacerdotes y rabinos vestidos con sus negros ropajes, enarbolando sus libros sagrados y leyendo mecánicamente a grupos de gente acongojada sus letanías, aterrorizando con dioses que castigan, con infiernos eternos, avivando las heridas con más dolor y más llanto, y “que pase el que sigue…”.

Por el contrario, hay allí un par de edificios blancos de líneas sencillas. En uno de ellos, con acristalados techos y una muy agradable sala de espera, una amable secretaria se ocupa rápidamente del papeleo. E inmediatamente nos dirigimos todos siguiendo al féretro, nuevamente en caravana, hacia el lugar asignado. Lo hacemos por un sinuoso camino de lajas, en un día frío pero muy soleado, mientras los niños lo hacen a través del césped, pasando por encima o por el costado de las pequeñas placas de granito que, encajadas a ras de tierra, señalan con sencillas inscripciones a quien se ha inhumado allí.

Completan el apacible y exquisito cuadro, pequeños y muy coloridos arreglos florales colocados encima de las placas, extendidas por centenares en las áreas de verde césped, junto con innumerables y bellos árboles de diferentes variedades y colores.

Solamente el llanto de las personas más cercanas a Arturo, quiebra por momentos esa quietud. Llanto que se hace más intenso, casi desesperado, cuando los obreros descubren el hoyo realizado en la tierra y mediante un suave mecanismo el féretro – cubierto por una amplia tela negra en la que se ha bordado la “estrella de David” – comienza lentamente a descender.

Tanto mi hermana como mi cuñado, así como mis sobrinos, no participan ni se han interesado mucho por participar en nuestras actividades, sean del Movimiento o del Mensaje de Silo, pero siempre hubo afinidad con nuestras propuestas sociales y políticas.

Antes de partir de la ciudad, yo había consultado a mi hermana acerca de la posibilidad de realizar una de nuestras ceremonias. Ella se mostró dispuesta y convinimos en que consultaría el tema con la ex-mujer y con los hijos de Arturo (ambos de alrededor de 35 años).

Pero en el aturdimiento propio de la situación, olvidó hacerlo… Entonces sucedió algo inesperado: para mi gran sorpresa, mi sobrino Pablo se adelantó y anunció que a modo de despedida leería un poema. Acto seguido y de modo muy conmovedor leyó “No moriré”, un escrito incluido en la antología de cinco autores humanistas “La otra mirada”.

La lectura, si bien transformó algo el clima general, no fue suficiente para que cesaran las muestras de dolor, ya que el féretro, entretanto, había terminado su descenso.

De manera que decidí adelantarme unos pasos, hice un leve gesto a mi hermana, y dirigiendo la mirada a los hijos de Arturo anuncié con sencillez que era mi deseo leerles “algunas palabras reconfortantes”. Ante el asentimiento general, comencé la lectura de la ceremonia de Muerte, haciendo pausas más largas o más cortas según el caso.

Apenas había finalizado la lectura del primer párrafo y ya los llantos habían cesado por completo. Luego, al levantar la mirada del texto, fui advirtiendo suaves cambios en la expresión de los asistentes, en especial de aquellos más afectados por los rictus de la pena.

Para cuando finalicé la lectura, el clima había cambiado radicalmente y una suave paz se había instalado allí. Un par de personas se acercaron preguntándome por el origen del texto. Una de ellas – una amiga de mi hermana a quien yo no conocía – dijo que nunca había escuchado algo tan bello y con lo cual se hubiera sentido tan identificada.

Pancho, el hijo mayor de Arturo, me abrazó muy conmovido y, mientras me agradecía, murmuró algo como: “Así tendrían que ser siempre estas cosas…”.

Luego nos fuimos despidiendo, alejándonos en pequeños grupos por los senderos de laja, mientras los niños se llamaban corriendo por el verde prado.

 

Isaías N. – Julio 2005.

isaias.nobel@gmail.com

 

 

 

SERENELLA – Milán

Con mamá

Queridos amigos,

Dado que varios de ustedes han contado sus experiencias con personas queridas, he decidido salir de mi timidez y contarles la mía.

Hace más de dos años mi adorada mamá me dejó, después de un largo período de crisis depresivas, culminado con un intento de suicidio. Por fortuna no murió de eso, para mí hubiese sido verdaderamente difícil de comprender.

Dos días antes a su desaparición, tuve unos sueños muy particulares, cosa que ya me había sucedido precedentemente con la muerte de dos amigos queridos. En aquel momento, creí que eran simples episodios. Esta vez los observé con mayor atención, dado que ya había tenido esas experiencias.

Ella murió un martes. Estaba bien y debían enviarla nuevamente a casa desde el hospital donde estaba internada. Sin embargo, el sábado soñé qué debía hacer en su funeral, con todos los detalles: la ceremonia, el féretro, la cuenta del banco….. Y esto me hizo reflexionar.

Coincidentemente, el lunes, pasaron por televisión la película “El sexto sentido”, que ya había visto anteriormente y la frase final del film, cuando el niño dice a su madre: ”la abuela (muerta) me ha pedido decirte que todos los días te ve ir a su tumba a preguntarle si está orgullosa de ti, y que su respuesta esta allí todos los días”. Esta frase me resonó por varios días.

Esa noche hablo por teléfono con mi madre, que me pregunta si al día siguiente iré al hospital a verla y le respondo que iré alrededor de las 14hs. A la mañana voy a trabajar y en la oficina “siento” una voz que me dice continuamente “qué haces aquí, tendrías que estar en otro lugar”.

Hacia las 10hs decido irme de la oficina, escuchar esa voz amiga e ir al hospital, acompañada de una extraña sensación de agitación que me asalta cada vez que algo está por suceder.

Llego al hospital y ella estaba realmente mal. Para hacerme feliz hizo los ejercicios de rehabilitación y comió, pero estaba sin fuerza. Extrañamente, estaba sola en su habitación.

A eso de las 14hs. me alejo para fumar un cigarrillo, pero ella con un hilo de voz me dice: “regresa pronto”.

Cuando regreso, con una extraña luz, ella estaba acostada, no se movía y me pide darle un beso. Decido dárselo en la frente que estaba luminosa, juro tenía una luz extraña. Luminosa, me toma de la mano y me dice: “recuerda que te quiero mucho”. Me siento a su lado y de memoria trato de hacerle la Asistencia, que había impreso y perdido, como frecuentemente sucede en estas circunstancias. Ella abre sus ojos en dos momentos y cuando me ve, sonríe. Aún con las sábanas sobre su cuerpo, ví dos latidos de su corazón y luego, el vacío.

En ese momento sentí un estado de amor incondicional… como si un inmenso corazón naranja hubiese explotado dentro de mi corazón e iluminado todo mi cuerpo y este sol me invadió por un tiempo impreciso. En aquel momento ella partió.

Después llamé a los médicos, que le hicieron todo aquello que debían hacerle, pero ya estaba muerta. Estuve dos horas sola con su cuerpo en esa habitación. Poco después, cuando llegaron mis hermanos, nos catapultaron en el deber, decidir funeral, etc, etc. Pero, gracias al sueño, pude dar respuestas que de otro modo hubieran sido extremadamente difíciles.

El funeral lo realizó un amigo suyo, sacerdote, al que le hice llegar nuestra ceremonia de Muerte. Después de su sermón personal, él hizo nuestra Ceremonia en el altar de la iglesia, delante de todos. Indicando, en el punto donde dice de no llorar los cuerpos, el féretro. Esto me conmovió profundamente.

Una semana después, la única noche que logré dormir sola, ya que no querían dejarme a pesar de que yo sentía el deseo de estar sola, al amanecer estaba en semisueño, pero un semisueño extraño… extrañísimo. En un momento sentí una presencia detrás de mí y una voz en el oído derecho que me pregunta “¿Cada cuánto tiempo quieres que nos sintamos?”, y yo: “Todos los días” (recordando la frase del film que tanto me impactó por su significado). Era ella, sé que era ella…

Un abrazo,

Serenella.

s.piccini@flashnet.it

 

 

 

FEDERICA – Milán

A veces quisiera haber sido hombre para ser amado por una mujer, como sólo una mujer sabe amar al propio hombre: estimándolo, sosteniéndolo, acompañándolo hasta el día mismo de su muerte.

O quizás debiera decir que, a veces, quisiera haber sido mi padre para ser amado por mi madre, que lo ha estimado, sostenido, acompañado hasta el día de su muerte.

Me acuerdo de mi padre, lo recuerdo en varias situaciones con sus miradas, sus palabras, sus juicios, sus reproches. Por ejemplo, recuerdo que cuando era pequeña, siempre tenía miedo de tener fiebre, porque él se enojaba y me decía que no me había abrigado bien; o que había transpirado y después bebido agua fría o cualquier otra falta.

El hecho es que él se enojaba conmigo, no estaba orgulloso de mí, y yo sufría muchísimo. Yo quería ser la mejor para él, quizás una nulidad para el resto del mundo, pero la mejor para él… Quizás entonces un día, cuando hubiese crecido, el podía dejar a mi mamá y casarse conmigo…. Oh! sí, cuantas veces lo soñé…

Otro dulce recuerdo de cuando era niña eran los domingos a la mañana. Papá trabajaba toda la semana y yo no lo veía casi nunca porque él se iba a la mañana muy temprano y regresaba tarde a la noche y yo ya estaba lista para irme a dormir. Pero nunca antes de cobijarme entre sus brazos mientras cenaba (quién sabe cuanto le pesaba sentada en una sola de sus piernas!). Recuerdo que cortaba esa manzana blanca y comíamos una feta cada uno. Les decía, que lo extrañaba tanto, que durante el día alzaba su almohada para olfatear su pijama, que olía a su colonia: il Menhem (no estoy segura que se escriba de ese modo).

Entonces sí, el domingo a la mañana papá y yo salíamos juntos, íbamos a comprar el diario y luego a hacer un paseo para tomar un poco de aire. Y ese era nuestro momento, era mi momento, papá y yo; papá, yo y el diariero; papá, yo y las masitas… Y cuando regresábamos a casa, mamá siempre nos recriminaba porque ella ya había preparado una torta, o la habría podido hacer, “sin gastar dinero en esas porquerías que no se sabía, ni siquiera, quién las había hecho”. Luego, sin embargo, las devoraba junto con nosotros en pocos segundos.

Mi papá me llamaba “mi belleza” aún cuando siendo ya un poco más grande habláramos de política o de economía internacional.

Mi papá me enseñó tantas cosas, tantas como el resto de los papás del mundo. Me enseñó de buen albañil a revocar una pared, a preparar la cal, a pegar el papel decorado en los muros; y también a andar en bicicleta, a hablar en su dialecto, a bailar el vals y los bailes sardos.

Cuando después de dos semanas en el hospital, los doctores se encontraron con una mocosa de 20 años que los ponía de espaldas contra la pared, exigiendo saber; cuando me dijeron que tenía un “mesotelioma pleurico”, comprendí que todo lo que termina con “oma” no quiere decir “no se preocupe, en pocos días lo enviamos a casa sano como un pez”… Sobretodo cuando te lo dicen en un pasillo del hospital sin advertirte, y te recomiendan no decir nada a tu madre “porque es muy frágil y sería mejor tomarse un tiempo”; cuando te dan un año, un año y medio de expectativa de vida. No, no lo habrían mandao a casa sano como un pez, pero lo mandarían a casa de todos modos.

Desde ese día pasaron casi dos años hasta que mi padre dejó el cuerpo que le era estado dado. Se fue de entre los brazos de su esposa, en su lecho, en el lecho donde concibieron a sus dos hijas. Se fue casi riendo…

Yo trabajaba en una heladería y aquel sábado terminé mi turno a las 8 y, en vez de irme a mi casa, decidí quedarme en la casa de mis padres y ayudar a mi madre en la noche, para que durmiera al menos media hora cada tanto. Había llevado helado para mi papá, dado que ya no comía nada sólido. Lo encontré sentado en el comedor con varios almohadones detrás de la espalda, que mi madre cariñosamente le ponía para que no sintiera la dureza del respaldo en aquella zona de su cuerpo demasiado dolorida. Estaba semiausente, pusimos un casete de música sarda y él seguía el ritmo con su pie. Le di dos cucharadas de helado que él apenas probó, quizás porque estaba frío. Quién sabe si sentía el sabor, mi mamá dice que lo comió para verme feliz. O tal vez, siempre para hacerme feliz, dijo que sí con la cabeza cuando, poniéndome delante de sus ojos le dije “Papá, mira que linda hija que tienes. ¿Estás orgulloso de mí?”

Luego lo llevamos a la cama e hice las ceremonias. Una Ceremonia de Bienestar y una de Asistencia que habíamos leído juntos algunos días antes. Mi mamá estaba allí con nosotros. Unas horas después comenzó a delirar, llamaba a sus hermanos, a amigos de su pueblo, compañeros de juegos de cuando era niño; pero, sobretodo, llamaba a su padre y todavía lo escucho: “babbu…. babbu”. Comprendí que no pasaría la noche, y también comprendí que mi mamá y mi hermana aún no se habían dado cuenta.

Las tres estábamos allí despiertas cuando alrededor de las 3 de la mañana se agravó todavía más, y su respiración se hacía cada vez más fatigosa. Pero el suero en su brazo aún corría y eso indicaba que su corazón aún latía y su sangre todavía oxigenaba su cerebro. Hacia las 5 de la mañana, la solución no bajaba más. Fui a la sala, fumé un cigarrillo y después de unos pocos segundos sentí un gran alivio….el corazón me explotó de alegría y alivio… era mi papá que se había liberado de aquel cuerpo tan pesado, enfermo, dolorido e iba hacia la Luz.

De inmediato escuché a mi hermana llamarlo: “Papá, papá… papá…” y a mi madre “Angelo… Angelo”. Fui a la habitación y vi a mi madre que le ponía el respirador en un último y desesperado intento. Le dije de dejarlo en paz, papá ya se había ido. Tomé un espejo, lo puse debajo de su nariz y conteniendo llanto y gritos, con calma fui al teléfono y le avisé a la doctora. Mi mamá lo lavó, y juntas lo vestimos y sepultamos en su pueblo natal en Cerdeña, porque siempre nos decía que quería volver a casa.

Ese cuerpo allí. Yo lo había amado tanto como amé a aquel hombre que lo usaba como prótesis en este mundo. Pero no, ese cuerpo no era mi padre.

Mi padre no está muerto, vive en mí, en mis acciones. Vive cuando lucho para reivindicar mis derechos y los de los demás, cuando estudio y busco cambiar mi situación, cuando acompaño a mi madre al tren para ir a encontrarlo en el lugar donde creció, cuando camino por su pueblo, cuando cuido a sus hermanas, cuando voy a votar.

CUALQUIERA SEA NUESTRA OPINION, NO LLOREMOS LOS CUERPOS. MEDITEMOS EN CAMBIO EN LA RAIZ DE NUESTRAS CONVICCIONES Y UNA CALMA Y SILENCIOSA ALEGRIA LLEGARA HASTA NOSOTROS.

PAZ EN EL CORAZON, LUZ EN EL ENTENDIMIENTO.

Federica.

fedecolomo@hotmail.com

ANTONIA – Nápoles

DIARIO DEL ALMA

Marzo 1996

Estoy viviendo por un tiempo en la campiña, mucho silencio, mucha soledad, estoy haciendo un trabajo interno intenso y además estoy enamorada… por lo que me encuentro en una cierta condición de apertura.

Tengo una imagen, que es más una sensación cenestésica que visual: Pasada la medianoche suena el teléfono, es mi hermana que me dice: “Antonia, ha muerto….” No alcanzo a comprender quién…

Tres días después, a la una de la medianoche, suena el teléfono. Va a responder mi compañero… Es mi hermana que quiere decirme algo. Atiendo. Ella me dice: “Antonia, ha muerto… “ Le pido que espere un instante… me pongo un abrigo porque estoy temblando de frío. Y concluye: “Ha muerto Gino”, es mi cuñado, su ex-marido y padre de su hija.

Gino era una persona muy sensible… en un tiempo estuvo enfermo de asma, pero hacía mucho que yo no tenía noticias de él, ni sabía de su enfermedad. Había muerto por shock anafiláctico. Solo. Y la emergencia médica no alcanzó a llegar a tiempo.

 

Octubre – Diciembre 2002

Tengo otra imagen del mismo tipo; con una sensación particular que habitualmente acompaña a estas imágenes: Veo que mi padre se siente mal de noche y mi madre, al intentar socorrerlo, corre y se cae, rompiéndose algo. Veo a los dos en el suelo.

Comienzo a quedarme con ellos de noche en la casa toda vez que puedo. No ha sucedido nada todavía, pero por las noches mi padre no se anima a dormir y llama a mamá. Frecuentemente me levanto, vamos juntos a la cocina, le preparo un té de manzanilla y le hago un poco de compañía.

10 diciembre 2002

5.00 hs.- Estoy durmiendo. Me despierta el grito de mi madre. Mi padre se cayó mientras iba al baño y se rompió el fémur.

14 diciembre 2002

El padre de un par mío, con el cual estaba haciendo trabajo interno, sufre un derrame cerebral. La madre, al querer ayudarlo, cae y se rompe el fémur. Cuando él vuelve a la casa los encuentra a los dos caídos en el piso.

Era aquella imagen que yo había visto… como si fuera sacada de un mismo cuadro.

No pudiéndose operar del fémur por problemas respiratorios, para evitar el agravante de la internación, mi padre comienza a usar silla de ruedas.

10 abril 2003

Internado en un hospital, mi padre tiene una fiebre alta y entra en coma. Teniendo ya hecha la extremaunción, algo me dice dentro que se recuperará… desde las 6.00 de la mañana hasta las 14 lo acaricio y le hablo al oído permanentemente. Le hago la ceremonia de Asistencia, pero no solamente… le comunico todo el afecto que siento por él y que antes no había podido expresar. Mi padre siempre había sido esquivo, casi cerrado, reticente al contacto y las manifestaciones de afecto.

A las 14.00 sale del coma de un modo extrañísimo, casi repentino. En el lapso de media hora está al teléfono hablando con mi madre con voz clara y fuerte. Me ha sentido, seguro, porque le dice a mi hermano: “Pero Antonia está muy preocupada…”

Desde aquel momento en mi padre se produce un cambio radical… se vuelve irónico, más tierno, más afectuoso, no del mismo modo con todos. Lo manifiesta con palabras y con gestos, hasta con alegría… A veces me llena de besos… me dice que cuando está conmigo está bien. Y no solo eso. Desde aquel momento es como si lo de aquí fuese sólo la mitad, entrando de a ratos en contacto con otra dimensión. Y esto se veía especialmente cuando se despertaba, en cualquier momento del día que se hubiese dormido.

26 junio 2003

Emergencia por fiebre y asma. Se duerme. En un determinado momento se despierta con un gesto lúcido de quien ha comprendido algo y dice: “Un apoyo! Se necesita un apoyo!”. Le pregunto: “¿Para qué se necesita, papi, un apoyo?” Me responde: “¡Para todos nosotros!”

27 junio 2003

A la siesta se despierta de un descanso y dice: “La tumba! No está la tumba!” Le pregunto por qué dice eso y me responde: “¡No hay nadie en la frontera!”. Después de media hora comienza a llamar a la madre, muerta hace tiempo.

2 julio 2003

Es de mañana. Con aspecto muy consciente le dice a Lucía, la enfermera: “Abre la puerta! Abre la puerta!”. “Qué puerta nono?”, le pregunta Lucía. “La puerta del Paraíso”, responde.

5 julio 2003

En un momento, de noche, en el hospital, se despierta y comienza a hablar de modo incomprensible… está despierto y articula muy bien las palabras, pero es como si hablara en otra lengua… Luego poco a poco, con la luz encendida y la enfermera y yo al lado, comienza a hablar de modo normal… Como si poco a poco fuera volviendo al plano terrestre, como si viniera planeando desde otra dimensión.

6 julio 2003

Apenas se despierta me dice: “Voy a estar libre. Libre de estas dos cosas”. Le pregunto: “Pero ahora no eres libre?” Me responde: “No, libre como puedo ser… Voy a entrar…” Yo: “Dónde?”. El: “Voy a entrar en esta parte prohibida”. Yo: “Por qué prohibida?”. El: “No lo sé”.

12 julio 2003

Entra en reanimación. Los médicos salen de la sala diciendo que está en coma profundo (3,4 grado). Yo, en cambio, estoy segura que él está esperando para despedirse. Es como si estuviese en contacto con él, hay una certeza dentro de mí.

13 julio 2003

Hemos podido entrar solo a las 14.30. Hasta último momento los médicos continuaban diciendo que estaba en coma profundo, pero cuando entré mi padre me vio, me reconoció, reaccionó, comenzó a llorar. Le leí algo que había escrito para él, agradeciéndole todo lo que había hecho por mí. Y además le hice la Asistencia, con mis propias palabras.

Después entraron mi hermano Mauricio y el tío Corrado, médico, que confirmaron que él los reconoció.

14 julio 2003

Ha estado todo el día sedado y en coma.

15 julio 2003

A la mañana reacciona un poco, respira con sus pulmones y está más despierto.

17.00 – Voy a una pequeña iglesia en la montaña a visitar a la Madonna di Castello, de la cual mi padre era devoto. Con mucho sentimiento le pido a su Madonna que lo ayude. Le pido también que me dé una señal de que me ha escuchado. Al poco tiempo, entra en la iglesia una paloma, hace mucho ruido con las alas y deja caer una pluma al lado mío. La tomo, agradezco y me voy.

21.00 – Reacciona… se despierta un poco. Cuando entro me ve, reacciona a las cosas que le digo… Le prometo que lo ayudaré. Me aprieta la mano.

16 julio 2003

Comienzo la experiencia de Fuerza con otras personas para ayudarlo a salir de esta condición. Somos 7. La experiencia es fuertísima. Siento que entro en sus pulmones y los animo, la respiración se hace más fuerte. Siento una gran conexión con su cuerpo.

17 julio 2003

14.30 – Le han sacado los tubos, está respirando solo… aunque se cansa mucho. No está muy presente… es como si estuviera preso de su cuerpo. Y hay un grave problema con el riñón, no funciona, no hace pis.

19.00 – Experiencia de Fuerza (somos 6): tratamos de visualizar el riñón pero es como si bloqueara el paso de la energía.

18 julio 2003

14.00 – En reanimación. Mi padre está sufriendo mucho, no se las arregla con la respiración ni con el riñón. Lo ponen en diálisis.

18.00 – Experiencia de Fuerza (somos 7): no logro llegar totalmente a él. A la noche lo entuban de nuevo.

19.00 – Vuelvo a la iglesia en la montaña. Me conecto muy profundamente. Pido ayuda para que mi padre deje de sufrir. Y pienso: “Si me han escuchado, alguien me llamará”. Al poco tiempo alguien me toca en la espalda. Había dejado las llaves del auto sobre el muro y me las están devolviendo. Siento que la gran fuerza que he percibido me ayudará, aunque sea a adormecerlo. Agradezco y me voy.

19 julio 2003

14.00 – Reanimación. Mi padre está durmiendo y a partir de este momento dormirá casi de continuo.

21.00 – Experiencia de Fuerza (somos 6): la experiencia es fuertísima. Me parece que entro en su espacio, como si entrara y saliera de alguna cosa, de un lugar en donde él está en ese momento. Especialmente hacia el final es fuertísima.

20 julio 2003

14.30 – En reanimación me dijeron que esa noche le han quitado los tubos. Es una alegría enorme, también porque ahora está respirando tranquilo.

21 al 23 julio 2003

Mi padre está cada vez más cansado. Está lleno de agua por los riñones. La diálisis lo cansa mucho, pero él parece dormido y no presente. Hoy realizaremos la experiencia de Fuerza.

23 julio 2003

21.00 – Comenzamos la experiencia de Fuerza.

Siento dentro mío una extraña sensación de alegría. Durante la experiencia siento una sensación de gran liviandad… la energía se desplazaba desde la cama hasta el techo… Luego me imagino ser un niño pequeño, una especie de correcaminos que entra en el cuerpo de mi padre y saltando alegremente le hace una limpieza por dentro.

Al finalizar la experiencia siento esa alegría extraña que me llena. Estoy segura que esa noche mi padre, o desbloquea el riñón o muere.

Esta sensación continúa hasta las 24.00. Luego de esto comienzo a sentir por dos horas una sensación de sofocamiento. A las 2.00 me quedo dormida. A las 4.00 me llaman del hospital para decir que mi padre ha muerto.

Pido que me den la cartilla de la Sección para saber qué ha sucedido aquella noche:

A las 21.00, mientras experimentaba aquella sensación de alegría, la presión de mi padre comenzaba a descender, y tal vez registraba esto como un desmayo, como andar sobre las nubes.

A las 24.00, cuando había sentido el sofocamiento, mi padre había tenido una crisis respiratoria y fue entubado. A las 2.00 cuando me quedé dormida, él entró en coma profundo.

Murió a las 4.00.

En la mañana, veo bajo el ataúd, que estaba colocado sobre una tabla, una energía en forma de zig-zag de colores rojo y violeta azulado.

Dos días después, me despierto en plena noche. Dormía entonces en la campiña, con la ventana abierta. Me desperté porque mi compañero me llamó y era como si la mitad de mí estuviera en alguna otra dimensión… desde la ventana sentía claramente, en medio del silencio de la campiña, una música celestial. Sentía que estaba todavía en contacto con él.

Lo extrañaba mucho. Lo buscaba siempre adonde estaba su cama. Luego de un mes, en ocasión de su funeral, escribí un texto para él, el cual leí en la iglesia donde se desarrolló el funeral. Lo imprimí sobre un pergamino y lo regalé a los presentes al final de la ceremonia.

Durante su lectura sentí que la Fuerza crecía dentro de mí, la sentí fuertísima:

 

Para Papi Umberto

 

   Hay padres que son padres,

papas que son papas

y papis que son papis…

…tú has sido y serás para siempre

nuestro PAPI!

Te has ido de la vida

pero no de nuestra vida!

     Estarás siempre en nuestro corazón, papi

con el recuerdo de ti

como un hombre simple y honesto

y con el recuerdo del gran amor que has vivido para tu familia!

El amor que tú has dado, no ha muerto contigo:

vive en nuestro corazón, en nuestra conciencia!

El amor mantendrá unido lo que la muerte ha separado y…

 

       “ …sé muy bien que en algunas noches diáfanas de su cielo estrellado

                 sigue haciendo las preguntas que yo no supe responder:

Ў° ¿Cuál es nuestro Destino después de todas las fatigas y de todos los errores?

¿Por qué al luchar contra la injusticia nos volvemos injustos?

¿Por qué hay pobreza y desigualdad si todos nacemos y morimos entre rugido y rugido?           ¿Somos una rama que se quiebra,

somos el lamento del viento, somos el río que baja hacia el mar?…

¿O somos, tal vez, el sueño de la rama, del viento y del río que baja hacia el mar?”

¡Chau Papi!

Regálale Señor a su Espíritu, el eterno reposo!

 

(Creo que es muy importante en este momento llegar a expresar aquello que uno tiene adentro, aún mejor si se logra hacer de un modo poético, sin ninguna vergüenza. Pero lo más importante, creo, es agradecer a quien parte por todo aquello que ha hecho en esta vida y darle ánimo a su gente más próxima – familiares, amigos…- para seguir adelante).

Desde aquel momento, cuando volvía a casa, ya no miraba más la cama. Estaba segura que el estaba en otra parte… muy cerca de mí. Desde aquel momento no me sentí más sola.

Muchas veces lo he llamado, he recordado los momentos bellos que habíamos pasado juntos, a veces le he pedido Ayuda y era como si todo lo bello que había sucedido entre nosotros me volviera ampliado con bienestar y ayuda. Una vez, he sentido que me indicaba la luz azul como un camino a seguir. No tengo idea ahora de qué puede significar. De todos los otros fenómenos, en cambio, le he hecho las preguntas y he recibido las respuestas.

21 diciembre 2003

Aquella noche mi madre se va a la cama, cansada, a las 20.00.

En aquel tiempo la onda de choque de la muerte de mi padre la invadía todavía y estaba inmersa en una enfermedad grave, tanto que desde la muerte de él los médicos le daban no más de un año de vida.

Alrededor de las 22.00 veo salir de su habitación una luz azul. Pienso que tal vez se había despertado y había encendido la televisión. Me acerco a su dormitorio, la luz desaparece y veo que mamá está durmiendo profundamente. Siento que algo está sucediendo…

Aquella noche mi madre entra en una suerte de coma hepático.

Luego de varios lavajes se restablece a las 13.00 del día siguiente. A la noche, muy preocupada, mi madre me dice que había tenido un sueño aquella noche… que mi padre había ido a buscarla… así él le dijo… Tenía la fuerte sensación de haberse encontrado con él… y lo decía con mucha convicción, como cuando se tiene el registro de que no ha sido un simple sueño.

Abril 2004

Estoy en Roma en un seminario del Movimiento y veo nuevamente una imagen interna. Siento que mi madre no está bien y siento una voz que dice: “dos meses”.

Me llaman de Nápoles avisando que mi madre está mal. En realidad mi madre vivirá ahora dos meses en condiciones casi normales, hasta junio, luego dos meses más en el hospital y en terapia intensiva.

Desde junio hasta agosto mi madre entraba frecuentemente en coma hepático. Al comienzo de esta serie quise invitarla a llamar a su Guía, seguramente una Madonna, pero no sabía cuál era la suya en particular.

Hice una experiencia de Fuerza y con muchísima intensidad hice el Pedido, de ser ayudada en esa búsqueda. Sentí una voz clarísima que me dijo: “La Madonna de Pompeya”.

Cuando hablé con mi hermano le conté de la Madonna de Pompeya. Y él me dijo que, cada vez que salía hacia Milán, ella le daba una estampita de esta Madonna. ¡Había recolectado un montón! Abrió los cajones de mamá y lo confirmó… Había una cantidad de rosarios de oraciones e imágenes de la Madonna de Pompeya.

Desde aquel momento le comienzo a leer sus oraciones al oído y le sugiero llamar a la Madonna de Pompeya. Además de hacer la experiencia de la Fuerza, sola y con otros, para enviarle bienestar. Y de tanto en tanto, intento hacerle la ceremonia de Asistencia, pero con palabras que a ella le resuenen.

Ha sucedido frecuentemente que, mientras yo estaba en el hospital con ella en coma, la gente de mi Consejo que se encontraba en Africa estaba haciendo la experiencia de Fuerza. Yo le ponía la mano sobre la frente, para trasmitirle la Fuerza, y ella al poco tiempo se despertaba.

Finalmente, entró en coma profundo… Sabía que era el fin… pero ella resistía.

Era el tercer día con el riñón bloqueado. Tal vez esperaba a mi hermano que llegara.

A mi madre le había gustado siempre bailar, pero no lo había hecho más porque era una mujer a la antigua. Me acosté junto a ella y le dije: “Mamá, siempre has pensado en nosotros, toda la vida… ahora no te preocupes de nosotros, piensa en ti misma… Mira bien, que en alguna parte hay una luz… A ti te ha gustado siempre bailar. Ve, sumérgete en esa luz, baila dentro de ella; finalmente baila, finalmente piensa en ti…. libérate, sumérgete en ella”. Luego de diez minutos había muerto, con una sonrisa franca y pícara en el rostro. Yo le apreté la mano y en los últimos instantes le dije: “Brava, brava… ve, ve”.

Desde entonces, cada vez que llamo a mis padres durante la experiencia de Fuerza, siento un calor en los brazos. Mi padre del lado izquierdo y mi madre del derecho. Y no siento más la soledad que me acompañó durante 43 años.

La muerte, me ha hecho ver de otro modo la Vida… he saboreado la dulzura de la muerte, del saludarse, de la importancia de estar en armonía con el otro.

Después de estas experiencias he comenzado a ver mi vida de un modo nuevo.

He sentido la necesidad de reorganizar mi vida y mis ámbitos, de lograr en cada cosa que hago un registro de unidad, no obstante la fatiga… Y, sobre todo, he sentido la necesidad de relaciones “sanas”…

Quisiera decirle, a quien llegue a leer estas páginas hasta el fin, que no ahorre esfuerzos. Acompañar a una persona que muere es un gran regalo, que vuelve multiplicado a quien la acompaña.

 

Antonia.

antoniaes@libero.it

 

 

HUGO – Moscú

LA DESPEDIDA DE SERGUEY

21-03-2005.

Hola Miguel Angel,

Nuestro querido Serguey finalmente emprendió hoy su vuelo hacia la Ciudad de la Luz.

Al leerle hoy la Asistencia, primero en silencio en la puerta de la sala de terapia intensiva y luego, a toda voz y todo corazón en un pasillo del hospital, sentí de pronto que el tiempo se detenía. Un rayo de sol atravesó el espeso techo de nubes invernales y se reflejó mil veces en la nieve blanca que cubría el parque, al otro lado de la ventana. Sentí entonces que era Serguey, en su despedida, regalándonos una oleada de chispeante felicidad.

Le agradecemos profundamente por los inspiradores momentos vividos y todo lo bueno que aprendimos de él.

Un fuerte abrazo.

…………

25-03-2005.

Hola Antonio,

Fue una experiencia muy fuerte todo el día de hoy. Salimos a las 9.30 desde el Instituto de Latinoamérica, en un ómnibus del servicio fúnebre, con Boris Koval y científicos amigos del mismo instituto, Akop Nazaretián y nuestra amiga Anna Schkolnik, más Katia, la sobrina de Serguey. Con ella habíamos estado juntos ya el martes en el hospital, poco después de la partida de Serguey, con los trámites del caso. Donde también caminamos mucho hablando de él, del Mensaje y de las ceremonias: del Bienestar de despedida, que hacíamos esa noche, en simultáneo con amigos de varios países, y de la ceremonia de Muerte en el funeral.

Hoy entonces, salimos desde el instituto hacia la morgue del hospital, donde algunos más estaban esperando y donde fueron los primeros discursos de quienes no seguían el resto del recorrido. No hubo ningún servicio religioso, ya que tanto los familiares de Serguey como Boris aclararon a la compañía fúnebre que Serguey era ateo, así que no se necesitaban servicio ni símbolos religiosos.

Subimos después el féretro al ómnibus y viajamos un par de horas a través de Moscú hasta el crematorio. Allí se sumaron dos familiares más. Y, después de las muy sentidas palabras de despedida de Boris, Akop y Emil Dabaguián, hicimos la Ceremonia de Muerte.

Fue una experiencia conmocionante. Los familiares conmovidos, y los científicos, claro que también, pero a la vez muy respetuosos y muy interesados en lo que se decía.

Pasamos todos luego junto al féretro para la despedida final, antes de emprender la vuelta hacia el instituto.

A partir de ese momento fue sorprendente la calidez que brotó en las relaciones, entre todos, incluso entre algunos presentes que antes no parecían tan cercanos. Como si de repente se hubiera abierto un puente, un espacio nuevo, de comunicación profunda, bondad y suave alegría, allí, incluyéndonos a todos.

Y en la celebración recordatoria, ya en el instituto con mucha más gente, fueron muy significativos los testimonios y reflexiones acerca de la inmortalidad y la espiritualidad. Boris, por ejemplo, testimonió acerca de la profunda relación que viene desarrollando con su hermano… a partir de que falleció. Preguntándose entonces, reflexivamente, a partir de esas experiencias: “¿adónde está él… en mi imaginación solamente? ¿es ese recuerdo suyo en mí, esa presencia que me acompaña, un modo de inmortalidad?…”

Además, claro, fueron numerosos y muy emotivos los recuerdos de la vida y obra de Serguey, incluyendo nuestra historia humanista común. Un momento muy especial fue cuando Tania Riutova recordó la etapa vivida con Serguey y Boris junto a todos nuestros amigos, desde 1991 en adelante: con el 2do. congreso de la internacional, el foro, el Honoris Causa de la Academia para Silo, los nuestros que vinieron en misión… Estaba muy emocionada Tania. Según dijo al despedirnos, la ceremonia le había tocado el corazón.

En definitiva, Serguey al partir nos ha dejado un regalo maravilloso. Además de cuánto se han reforzado con esta experiencia los vínculos con nuestros amigos, siento que en las ceremonias compartidas se ha manifestado con fuerza, se ha materializado por primera vez el Mensaje en Rusia, en medio de un grupo de gente especialmente sensible.

Te mando un fuerte abrazo,

Hugo.

hugonov@yandex.ru

 

 

CECILIA – Florencia

El motivo de mi repentino viaje a Chile fue el empeoramiento de la salud de mi padre. El cáncer estaba avanzando rápidamente, a pesar de la tregua que le había dado por 2 años.

Todo el tiempo que pasé con él estuve preocupada en resolver cosas prácticas. No obstante, mi interés principal era ayudarlo internamente.

Fue muy difícil, ya que, por una parte estaba la urgencia del tiempo. Yo sabía que el tiempo era poco, porque tenía que volver a Florencia dentro de un mes más o menos, y por otra parte afloraban las viejas tensiones entre padre e hija.

A pesar de todas estas dificultades y gracias al apoyo incondicional de los nuestros, mi padre y yo pudimos acercarnos a los temas importantes. Poco a poco comenzamos a hablar del tema de la muerte y de nuestras creencias respecto a ella. Mi padre afrontaba el tema con mucha más tranquilidad que yo.

El contacto cercano de mi papá con el Movimiento iniciado un año y medio antes, el viaje a Punta de Vacas y las largas conversaciones con mi pareja, mis pares, mi orientador y otros amigos habían dejado ya una semilla que germinaba en él. Recuerdo que un día me dijo: “yo no estoy muriendo, es el envoltorio que está muriendo” refiriéndose al cuerpo.

Cuando la situación estuvo más o menos organizada, después de un mes y medio, llegó el momento de volver a casa. La despedida fue breve y con algunas imágenes a futuro como su eventual viaje a Italia cuando estuviera un poco mejor.

Después de algunas semanas mi orientador me escribe y me cuenta que el papá había comenzado a hablar con él y con Rodrigo (mi sector apoyo) de sus temas pendientes y que estaban trabajando con el tema de la reconciliación.

Al hablar con mi padre por teléfono, me dijo que le preocupaba mucho que yo estuviera triste por su muerte, que eso lo complicaba. Me sugirió leer el “librito blanco” que yo le había regalado (refiriéndose al Mensaje), porque en él se explicaba claramente qué sucedía con la muerte. Me sugirió también leer El Camino, porque lo encontraba muy inspirador. Me emocionaba mucho ver la Fe que el papá ponía en nuestros temas, una Fe mucho más grande de la que he tenido yo en algunos momentos.

Una semana después, mientras esperaba el autobús para volver a mi casa, Olivier me llamó para decirme que papá había partido. Mi amiga Rosita estaba ahí con él, con nuestro médico Nano, que oportunamente le había dado una medicina para calmar el dolor, con Dario, y con Lili, Byron y Germán, su familia “adoptiva”, con quienes compartió sus últimos años.

Rosita había llegado a tiempo para tranquilizarlo, diciéndole que todo estaría bien, que sus seres queridos estarían bien. Y también para acompañarlo varias veces con nuestra Ceremonia de Asistencia. Lo fue guiando por el paisaje allí descrito con toda la suavidad y dulzura que la Rosita sabe entregar, mientras Dario sugería que le ayudara a conectar con la Fuerza. Fue así que mi papá Iván abandonó su cuerpo con una sonrisa en su rostro.

Cuando llegué a casa para llamar a Rosita, el papá hacía muy poco que se había ido. Decidimos acercarle el teléfono al oído y comencé yo también a hacerle la Asistencia.

Me fui relajando mientras iba tomando un contacto muy fuerte con él y con lo que se estaba produciendo en ese momento. Cada frase de la Ceremonia resonaba en mi corazón, sobre todo porque sabía que él podía reconocer el recorrido que le estaba describiendo, un paisaje en parte aún desconocido para mí. Llegué al final de la Ceremonia con un registro de Fe en que él estaba bien y de agradecimiento profundo, el que me acompaña todavía cuando me conecto con el recuerdo de esa situación.

El día después se hizo el funeral, que tuvo una misa (mi familia es católica) y luego nuestra ceremonia de Muerte en el cementerio, que dejó a los allí presentes un hermoso clima de Paz. Algunas ancianas tías de mi padre preguntaban a otros parientes “de dónde era ese texto tan lindo…” y, al momento de la salida del cementerio, los nuestros comentaban de estos parientes curiosos que preguntaban “quién es Silo…”.

Cuando pienso en esta situación una sonrisa me brota inmediatamente, como si lograse percibir por momentos la ilusoriedad de la muerte.

 

Cecilia Fernández

cfernaba@ciudadhumana.net

 

 

JOSE – Quito

Adiós a Marie Carmen…

Al día siguiente de haber recibido la noticia del fallecimiento de Marie Carmen, salimos con Carlos desde Quito hacia Guayaquil. Tan sorprendidos la verdad, que decidimos conversar durante todo el viaje e intercambiar sobre lo sucedido… tratando de entender el absurdo de su muerte.

Cuando llegamos a la sala velatoria, un manto de tragedia y desolación había cubierto ese encuentro de familias, amigos y allegados… Luego abrazamos solidariamente a cada una de sus gentes más cercanas, con un cálido abrazo y un profundo silencio… con eso bastó. Miramos el féretro, donde yacía el cuerpo de M. Carmen, mientras una sensación extraña se apoderó del ambiente… Allí estaba su cuerpo, magullado con las huellas de los golpes del accidente, su leve sonrisa que nunca perdió… y nada más, porque ella ya no estaba allí.

Días atrás Marie Carmen (así le gustaba escribir su nombre) tuvo una caída, rompiéndose el hueso húmero de su brazo izquierdo. La enyesaron, pero debía hacerse operar por sugerencia de algunos médicos. Esto la llevó a hacer su última consulta el día lunes, con el médico que posiblemente se encargaría de la operación… Lo insólito del caso es que, al llegar al consultorio, el médico no pudo atenderla. Decidieron entonces junto a su hermano, quien manejaba el auto de Marie Carmen, su cuñada y un sobrino, regresar a casa. Como regresaban con tiempo, se detuvieron a comer algo y, puesto que ella estaba enyesada, sus familiares le pidieron que no se baje, cuando ya lo iba a hacer. Le trajeron su ración de “empanadas”, comió tranquilamente en el auto, para luego continuar el viaje. Al llegar a una esquina, el vehículo viró abriéndose de una manera inesperada la puerta derecha, saliendo nuestra amiga despedida hacia la calle. En realidad, en el momento que se detuvieron para comprar algo de comer, había quedado la puerta semi-abierta… Tener enyesado el brazo izquierdo, tampoco ayudó, porque no pudo sostenerse. Cayó en el pavimento, sin decir nada… y el auto de atrás, la arrolló. La ambulancia tardó media hora en llegar, muriendo en el trayecto mismo hacia la clínica donde la llevaron.

Nos encontramos y conversamos con su hermano, el que conducía el auto y le dimos ánimo y fuerza para afrontar la situación, sobre todo para que pueda quitarse la sensación de culpa.

Luego conversamos sobre la enseñanza que de esa situación debíamos sacar, tratando de encontrar un sentido en todo aquello. Su hermana mayor se había ido, ahora él tendría que asumir un nuevo rol frente a sus ancianos padres y ponerse como eje de la familia… Quizás eso le permitiría a su vez acercarse más a sus padres, quienes vivían con Marie Carmen. Convirtiéndose esta situación en una buena oportunidad para él, para acompañarlos hasta el fin de sus días.

Regresamos en la noche a la sala velatoria. Estaba llena, pasamos delante de varios amigos y empezamos la Ceremonia de Muerte del Mensaje de Silo. Conmovedora su lectura. Pedimos inmediatamente que la gente que quiera, exprese sus testimonios. Fue impresionante. La Marie Carmen que conocíamos empezó a develarse… Todo un personaje importante en su ciudad y en el país. Las cosas maravillosas que la gente decía sobre ella no paraban. Su solidaridad, su empuje, su capacidad de apoyo a una cantidad de proyectos que había puesto en marcha, con todos aquellos proyectos sociales con los que estaba vinculada: el contrato social; Plan internacional; Unicef, relación con proyectos de ong’s, fundaciones, etc. Al parecer era una persona que estaba en muchos proyectos relacionados con la educación y la niñez. Al escuchar todos esos testimonios, fue cambiando el clima de la sala y ese manto de tragedia fue desapareciendo… elevándose el espíritu de los presentes.

Cuando no hubo más testimonios, cerramos todo aquello con la lectura de El Camino, del Mensaje de Silo. Con aquello se cerró todo, y con la energía positiva que se instauró, los asistentes empezaron a conversar. La sala no era más una sala de velatorio, se había despertado el deseo de comunicar y hablar libremente sobre esos temas tabúes, de la muerte y su mirada trágica. No estaba más el clima lúgubre que nos había recibido a nuestro arribo.

Cuando desperté al día siguiente, fue curioso, me había embargado un registro de extrañeza. No lograba entender por qué María del Carmen no nos había contado tantas cosas que hacía… En otro momento pensé que a lo mejor no supimos oírla, por lo que me pareció importante ponerme en actitud de reflexión…… Algo había que aprender.

Llegamos a la sala y el rumor de la ceremonia del día anterior se había regado en toda la sala. Allí estaban los antiguos compañeros de trabajo de Marie Carmen. Su jefa se acercó hacia nosotros para pedirnos que, por favor, hiciéramos un nueva Ceremonia. Le habían contado lo sucedido la noche anterior. Allí se manifestó un pedido genuino de la gente. Entonces la hicimos…

En la sala estaban también los padres de Marie Carmen. Hicimos lo mismo que el día anterior: ceremonia de Muerte, testimonios y lectura del Camino. Nuevamente se hablaron de cosas hermosas sobre ella y el aporte del humanismo en sus proyectos, la influencia de esta forma de conducta humanista, aplicada a cada uno de los trabajos y espacios por donde ella había pasado. Era otra María del Carmen. Sus compañeros y amigos fueron identificando sus virtudes, a tal punto que sus padres, que escuchaban muy atentos, empezaron a transformarse, sus rostros a relajarse, a medida que iban descubriendo la dimensión y profundidad del quehacer de su hija en el mundo. Seguramente la conocían sólo como la hija dedicada a ellos… pero poco sabían de todo lo que hacía fuera de su espacio familiar.

Al escuchar tantas cosas positivas, su padre, emocionado, puso a disposición del que lo quisiera hacer los escritos y notas que ella había dejado para publicar un libro… Con lo que se saque del libro, que esos recursos sirvan para el Movimiento Humanista. No querían nada para ellos, solo para ayudar al Movimiento insistía generosamente. Independientemente del orgullo que sentía en ese momento por su hija, lo importante fue cómo se produjo la transformación de la imagen de su hija, recobrando en él su vida otra dimensión. También dio su testimonio el padre del hijo de Marie Carmen, quien por primera vez logró acercarse a conversar con los familiares.

Una verdadera transferencia. Fue una transferencia colectiva y al igual que el día anterior todo el mundo empezó a hablar, a soltarse, a decir cosas libremente, surgiendo nuevamente una ola de comunicación entre todos los presentes. Otra vez el tabú de la muerte fue superado por la conversación abierta y la reflexión de algunas ideas de El Camino.

Mas tarde, en el cementerio, avanzamos con la gente en la caminata hacia la urna. Cuando llegamos al nicho, uno de los amigos de Marie Carmen leyó una hermosa poesía. Otros, conocidos de ella, lo hicieron igualmente. Su pequeño hijo de 8 años, Luis Eduardo, exclamó “mamita te amo”, lanzando unas rosas al nicho. Su padre, de avanzada edad, puso la primera pala de tierra y declamó algunas palabras para su hija. Su hermano logró estar presente. Luego hubo un silencio… y aproveché para decir en voz alta:

“Maria del Carmen no se ha ido… está con nosotros… Debemos estar atentos para escuchar lo que nos dirá a cada uno de los que la recordamos, a través de nuestros propios sueños. Y ahora, quedémonos tan sólo con su diáfana sonrisa y con lo mejor que cada uno recibió de ella”.

Los pájaros empezaron a cantar… las golondrinas hicieron su vuelo final para posarse en un gran árbol de ceibo, mientras el sol rojo del atardecer empezó a declinar en el horizonte…

José Salcedo

josesalcedo@uio.satnet.net

 

 

 

 

VI.

Experiencias

en los Parques

de Estudio y Reflexióndel Mensaje de Silo

 

IRENE – Madrid

Mayo 6, 2006

Quisiera compartir con ustedes lo que me ha sucedido, esta experiencia nueva y buena que ha dejado en mí un sentimiento muy profundo y elevado, con una fuerza y fe enormes. Agradeciendo a nuestros amigos, al ámbito humano que ha contribuido a mi experiencia de algo muy especial y sorprendente.

Por muchos días antes de esta fecha yo estaba sufriendo de una aguda molestia; atribuía todo ello a mis temores cardíacos. El médico me envió inmediatamente a los servicios de urgencia. Fui admitida y sometida a una evaluación que tomó un día y una noche. Mis temores eran infundados y mi condición cardíaca era buena. Pero durante dos o tres días más yo estuve dando vueltas con esto. Mi melancolía y malestar eran tan grandes que no podía prácticamente dormir y así, abrumada pero sin ninguna respuesta médica, y sin lograr sentirme mejor, pasé los días previos al 6 de mayo, cuando le pedí al guía una pequeña luz y por supuesto, por ponerme mejor.

El mismo día llegaron mis amigos, para buscarme y llevarme al monolito: Luis Carlos, Patricia y Nacho. No, yo no podía ir, mi condición era terrible. Pero colmándome de afecto, ellos me dijeron: “Tú vienes, te esperaremos”.

Así como pude, lentamente comencé a prepararme con sonrisas tristes y un enorme esfuerzo…

En el camino ellos me daban coraje y muchísimo afecto. “Tú verás, te sentirás bien!! El aire, nuestros amigos, las ceremonias…” Yo les pedí que me llevaran en el auto hasta el Monolito mismo del Parque de Toledo. Una vez allí, me traté de poner lo mejor que pude, rodeada por el sentimiento humanista dándome ánimo todo el tiempo. Apenas pude comencé a dibujar una sonrisa melancólica y luego comencé a sentir un silencio muy especial…

La tarde era espléndida, la brisa tranquilizaba, el lugar comenzó a convertirse en algo sagrado! Las ceremonias comenzaron.

Al poco tiempo le dije a mis amigos que comenzaba a sentirme mejor, más fuerte, a moverme más fácilmente, con sorpresa y con preguntas para las que no tenía respuesta. Una renovación extraordinaria comenzó a invadirme. Todo lo que me venía sucediendo los últimos 4 o 5 días comenzó, casi mágicamente, a desaparecer… ¡Yo era otra persona! El Bienestar comenzó a llenarme desde adentro.

Y entonces dí gracias, dí gracias muchas veces. A mi guía, a quien yo había pedido claridad y ayuda para aquello que me estaba sucediendo. (yo comprendí su respuesta, y sentí una repentina circulación de energía en mi organismo). Agradecí a nuestros amigos, y al monolito mismo. Y a todos aquellos que me ayudaron y escucharon con afecto y bondad. Para mí fue una experiencia de creer o….

Pero yo creo. En una confabulación de encantamiento… magia… y fe. Todo se convirtió en una sentir profundo, amplio y positivo. Luego comprendí. Que cuando uno quiere atrapar ciertos estados… ellos escapan…

Este es un TESTIMONIO que yo quiero compartir con ustedes; y mucho me recuerda, a través de la experiencia, lo que he leído tantas veces y tal vez no comprendí: La Mirada Interna.

Irene

 

 

ISAIAS – Buenos Aires

 

Mi 4 de mayo

Apenas llegamos lo sentí como un ataque artero, no me había dado cuenta de que en realidad algo se venía gestando desde hacía un tiempo adentro mío. Los preparativos, los comentarios y por fin la llegada de los amigos mostrándose en las calles, preparaban silenciosamente el terreno para esta taquicardia inesperada. Había estado cenando con Ester, Felipe y Marcos unas noches antes en Mendoza entre risas, anécdotas y recuerdos. Los encuentros aumentaban y algo comenzaba a bullir por ahí adentro. Hoy había vuelto a Punta de Vacas… Beto y Adriana tomaron hacia la derecha, y yo, de a poco, comencé a caminar entre la gente. Catalina, al verme agitado, me preguntó:

– ¿Estás bien?_

– Demasiado – respondí apenas.

Y me invitó a la fuente de agua. Allí estaba el Chango Molina bebiendo y con una sonrisa me ofreció un vaso. El trago fresco se deslizó con rapidez y entonces elevé la mirada. Alcancé a ver al Gato Lemos vestido con una amplia chaqueta negra, caminando entre una multitud tan grande que no lo podía creer. Mi cabeza atelgoporada no daba crédito a la percepción. Por aquí una multitud. Más allá, el cerro lucía totalmente cubierto de flores, perdón quise decir de gente, mucha gente… Gente sonriente, con expresión atónita (¿les pasaría algo similar a lo mío?) banderas de muchos países, bufandas naranjas, colores bulliciosos…

De alguna parte surgió alguien con anteojos muy grandes que se presentó en voz muy alta. Dijo que era, no recuerdo, pero sí que me recomendó que no me preocupara porque todo iba a salir muy bien…

Alvadalejo el sanjuanino, por sobre las cabezas, me largó un saludo y al saltar para atajarlo, me topé con Pedro, recién llegado de Santiago. Pasó Emilia y nos saludó con una suave sonrisa cómplice. No pude evitar abrazarme con Roberto y Verónica su hija; y luego pasó… no sé, bueno, no recuerdo. Tantos, pasaron tantos, mientras el sol insistía en darle color y calor a la escena. Me saqué la campera y la acomodé en mi brazo.

– “Volamos sobre un pájaro llamado intento” – se oyó a través de la montaña. Recordé entonces que el intento es la acción de la intencionalidad, precisamente el atributo más destacado de la conciencia humana. Pensé que intentar, seguir intentándolo sin concederle crédito al fracaso, era el acto humano por excelencia. Por lo tanto, valía la pena. Y la voz lo reafirmó:

– “Vale la pena!”

Y esas cinco mil intenciones llegadas a la montaña confirmaban con fuerza de roca aquella primitiva convicción. No nos habíamos equivocado. Vi a Edgardo, parado junto al camino, y en su mirada quise notar que estaba en resonancia con mis pensamientos. Inmediatamente sentí los brazos de Marta que, con intuición profunda, me apretaban. Al momento de corresponderle surgió el rostro de Ricardo M . que, cayendo en cuenta de mi perplejidad, preguntó:

¿Cómo, no te acordás de mi?

En ese momento pasó el Negro por mi lado y, casi sin mirarme, apretó mi antebrazo derecho. Yo simplemente miré hacia abajo y descubrí cerca de mis zapatos un pequeño pañuelo, blanco, suave, perfumado. ¿De quién sería? Quizá de una mujer, o seguramente de una niña. Lo levanté y lo usé para darle consuelo al caudal que inconteniblemente brotaba para regar el valle esplendoroso de alegría. Me asaltó la imagen del Chango bebiendo junto a la fuente y decidí acompañarlo nuevamente… Después de todo…¿quién dijo que no se debe brindar con la fresca agua de un manantial?

Isaías

isaias.nobel@gmail.com

 

 

RODOLFO – Quilmes

Descubrimiento

Decidí ir a Punta de Vacas en cuanto me enteré que se haría esa celebración, contaba aún con unos días de vacaciones en mi trabajo y me pareció muy bueno ocuparlos en este viaje.

Quería volver a encontrarme con viejos amigos a quienes hacía más de 2 décadas que no veía. ¿Cómo estarían ellos? ¿Qué habría sido de sus vidas? De manera que mi interés en este viaje estaba muy claro: reencontrarme con aquellas personas con quienes, alguna vez, compartimos ideales.

Así fue que partí junto con otros 50 amigos nuevos en el bus para Punta de Vacas. Cuando llegamos a la montaña, comencé a buscar aquellos amigos cuyas caras recordaba… De pronto, me encontré frente al monolito, ví mi cara reflejada en él, en esa superficie brillante que reflejaba además, la luz del sol… y comprendí que había llegado hasta allí, para reencontrarme a mí mismo.

Fue necesario recorrer la distancia entre Buenos Aires y Punta de Vacas, movido por una ilusión, para comprender que quería ver a mis viejos amigos, pero sobretodo, quería, necesitaba, reencontrarme a mí mismo.

 

Rodolfo

 

 

RITA – Milán

Silencio

Quiero escribir dos líneas sobre mi experiencia en Punta de Vacas en ocasión del primer aniversario del Mensaje de Silo. Quiero escribir un testimonio para todos aquellos amigos que no han estado físicamente presentes en aquel momento, pero que los he sentido muy cercanos desde que he comenzado con este proyecto. Amigos de Italia y de India en particular.

No es una crónica lo que intento hacer, porque el programa de aquella jornada más o menos lo han visto todos. Tal vez sea importante contar, sin embargo, que después de las 12.00 esperábamos todavía a varios ómnibus de Chile que habían sido detenidos en la frontera. Estábamos ubicados ya sobre la colina, en este lugar tan lejano de todo, casi “oculto”, cuando vimos arribar uno por uno a los ómnibus, llenos de amigos chilenos que saludaban desde las ventanillas. Todos intercambiamos saludos, con el corazón lleno de alegría por una persona en especial que se sumó a compartir aquel momento… porque Silo había comenzado a hablar…

Allí, en el punto de partida de nuestra doctrina, somos 5.000; en el lugar en el cual comenzó su camino una persona verdaderamente especial. El mejor de la Historia, el mejor de la humanidad, el mejor de los corazones se ha expresado retomando un discurso iniciado 5 años atrás: “Hemos fracasado, pero insistimos!” (…)

Silo hablaba. Y mientras sus palabras me colmaban el corazón, el viento me acariciaba los cabellos y el sol me tostaba la cara, comencé a mirar alrededor: el cielo era azulísimo, las montañas alrededor majestuosas, imponentes, coloreadas de verde amaranto y del blanco de la nieve eterna… Allí estaban todos mis amigos, y mi maestro, y mi futuro…

Las montañas alrededor creaban un cono; y mé imaginé que aquel punto podría ser un altoparlante para el mundo entero, desde el cual una parte de la humanidad estaba lanzando su mensaje de no violencia, de alegría, de amor por una realidad todavía por construir…

El silencio interno era total. Y en aquel silencio, en aquella armonía, he descubierto la dulzura de la contemplación. A mi alrededor lo sagrado era evidente en la magnificencia de la montaña que nos rodeaba (la gran cadena montañosa, la ciudad escondida… sí, “sus muros te son impenetrables, están escritos en colores, están “sentidos””…). Así como era sagrada la intención profunda que animaba la buena fe de las personas presentes en ese momento; así como era sagrado el amor que he sentido por todos aquellos que no estaban allí pero que me acompañan en esta humanización de mí misma y del mundo que nos rodea…

Un nuevo espacio interno se ha abierto dentro de mí: alto, luminoso, potente, infinito…

Un poco después, una ceremonia indígena me distrajo de mi pensar. Ellos, con sus costumbres tradicionales, le cantaban a la Pachamama y a los 4 Vientos… Había llegado el momento de compartir la merienda y así lo hicimos.

 

Rita.

ritarombolotti@yahoo.it

 

 

RAUL – Jujuy

Crónica

Amigos de la lista,

Quisiera compartir con ustedes, algunos apuntes aislados que hice de la Celebración en Punta de Vacas.

Esta es la crónica:

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La celebración significaba algo muy especial para mí, en lo personal, ya que allí se encontraban tres generaciones familiares: quien esto escribe, mis hijos María Guillermina y Santiago y mi nietito Mateo; además, obviamente, de varios otros afectos…

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La cosa era importante también pues había llegado de Jujuy una delegación de villeros de la organización Tupac Amarú de la organización gremial CTA Jujuy, a los cuales había invitado, incluyendo a la secretaria general de la entidad, los que están en ese punto justo entre la adhesión y la indiferencia hacia nuestro planteo. Ni hablar que quedaron sorprendidos por el buen clima y la cosa abierta que tienen nuestros encuentros, en este caso potenciado con el lugar mítico, la gente, las palabras y la figura del Negro, las ceremonias y todo eso. En tal sentido, pude escuchar a uno de ellos comentar: – “parece Punta Corral”, en referencia al santuario de una Virgen muy venerada, que esta ubicado en plena montaña, en la Quebrada de Humahuaca, y donde peregrinan miles de promesantes, para bajar con la imagen en hombros hacia el pueblo cada Domingo de Ramos.

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Ayudaba el día con un sol espléndido, brillante y acogedor, en un lugar protegido por los faldeos del Cordón de Plata, del Uspallata y, por cierto, del Aconcagua. Ayudaban las banderitas de todos los países americanos, desde Cuba hasta Chile, que flameaban en el viento, incluyendo la Whipala multicolor de los pueblos andinos; la gente caminaba, se saludaba y socializaba amablemente; habían instalado una fuente de agua surgida de una vertiente que hay en el lugar y que calmaba la sed de algunos y refrescaba la cabeza de otros (por el sol radiante).

El monolito, siempre de pie, cumpliendo su función que seguramente ha de ser milenaria, impulsando el despertar, marcando una señal erguida y distinta de todo lo conocido…  En suma, un día de completa fiesta: fiesta en todo el sentido de la palabra, tal cual lo dice la expresión Celebración. Porque cuando uno celebra algo desde adentro y lo hace con todo, parece que tanto la historia como la naturaleza acompañan…

Hacia la derecha del monolito y hacia abajo, había un grupo de coyas que celebraba la Pachamama y hacía sonar, de tanto en tanto, el sonido milenario, casi tibetano, de un cuerno. Un poco mas allá, un grupo de brasileños, jóvenes, bailaban entusiasmados, la Capoeira – esa danza ritual que preservaron como testimonio los negros esclavos, vendidos por los mercaderes en la tierra de Drumond de Andrade y de tantos poetas – recordando en cada movimiento, en cada giro, las señales de una Africa profunda.

Al mediodía y tal como se lo esperaba, apareció el Maestro, subiendo el sendero lentamente, entre miles de amigos que lo saludaban sin apretarlo, distendidos y sin sofocones, dándole la mano o un abrazo, sonriendo, pidiéndole fotos o alcanzándole un niño para que le diera un beso. Faltaban sólo flores, como las que regaron alguna vez los pies del camino del Budha; pero no se trataba de una fiesta propia de la india tropical: la cosa se desarrollaba en la dura, agreste, y majestuosa cordillera andina donde, a través de las piedras y los arroyos de deshielo, se observaba, por primera vez, el nacimiento de una extraordinaria celebración. Recuerdos del futuro, digo.

De pronto, un vocero anunció que se iban a escuchar las palabras del primer mensaje de Silo, de aquel del 4 de Mayo del 69… la voz rebotó en las montañas recordando, con inusitada claridad, la violencia y los tipos de la violencia y la advertencia sobre un mundo, que ya, en ese entonces, estaba por estallar… Inmediatamente se escuchó otro fragmento del mensaje del 4 de Mayo del 99, donde insistía en la violencia creciente, en los tipos de violencia; pero también, donde se prefiguraba el surgimiento de la Nación Humana Universal.

Luego de esto, el Maestro tomó el micrófono y con el pecho hacia adelante, en una irreverente y desafiante postura, propia de un impensado Zarathustra americano – con una actitud de esas que la prensa siempre critica – empezó alertando con sorpresa: “Hemos fracasado y seguiremos fracasando una y mil veces en nuestro proyecto de humanización del mundo…! pero insistimos…!! porque vamos montados en las alas de un pájaro llamado Intento que vuela sobre las frustraciones, las debilidades y las pequeñeces…!!!” Todos se rieron y aplaudieron y algunos no pudieron evitar reconocer la referencia poética al momento en el que nos encontramos dentro del diagrama del Arbol.

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La arenga se la puede leer o escuchar por mail y seguramente se lo hizo. También se pueden ver las fotos. Pero lo que no se vio en la transmisión de los datos es que se produjo un inmediato contacto con el sentido y el sonido de las palabras de Silo que reverberaban, una a una, a través del eco devuelto por los cerros. Así, el mensaje subía y bajaba en intensidad por el abra de Punta de Vacas, como subían y bajaban las emociones de los cinco mil oyentes que recogían, suavemente, tales resonancias en su corazón. América: ¡despierta y levántate! parecía decir la cordillera… y algo en el fondo de mi conciencia, me hizo acordar, como en una escena, la extraña visión que tuvo Nietzsche, en los alpes italianos de Sils Maria, hace más de un siglo y medio, presagiando acontecimientos como este….

Mientras tanto, Silo continuaba: “porque la fe que anima nuestro vuelo, es la fe que tenemos en nuestro destino, la fe en la justicia de nuestra acción, la fe en nosotros mismos, la fe en el ser humano…”

Apelando al sentido histórico, el Maestro hizo un justo reconocimiento público a dos grandes almas que, en sus respectivos países y en contra de injusticias sectoriales, lideraron luchas con la Metodología de la No-Violencia: Mahatma Gandhi y Martin Luther King. Desde cierta perspectiva, tal apelación -dicha en la brutal época que vivimos -, le dio un particular sentido al camino abierto por Silo (que, como sabemos, no se agota en esto, para nada), como también ofrece a otros interesados, una referencia enraizada en lo conocido.

Es que muchos temen todavía acercarse a lo nuestro al no poder definir la complejidad del Mensaje; bueno; ahora tienen en sus manos un asidero cierto, un hito reconocido dentro de una epopeya intencional que obviamente va mucho más allá de la superación del odio racial o de la independencia de un país asiático.

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Pero quiero contar dos cosas más. Hacia el final y como se hace ya públicamente desde pocos años atrás, surgió la apelación a lo más importante y profundo: lo sagrado y la posibilidad de experimentarlo. Con suavidad, hizo referencia a este tema, en una forma casi coloquial. En este punto, se percibía en el aire una completa comunión de la audiencia con Silo. Miles de personas quedaron conmovidas no solo por lo dicho, sino por la forma de decirlo, por el tipo de energía que acompañaba a cada palabra…

Y de pronto, saltó el tema de la inmortalidad que modificó, además, el tono general, introduciendo una gracia: “Yo quisiera, amigos, transmitir la certeza de la inmortalidad. Pero, ¿cómo podría lo mortal generar algo inmortal ?” En ese momento justo, disparó la pregunta con un argumento que nadie esperaba: “Tal vez deberíamos preguntarnos sobre cómo es posible que lo inmortal genere la ilusión de la mortalidad..?” La risa fue general y aquellos que recibimos la propuesta de pensar esa originalidad lógica, la verdad, fuimos sorprendidos por tal afirmación. Habíamos vivido engañados desde hace tanto tiempo…..pero bueno; se trata de algo para ser depositado en la corriente del tiempo mental de cada uno…

Todo fue muy extraordinario.

……………..

Terminada la arenga y sus facetas cambiantes, lo extraordinario de ese suceder del 4 de Mayo en la montaña, no había terminado todavía. Faltaban las experiencias; es decir, lo extraordinario continuaba allí como una cosa normal, casi cotidiana. Porque, cuando se ofrecieron las distintas experiencias, lo sucedido con ellas fue histórico. Y lo digo desde diferentes perspectivas. Por ejemplo, creo que nunca sucedió que en un paraje desolado de América del Sur, en plena cordillera, miles de personas pudieran experimentar con un voltaje inusitado, el registro de la Fuerza. Creo que en el cuadernillo de la Religión Interior se hace referencia al hecho de que, cuando multitudes humanas participan del contacto, la energía es enorme. Así fue.

La cosa ya se anticipaba con un clima creciente, pero lo que sucedió superó todo lo conocido. Primero vino la ceremonia de Reconocimiento, con todo lo que significa movilizar cosas y mandatos internos; luego se hizo el Oficio que despertó la Fuerza e, inmediatamente, la Ceremonia de Imposición… ¿que puedo decir de ello? Solo lo que sabemos, si es que alguien tuvo alguna vez este registro peculiar; pero desplegado en un abanico existencial expresado, esta vez, con matices impensados. Desde un punto de vista lógico, se trata de una sucesión; pero desde la vivencia, tal cosa es indescriptible, en particular cuando intervienen tantas personas y en un lugar y en un momento de las características mencionadas. Finalmente, se hizo la ceremonia de Bienestar. Como podrá suponerse, en ese instante sucedió de todo, aunque no hubo espectacularidades externas.

Ahora que lo escribo no puedo creer que todo eso haya pasado de esa manera, en tan poco tiempo. Pero en fin… eso es tema de otro mail.

Un abrazo de

Raúl

raulnoro@arnet.com.ar

 

MARIANGELES – Río Negro

Les aseguro que no se puede describir con palabras lo que siento al haber estado en ese lugar, en ese preciso momento. Cuando me llegó la invitación, al igual que muchos, tuve que sortear dificultades, obstáculos, contradicciones internas… Por suerte, en el medio en que uno actúa siempre hay alguien que lo ayuda a uno a encontrar el camino. Justo en esos días, en el medio en que se mueve mi hijo se estaba generando un entorno muy violento, que nos estaba desequilibrando a todos. Fue por él y su decisión de viajar con “los chicos humanistas”, que armé la mochila y pedí permiso en mi trabajo.

El clima del colectivo, que era tan reparador… te invitaba a la meditación y a la reflexión; y a pesar que viajaban varios niños de distintas edades no nos dimos cuenta: ellos estaban tan relajados como nosotros.

Al entrar a la Ssala de meditación, la emoción me desbordó, sentí que la fuerza obraba por sí sola. Más alegría se sumó a la tarde, cuando me encontré con aquellos amigos que hacía mucho no veía. Y conocer y escuchar a Silo… sin palabras. Y la ceremonia de Protección para mi hijo, para los hijos allí presentes, y para todos los que no estaban y llevé en mi mente… profundo respeto y agradecimiento por aquel regalo espiritual.

Fue ese día que entendí, que no había ido a hacer un pic-nic con amigos, que no había ido a alimentar mi cuerpo físico, sino que había ido a enriquecer y alimentar el espíritu! Cuando volví a mi lugar, todos mis amigos, que no son humanistas me preguntaron: ¿Y…? ¿Cómo te fue?…

Y yo les dije, que no se puede contar con palabras lo que sentí…

Mariángeles

 

 

BLANCA – Buenos Aires

En la semana previa a nuestra celebración de primavera, tuve la oportunidad de ver a mi tío, el hermano mayor de mi madre. Hugo tiene más de ochenta años y es un hombre solitario, amante de la naturaleza y de la música clásica. No terminó la primaria, y trabaja desde pequeñito… aún ahora, sigue trabajando como empleado, a cambio de casa y comida. Vive a tres cuadras de casa, pero no lo había invitado nunca a las reuniones de Experiencia.

Hombre que siempre miró el cielo… Me regaló hace unos años su telescopio, porque ya no ve bien (sólo por los ojos).

Nos vemos poco, pero aquella mañana en que lo vi estaba asustado por un dolor en su brazo izquierdo, y muy ‘nervioso’… Mi madre le estaba tomando la presión. Comencé a hablarle de la celebración y se mostró sorprendido… dijo que siempre le interesó todo lo espiritual y que “entendía mucho de energía…”

Mientras hablaba, entramos en esa franja tan inspiradora en donde no hay yo, ni tú, sino UNO… Le ofrecí el “Regalo” y gustoso lo tomó… Luego sentí la necesidad de tocarlo y le pregunté si me lo permitía… Así hice y luego de unos minutos él había cambiado notablemente, expresando una gran paz. Dijo que contara con él para el 24 y se fue a su casa.

En La Reja estuvo muy silencioso, a pesar de estar rodeado de su hermana y sobrinas… Se sentó primero al pie del Monolito y allí estuvo más de una hora. Luego fue a la Sala y, nuevamente, su conmoción se irradiaba. Al acercarme a él, dijo: “Esto es un Vacío enorme… Y mirá arriba… Es el Infinito…” Justo el Negro entraba a la Sala y pudo saludarlo…

Hoy me comentó que, para él, el N es un hombre santo… Y “por favor, ¿cuándo volvemos a La Reja?, ya que su alma sigue allí, que el lugar lo acompaña siempre, adonde va. Comentó que desde hace una semana no tiene dolores en el cuerpo y se levanta riendo, sonriente… cuando antes lo hacía muy enojado por tener que trabajar… Que él no sabe por qué pero la gente se le acerca, sobre todo los niños, aunque siempre se consideró un ermitaño. Y que ahora a todos les cuenta que vengan y entren “al paraíso”; que pasando el portón de la entrada, en La Reja, se entra al paraíso…Y que lo que más querría es ser un cuidador de esa Sala, para que nadie la dañe. Se llevó las tarjetitas con el Regalo y las ofrece diciendo: “Hacé esto, es lo mejor que podés hacer”.

Bueno, eso es todo por ahora en cuanto al querido Hugo.

Un abrazo.

Blanca.

blancaleal@ciudad.com.ar

MAROLY – Brasil

Ola amigos,

Me gustaría compartir un diálogo que pude tener con el Negro en la Reja el 24 de septiembre. Pienso que quizás pueda ser útil a otras madres (o padres) que muchas veces nos sentimos tan responsables por lo bueno y por lo no tan bueno que le pasa a nuestros hijos…

Nos había avisado Roberto que el Negro estaría por allá disponible y que nos acercásemos si queríamos preguntarle algo. Y asi lo veía. Muy cercano y muy bondadosamente disponible.

Sólo para contextualizar, les cuento que dos de mis hijos pasaron por una fase de mucha rebeldía y terminó por manifestarse una esquizofrenia por vuelta de los 18 años.

Así que en un momento me acerqué y le pedí un segundito.

Me puso la mano en el hombro y nos corrimos un poco a un lado del caminito de la sala.

Entonces le conté que ando envuelta con el tema de la enfermedad mental de mis hijos y me quedé prendida en aquella frase: “Que tus hijos se orienten en dirección opuesta a tus designios tiene más a ver contigo que con tu vecino, y ciertamente, que con un terremoto acontecido en otra latitud del mundo”.

N: Y… ¿cómo lo interpretas?

M: ¡Que yo hice todo mal!

N: Eso es… cómo se interpreta… ¡No te recrimines por lo que no has hecho! No son así las cosas. Son muchos los factores que interfieren. ¡No, vos no parecés alguien que haya hecho todo mal!

Y enérgico me dice: ¡Te estás mortificando con esa tristeza!

M: Es que no sé como perdonarme.

N:  No es una cuestión de perdonarse. Uno se perdona cuando hay culpa !Si no hay culpa…..no hay qué perdonarse… ¿Haces las ceremonias?

M: Eventualmente.

N: Se pone la mano en el pecho y dice: No es una cuestión de palabras, sino de registros…

M: ¿Y cómo salgo de eso?

Estábamos muy cercanos y entonces me mira en los ojos y afirma – “Ya saliste! Ahora es la hora. Ahora! Ya saliste”.

Le agradecí y nos despedimos.

Me tomó entonces una fuerte conmoción…. ¡Y qué lindo poder mojarse en el agua de la fuente en ese momento!

Y algo se me soltó en el pecho, una alegria brotó como una lucecita bien dulce que se expandió…

Pude comprender que, tantas veces, en ese “proceso” de ser más humanos, cerramos el foco y nos olvidamos de la amplitud que tiene ese paisaje.

Agradezco a todos.

Un cálido abraço.

Maroly

marolypenteado@terra.com.br

VIKY – Madrid

Hola!
Es difícil describir y recordar punto por punto lo que pasó y lo que el Negro hizo y dijo ayer 11 de septiembre en Toledo. Aquí os va un poquito de lo que yo viví.

Fui sintiendo una preparación desde algunos meses antes, cuando supimos que el Negro nos haría una visita y ya sabíamos que sería más que buena! Se rumoreaba que pensáramos en aquello que nos gustaría preguntar, eso nos fue haciendo buscar adentro y charlar mucho unos con otros.

Según se acercaba el día, era como ir buscando más adentro y como si nos fueramos preparando para “El Festival”. Así llegó el sabado en una cena festiva, llena de sonrisas, reencuentros, abrazos, expectativas positivas, saludos, encuentros con amigos nuevos…

La sintonía era cada vez mayor, logrando esa buena frecuencia que nos caracteriza cuando nos lo proponemos y hay una imagen movilizadora común a todos. En esta ocasión la imagen era la presencia del Maestro (con su carga especial) y las ceremonias que compartiríamos.

A la cena, recién llegados del aeropuerto, llegó el Maestro acompañado de unos cuantos. Ya imagináis la alegría de todos nosotros y la calidez extraordinaria y paciente del Negro. Como anécdota os cuento que los niños de 3 amigas se hicieron un sinfín de fotos con él y, en un momento, una de las niñitas insistía a su hermanito para que se hiciera una foto con Silo. El niño no quería y entonces el Negro le dijo a la niña: “Recuerda que cuando fuerzas algo hacia un fin produces lo contrario”. Y al niñito le dijo “Si no quieres no lo hagas”.

Llegó el 11. El Negro tardó casi dos horas en subir la cuesta: fotos, abrazos, saludos, más fotos… Luego empezó a hablar, nos dijo que íbamos a ver si podíamos entrar en una misma frecuencia, sintonizarnos, que no estábamos allí para hablar sino para HACER, insistía: vamos a ver si podemos entrar en sintonía, probemos, probemos, sin apuro, sin apuro… Comentó que entráramos como en una esfera y que todo lo de fuera no importara nada (recuerdo que cuando decía esto se reía lúdicamente)… Parecía que estaba midiendo la afinación de esa orquesta que puso como ejemplo y que éramos todos nosotros.

Cuando le pareció adecuado empezó la Imposición y se fue deteniendo en cada frase: “Mi mente está inquieta“, nosotros repetíamos y él añadía: “Mi mente esta inquieta, llena de pensamientos, de ruidos.. llena de pensamientos…Repitamos, afinemos los instrumentos: Mi mente esta inquieta” y más conscientes repetíamos todos… “Mi corazón sobresaltado“, repetíamos y él añadía algo así como “Mi corazón sobresaltado, siento mi corazón sobresaltado”. Mi cuerpo tenso” repetíamos todos y él añadía “Esto es más fácil, mi cuerpo tenso, lo registro más fácil” y muchos sonreímos y reímos en medio de la ceremonia sin perder nada de atención. Por el contrario, como si ésta creciera con la ayuda y orientación que con sus palabras, cálidas y claras, nos ofrecía. “Aflojo mi cuerpo, mi corazón y mi mente” repetíamos todos y él seguía enfatizando, recordándonos: “Así que aflojo mi corazón, mi mente y mi cuerpo”.

Enfatizó en cada palabra del resto de la ceremonia, sin solemnidad, de un modo cercano, como un Guía. Conchi nos invitó a poner la mano en el pecho para recibir la Fuerza y, cuando llegó la invitación de concentrar la Fuerza recibida en aquello que necesitamos realmente, el Negro nos enfatizó de nuevo: “en aquello que necesitemos realmente, ¿qué necesitamos realmente?” y cada uno lanzó una búsqueda más profunda y sentida. Después de unos instantes de silencio donde las almas hablaban, el Negro nos saludó con las palabras y la carga de Paz, Fuerza y Alegría para todos! y todos nos unimos para devolverle todo lo que pudimos.

La siguiente ceremonia fue la de Bienestar, con el mismo tono cercano, profundo, interno, suave y firme a un tiempo… facilitador! Algo seguía expandiéndose con facilidad… recordad vuestros mejores registros y sabréis a la perfección lo que pasó! Acabó la ceremonia con un nuevo saludo sentido de Paz, Fuerza y Alegría. Breve silencio y surgieron muchos abrazos de todo tipo: más fuertes, más calmos, más emocionados, más brillantes, más conciliadores, más conmovidos, más…

Poco a poco, lentamente, fuimos bajando a una semiesfera hecha por carpas y siguieron las charlas, los abrazos, la comunicación, los intercambios… En un momentito ví al Negro que le estaba respondiendo a Rosa, supuse que le había preguntado por la despedida y ayuda a la gente querida que se nos ha muerto, pero lo que decía, a mí me resonaba a cualquier relación que vivimos.

Lo poquito que alcancé a escuchar fue algo así: “Los afectos, sí, todo un tema esto de los afectos. Uno hace su parte, pero luego tienes que soltar, sí soltar. Los afectos… Sí, soltar es importante, es importante para uno y es importante para ellos; soltar, dejar que se vayan (y la miraba con una rotunda bondad mientras se lo decía). Sí, es importante para uno y es importante también para ellos”.

Es un tema de reflexión.

Seguro que habrá miles de “anécdotas” y charlas jugosas que nos irán llegando, pero quería ofreceros un poquito de lo que yo viví. Espero no haberos cansado mucho y sí haber ayudado a que conectéis de nuevo con “eso” tan fuerte y profundo que nos une!

Un gran abrazo para tod@s con toda la Paz, Fuerza y Alegría de que soy capaz!

Viky

victorim@mi.madritel.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VII.

Reflexiones

 

MAYTE – Alcalá de Henares

En abril del 2003 mi hija murió de un accidente de escalada, lo cual más abajo contaré en detalle. Y en noviembre del mismo año murió mi madre, cosa que también contaré.

Pero quiero decir, ante todo, que no creo en la muerte, desde que presencié a los 16 años cómo se fue mi abuela; y a la que acompañé durante todo su último día de estancia en la Tierra. Hasta ese momento tenía otro concepto de la muerte: pensaba que sobrevenía de golpe, sin que nosotros supiéramos que iba a suceder.

Mi abuela fue una mujer de campo, tenían un cortijo en Córdoba, España. Siempre había trabajado en el campo, muy en contacto con la naturaleza. Cuando se hizo mayor, una tía mía se la trajo a Madrid porque pensábamos que aquí había mejores médicos y estaría mejor atendida.

Hubo un momento en el que dijo que la llevasen con la otra hija, que seguía viviendo en una aldea de Córdoba, porque quería morir allí. Eso fue en el verano de 1966. La llevaron, y mi tía la de Madrid, mi prima y yo fuimos en noviembre del mismo año.

Mi abuela tenía 75 años, en aquellos tiempos, muy mayor. Ya hacía pocos trabajos, se levantaba, desayunaba y daba de comer a las gallinas.

Ese día, como los demás, hizo su trabajo y a continuación fue a mi tía la de Córdoba y le dijo que avisaran a todos sus hijos porque iba a morirse. No sé si en esos meses hablaron algo entre ellas, el caso es que nadie se cuestionó nada, mis tíos y primos se pusieron en acción.

Mi tía y su marido se fueron a avisar a otros tíos que vivían en cortijos de pueblos cercanos, mis primos fueron a recoger a las cabras y las bestias que estaban pastando, la tía de Madrid fue a llamar a mi madre por teléfono, para que fuera para allá.

Mi abuela se acostó y yo me quedé con ella, estuve todo el día a su lado. Serían las diez de la mañana cuando ella comunicó que iba a morirse. Yo a ratos rezaba, otros ratos la tocaba y notaba como iban enfriándosele los pies y las manos, poco a poco. Yo intentaba calentarla con mi aliento, darle masajes. A las 9 de la noche llegaron mi madre y mi hermano, los últimos en llegar, porque eran los que estaban más lejos.

Mi abuela, que había permanecido todo el día en silencio y con los ojos cerrados, los abrió, se despidió de todos y nos dijo que se iba con otro tío mío, el hijo más pequeño de ella que había muerto varios años antes. Hizo un estertor con la garganta y se fue.

Esta forma de irse y la edad que yo tenía (16 años), me dejó muy choqueada. Entonces, era eso la muerte! Era irse, era dejar este cuerpo. Entonces la muerte real no existía, sólo era eso, no había trauma. Ella se despidió de unos hijos como si se fuera de viaje con el otro hijo.

Desde entonces no creo en la muerte. Y ahora he tenido más experiencias con las que puedo asegurar que la muerte no existe.

Pero también sé por experiencia, que uno no se va igual cuando está pillado por la materia, a cuando no tiene nada material. Cuando antes de irse uno se ha ido desprendiendo de las cosas, cuando previamente uno ha soltado o se ha preparado a soltar todo, la muerte es distinta.

Mi hermana mayor murió hace unos 15 años y yo la vi una semana antes aproximadamente. De ella no voy a hablar porque la llevó muy mal, antes de dejarnos. Y después, varios familiares hemos tenido experiencias muy desagradables, después de dejarnos, en los días siguientes, mes, mes y medio, aproximadamente… Estaba muy apegada a la materia, no quería morir por lo que dejaba: el piso, el chalet, el coche. No sólo a la familia. También por no haber hecho en la vida lo que ella quería, sino lo que los demás querían que hiciera; no se rebeló al sometimiento del que fue víctima, tanto por parte de mis padres, como después de su marido. Vivió haciendo lo que se supone que una mujer debe hacer.

Prefiero hablar de la muerte de mi hija, porque ha sido algo extraordinario.

Ella llevaba viviendo fuera de casa hacía aproximadamente dos o tres años, con el que era su novio. Después se dejaron y ella se fue a vivir con unos amigos, aquí cerca de casa; nos veíamos todas las semanas.

Un día, en noviembre de 2002, vino a casa y me preguntó si no me importaba que volviese a vivir conmigo. Por supuesto, le dije que mi casa era su casa y ella podía vivir donde le diese la gana. Se vino y a los pocos días me dijo que se estaba muriendo, que se estaba muriendo sicológicamente.

Lloraba tan triste y amargamente, diciéndome que todavía era muy joven para morir… Salí de la habitación porque se me partía el alma, no sabía qué pensar, ni qué decir. No entendía qué era lo que estaba pasando. Cuando pude volver a entrar ya estaba más tranquila y me preguntó si yo tenía algo con lo que se pudiera orientar.

Yo llevo en el Movimiento Humanista desde 1981, aunque no continuamente, pero sí en ideas y en el intento de aplicación de las mismas; desde que ella tenía 5 años. En el momento de decirme esto, ella tenía 26. No ha sido nunca miembro de estructura, por sus motivos; pero sí su educación ha sido con los Principios, ha trabajado con la Fuerza y el Guía desde pequeña y ha estado en nuestra onda a su manera.

Cuando me dijo que se estaba muriendo sicológicamente, yo quise interpretarlo que quizá lo que le estaba pasando era que estaba saliendo de la vitalidad difusa por la vía de la muerte. Entonces le dejé el libro la Mirada Interna y estuvimos comentando los procesos internos por los que pasa la conciencia en el proceso evolutivo, cómo se caen las creencias, etc.

Ella siguió llevando una vida normal y de vez en cuando me llamaba para hablar sobre ciertos temas, para ver qué era lo que yo pensaba. Por ejemplo, quién creía yo que éramos nosotros. Lo que se me ocurrió decirle fue que creía que éramos un ser muy grande y muy importante que necesitaba evolucionar y se proyectaba en nosotros, para tener experiencias que sólo a través de la materia se podían tener, como es el soltar, desprenderse de todo lo material. Porque sino perderían sentido tanto la muerte como los fracasos, los accidentes o las tragedias naturales, porque hay gente que lo pierde todo en un momento, en una tragedia, en una guerra.

También hablamos de la muerte y una vez más le conté como se fue mi abuela, y la falta de creencia que yo tenía en la muerte. También estuvimos hablando de que el ser humano estaba en continúo proceso evolutivo, y quién sabe si a lo mejor en esta misma generación llegábamos al punto de poder tener una cierta comunicación con las personas queridas que se encuentran en el otro lado.

Poco a poco me fui dando cuenta de que la muerte de la que ella hablaba, no era un proceso de conciencia (que también). Más bien ella, de alguna manera que no sabía explicarme, o no me explico, notaba o intuía que el momento de irse estaba cerca. Alguna vez me decía que me iba a dejar solita, que quisiera mucho a mi pareja. También hablábamos del amor y las distintas formas de querer a unos y a otros, de lo importante que era la reconciliación con todo lo que nos pudieran haber hecho de daño otras personas en la vida, y cómo cada uno está en un proceso evolutivo diferente, aunque la humanidad en su conjunto vaya en esa dirección. Porque hay cosas que los humanistas hablamos y otros tienen miedo de hablar, como es el tema de la muerte. También hablamos de si yo sabía de algún caso parecido al de ella, pero yo no tenía más información que la experiencia con mi abuela.

En febrero del 2003 hizo un viaje a Málaga de unos días, se fue sola con el coche de su padre, que lo había dejado en Madrid y fue a llevárselo. En el camino me llamó por teléfono y me dijo que había estado a punto de tener un accidente. En la autovía había tenido un reventón de la rueda y le había costado mucho controlar el coche. Pero que me quedase tranquila, que estaba bien.

A ella le gustaban mucho los deportes de alto riesgo, practicaba el snowboard, el submarinismo, el puenting y la escalada. Según la mujer de mi hijo, que también practica alguno de estos deportes y entre ellas habían hablado del tema, parece ser que mi hija tenía un alto nivel como escaladora, un nivel 6, cuando dicen que en España puede haber unos 4 o 5 escaladores solamente con un nivel 8. Ella había escalado paredes lisas.

Su padre vive en un pueblo precioso de Málaga que se llama Nerja, donde se rodó la película “Verano azul”. Ella nació allí (en realidad nació en Málaga pero estaba registrada como nacida allí), y mi hijo vive allí desde hace 11 años.

Entre finales de marzo y primeros de abril, empezó a tener algunos momentos de nerviosismo o alteración, pero después se calmaba. Seguía haciendo una vida normal, yendo a trabajar a Madrid y saliendo con los amigos.

En una ocasión me comentó que oía como la gente hablaba de ella, que porqué todo el mundo tenía que hablar de ella, todo el mundo la juzgaba, si no tenían otra cosa que hacer, que los oía hablar de ella aunque estuviese a 200 m. Le dije que eso sería una obsesión suya y además, qué importancia tenía eso si a ella le encantaba ser el centro de la atención, si la gente hablaba de ella era porque les importaba, si no les importase no le prestarían atención. Se sonrió y estuvo de acuerdo.

En otra ocasión, como una semana antes de morir, me dijo que algo iba a suceder, que alguien o ella iban a hacer algo que iba a hacer sufrir a sus amigos y a ella; y que no quería que nadie sufriera por culpa suya, ni sufrir ella por culpa de nadie.

También un mes antes aproximadamente me había dicho que le apetecía mucho escalar un edificio. Yo le dije que estaba loca, que si tenía la sensación de ir a morir, y no estaba enferma, entonces posiblemente estaba intuyendo la muerte por accidente, y si le apetecía tanto escalar un edificio esa era quizá la forma en que iba a morir. Ella se sonrió burlonamente y me dijo que eso era mucho menos peligroso de lo que la gente pensaba, pero que me quedase tranquila que una cosa era que le apeteciese y otra que lo fuera a hacer, por lo menos de momento.

Me quedé más tranquila y se sucedieron los días. Como dos semanas antes me dijo que iba a dejar el trabajo porque se estaba planteando irse a vivir una temporada a Nerja, que allí tenía trabajo y así cambiaba de aires. De momento pensaba irse a pasar unos cinco días porque a su padre que trabaja en el mar (en aduanas) le habían mandado a Cádiz y tenía que quedarse con su hermanillo, (un hijo que ha tenido él con otra mujer después de separarnos) que tenía 16 años, para hacerle la comida y estar al cuidado. También quería hablar con él para ver si podía llevarse a su gata al chalet, porque en casa estaba muy encerrada.

En las últimas dos semanas tenía momentos en los que parecía que no estaba en ella, andaba por la casa sin vida, sin vitalidad, como si fuese un fantasma, era como si la energía se fuese de ella en algunos momentos; y en otros estaba igual de vital que siempre. Se aisló bastante y le dio mucho por la lectura religiosa, se había comprado libritos con frases de distintas religiones y filosofías, de distintas culturas, libros budistas.

Estuvo leyendo el libro de la Comunidad. Yo le recomendé que trabajara con el Guía, que leyera la experiencia de la Muerte. Porque se percibía que la tenía encima, yo también lo notaba, se estaba yendo por momentos. Había ido al médico pero no tenía nada. Sólo se estaba yendo…

Ella murió el lunes 21 de abril, nada más terminar la Semana Santa.

El jueves de la semana anterior se levantó muy alegre y me dijo que había tenido un sueño muy bonito: estaba en una pradera soleada, apoyada en un árbol y entonces se acercó el primo (llamaba así a un muy buen amigo suyo que había muerto el año anterior en febrero, en un accidente de escalada en Suiza por un alud y por el que lloró mucho porque ella le quería como si fuera su hermano) y estuvieron abrazándose… Y me agarró fuertemente de los brazos y me dijo: “Mayte el primo está vivo, tan vivo como tú y como yo!” Entonces le dije que no tenía muy claro si los muertos éramos nosotros o los que se habían ido, porque creo que la materia es un filtro que nos impide percibir muchas cosas de la vida.

El viernes a media noche se levantó y me dijo que su padre había muerto, que había sentido como se cortaba el cordón que la conectaba con él. La tranquilicé diciéndole que al día siguiente le llamase por teléfono, y si había sucedido algo ya tendría tiempo de llorar, al tocarla noté que estaba fría como un muerto, pensé que la que estaba muriéndose era ella, le dije que se acostara conmigo para poder darle calor.

El sábado mi pareja tenía libre y fuimos a dar una vuelta por el río, cuando volvimos ella había preparado una rica comida, tenía toda la casa limpia y había hecho las maletas para irse a Nerja. Comimos y todo bien. A las 5h. yo estaba en el ordenador y me dijo: “bueno ya me voy”, se despidió de su gata y me dio un beso. Abrió la puerta de la calle y entonces me vino la sensación de que quizá fuese la última vez que la viese con vida. Me levanté y salí al descansillo a darnos un fuerte abrazo. Por cierto, en estos cinco meses que ella estuvo en casa, con ese presentimiento, nos dábamos fuertes y largos abrazos, con todo el amor, de vez en cuando.

Cuando ella llegó a Nerja mi hijo me llamó varias veces, estaba preocupado por lo que mi hija decía, para ella estaba muriéndose mucha gente, notaba que se moría su abuela y tuvo que llamarla por teléfono para tranquilizarse, al rato sentía que se moría su ex novio y tuvo que llamarle. Yo le comenté que no cogiera ningún coche, pensaba que el accidente quizá fuese a tenerlo con el coche, pero a mi hijo no le dije nada de los presentimientos de ella, para no asustarlo. Hablé con ella por teléfono, la encontré tranquila y le dije que se cuidase, que la quería mucho; ella me dijo que también me quería mucho y esas fueron nuestras últimas palabras.

Mi hijo (Sergio) me dijo que tuvo una conversación con ella y quedaron con que el lunes iba a ir a un psicólogo a ver qué era lo que le estaba pasando. Yo ya se lo había dicho con anterioridad, cuando me hablaba de las sensaciones que tenía, de que se iba a morir pronto. Ella me decía: “qué me va a decir un psicólogo que no hayas dicho tú o yo”.

El lunes volvió a llamarme mi hijo para decirme que Sandra (así se llamaba mi hija) se había levantado muy temprano y se había ido de la casa dejando la puerta abierta. Habían quedado antes que ella iba a acompañar al hermanillo (Rafilla) al instituto, y al final tuvo que llevarle él, porque ella se había marchado y sin decir nada.

A las 11hs. de la noche me volvió a llamar Sergio. Me dijo que me fuese para Nerja que Sandra había tenido un accidente y había pasado lo peor.

Llamé a mi hermano y le dije lo que había pasado, me dijo que no cogiera yo el coche que me llevaba él. Cuando llegamos a Nerja, Sergio me dijo que la jueza quería hablar con el padre de Sandra y con la madre.

Fuimos a ver a la jueza. Ella dijo que Sandra se había suicidado, se había tirado desde la azotea de un edificio, uno de los más altos de Nerja, de cinco pisos. No la habían asesinado, porque no había huellas de pelea y además varios vecinos la habían visto sola en la azotea y habían visto como se tiraba. Yo le dije que mi hija no se había suicidado, que tenía otros planes. Pero no me quiso escuchar, la investigación estaba abierta y sólo faltaba saber quién le había facilitado la llave de la puerta a la azotea para que ella pudiera acceder a la misma, puesto que estaba cerrada; alguien tenía que haberla ayudado a llegar allí. Pues como la jueza no quiso escucharme, Sergio me dijo: “deja que sigan con la investigación”.

Yo no quise ver el cuerpo, prefería quedarme con el recuerdo de ella viva. También tenía miedo a desmoronarme delante de mi hijo; que ya lo estaba pasando bastante mal, puesto que había tenido que ser él que fuera al depósito a reconocer el cuerpo; porque habían oído decir que se había suicidado una giri (así llaman a los extranjeros allí) de unos 19 o 20 años, que era la novia del hijo del conserje del edificio.

Ahora que tengo el atestado veo que los testigos la han visto tirarse de formas diferentes. Uno dice que estaba sentada en el pollete y le dijo que se metiera para dentro y se tiró; otra dice que estaba de pie en el pollete y se tiró; y un chaval de unos 14 años dice que estaba haciendo como si estuviese andando por una cuerda y se tiró. Entiendo que cada cual cuenta parte de los movimientos que hizo: estaba sentada, intento meterse hacia la azotea, para eso se pondría de pie en el pollete, porque si lo intenta hacer sentada se cae de espaldas, y cuando está de pié resbala. Luego la policía judicial añade algo más: la empuja el viento, puesto que a la distancia y la forma en que ha caído del edificio, ha tenido que ser empujada por algo.

Como salimos el lunes por la noche, a Nerja llegamos el martes.

Ese día, martes, sólo me interesaba saber en qué estado estaba ella. No su cuerpo, no creía lo del suicidio, pero tenía la intranquilidad porque me había dicho la jueza que la habían visto tirarse. Sólo quería una señal de que ella estaba bien.

El día estaba triste, todo el tiempo estuvo lloviendo fuerte, era como si estuviésemos contagiando todo con nuestra tristeza – y creo yo que también la de ella – a la naturaleza. Por la noche hice la experiencia de Paz, llamé al Guía y como no percibía nada intenté dormir. Al darme media vuelta tuve la sensación de que algo me abrazaba de la misma forma en que me había abrazado Sandra el viernes, cuando durmió conmigo.

Para mí fue suficiente para saber que estaba bien.

Al día siguiente me levanté con mejor ánimo, el sol empezó a lucir, y mi hijo me comentó que la gente decía en la calle que ya había llegado el verano.

Mi suegra me llamó para decirme: “mi nieta no se ha suicidado, mi nieta ha tenido un accidente, porque yo lo sé”. Le dije que también yo lo sabía, pero a ver que salía de la investigación.

El jueves por la mañana la policía judicial llamó a mi hijo para que fuéramos a hablar con ellos. Cuando llegamos nos preguntaron qué era lo que pensábamos nosotros que había pasado. Nosotros le dijimos que pensábamos que había sido un accidente, que Sandra era escaladora y me había dicho que le apetecía mucho escalar un edificio. El policía que nos atendió, que era uno de los que llevaba el caso, abrió las manos hacia arriba y nos dijo: “caso resuelto, no sabíamos por donde continuar la investigación, en el edificio nadie la conocía, es un edificio de reciente entrega, (nuevo), no llevaba ni un año habitado, las llaves de la azotea las tenía el presidente del bloque y nunca se las había dejado a nadie y nadie había subido allí”.

Luego, los vecinos habían visto que ella estuvo asomándose por toda la azotea. Si para los vecinos que la habían visto eso significaba que estaba buscando por dónde tirarse, para los policías esa era más bien una forma de buscar una salida, más propia de la conducta de un escalador. Nos dijeron que ellos tenían experiencia, por haber investigado bastantes casos de suicidio, y este no coincidía con la conducta del suicida. Porque, según nos dijeron, si hubiera querido tirarse lo habría hecho por un sitio donde no había ningún obstáculo, y desde donde ella se cayó había un pollete como una barandilla de ladrillo y cemento. Más bien, ellos pensaban que había resbalado y además que hacía mucho viento y este había tenido que empujarla porque ella cayó bastante separada del edificio y dio una vuelta en el aire, como si la hubiesen empujado. Nosotros también descartábamos el suicidio, porque yo vivo en un 7º piso, bastante más alto que desde donde cayó ella. Si pensase en el suicidio no iba a ir a Nerja expresamente a suicidarse, un día antes estaba en Alcalá, y si tenía problemas habría sido aquí, que era donde ella vivía.

El viernes vinieron los amigos de mi hijo para acompañarle en el mal trago, estábamos hablando tranquilamente en el salón. Sergio fue a preparar un café y empecé a notar como una alegría grande por dentro que no podía contener. Me extrañó. Pensé: no estoy tan mal, pero tampoco me alegro de que haya muerto. Esta alegría iba creciendo, entonces le dije a mi hijo que iba a dar una vuelta (quería observar qué era lo que me estaba pasando).

Su casa queda cerca del río, a unos 20m. Me fui a dar una vuelta por el río y, a los diez o quince pasos, la vi, a unos 20 o 30 cms. de mí. Sólo su cara. La cara era de luz. Nunca he visto nada igual, era bellísima, resplandeciente, los rayos de luz salían de su cara, sólo podía conocerla por sus facciones, el resto era una luz que no dañaba a la vista. Me quedé atónita, sólo pude pronunciar su nombre.

No sé el tiempo que duró esta visión, después me vino una sensación de comprensión, como de comprensión de todo. Cuando se me fue el efecto ese, me puse a pensar: comprensión ¿de qué? comprensión de que la muerte no existe? eso ya lo creía. comprensión de que ella estaba bien? eso sí, eso me ha dado mucha tranquilidad. Su expresión era de Paz, Felicidad, Éxtasis.

Si tengo que comparar con algo lo que ví, diría que se había convertido en un ángel. He intentado, con montaje fotográfico, lograr una imagen parecida a lo que vi; desde luego no tiene ni punto de comparación, porque la expresión que ví, nunca se la he visto en la vida material.

Entre el sábado y el domingo, vinieron los amigos de mi hija. Desde Alcalá alquilaron un autocar y varios coches, tanto de amigos como de padres de ellos. También vinieron amigos de ella de Almería y Canarias, desde Inglaterra, los de Nerja, el domingo se hizo una pequeña ceremonia en la iglesia del Balcón de Europa, porque también había mucha gente mayor. La iglesia estaba llena de gente, yo creo que el cura alucinó con la cantidad de gente joven que había, seguro que nunca había visto en la iglesia tanta gente joven como aquel día. Desde allí llevamos las cenizas a una playa que hay al lado, porque así lo decidió su ex novio y mejor amigo. Habría unas trescientas personas, o más.

Sus amigos eran escaladores, buzos, esquiadores. La mayoría de los jóvenes que había yo no los conocía, pero todos tenían lágrimas en los ojos, todos lloraban, sus amigos y sus amigas. Yo intentaba animarlos, me vino a la cabeza lo que me había dicho ella, de que algo iba a suceder, alguien o ella iban a hacer algo que iba a hacer sufrir a sus amigos y a ella; y que no quería que nadie sufriera por su culpa, ni ella sufrir por culpa de nadie. Ví la escena e intenté animar a los amigos diciéndoles que ella estaba bien, ella estaba muy bien, que no sufrieran por ella, que eso era lo que menos quería ella, ver sufrir a sus amigos por su culpa; que la tristeza por los muertos es algo cultural. Intenté animar también al ex novio, que estaba destrozado y se culpaba. Pero yo sé que el no tenía culpa de nada. Nadie tenía la culpa de nada. Ella estaba liberada y eso era bueno, no era malo. Un chico que yo no conocía se acercó y me preguntó si yo era la madre de Sandra, entonces me agradeció la actitud que tenía, porque les reconfortaba.

En los días que sucedieron a su muerte todo el mundo lo comentaba, todos hacían sus juicios, tanto en Nerja como en Alcalá se corrió la voz del suicidio, salió en algunos medios de comunicación. ¡Ella me había dicho que todo el mundo hablaba de ella, si no tenían otra cosa que hacer, nada más que juzgarla, que los oía aunque estuviera a doscientos metros, sabía que hablan de ella! ¡Curioso!

Volví a Alcalá, saqué todas sus cosas del armario para instalar en esa habitación a mi madre que estaba ocupando otra más pequeña. En esos momentos mi madre estaba en casa de mi hermana. Saqué todo su calzado. Cuando se me caían las lagrimas le pedía perdón por estar triste por su partida y le pedía que me comprendiera.

A los dos o tres días de mi vuelta empezó su habitación a oler a rosas, al principio muy suave; según pasaban los días cada vez más fuerte. Yo no tenía ni colonia ni ambientador con olor a rosas en la casa, nunca lo había tenido, y rosas menos. Llegó un punto en el que pensé dejar abierta la puerta de la habitación para que me perfumase toda la casa. La tenía cerrada para que las gatas – con la de ella tengo tres gatas en casa – no estuvieran pisoteando su ropa, la cual iba lavando y planchando y ordenándola para dar o para quedarme. Ese olor duró aproximadamente un mes y medio, en ese tiempo no me atreví a meter a mi madre en la habitación porque me encantaba el olor que tenía y no quería quitárselo.

Un día voy a la habitación donde tengo el ordenador, y dejo pasar a su gata y veo que está como transpuesta, como muerta; y la llamo y no se mueve, la toco y no se mueve, entonces me asusto porque pienso que también está muerta, me acerco más a ella con la cara para ver si la noto respirar y tiene un fuerte olor a rosas. Entonces le digo a mi pareja que venga a olerla, a ver qué le parece. Se acerca y me dice: ¡huele a rosas! Entonces sé que no es paranoia mía, que no es que me esté trastornando, no soy la única que percibe las cosas. ¿Se estaba despidiendo mi hija de su gata?…

Me encuentro un día a una amiga de ella y me dice que le ha pasado una cosa muy rara. Cuando iba a trabajar, se para en un semáforo donde había bastante gente, iba pensando en Sandra y saltándosele las lágrimas, y de repente le cae una piedra en la cabeza, a ella! habiendo tanta gente, en un sitio donde no hay piedras… Y piensa que ha sido Sandra, que no quiere que ella llore por su muerte.

Coincido con la madre del ex novio de Sandra en el hospital al cabo de los meses, cuando a mi madre le da el infarto. Y hablando de la muerte y de cómo lo llevo, le cuento que había visto a Sandra, como lo he contado anteriormente. Ella me dice que no se ha atrevido a contárselo a nadie, ni siquiera a su marido, para que no la tachen de loca, me lo contaba a mí, por lo que yo le había contado. Dice que Sandra había estado a su lado, que había notado su presencia, había ido a visitarla. Sandra la quería mucho, y no me extraña.

Mi hijo me llamó a los pocos días de venirme y me dijo que su novia estaba tonta, que estaba asustada. Estaba diciendo que Sandra estaba en la casa, que la sentía detrás de ella en el pasillo. Y hasta en una ocasión la había tocado en el hombro, ella pensó que era mi hijo y le dijo ¿qué?, y al volverse no había nadie. Le dije que no se asustaran, que Sandra estaba queriendo demostrar de alguna manera que la muerte no existe. Que ella seguía viva.

Cuando le da el infarto a mi madre, a finales de octubre, se queda inválida de medio cuerpo y pierde el habla. Pasó 21 días en el Hospital de Alcalá, el Príncipe de Asturias.

Los hijos y las nueras nos turnábamos para no dejarla sola ni un momento en el Hospital, nos pusimos turnos. En uno de esos turnos en los que voy yo, veo que mi madre está mirando para una esquina de la habitación como si hubiera alguien allí. Entonces le digo, ¿tienes visita? ¿quién ha venido a visitarte, tu madre, Araceli (así se llama mi hermana, la que murió hace años) o es Sandra? Cuando murió mi hija decidimos no decir nada a mi madre porque era su ojito derecho y mi madre era muy mayor para soportar el dolor, decidí decirle que había encontrado trabajo en Nerja y se había quedado a pasar una temporada. De todas formas mi madre llevaba ya varios años con demencia senil, había perdido bastante la cabeza, no nos conocía.

Al nombrarle a Sandra, frunció la frente (como para verla mejor, mi madre usaba gafas y en ese momento no las tenía puestas) me miró a mí, volvió a mirar a la esquina, volvió a mirarme a mí, cerro los ojos y se durmió.

Durante el tiempo en que mi madre estuvo en el hospital, pude hacerle la experiencia de Paz, y la Ceremonia de Bienestar. Ya tenía el librito del Mensaje, cosa que no pude trabajar con mi hija porque todavía no tenía el librito. También le dije a uno de mis hermanos que avisara a un cura para que le diera la Extremaunción, puesto que mi madre era católica y practicante. Pensé que quizá eso también la ayudaría, la mayoría del tiempo que pasó en el hospital estuvo sedada, era demasiado mayor para hacerle ninguna intervención, murió con 91 años. Sólo era esperar a ver el cuerpo cómo reaccionaba; y calmantes y alimentación por vena.

Uno de esos días, yo ya la veía muy deteriorada y sin ganas de seguir viviendo, entonces hice un pedido a Sandra para que no la dejara sola, mi madre en los últimos meses tenía mucho miedo a quedarse sola.

Cuando hice el pedido a Sandra, oí dentro de mi cabeza su voz diciéndome: “tranquila mami, no te preocupes”. La habitación se llenó de una presencia, había una atmósfera de algo, entonces me levanté y dije en voz alta: “Sandra estás aquí, siento tu presencia”. Fue tan fuerte la sensación que tuve.

Al día siguiente, cuando fui al Hospital, eran sobre las 7 de la tarde, mi madre abrió los ojos, me miraba como despidiéndose, con los ojos llorosos. Entonces se me ocurrió decirle que estuviera tranquila, que no tuviera miedo, que en ningún momento se iba a ver sola, mientras estuviera aquí los hijos nos íbamos a turnar en estar con ella y, si decidía irse, Sandra me había dicho que no me preocupase que iba a estar con ella. También le dije lo mucho que la quería y la iba a querer siempre.

Vinieron las enfermeras y la cambiaron de habitación, para que no tuviera otras personas enfermas en su habitación que la incomodaran, así estábamos las dos solitas. Al rato empezó a respirar más profundamente, fue el tipo de respiración que hacemos cuando hacemos la experiencia de paz o de Fuerza. Empezó despacio, cada vez la respiración era más amplia y profunda y, después de unas cuantas veces, dejó de respirar.

Ya han pasado dos años. Sigo teniendo sensaciones en mi interior, en mi corazón, en muchas ocasiones me invade una paz, amor y calidez que creo que es Sandra la que me lo trasmite. De todas formas, ella me dijo que repitiese una frase muchas veces y la sensación me viene repitiendo esa frase: Om mani padme Um. Sé que es un rezo de los budistas.

En diciembre del 2004 se casó mi hijo y la mujer quedó embarazada enseguida porque fueron a buscar un hijo pronto. Ya no son demasiado jóvenes y no querían tener hijos en edad muy avanzada.

El 30 de septiembre del 2005, después de comer me recuesto en el tresillo, para hacer un pequeño descanso, mientras veo la tele. Me viene la imagen de Sandra a la cabeza, y pienso: “mi niña, cuanto te quiero!” E intento seguir viendo la tele. La imagen persiste en mi cabeza, vuelvo a pensar lo mismo, la imagen no me deja ver la tele, persiste en mi cabeza, entonces me siento en el tresillo y le digo: “Sandra, creo que me quieres decir algo pero no te entiendo, ¿va a nacer el niño?, ¿le pasa algo a Nieves?” (así se llama la mujer de mi hijo). “Bueno – sigo diciendo – esta noche les llamo y me quedo más tranquila”. Había hablado con ellos dos o tres días antes.

Mi hijo sale de trabajar a las 11 de la noche y no suele llegar a casa antes de las 11,30. Pero a partir de las 11 no hago más que mirar el reloj. Esto me empieza a poner nerviosa, entonces decido llamar aunque no pueda hablar con él; pienso que hablo con Nieves y me quedo tranquila. Llamo y no cogen el teléfono. Entonces pienso que puede estar en casa de la madre o, como es viernes, a lo mejor ha salido antes de trabajar o ha librado y han salido a dar una vuelta. Les llamo a las 11,20; dejo el mensaje de que les llamaré al día siguiente, que no pasa nada.

A las 12 de la noche me llama mi hijo y me dice: “Abueli…” Entonces le pregunto: “¿ya ha nacido el niño, y Nieves como se encuentra?” Me dice que le han tenido que hacer la cesárea, que ha tenido un desprendimiento de placenta, el niño se ha adelantado 18 días y ha nacido… a las 11,20.

Curioso, ¿no? Casualidad, o la comunicación no se acaba…

Antes de concluir creo que debo comentaros algo más de mi hija. Para ella la escalada no era un simple deporte de riesgo. La escalada era un esfuerzo personal con la mejor recompensa. Me decía que la montaña era el sitio en donde realmente se notaba la presencia de Dios.

También debo resaltar un comentario que hizo uno de los policías judiciales. Nos dijo que “no entendía a los escaladores, porque se jugaban la vida sin ganar dinero, que por lo menos los que se dedican a las carreras lo hacen por dinero!” El otro policía nos preguntó si le gustaban los paisajes bonitos; dijo que había buscado el mejor mirador de Nerja, que allí no había subido nadie pero ellos sí, pocos minutos después de caer ella y era lo más bonito que habían visto nunca.

La Axarquia es la comarca donde se encuentra el pueblo de Nerja. Ella invitaba a sus amigos a ir allí. Según me comentaron, les decía que aquello era el Paraíso.

Aunque es largo lo que cuento, me dejo muchas cosas más que han pasado, pero no quiero aburrir. Si esto es útil para quitar a alguien la carga que tenemos sobre la muerte, está bien. Si no, disculpad por la parrafada.

Un abrazo y Paz, Fuerza y Alegría para todos.

Mayte Roldán.

mayterd@humanistas.org

 

 

ANGELO – Milán

Gina ha iniciado esta noche un nuevo recorrido en su existencia. Ha dejado su cuerpo para continuar su evolución en otros planos de existencia.

En todos estos años nos acompañó con su fe, su potencia, su alegría y su humanidad; y continuará haciéndolo en nuestros corazones, nuestros pensamientos y nuestras acciones.

Todos aquellos que conocieron a Gina habrán conocido también su obstinación, que pienso se puede describir con una frase de un querido amigo nuestro:

”Un sentido que quiera ir más lejos que lo provisional, no admitirá la muerte como el fin de la vida, sino que afirmará la trascendencia como máxima desobediencia al aparente Destino. Y aquel que afirme que sus acciones desencadenan una serie de acontecimientos, que se continúa en otros, tiene tomado entre sus manos parte del hilo de la eternidad” –SILO.

Un abrazo a todos.

Angelo

 

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GONZO – Quito

De pronto estuve pensando sobre la vida y no pude evitar el pensar en la muerte. ¿Acaso mi posición ante la vida depende de mi punto de vista sobre la muerte?, entonces ¿Quién soy?, ¿Hacia dónde voy? ¿Por qué las respuestas a esas preguntas hacen alusión a mi Fe?… ¿y cada vez que me pregunto esto surge en mí un registro sagrado? ¿Qué es lo sagrado?… ¿lo sagrado para mí es lo sagrado para el otro?.

Así fueron surgiendo tantas preguntas que desde la meditación simple me fueron poco a poco impulsando al ámbito de lo trascendental.

La posición que cada uno tiene sobre la vida es muy profunda porque nos conecta con algo más allá y nos abre la puerta a un nuevo nivel interno, a una nueva búsqueda, a la simple sensación de una nueva alegría.

Y son preguntas tan profundas que, siempre que hago estas preguntas lanzadas a mi interior, las respuestas tienen matices, colores y registros diferentes según el “clima”, la concentración y la fuerza conque las realice.

¿Y a quién más voy a preguntar sobre esto?

Ya en mi adolescencia intenté preguntar a muchos. Busqué respuesta en Mileto, en Anaximandro, en Pitágoras, Parménides, Heráclito, Demócrito, Gorgias, Sócrates, Platón, Aristóteles, Antístenes, Diógenes de Sinope, Zenón Citium, Epicuro, Giordano Bruno, Galileo, Descartes, Francisco Bacon, Hume, Kant, Hegel, Comte, Kierkegaard, Nietzsche, Brentano, Miguel de Unamuno, William James, Husserl, Heidegger, José Ortega y Gasset, Herbert Marcuse Jean Paul Sartre… Y aunque de todo esto agradezco la cultura filosófica que hoy tengo, no encontré una respuesta en estos desarrollos, a veces un tanto intelectuales y difíciles de comprender, aunque reconozco que algunos autores me acercaron un poco hacia el cómo preguntar.

Luego, más tarde, decidí incursionar en el campo religioso y busqué primero en ciertas religiones que hoy las llaman mitos y luego en algunas que aún perduran, también en algunas “teorías religiosas”, pero la respuesta no estaba allá afuera.

Efectivamente ninguna respuesta estaba afuera, nada estaba afuera sino exterioridades, que a veces asustan con sus fantasmas o hipnotizan a la mente.

Exactamente la respuesta a todas aquellas preguntas estaban en mí, en lo profundo, en lo a veces inexplorado; en otro mundo dentro de mí que no era muy visitado, mundo que es negado por el actual dominio del sistema anti-humanista, mundo que es pisoteado por los exitosos y los de las teorías del fin de las ideologías.

Entonces empecé a conectar con ese destino, ese sentido, esa trascendencia, esa rebelión contra la muerte, empecé a conectar con mi religiosidad, con la religiosidad de mi propia existencia, aquella que parte de mis registros y acaba preguntando profundamente a mi interioridad, aquella que no se basa en ningún “chisme” sino en verdaderas sensaciones, aquella que no afirma “la dirección postal de Dios” sino que por lo contrario empuja a sus seguidores a que descubran por sus propios registros, la existencia o no de la inmortalidad, la existencia o no de Dios, la existencia o no de la trascendencia, fui conectando con la Religión Interior.

Me fue revelado un Camino, y hoy deseo con mucha fuerza seguirlo, junto a muchos amigos y guías que me han ayudado a fortalecer la dirección evolutiva de mi vida.

Gonzo

 

 

INDIA – Roma

Querida Sara,

También a mí me enriqueció la Ceremonia de Reconocimiento. Habiendo pasado un día puede parecer extraño, pero me siento una persona nueva.

Los encontré en un momento particular de mi vida, donde me sentía desmoralizada y sin una meta, vivía al día. Ustedes me han acogido sin preguntarme quién era y de dónde venía. He comenzado a frecuentar los encuentros de los viernes para buscar un sentido en mi vida, lo he encontrado gracias a las Ceremonias, he abierto mi yo más profundo. Y con la Ceremonia de Reconocimiento he, casi, intuido el mensaje de Silo. El mensaje de Silo es un mensaje de verdadera paz interior.

QUE SI LA GENTE COMPRENDIESE CUAN FUERTE PUEDE SER LA PROPIA VOLUNTAD, COMPRENDERÍA QUE LA FUERZA DE LAS ARMAS NO PUEDE RESOLVER LOS CONFLICTOS DEL MALESTAR INTERNO.

Cada semana no veo la hora de que llegue el viernes para tener esa Fuerza, Paz y Alegría que me transmiten las Ceremonias que se hacen; como un bálsamo benéfico que cura mi ánimo, muchas veces herido por la maldad del mundo que nos rodea, pasando a veces sin tener en cuenta el ánimo o los sentimientos de los demás.

Y así como decías, hablando de cómo eras antes y del cambio que has tenido, que atacabas antes de ser herida, a mí aún me sucede eso, aunque en modo mucho menor. Sí, puede parecer extraño, pero así es al fin de cuentas: estoy cambiando.

Pienso que El Mensaje de Silo obra de modo diferente en cada uno de nosotros, de modo más o menos veloz según esa persona esté más o menos abierta a recibir el mensaje.
Gracias, maravilla!

Paz, Fuerza y Alegría a ti, hermana.

India

 

 

 

 

 

Anexo

 

 

El material de este Anexo fue seleccionado por

su relevancia en las cuestiones de la muerte y

la trascendencia, la curación y la reconciliación; la

mayoría de estos escritos están mencionados

en los testimonios.

 

El Anexo está organizado en las

siguientes categorías:

  1. Ceremonias
  2. Experiencias Guiadas

III. Silo, acerca de la Muerte y la Trascendencia

  1. Glosario
  2. Ceremonias:


Oficio

Imposición de manos

Bienestar

Asistencia

Muerte

Agradecimiento

Pedido

 

 

 

Oficio, Imposición, Bienestar, Asistencia y Muerte son ceremonias extraídas del Mensaje de Silo; la ceremonia de Agradecimiento fue escrita por Raquel Gargatte. El Pedido, aunque no es precisamente una “ceremonia”, ha sido incluida debido a que es frecuentemente usada, como lo son las ceremonias, en el contexto grupal; y porque puede ser una herramienta enormemente útil para todo aquel que busque el contacto con lo Profundo en la vida cotidiana.

 

 

Oficio

 

Se realiza a pedido de un conjunto de personas.

Todos de pie.

El Auxiliar invita a sentarse.

Oficiante y Auxiliar permanecen de pie.

Oficiante: Mi mente está inquieta.

Conjunto: Mi mente está inquieta.

Oficiante: Mi corazón sobresaltado.

Conjunto: Mi corazón sobresaltado.

Oficiante: Mi cuerpo tenso.

Conjunto: Mi cuerpo tenso.

Oficiante: Aflojo mi cuerpo, mi corazón y mi mente.

Conjunto: Aflojo mi cuerpo, mi corazón y mi mente.

Oficiante y Auxiliar se sientan, dejando transcurrir unos minutos. Pasado ese tiempo, el Auxiliar se para y cita un Principio o pensamiento de La Mirada Interna de acuerdo a las circunstancias, invitando a la meditación sobre el mismo. Luego se sienta. Pasan unos minutos y finalmente el Oficiante de pie, lee lentamente las frases siguientes, deteniéndose en cada una de ellas.

Oficiante: Relaja plenamente tu cuerpo y aquieta la mente…

Entonces, imagina una esfera transparente y luminosa que bajando hasta ti, termina por alojarse en tu corazón…

Reconocerás que la esfera comienza a transformarse en una sensación expansiva dentro de tu pecho…

La sensación de la esfera se expande desde tu corazón hacia afuera del cuerpo, al tiempo que amplías tu respiración…

En tus manos y el resto del cuerpo tendrás nuevas sensaciones…

Percibirás ondulaciones progresivas y brotarán emociones y recuerdos positivos…

Deja que se produzca el pasaje de la Fuerza libremente. Esa Fuerza que da energía a tu cuerpo y mente…

Deja que la Fuerza se manifieste en ti…

Trata de ver su luz adentro de tus ojos y no impidas que ella obre por sí sola…

Siente la Fuerza y su luminosidad interna…

Déjala que se manifieste libremente…

 

Transcurre un tiempo. Luego, el Auxiliar se pone de pie al lado del Oficiante.

Auxiliar: Con esta Fuerza que hemos recibido, concentremos la mente en el cumplimiento de aquello que necesitamos realmente…

 

Invita a todos a ponerse de pie para que efectúen el Pedido. Luego transcurre un tiempo.

Oficiante: ¡Paz, Fuerza y Alegría!

Conjunto: También para ti, Paz, Fuerza y Alegría.

 

———————-

 

Imposición

 

Se realiza a pedido de una o varias personas.

Todos de pie.

El Auxiliar invita a sentarse.

Oficiante y Auxiliar permanecen de pie.

 

Oficiante: Mi mente está inquieta.

Conjunto: Mi mente está inquieta.

Oficiante: Mi corazón sobresaltado.

Conjunto: Mi corazón sobresaltado.

Oficiante: Mi cuerpo tenso.

Conjunto: Mi cuerpo tenso.

Oficiante: Aflojo mi cuerpo, mi corazón y mi mente.

Conjunto: Aflojo mi cuerpo, mi corazón y mi mente.

 

Oficiante y Auxiliar se sientan, dejando transcurrir un tiempo.

El Oficiante se pone de pie.

Oficiante: Si quieres recibir la Fuerza debes comprender que en el momento de la Imposición comenzarás a experimentar nuevas sensaciones. Percibirás ondulaciones progresivas y brotarán emociones y recuerdos positivos. Cuando eso ocurra, deja que se produzca el pasaje de la Fuerza libremente…

Deja que la Fuerza se manifieste en ti y no impidas que ella obre por sí sola…

Siente la Fuerza y su luminosidad interna…

Déjala que se manifieste libremente…

 

Pasado un tiempo que permita la reflexión, Oficiante y Auxiliar se ponen de pie.

Auxiliar: Quien desee recibir la Fuerza, se puede poner de pie.

El Auxiliar invita, de acuerdo al número de los concurrentes a permanecer de pie al lado de los asientos o a formar un círculo alrededor del Oficiante. Pasado un momento, el Oficiante comienza la imposición. El Auxiliar, si es el caso, facilita los desplazamientos de los partícipes y, ocasionalmente, acompaña a algunos hasta sus asientos. Terminada la Imposición, se da un tiempo de asimilación de la experiencia.

Auxiliar: Con esta Fuerza que hemos recibido, concentremos la mente en el cumplimiento de aquello que necesitamos realmente…

 

Invita a todos a ponerse de pie para que efectúen el Pedido. Transcurre un tiempo.

Oficiante: ¡Paz, Fuerza y Alegría!

Conjunto: También para ti, Paz, Fuerza y Alegría.

———————

Bienestar

Se realiza a pedido de un conjunto de personas.

Los partícipes sentados.

Oficiante y auxiliar de pie.

 

Auxiliar. Aquí estamos reunidos para recordar a nuestros seres queridos. Algunos de ellos tienen dificultades en su vida afectiva, en su vida de relación, o en su salud. Hacia ellos dirigimos nuestros pensamientos y nuestros mejores deseos.

Oficiante. Confiamos en que llegue hasta ellos nuestro pedido de bienestar. Pensamos en nuestros seres queridos; sentimos la presencia de nuestros seres queridos y experimentamos el contacto con nuestros seres queridos.

Auxiliar. Tomaremos un corto tiempo para meditar en las dificultades que padecen esas personas…

Se da unos pocos minutos para que los concurrentes puedan meditar.

 

Oficiante. Quisiéramos ahora hacer sentir a aquellas personas, nuestros mejores deseos. Una oleada de alivio y bienestar debe llegar hasta ellas…

Auxiliar. Tomaremos un corto tiempo para ubicar mentalmente la situación de bienestar que deseamos a nuestros seres queridos.

Se da unos pocos minutos para que los concurrentes puedan concentrar su mente.

Oficiante. Concluiremos esta ceremonia dando la oportunidad, a quienes así lo deseen, de sentir la presencia de aquellos seres muy queridos que, aunque no están aquí en nuestro tiempo y en nuestro espacio, se relacionan con nosotros en la experiencia del amor, la paz y la cálida alegría…

Se da un corto tiempo.

 

Oficiante. Esto ha sido bueno para otros, reconfortante para nosotros e inspirador para nuestras vidas… Saludamos a todos, inmersos en esta correntada de bienestar, reforzada por los buenos deseos de los aquí presentes.

 

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Asistencia

Esta es una ceremonia de mucho afecto y exige que quien la realiza de lo mejor de sí.

La ceremonia puede ser repetida a pedido del interesado o de aquellos que cuidan de él.

El Oficiante a solas con el moribundo.

Cualquiera sea el aparente estado de lucidez o inconsciencia del moribundo, el Oficiante se aproxima a él hablando con voz suave, clara y pausada.

Oficiante: Los recuerdos de tu vida son el juicio de tus acciones. Puedes, en poco tiempo, recordar mucho de lo mejor que hay en ti. Recuerda entonces, pero sin sobresalto y purifica tu memoria. Recuerda suavemente y tranquiliza tu mente…

Se hace silencio por unos minutos, retomando luego la palabra con el mismo tono e intensidad.

Rechaza ahora el sobresalto y el descorazonamiento…

Rechaza ahora el deseo de huir hacia regiones obscuras…

Rechaza ahora el apego a los recuerdos…

Queda ahora en libertad interior, con indiferencia hacia el ensueño del paisaje…

Toma ahora la resolución del ascenso…

La Luz pura clarea en las cumbres de las altas cadenas montañosas y las aguas de los- mil- colores bajan entre melodías irreconocibles hacia mesetas y praderas cristalinas…

No temas la presión de la Luz que te aleja de su centro cada vez más fuertemente. Absórbela como si fuera un líquido o un viento, porque en ella, ciertamente, está la vida…

Cuando en la gran cadena montañosa encuentres la cuidad escondida debes conocer la entrada. Pero esto lo sabrás en el momento en que tu vida sea transformada. Sus enormes murallas están escrita en figuras, están escritas en colores, están “sentidas”. En esta ciudad se guarda lo hecho y lo por hacer…

Se hace un breve silencio, retomando luego la palabra con el mismo tono e intensidad.

Estás reconciliado…

Estás purificado…

Prepárate a entrar en la más hermosa Ciudad de la Luz, en esta ciudad jamás percibida por el ojo, nunca escuchada en su canto por el oído humano…

Ven, prepárate a entrar en la más hermosa Luz…

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Muerte

 

 

Oficiante: La vida ha cesado en este cuerpo. Debemos hacer un esfuerzo para separar en nuestra mente la imagen de este cuerpo y la imagen de quien ahora recordamos…

Este cuerpo no nos escucha. Este cuerpo no es quien nosotros recordamos…

Aquel que no siente la presencia de otra vida separada del cuerpo, considere que aunque la muerte haya paralizado al cuerpo, las acciones realizadas siguen actuando y su influencia no se detendrá jamás. Esta cadena de acciones desatadas en vida no puede ser detenida por la muerte. ¡Qué profunda es la meditación en torno a esta verdad, aunque no se comprenda totalmente la transformación de una acción en otra!

…….

 

Y aquel que siente la presencia de otra vida separada, considere igualmente que la muerte solo ha paralizado al cuerpo; que la mente una vez más se ha liberado triunfalmente y se abre paso hacia la Luz…

Sea cual fuere nuestro parecer, no lloremos los cuerpos. Meditemos más bien en la raíz de nuestras creencias y una suave y silenciosa alegría llegará hasta nosotros…

¡Paz en el corazón, luz en el entendimiento!

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Reconocimiento

 

 

El Reconocimiento es una ceremonia de inclusión en la comunidad. Inclusión por experiencias comunes, por ideales, actitudes y procedimientos compartidos.

Se realiza a pedido de un conjunto de personas y luego de un Oficio.

Quienes van a participar deben contar con el texto que ha sido distribuido antes de comenzar.

Oficiante y Auxiliar de pie.

Auxiliar: La realización de esta ceremonia ha sido pedida por aquellas personas que desean incluirse activamente en nuestra comunidad. Aquí se expresará un compromiso personal y conjunto para trabajar por el mejoramiento de la vida de cada uno y por el mejoramiento de la vida de nuestro prójimo.

El auxiliar invita a quienes desean dar testimonio a ponerse de pie.

Oficiante: El dolor y el sufrimiento que experimentamos los seres humanos retrocederán si avanza el buen conocimiento, no el conocimiento al servicio del egoísmo y la opresión.

El buen conocimiento lleva a la justicia.

El buen conocimiento lleva a la reconciliación.

El buen conocimiento lleva, también, a descifrar lo sagrado en la profundidad de la conciencia.

 

Auxiliar y conjunto de quienes testimonian, leyendo:

Consideramos al ser humano como máximo valor por encima del dinero, del Estado, de la religión, de los modelos y de los sistemas sociales.

Impulsamos la libertad de pensamiento.

Propiciamos la igualdad de derechos y la igualdad de oportunidades para todos los seres humanos.

Reconocemos y alentamos la diversidad de costumbres y culturas.

Nos oponemos a toda discriminación.

Consagramos la resistencia justa contra toda forma de violencia física, económica, racial, religiosa, sexual, psicológica y moral.

Oficiante: Por otra parte, así como nadie tiene derecho a discriminar a otros por su religión o su irreligiosidad, reclamamos para nosotros el derecho a proclamar nuestra espiritualidad y creencia en la inmortalidad y en lo sagrado.

Nuestra espiritualidad no es la espiritualidad de la superstición, no es la espiritualidad de la intolerancia, no es la espiritualidad del dogma, no es la espiritualidad de la violencia religiosa; es la espiritualidad que ha despertado de su profundo sueño para nutrir a los seres humanos en sus mejores aspiraciones.

Auxiliar y conjunto de quienes testimonian, leyendo:

Queremos dar coherencia a nuestras vidas haciendo coincidir lo que pensamos, sentimos y hacemos.

Deseamos superar la mala conciencia reconociendo nuestros fracasos.

Aspiramos a perdonar, a reconciliar y a persuadir.

Nos proponemos dar creciente cumplimiento a esa regla que nos recuerda tratar a los demás como queremos ser tratados.

Oficiante: Comenzaremos una vida nueva.

Buscaremos en nuestro interior los signos de lo sagrado y llevaremos a otros nuestro mensaje.

Auxiliar y conjunto de quienes testimonian, leyendo:

Hoy comenzaremos la renovación de nuestra vida. Empezaremos buscando la paz mental y la Fuerza que nos dé alegría y convicción. Después, iremos hasta las personas más cercanas a compartir con ellas todo lo grande y bueno que nos ha ocurrido.

Oficiante: Para todos ¡Paz, Fuerza y Alegría!

Auxiliar y todos los presentes:

También para ti Paz, Fuerza y Alegría.

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Agradecimiento

Auxiliar: Esta ceremonia tiene por finalidad elevar nuestro profundo agradecimiento por todas las situaciones positivas que nos han tocado vivir en estos días… sucesos que nos han traído alegrías, que nos han permitido experimentar la bondad en nuestros corazones y la libertad, sucesos que nos han permitido el registro de unidad interior….

Oficiante: Agradecer significa concentrar los estados de ánimo positivos asociados a una imagen, a una representación.

Este estado positivo así ligado permite que en situaciones desfavorables, aquel agradecimiento guardado en tu interior vuelva ampliado en beneficio siempre que hubieras acumulado en ti numerosos estados positivos… siendo capaz de desalojar emociones negativas que determinadas circunstancias pudieran imponer.

Por eso… No debes dejar pasar una gran alegría sin agradecer en tu interior

(Breve tiempo para meditar)

Auxiliar: Tomaremos un corto tiempo para ubicar mentalmente todas las situaciones positivas que nos han tocado vivir en estos días, aquellas situaciones que nos han permitido experimentar alegrías (Breve tiempo para meditar)

Oficiante: Evocando ese registro de alegría, bienestar y unidad interior nos disponemos para el agradecimiento….

Aspiramos una bocanada de aire y llevamos suavemente nuestras manos hacia el corazón…   Al ritmo de nuestra respiración amplia y profunda comenzaremos a registrar una por una las situaciones positivas identificadas, agradeciendo en nuestro corazón con profunda gratitud por cada una de ellas… Podemos elevar nuestro agradecimiento si lo deseamos, a la vida, a nuestros guías internos, o a ese ser supremo en quien creemos…

(Breve tiempo para meditar)

Auxiliar: Concluiremos esta ceremonia dando la oportunidad a quienes así lo deseen de agradecer también por todas aquellas situaciones difíciles y dolorosas que nos han tocado vivir en estos días o a lo largo de nuestras vidas… pues todas ellas han tenido un significado para nuestras vidas y han ocurrido para ayudarnos a crecer, a fortalecernos y a evolucionar… (Breve tiempo para meditar)

Oficiante: Esto ha sido bueno para nosotros e inspirador para nuestras vidas… experimentamos alegría y bienestar en nuestros corazones, sentimos libertad y unidad interior, experimentamos paz y una profunda fuerza…

Auxiliar: Agradecemos a cada uno de los aquí presentes por compartir este espacio de gratitud…

Oficiante: Reciban un saludo de ¡paz, fuerza y alegría!

Conjunto: También para ti, paz, fuerza y alegría.

 

 

 

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Pedido

 

En algún momento del día o de la noche,

aspira una bocanada de aire e imagina

que llevas ese aire a tu corazón.

Entonces, pide con fuerza por ti y por tus seres más queridos.

Pide con fuerza para alejarte de todo aquello

que te trae contradicción;

pide porque tu vida tenga unidad.

Mientras se realiza el Pedido, puede uno colocar una o ambas manos sobre el corazón, haciendo una firme presión, para facilitar la experiencia.

El texto que sigue proviene de la intervención de Silo el 7 de mayo de 2005 en el Parque de La Reja, Buenos Aires, Argentina, en ocasión de la inauguración de la Sala Sudamericana del Mensaje de Silo. El extracto está referido al tema del Pedido; el texto completo de la charla se encuentra en www.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.net

Ў° Como hoy estamos en una celebración (y en algunas celebraciones la gente intercambia presentes), quisiera hacerte un regalo que, por cierto, tú verás si merece ser aceptado. Se trata, en realidad, de la recomendación más fácil y práctica que soy capaz de ofrecer. Es casi una receta de cocina, pero confío en que irás más allá de lo que señalen las palabras…

En algún momento del día o de la noche, aspira una bocanada de aire e imagina que llevas ese aire a tu corazón. Entonces, pide con fuerza por ti y por tus seres más queridos. Pide con fuerza para alejarte de todo aquello que te trae contradicción; pide porque tu vida tenga unidad. No destines mucho tiempo a esta breve oración, a este breve pedido, porque bastará con que interrumpas un instante lo que va sucediendo en tu vida para que en el contacto con tu interior se despejen tus sentimientos y tus ideas.

Alejar la contradicción es lo mismo que superar el odio, el resentimiento, el deseo de venganza. Alejar la contradicción es cultivar el deseo de reconciliación con otros y con uno mismo. Alejar la contradicción es perdonar y reparar dos veces cada mal que se haya infligido a otros.

Esta es la actitud que corresponde cultivar. Entonces, a medida que el tiempo pase comprenderás que lo más importante es lograr una vida de unidad interna que fructificará cuando lo que pienses, sientas y hagas vaya en la misma dirección. La vida crece por su unidad interna y se desintegra por la contradicción. Y ocurre que lo que haces no queda solo en ti sino que llega a los demás. Por tanto, cuando ayudas a otros a superar el dolor y el sufrimiento haces crecer tu vida y aportas al mundo. Inversamente, cuando aumentas el sufrimiento de otros, desintegras tu vida y envenenas al mundo. ¿Y a quién debes ayudar? Primeramente, a quienes están más próximos, pero tu acción no se detendrá en ellos.

Con aquella “receta” no termina el aprendizaje sino que empieza. En aquella “receta” se dice que hay que pedir, pero ¿a quién se pide? Según lo que creas será a tu dios interno, o a tu guía o a una imagen inspiradora y reconfortante. Por último, si no tienes a quién pedir tampoco tendrás a quién dar y entonces mi regalo no merecerá ser aceptado.”

 

  1. Experiencias Guiadas

La persona amada

El resentimiento

La protectora de la vida

La muerte

Las Experiencias Guiadas son breves historias, escritas en primera persona, que difieren en un aspecto importante respecto de los relatos tradicionales en primera persona: el “yo” que está relatando no es cualquier persona, o un personaje de la historia, sino el lector o lectora misma.

Incluyéndome a mí mismo en las situaciones que se relatan, inserto mis propios contenidos – recuerdos, temores y esperanzas – en cada escenario. Esto me da la oportunidad de transformar las imágenes negativas que podrían apresarme en emociones o creencias indeseables, ayudándome a superar muchas dificultades de la vida cotidiana.

El libro Experiencias Guiadas de Silo puede ser muy útil para la reconciliación y resolución de problemas relacionados con la enfermedad o la muerte, tanto de un ser querido como de sí mismo. Todos los “relatos” en la Primera Parte pueden ser de importancia; en la Segunda Parte es de especial interés la experiencia “Las nubes”. (Ver Volumen 1 de las Obras Completas de Silo, en la sección Materiales de Referencia en www.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.net     ).

Por consideraciones de espacio, hemos incluido en este Anexo sólo unas pocas de estas experiencias que nos parecen especialmente relevantes para nuestro tema: “El resentimiento”, “La protectora de la vida” y “La muerte”. Además, hemos incluido la experiencia “La persona amada”, escrita por Godi Gutiérrez; una experiencia que puede ser de mucha ayuda en función de la reconciliación con la partida de un ser querido.

En algunos momentos de estas experiencias aparece un asterisco (*). Esto indica una pausa en la cual el lector u oyente pueden introducir sus propias imágenes respecto del pasado, el momento actual o las que cree que el futuro le puede deparar. Asegúrese de dejar el suficiente tiempo para esta pausa, de acuerdo a la complejidad de cada pasaje.

La persona amada

 

Esta Experiencia Guiada es el resultado directo de una situación y experiencia personal con la muerte de un ser querido.

El propósito de esta experiencia es no sólo el de obtener reconciliación con la persona amada, sino más importante aún, reconciliarse con el hecho mismo de la muerte de esta persona. Las ventajas de una verdadera reconciliación son grandes y nos benefician no sólo desde el punto de vista del cambio del comportamiento externo y la integración de los contenidos negativos. Sino también desde el punto de vista de ganar una nueva perspectiva respecto de las relaciones con otros seres queridos que aún están con nosotros.

La Experiencia Guiada puede ser realizada tanto individualmente como con otros. Para facilitar su realización individual puede grabarse la experiencia (con las pausas incluidas) y luego reproducirla siguiendo el relato con la mejor disposición.

 

Estoy solo en mi pieza. Repentinamente, siento una fuerte presencia de aquella persona que tanto amé y que (recientemente) se ha ido (*)

Comienzo a recordar el mejor momento que tuve con esta persona (*)

Ella toma mi mano y salimos por la puerta. El día es agradable. Recorremos y nos encontramos en un parque aislado. Solos, en un espacio abierto, nos sentamos en un banco del parque (*)

Frente a frente, me toma ambas manos y me dice todo lo que siente por mí…y me dice también, todo aquello que me quería decir… Comienzo a sentir el amor eterno e incondicional de esa persona hacia mi (*)

Por mi parte, le digo mis propios sentimientos y todo aquello que siempre le quise decir… (*) (* *)

Esta persona me mira a los ojos y con la voz más bondadosa que he escuchado, me dice que todo está bién; que entiende muy bien todas las cosas y circunstancias que sucedieron. Yo, también, le digo que entendí completamente la situación y que todo ahora está muy bien conmigo (*)

Pongo mi cabeza en su hombro y me da un amable y fuerte abrazo (*)

 

Mi persona querida luego comienza a caminar lentamente, lejos hacia el prado verde. Entonces, un rayo de la luz brillante comienza a bajar del cielo y se posa en ella. Así comienza a ascender por el rayo de luz hacia los cielos. Y a medida que continúa ascendiendo, veo su cara apacible darse vuelta lentamente hacia mí con una sonrisa muy dulce. Oigo su voz decir que todo está bien, que debo aprender a reconciliarme; que, de ahora en adelante, todo estará muy bien; y que estará conmigo para siempre (*)

Todavía con la fuerte sensación de su presencia, me paro y comienzo a volverme. Solamente que ahora, realmente me doy cuenta de todo lo que me rodea. El día es hermoso. El sol está brillando intensamente; el cielo está azul. Comienzo a sentir la vida alrededor… con mi mirada fija aún hacia los cielos, comienzo a sentir una comprensión total sobre la situación.

Entonces, desde adentro de mi, empieza a brotar una alegría suave y silenciosa (*)

Continúo recorriendo todo con la vista. Miro hacia el cielo abierto y con el rostro de mi persona querida aún nítido en mi mente, comienzo a rescatar los momentos hermosos que tuve con ella.(*)

Paro de caminar por un momento y, silenciosamente, doy gracias adentro mío por todo lo que esta persona me hizo y me dio. Me doy cuenta ahora que todas sus acciones son parte de mí, y a través de mí estas acciones no se detendrán (*).

El resentimiento

Es de noche. Estoy en una antigua ciudad surcada por canales de agua que pasan bajo los puentes de las calles. Acodado en una balaustrada, miro hacia abajo el lento desplazamiento de una líquida y turbia masa. A pesar de la bruma alcanzo a ver, sobre otro puente, un grupo de personas. Apenas escucho los instrumentos musicales, que acompañan voces tristemente desafinadas. Lejanas campanadas ruedan hasta mí, como pegajosas oleadas de lamento.

El grupo se ha ido, las campanas han callado.

En un pasaje diagonal, malsanas luces de colores fluorescentes apenas iluminan.

Emprendo mi camino internándome en la niebla. Luego de deambular entre callejuelas y puentes desemboco en un espacio abierto. Es una plaza cuadrada, al parecer vacía. El piso embaldosado me lleva hasta un extremo cubierto por las aguas quietas.

La barca, semejante a una carroza, me espera adelante. Pero antes, debo avanzar por entre dos largas filas de mujeres. Vestidas con túnicas negras y sosteniendo antorchas, dicen en coro a mi paso: “¡Oh, Muerte!, cuyo ilimitado imperio, alcanza dondequiera a los que viven. De ti el plazo concedido a nuestra edad, depende. Tu sueño perenne aniquila a las multitudes, ya que nadie elude tu poderoso impulso. Tú, únicamente, tienes el juicio que absuelve, y no hay arte que pueda imponerse a tu arrebato, ni súplica que revoque tu designio”.

Subiendo a la carroza, recibo la ayuda del barquero que luego permanece en pie detrás de mí. Me acomodo en un espacioso asiento. Advierto que nos elevamos hasta quedar ligeramente despegados del agua. Entonces, comenzamos a desplazarnos suspendidos sobre un mar abierto e inmóvil, como espejo sin fin que refleja a la luna.

Hemos llegado a la isla. La luz nocturna permite ver un largo camino bordeado de cipreses. La barca se posa en el agua, balanceándose un poco. Bajo de ella, mientras el barquero permanece impasible.

Avanzo rectamente entre los árboles que silban con el viento. Sé que mi paso es observado. Presiento que hay algo o alguien escondido más adelante. Me detengo. Tras un árbol, la sombra me llama con lentos ademanes. Voy hacia ella y casi al llegar, un hálito grave, un suspiro de muerte, pega en mi rostro: “¡Ayúdame! –murmura–, sé que has venido a libertarme de esta prisión confusa. Sólo tú puedes hacerlo… ¡Ayúdame!”

La sombra explica que es aquella persona con la que estoy profundamente resentido. (*)

Y, como adivinando mi pensamiento, agrega: “No importa que aquel con quien estás ligado por el resentimiento más profundo haya muerto o esté con vida, ya que el dominio del oscuro recuerdo no respeta fronteras”.

Luego continúa: “Tampoco hay diferencias en que el odio y el deseo de venganza, se anuden en tu corazón desde la niñez o desde el ayer reciente. Nuestro tiempo es inmóvil, por eso siempre acechamos para surgir deformados como distintos temores, cuando la oportunidad se hace propicia. Y esos temores, son nuestra revancha por el veneno que debemos probar cada vez”.

Mientras le pregunto qué debo hacer, un rayo de luna ilumina débilmente su cabeza cubierta por un manto. Luego, el espectro se deja ver con claridad y en él reconozco las facciones de quien abrió mi más grande herida. (*)

Le digo cosas que jamás hubiera comentado con nadie; le hablo con la mayor franqueza de que soy capaz. (*)

Me pide que considere nuevamente el problema y que le explique los detalles más importantes sin limitación, aunque mis expresiones sean injuriosas. Enfatiza en que no deje de mencionar ningún rencor que sienta, ya que de otro modo seguirá cautivo para siempre. Entonces, procedo de acuerdo a sus instrucciones. (*)

Inmediatamente, me muestra una fuerte cadena que lo une a un ciprés. Yo, sin dudar, la rompo con un tirón seco. En consecuencia, el manto se desploma vacío y queda extendido en el suelo, al tiempo que una silueta se desvanece en el aire y la voz se aleja hacia las alturas, repitiendo palabras que he conocido antes: “¡Adiós de una vez! Ya la luciérnaga anuncia la proximidad del alba y empieza a palidecer su indeciso fulgor. Adiós, adiós, adiós. ¡Acuérdate de mí!”

Al comprender que pronto amanecerá, giro sobre mí para volver a la barca, pero antes recojo el manto que ha quedado a mis pies. Lo cruzo en mi hombro y apuro el paso de regreso. Mientras me acerco a la costa, varias sombras furtivas me preguntan si algún día volveré a liberar otros resentimientos.

Ya cerca del mar, veo un grupo de mujeres vestidas con túnicas blancas, sosteniendo sendas antorchas en alto. Llegando a la carroza, doy el manto al barquero. Este, a su vez, lo entrega a las mujeres. Una de ellas le pega fuego. El manto arde y se consume velozmente, sin dejar cenizas. En ese instante, siento un gran alivio, como si hubiera perdonado con sinceridad, un enorme agravio. (*)

Subo a la barca, que ahora tiene el aspecto de una moderna lancha deportiva. Mientras nos separamos de la costa sin encender aún el motor, escucho al coro de las mujeres que dice: “Tú tienes el poder de despertar al aletargado, uniendo el corazón a la cabeza, librando a la mente del vacío, alejando las tinieblas de la interna mirada y el olvido. Ve, bienaventurada potestad. Memoria verdadera, que enderezas la vida hacia el recto sentido”.

El motor arranca en el instante en que empieza a levantarse el sol en el horizonte marino. Miro al joven lanchero de rostro fuerte y despejado, mientras acelera sonriente hacia el mar.

Ahora que nos acercamos a gran velocidad, vamos rebotando en el suave oleaje. Los rayos del sol, doran las soberbias cúpulas de la ciudad, mientras a su alrededor flamean palomas en alegres bandadas.

La protectora de la vida

Floto de espaldas en un lago. La temperatura es muy agradable. Sin esfuerzo, puedo mirar a ambos lados de mi cuerpo descubriendo que el agua cristalina me permite ver el fondo.

El cielo es de un azul luminoso. Muy cerca hay una playa de arenas suaves, casi blancas. Es un recodo sin oleaje, al que llegan las aguas del mar.

Siento que mi cuerpo flota blandamente y que se relaja cada vez más, procurándome una extraordinaria sensación de bienestar.

En un momento, decido invertir mi posición y, entonces, comienzo a nadar con mucha armonía hasta que gano la playa y salgo caminando lentamente.

El paisaje es tropical. Veo palmeras y cocoteros, al tiempo que percibo en mi piel el contacto del sol y la brisa.

De pronto, a mi derecha, descubro una gruta. Cerca de ella, serpentea el agua transparente de un arroyo. Me acerco al tiempo que veo, dentro de la gruta, la figura de una mujer. Su cabeza está tocada con una corona de flores. Alcanzo a ver los hermosos ojos, pero no puedo definir su edad. En todo caso, tras ese rostro que irradia amabilidad y comprensión, intuyo una gran sabiduría. Me quedo contemplándola mientras la naturaleza hace silencio.

“Soy la protectora de la vida”, me dice. Le respondo tímidamente que no entiendo bien el significado de la frase. En ese momento, veo un cervatillo que lame su mano. Entonces, me invita a entrar a la gruta, indicándome luego que me siente en la arena frente a una lisa pared de roca. Ahora no puedo verla a ella, pero oigo que me dice: “respira suavemente y dime qué ves”. Comienzo a respirar lenta y profundamente. Al momento, aparece en la roca una clara imagen del mar. Aspiro y las olas llegan a las playas. Espiro y se retiran. Me dice: “Todo en tu cuerpo es ritmo y belleza. Tantas veces has renegado de tu cuerpo, sin comprender al maravilloso instrumento de que dispones para expresarte en el mundo”. En ese momento, aparecen en la roca diversas escenas de mi vida en las que advierto vergüenza, temor y horror por aspectos de mi cuerpo. Las imágenes se suceden. (*)

Siento incomodidad al comprender que ella está viendo las escenas, pero me tranquilizo de inmediato. Luego agrega: “Aún en la enfermedad y la vejez, el cuerpo será el perro fiel que te acompañe hasta el último momento. No reniegues de él cuando no pueda responder a tu antojo. Mientras tanto, hazlo fuerte y saludable. Cuídalo para que esté a tu servicio y oriéntate solamente por las opiniones de los sabios. Yo que he pasado por todas las épocas, sé bien que la misma idea de belleza cambia. Si no consideras a tu cuerpo como al amigo más próximo, él entristece y enferma. Por tanto, habrás de aceptarlo plenamente. Él es el instrumento de que dispones para expresarte en el mundo… Quiero que veas ahora, qué parte de él es débil y menos saludable”. Al punto, aparece la imagen de esa zona de mi cuerpo. (*)

Entonces, ella apoya su mano en ese punto y siento un calor vivificante. Registro oleadas de energía que se amplían en el punto y experimento una aceptación muy profunda de mi cuerpo tal cual es. (*)

“Cuida a tu cuerpo, siguiendo solamente las opiniones de los sabios y no lo mortifiques con malestares que sólo están en tu imaginación. Ahora, vete pleno de vitalidad y en paz”.

Al salir de la gruta reconfortado y saludable, bebo el agua cristalina del arroyo que me vivifica plenamente.

El sol y la brisa besan mi cuerpo. Camino por las arenas blancas hacia el lago y al llegar veo por un instante la silueta de la protectora de la vida que se refleja amablemente en las profundidades.

Voy entrando en las aguas. Mi cuerpo es un remanso sin límite. (*)

La Muerte

Creo que estoy en un teatro. Todo está a oscuras. Poco a poco comienza a iluminarse la escena, pero he aquí que yo estoy en ella.

El ambiente es cinematográfico. Por allí luces de antorchas, en el fondo una gigantesca balanza de dos brazos. Creo que el techo, posiblemente abovedado, está a mucha altura porque no veo sus límites. Alcanzo a reconocer algunas paredes de roca, árboles y pantanos alrededor del centro de escena. Tal vez todo se continúe en una selva muy espesa. Por todas partes hay figuras humanas que se mueven furtivamente.

Súbitamente dos sujetos encapuchados aferran mis brazos. Entonces una voz grave me pregunta:

– ¿De dónde vienes?

No sé qué responder así que explico que vengo de “adentro”.

– ¿Que es “adentro”?-, dice la voz.

Ensayo una respuesta: “Como vivo en la ciudad, el campo es ‘afuera’. Para la gente del campo, la ciudad también es ‘afuera’. Yo vivo en la ciudad o sea ‘adentro’y por eso digo que vengo de ‘adentro’ y ahora estoy ‘afuera’”.

– Eso es una estupidez, tú entras a nuestros dominios de manera que vienes de “afuera”. Este no es el campo sino que es tu “adentro”. ¿No pensaste acaso que esto era un teatro? Entraste al teatro que, a su vez, está en tu ciudad. La ciudad en que vives está afuera del teatro.

– No – respondo-, el teatro es parte de la ciudad en que vivo.

– Escucha insolente -dice la voz-, terminemos con esta discusión ridícula. Para empezar te diré que ya no vives en la ciudad. Vivías en la ciudad, por lo tanto tu espacio de “adentro”o de “afuera” se quedó en el pasado. Así, estás en otro espacio-tiempo. En esta dimensión las cosas funcionan de otra manera.

De inmediato, aparece al frente un vejete portando en su diestra un recipiente. Al llegar a mi introduce la otra mano en mi cuerpo como si éste fuera de mantequilla. Primeramente extrae mi hígado y lo coloca en la vasija, luego procede con los riñones, el estómago, el corazón y, por último, saca sin profesionalismo todo lo que va encontrando hasta que termina desbordando el receptáculo. Por mi parte, no siento nada especial. El sujeto gira sobre sí mismo y, llevando mis vísceras hasta la balanza, concluye depositándolas en uno de los platos que desciende hasta tocar el piso. Entonces pienso que estoy en una carnicería en la que se pesan trozos de animales ante la vista de los clientes. En efecto, una señora portando un cesto trata de apoderarse de mis entrañas, pero es rechazada por el vejete que le grita “¿Pero qué es esto? ¿Quién le ha autorizado a llevarse las piezas?” El personaje entonces, sube por una escalerilla hasta el plato en alto y allí deposita una pluma de búho en el plato vacío.

La voz vuelve a dirigirse a mí con estas palabras: “Ahora que estás muerto y has descendido hasta el umbral del mundo de las sombras, te dirás: ‘Están pesando mis vísceras’, y será cierto. Pesar tus vísceras es pesar tus acciones”

Los encapuchados que me flanqueaban dejan mis brazos en libertad y comienzo a caminar lentamente, pero sin dirección precisa.

La voz continúa: “Las vísceras bajas están en el fuego infernal. Los cuidadores del fuego se muestran siempre activos e impiden que se acerquen aquellos a quienes deseas.”

Me doy cuenta que la voz va guiando mis pasos y que a cada insinuación cambia la escena.

La voz dice: “Primeramente, pagarás a los cuidadores. Luego entraras al fuego y recordarás los sufrimientos que causaste a otros en la cadena del amor. (*)

“Pedirás perdón a los maltratados por ti y saldrás purificado únicamente cuando te reconcilies. (*)

“Entonces, llama por su nombre a los perjudicados y ruégales que te permitan ver sus rostros. Si ellos acceden, escucha con cuidado sus consejos porque estos son tan suaves como brisas lejanas. (*)

“Agradece con sinceridad y parte siguiendo la antorcha de tu guía. El guía atravesará oscuros pasadizos y llegará contigo a una cámara en donde aguardan las sombras de aquellos que has violentado en tu existencia. Ellos, todos ellos, están en la misma situación sufriente en la que un día los dejaras. (*)

“Pídeles perdón, reconcíliate y bésalos uno por uno antes de partir. (*)

“Sigue al guía que bien sabe llevarte a tus lugares de naufragio, a los lugares de las cosas irreparablemente yertas.!Oh, mundo de las grandes pérdidas en el que sonrisas y encantos y esperanzas son tu peso y tu fracaso! Contempla tu larga cadena de fracasos y para ello, pide al guía que alumbre lentamente todas aquellas ilusiones. (*)

“Reconcíliate contigo mismo, perdónate a ti mismo y ríe.

“Entonces verás como del cuerno de los sueños surge un viento que lleva hacia la nada el polvo de tus ilusorios fracasos”. (*)

De pronto, toda la escena cambia y me encuentro en otro ambiente en el que escucho: “Aun en el bosque oscuro y frió, sigues a tu guía. Las aves de malos presagios rozan tu cabeza. En los pantanos, lazos serpentinos te rodean. Haz que tu guía te lleve hacia la gruta. Allí no puedes avanzar a menos que pagues tu precio a las formas hostiles que defienden la entrada. Si, finalmente, logras penetrar pídele al guía que vaya iluminando a izquierda y a derecha. Ruégale que acerque su antorcha a los grandes cuerpos de mármol de aquellos que no has podido perdonar.(*)

“Perdónalos uno por uno y cuando tu sentimiento sea verdadero, las estatuas se irán convirtiendo en seres humanos que te sonreirán y extenderán hacia ti sus brazos en un himno de agradecimiento.(*)

“Sigue al guía fuera de la gruta y no mires atrás por ninguna circunstancia.

“Deja a tu guía y vuelve aquí, a donde se pesan las acciones de los muertos.

“Ahora mira el plato de la balanza en el que están depositadas tus acciones y comprueba como éstas suben y son mas livianas que una pluma.

Siento un quejido metálico al tiempo que veo elevarse el plato en el que esta depositada la vasija.

Y la voz concluye: “Has perdonado a tu pasado. Demasiado tienes como para pretender más por ahora. Si tu ambición te llevara más lejos podría suceder que no volvieras a la región de los vivos. Demasiado tienes con la purificación de tu pasado. Yo te digo ahora: ‘Despierta y sal fuera de este lugar’”

Las luces de la escena se van apagando lentamente, mientras siento que estoy afuera de aquel mundo y nuevamente adentro de éste. Pero también advierto que en este mundo contengo las experiencias de aquel otro.

 

III. Silo, sobre la Muerte y la Trascendencia

“No hay sentido en la vida si todo termina

con la muerte…”.

La Mirada Interna, El Mensaje de Silo

 

Es indiscutible que un tema fundamental en la obra de Silo es el vinculado con la cuestión de la muerte y la trascendencia, del mismo modo que es central en su Mensaje. Los dos textos que hemos seleccionado para este Anexo tienen una relevancia muy especial: “El sentido de la vida”, del libro “Habla Silo” y “El Camino” del Mensaje de Silo.

 

 

EL SENTIDO DE LA VIDA

Intercambio con un grupo de estudios

México D.F., 10 de octubre de 1980

Agradezco la oportunidad que me dan de discutir con ustedes algunos puntos de vista referentes a aspectos relevantes de nuestra concepción sobre la vida humana. Digo discutir porque esto no va a ser una disertación, sino que va a ser un intercambio.

Un primer punto de vista a considerar es aquel al que apunta todo nuestro planteamiento. ¿Es que nuestro objeto de estudio es el mismo objeto que estudian las ciencias? Si se tratara del mismo, las ciencias precisamente tendrían la última palabra.

Nuestro interés está puesto en la existencia humana, pero no en la existencia humana como hecho biológico o social (ya que con respecto a ese punto hay ciencias que le dedican su esfuerzo), sino a la existencia humana como registro cotidiano, como registro diario personal. Porque, aunque alguien se pregunte por el fenómeno social e histórico que es constitutivo del ser humano, ese alguien hará tal pregunta desde su vida cotidiana; lo hará desde su situación; lo hará impulsado por sus deseos, sus angustias, sus necesidades, sus amores, sus odios; lo hará impulsado por sus frustraciones, sus éxitos; lo hará desde algo anterior a la estadística y a la teorización; lo hará desde la vida misma.

Y, ¿qué es lo común y, al mismo tiempo, lo particular en toda existencia humana? La búsqueda de la felicidad y la superación del dolor y el sufrimiento es lo común y lo particular de toda existencia humana. Es la verdad registrable para todos y cada uno de los seres humanos.

Ahora bien, ¿cuál es esa felicidad a la que aspira el ser humano? Ella es lo que el ser humano cree. Esta afirmación, un tanto sorprendente, se basa en el hecho de que las personas se orientan hacia imágenes o ideales felicitarios diferentes. Es más, el ideal de felicidad cambia con la situación histórica, social y personal. De ello concluiremos que el ser humano busca lo que cree que lo hará feliz, y de acuerdo con ello lo que cree que lo alejará del sufrimiento y el dolor.

Dada la aspiración de felicidad, aparecerán las resistencias del dolor y el sufrimiento. ¿Cómo podrán vencerse estas resistencias? Antes debemos preguntarnos por la naturaleza de las mismas.

El dolor para nosotros es un hecho físico. Todos tenemos experiencias del mismo. Es un hecho sensorial, corporal. El hambre, las inclemencias naturales, la enfermedad, la vejez, producen dolor. Y ése es el punto en que nosotros diferenciamos de fenómenos que nada tienen que ver con lo sensorial. Únicamente el avance de la sociedad y la ciencia es el que hace retroceder el dolor. Y ése es el campo específico en el que pueden desarrollar sus mejores esfuerzos los reformadores sociales, los científicos y por sobre todo los mismos pueblos generadores del progreso del que se nutren tales reformadores y tales científicos.

El sufrimiento, en cambio, es de naturaleza mental. No es un hecho sensorial del mismo tipo del dolor. La frustración, el resentimiento, son estados de los que también tenemos experiencia, y que no podemos localizar en un órgano específico, o en un conjunto de ellos. ¿Es que aun siendo de naturaleza diferente actúan entre sí el dolor y el sufrimiento? Por cierto que el dolor motiva también al sufrimiento. En tal sentido, el avance social y el avance de la ciencia hacen retroceder un aspecto del sufrimiento. Pero específicamente, ¿dónde hallaremos la solución para hacer retroceder el sufrimiento? Esto lo hallaremos en el sentido de la vida, y no hay reforma ni avance científico que aleje el sufrimiento que da la frustración, el resentimiento, el temor a la muerte, y el temor en general.

El sentido de la vida es una dirección a futuro que da coherencia a la vida, que permite encuadre a sus actividades y que la justifica plenamente. A la luz del sentido aún el dolor en su componente mental y el sufrimiento en general, retroceden y se empequeñecen interpretados como experiencias superables.

Entonces, ¿cuáles son las fuentes del sufrimiento humano? Son las que producen contradicción. Se sufre por vivir situaciones contradictorias, pero también se sufre por recordar situaciones contradictorias y por imaginar situaciones contradictorias.

Estas fuentes de sufrimiento han sido llamadas las tres vías del sufrimiento, y ellas pueden modificarse de acuerdo con el estado en que se encuentre el ser humano respecto del sentido de la vida. Tendremos que examinar brevemente estas tres vías para luego hablar del significado y la importancia del sentido de la vida.

(Pregunta poco audible en la grabación)

Es claro que las agrupaciones humanas, por ejemplo, son estudiadas por la sociología. Así como las ciencias pueden estudiar los astros o los microorganismos. También la biología y la anatomía, la fisiología, estudian al cuerpo humano desde diferentes puntos de vista. La Psicología estudia el comportamiento psíquico. Todos estos que estudian (los estudiosos y los científicos), no estudian su propia existencia. No hay una ciencia que estudie la propia existencia. La ciencia nada dice acerca de la situación que le acontece a una persona cuando llega a su casa y allí recibe un portazo, un mal trato, o una caricia.

Nosotros nos interesamos, justamente, por la situación de la existencia humana, y por ello no es competencia nuestra las discusiones que pueda tener la ciencia. Y también observamos que la ciencia tiene serias falencias, serias dificultades para definir lo que pasa en la existencia. Qué sucede en la existencia humana; cuál es la naturaleza de la vida humana con respecto al sentido; cuál es la naturaleza del sufrimiento y del dolor; cuál es la naturaleza de la felicidad; cuál es la naturaleza de la búsqueda de la felicidad. Estos son objetos de nuestro estudio, de nuestro interés. Desde ese punto de vista podría decirse que nosotros tenemos una posición frente a la existencia, una posición frente a la vida, y no una ciencia referida a estas cosas.

(Pregunta poco audible en la grabación)

Es claro que nosotros hemos puesto énfasis en esto que la gente busca, aquello que cree que es la felicidad. El punto está en que se cree una cosa y mañana se cree otra. Si examinamos en nosotros mismos lo que creíamos que era la felicidad a los doce años y en el día de hoy, veremos el cambio de perspectiva; así mismo si consultamos a diez personas, seguiremos viendo esa diversidad de puntos de vista. En la edad media se tenía una idea general de la felicidad distinta a la época de la revolución industrial, y en general los pueblos y los individuos varían en su búsqueda de la felicidad. No está para nada clara la felicidad en cuanto objeto. Parece que no existiera tal objeto. Es más bien un estado de ánimo el que se busca y no un objeto tangible.

A veces a esto se lo confunde en una determinada forma de propaganda que presenta un jabón como la felicidad misma. Desde luego, pero todos comprendemos que, en realidad, se está tratando de describir un estado, el estado de felicidad, pero no tanto el objeto porque que nosotros sepamos, no existe tal objeto. Por consiguiente, no está claro qué cosa sea el estado de felicidad. Nunca se lo ha definido convenientemente. Es una suerte de escamoteo que se ha hecho y para la gente no ha quedado nada claro. Bien, así es que seguiremos avanzando a menos que haya alguna otra pregunta…

(Pregunta poco audible en la grabación)

Esta última pregunta es con respecto al progreso del dolor y el sufrimiento. ¿Cómo es que el dolor va superándose con el avance de la sociedad y la ciencia y el sufrimiento no se supera paralelamente?

Hay alguna gente que sostiene que el ser humano no ha avanzado para nada. Es obvio que el ser humano ha avanzado en su conquista científica, en su conquista de la naturaleza, en su desarrollo. Está bien, hay desarrollos de las civilizaciones que son desparejos, de acuerdo, hay problemas de todo tipo, pero el ser humano y su civilización han avanzado. Eso es evidente. Recuerden ustedes otras épocas donde una bacteria hacía estragos, y hoy una droga suministrada a tiempo soluciona el problema rápidamente. Media Europa sucumbió en un momento por una peste de cólera. Eso ha sido superado. Viejas y nuevas enfermedades son combatidas y seguramente serán derrotadas. Las cosas han cambiado y han cambiado mucho. Pero es claro que en materia de sufrimiento una persona de hace cinco mil años y una persona actual, registran y sufren las mismas decepciones, registran y sufren temores, registran y sufren resentimientos. Lo registran y lo sufren como si para ellos no hubiera existido historia, como si en ese campo cada ser humano fuera el primer ser humano. El dolor va retrocediendo con aquellos avances, pero el sufrimiento no se ha modificado en el ser humano, no se han tenido adecuadas respuestas con respecto a esto. Y en ese sentido hay una cosa despareja. Pero, ¿cómo podríamos decir que el ser humano no ha avanzado? Tal vez porque haya avanzado lo suficiente hoy se esté haciendo este tipo de preguntas y también por eso se esté tratando de dar respuesta a esos interrogantes que probablemente en otra época no hubiera sido necesario hacer. Las tres vías del sufrimiento no son sino tres vías necesarias para la existencia humana, pero que han sido distorsionadas en su normal funcionamiento. Trataré de explicarme.

Tanto la sensación de lo que ahora vivo y percibo, como la memoria de lo que he vivido y la imaginación de lo que podría vivir, son vías necesarias a la existencia humana. Cercenemos algunas de estas funciones y la existencia se desarticulará. Acabemos con la memoria y perderemos hasta el mismo manejo de nuestro cuerpo. Eliminemos la sensación y perderemos la regulación del mismo. Detengamos la imaginación y no podremos orientarnos en ninguna dirección. Estas tres vías que son necesarias a la vida, pueden ser distorsionadas en su funcionamiento convirtiéndose en enemigas de la vida, en portadoras de sufrimiento. Así, sufrimos cotidianamente por lo que percibimos, por lo que recordamos y por lo que imaginamos.

Hemos dicho en otras oportunidades que se sufre por vivir en una situación contradictoria tal como la de querer hacer cosas que se oponen entre sí. También sufrimos por temor a no lograr lo que deseamos a futuro, o por temor a perder lo que tenemos. Y, desde luego, sufrimos por lo que hemos perdido, por lo que no hemos logrado, por aquello que ya sufrimos antes, por aquella humillación, aquel castigo, aquel dolor físico que quedó en el pasado, por aquella traición, por aquella injusticia, por aquella vergüenza. Y esos fantasmas que llegan del pasado son vividos por nosotros como si fueran hechos presentes. Ellos, que son las fuentes del rencor, del resentimiento y la frustración, condicionan nuestro futuro y hacen perder la fe en nosotros mismos.

Discutamos el problema de las tres vías del sufrimiento.

Si las tres vías son las que posibilitan la vida, ¿cómo es que se han ido distorsionando? Si se supone que el hombre va buscando la felicidad, debiera ir adecuándose para ir manejando estas tres vías a su favor. Pero, ¿cómo es que de repente esas tres vías son precisamente sus principales enemigas? Parece ser que en el momento en que se amplió la conciencia del ser humano, cuando todavía no era un ser muy definido, parece ser que allí mismo, al ampliarse su imaginación, al ampliarse su memoria y su recuerdo histórico, al ampliarse su percepción del mundo en que vivía, en ese mismo momento, al ampliarse una función surgió la resistencia. Tal cual sucede en las funciones internas. Como cuando tratamos de movernos en una actividad nueva, encontramos resistencia. Del mismo modo que se encuentra resistencia en la naturaleza. En el mismo instante que llueve y cae el agua y va por los ríos y encuentra resistencia a su paso, en ese vencimiento de las resistencias llega finalmente a los mares.

El ser humano en su desarrollo, va encontrando resistencias. Y al encontrar resistencias se fortalece y al fortalecerse integra dificultades y al integrarlas las supera. Y entonces todo este sufrimiento que ha ido surgiendo en el ser humano en su desarrollo, ha sido también un fortalecimiento del ser humano por encima de ello. De modo que en etapas anteriores esto del sufrimiento ha de haber contribuido al desarrollo, en el sentido de crear condiciones justamente para superarlo.

Nosotros no aspiramos al sufrimiento. Nosotros aspiramos a reconciliarnos incluso con nuestra especie, que tanto ha sufrido, y gracias a la cual nosotros podemos hacer nuevos despliegues. No ha sido inútil el sufrimiento del hombre primitivo. No ha sido inútil el sufrimiento de generaciones y generaciones que han estado limitadas por esas condiciones. Nuestro agradecimiento es para aquellos que nos precedieron no obstante su sufrimiento, porque gracias a ellos podemos intentar nuevas liberaciones.

Éste es el punto acerca de cómo el sufrimiento no nació de súbito, sino con el desarrollo y la ampliación del hombre. Pero es claro que nosotros no aspiramos, como seres humanos, a seguir sufriendo, sino a avanzar sobre esas resistencias integrando un nuevo camino en este desarrollo.

Pero hemos dicho que hallaremos la solución al problema del sufrimiento en el sentido de la vida, y hemos definido a ese sentido como la dirección a futuro que da coherencia, que permite encuadrar actividades y que justifica plenamente a la existencia. Esta dirección a futuro es de máxima importancia por cuanto, según hemos examinado, si se corta esta vía de la imaginación, esta vía del proyecto, esta vía del futuro, la existencia humana pierde dirección y ello es fuente de inagotable sufrimiento.

Es claro para todos que la muerte aparece como el máximo sufrimiento del futuro. Es claro, en esa perspectiva, que la vida tiene carácter de cosa provisoria. Y es claro que, en ese contexto, toda construcción humana es una inútil construcción hacia la nada. Por ello, tal vez, el apartar la mirada del hecho de la muerte haya permitido cambiar la vida como si la muerte no existiera… Quien piensa que todo termina para sí con la muerte, podrá alentarse con la idea de que será recordado por sus espléndidas acciones, que no se olvidarán de él sus seres queridos o, tal vez, las generaciones venideras. Y, aunque esto fuera así, todos marcharían finalmente hacia una nada absurda que interrumpiría todo recuerdo. También podría pensarse que lo que uno hace en la vida no es sino responder a necesidades del mejor modo posible. Pues bien, ya se acabarán esas necesidades con la muerte y habrá perdido sentido toda lucha por salir del reino de la necesidad. Y se podrá decir que la vida personal carece de importancia en la vida humana, que por lo tanto la muerte personal no tiene significado. Si tal fuera el caso, tampoco tendría significado la vida ni las acciones personales. No se justificaría ninguna ley, ningún compromiso, y no habría, en esencia, mayores diferencias entre las acciones benéficas y las malvadas.

Nada tiene sentido si todo termina con la muerte. Y, si ése es el caso, el único recurso posible para transitar por la vida, es animarse con sentidos provisorios, con direcciones provisorias a las cuales aplicar nuestra energía y nuestra acción. Tal es lo que sucede habitualmente, pero para ello es necesario proceder negando la realidad de la muerte, es necesario hacer como si ella no existiera.

Si se pregunta a alguien qué sentido tiene para él la vida, probablemente responderá por su familia, o por el prójimo, o por una determinada causa que según él justifique la existencia. Y, esos sentidos provisorios, habrán de conferirle dirección para afrontar la existencia, pero a poco que surjan problemas con los seres queridos, a poco que se produzca una desilusión con la causa abrazada, a poco que algo cambie en el sentido elegido, el absurdo y la desorientación volverán por su presa.

Por último, sucede con los sentidos o las direcciones provisorias de vida que en el caso de alcanzarse ya pierden referencia y, por lo tanto, dejan de ser útiles para más adelante y, en el caso de no alcanzarse, dejan de ser útiles como referencia. Por cierto que luego del fracaso de un sentido provisorio siempre queda la alternativa de poner un nuevo sentido provisorio, tal vez en oposición al que fracasó. Así, de sentido en sentido se va borrando, a medida que pasan los años, todo rastro de coherencia y con ello aumenta la contradicción y, por tanto, el sufrimiento.

La vida no tiene sentido si todo termina con la muerte. Pero, ¿es cierto que todo termina con la muerte? ¿Es cierto que no se puede lograr una dirección definitiva que no varíe con los accidentes de la vida?, ¿cómo se ubica el ser humano frente al problema de que todo termina con la muerte? Examinémoslo, pero luego de discutir lo dicho hasta aquí.

(Intervalo y discusión)

Así como destacamos tres vías del sufrimiento observamos también cinco estados con referencia al problema de la muerte y la trascendencia. En estos cinco estados se puede ubicar cualquier persona.

Hay un estado en que una persona tiene evidencia indudable dada por propia experiencia, no por educación o ambiente. Para ella es evidente que la vida es un tránsito y que la muerte es un escaso accidente.

Otros tienen la creencia de que el ser humano va a no sé que trascendencia, y esta creencia la tienen dada por educación, dada por ambiente, no por algo sentido, experimentado, no por algo evidente para ellos, sino por algo que les enseñaron y que ellos aceptan sin experiencia alguna.

Hay un tercer tipo de ubicación frente al sentido de la vida y es el de aquellas personas deseosas de tener una fe o tener una experiencia. Ustedes se deben haber encontrado con muchas personas que dicen: “Si yo pudiera creer en ciertas cosas, mi vida sería diferente”. Hay muchos ejemplos a mano. Gentes a las cuales les han sobrevenido muchos accidentes, muchas desgracias, y que se han sobrepuesto a esos accidentes, a esas desgracias, porque o tienen fe o tienen un registro de que todo esto, por transitorio o provisorio, no es el agotamiento mismo de la vida sino en todo caso una prueba, una resistencia que de algún modo hace crecer en el conocimiento. Incluso pueden haber encontrado gentes que acepten el sufrimiento como un recurso de aprendizaje. No es que busquen el sufrimiento (no como otros, que parece que tuvieran una especial afición por el sufrimiento). Estamos hablando de aquellos que simplemente, cuando se da tal cosa, sacan la mejor partida de ello. Gentes que no andan buscando el sufrimiento, todo lo contrario, sino que dada la situación lo asimilan y lo integran y lo superan.

Bien. Hay gentes, entonces, que se ubican en ese estado: no tienen fe, no tienen ninguna creencia, pero desearían tener algo que les diera aliento y le diera dirección a su vida. Sí, esas personas existen.

Hay también aquellos que sospechan intelectualmente la posibilidad de que exista un futuro tras la muerte, que exista una trascendencia. Simplemente lo consideran posible y no tienen ninguna experiencia de trascendencia ni tampoco tienen ningún tipo de fe, ni tampoco aspiran a tener experiencia ni a tener fe. Seguramente conocen a esas personas.

Y hay, por último, aquellos que niegan toda posibilidad de trascendencia. También ustedes reconocerán aquí personas, y probablemente entre ustedes haya muchos, que piensan así.

De manera que con diferentes variantes cada uno puede efectivamente ubicarse como aquellos que tienen evidencia y para ellos es indudable esto de la trascendencia, o bien como aquellos que tienen fe porque así la asimilaron cuando pequeños, o bien aquellos otros que quisieran tener una experiencia o una fe, o aquellos otros más que la consideran una posibilidad intelectual sin hacerse mayores problemas, y estos otros que la niegan.

Pero aquí no terminamos con el punto de ubicación frente al problema de la trascendencia. Hay, al parecer, diferentes profundidades en esto de ubicarse frente al problema de la trascendencia. Hay quienes incluso dicen que tienen una fe, lo afirman, pero esto que dicen no responde efectivamente a lo que experimentan. Nosotros no decimos que ellos mientan, decimos que esto lo dicen superficialmente. Dicen tener una fe, pero mañana pueden no tenerla.

Así es que observamos diferentes grados de profundidad en estas cinco posturas y, por lo tanto, en la movilidad o la firme convicción en cuanto a lo que se postula. Hemos conocido gentes que eran devotas, creyentes de una fe, y al morirse un familiar, al morirse un ser querido, desapareció toda la fe que decían tener y cayeron en el peor de los sin sentidos. Esa fe era una fe de superficie, una fe de mampostería, una fe periférica. En cambio, aquellos otros a los cuales sobrevinieron grandes catástrofes y afirmaron precisamente su fe, todo les resultó diferente.

Hemos conocido gentes que estaban convencidas de la inexistencia total de la trascendencia. Uno muere y desaparece. Por así decir, ellos tenían fe en que todo se acababa con la muerte. Es claro que en alguna ocasión, caminando cerca de un cementerio han apurado el paso y se han sentido inquietos… ¿cómo se compatibiliza todo esto con la convicción cierta de que todo termina con la muerte? De este modo, hay gentes que aun en la negación de la trascendencia están ubicadas en una situación muy superficial.

Así, pues, uno puede ubicarse en cualquiera de estos estados, pero también uno puede ubicarse en distintas profundidades. En ciertas épocas de nuestra vida hemos creído una cosa respecto de la trascendencia, y luego otra. Cambió, esto es móvil. Ésta no es una cosa estática. No sólo en épocas distintas de nuestra vida sino en situaciones. Cambia nuestra situación y cambia nuestra creencia con respecto al problema de la trascendencia. Es más: cambia de un día a otro. A veces a la mañana estoy creyendo una cosa determinada, a la tarde ya no. Y esto que parece ser de suma importancia porque hace a la orientación de la vida humana, es algo demasiado variable. Y al fin nos provocará desconcierto en la vida cotidiana.

En esos cinco estados y grados se emplaza el ser humano, ¿pero cuál debería ser el correcto emplazamiento? ¿Es que existe acaso un correcto emplazamiento, o es que estamos simplemente describiendo problemas sin dar solución? ¿Es que podemos sugerir cuál es el mejor emplazamiento frente al problema?

Algunos dicen que la fe es algo que está o no está en las personas, que brota o que no brota. Pero observen ese estado de conciencia. Alguien puede no tener fe en absoluto, pero también puede desear, sin fe y sin experiencia, obtener eso. Puede inclusive comprender intelectualmente que tal cosa es interesante, que puede valer la pena orientarse en esa dirección. Pues bien, cuando eso comienza a suceder es porque algo ya se está manifestando en esa dirección.

Quienes logran esa fe o esa experiencia trascendente, aunque no puedan definirla en términos precisos como no se puede definir el amor, reconocerán la necesidad de orientar a otros hacia el sentido, pero jamás tratarán de imponer su paisaje a quienes no lo reconozcan.

Y así, coherentemente con lo enunciado, declaro ante ustedes mi fe y mi certeza de experiencia respecto a que la muerte no detiene el futuro, que la muerte, por lo contrario, modifica el estado provisorio de nuestra existencia para lanzarla hacia la trascendencia inmortal. Y no impongo mi certeza ni mi fe, y convivo con aquellos que se encuentran en estados diferentes respecto del sentido, pero me obligo a brindar solidariamente el mensaje que reconozco hace feliz y libre al ser humano. Por ningún motivo eludo mi responsabilidad de expresar mis verdades aunque éstas fueran discutibles por quienes experimentan la provisoriedad de la vida y el absurdo de la muerte.

Por otra parte, jamás pregunto a otros por sus particulares creencias y, en todo caso, aunque defino con claridad mi posición respecto a este punto, proclamo para todo ser humano la libertad de creer o no creer en Dios y la libertad de creer o no creer en la inmortalidad.

Entre miles y miles de mujeres y hombres que codo a codo, solidariamente, trabajan con nosotros, se suman ateos y creyentes, gentes con dudas y con certezas y a nadie se pregunta por su fe y todo se da como orientación para que decidan por sí mismos la vía que mejor aclare el sentido de sus vidas.

No es valiente dejar de proclamar las propias certezas, pero es indigno de la verdadera solidaridad tratar de imponerlas.

 

El Camino

Si crees que tu vida termina con la muerte, lo que piensas, sientes y haces no tiene sentido. Todo concluye en la incoherencia, en la desintegración.

Si crees que tu vida no termina con la muerte, debe coincidir lo que piensas con lo que sientes y con lo que haces. Todo debe avanzar hacia la coherencia, hacia la unidad.

Si eres indiferente al dolor y el sufrimiento de los demás, toda ayuda que pidas no encontrará justificación.

Si no eres indiferente al dolor y sufrimiento de los demás, debes hacer que coincida lo que sientes con lo que pienses y hagas para ayudar a otros.

 

Aprende a tratar a los demás del modo en que quieres ser tratado.

Aprende a superar el dolor y el sufrimiento en ti, en tu prójimo y en la sociedad humana.

Aprende a resistir la violencia que hay en ti y fuera de ti.

Aprende a reconocer los signos de lo sagrado en ti y fuera de ti.

No dejes pasar tu vida sin preguntarte: “¿quién soy?”.

No dejes pasar tu vida sin preguntarte: “¿hacia donde voy?”.

No dejes pasar un día sin responderte quién eres.

No dejes pasar un día sin responderte hacia donde vas.

No dejes pasar una gran alegría sin agradecer en tu interior.

No dejes pasar una gran tristeza sin reclamar en tu interior aquella alegría que quedó guardada.

No imagines que estás solo en tu pueblo, en tu ciudad, en la Tierra y en los infinitos mundos.

No imagines que estás encadenado a este tiempo y a este espacio.

No imagines que en tu muerte se eterniza la soledad.

  1. Vocabulario

A continuación se incluyen algunos términos comunes que el lector puede encontrar en los testimonios, con una breve explicación de su uso en el contexto del siloísmo.

Centro de Trabajo – lugar en donde los siloistas realizan retiros.

clima – transfondo o modo emotivo difuso. (Ver L.Ammann, Autoliberación, Ed. Plaza y Valdez, Argentina, 2003).

Comunidad del Mensaje de Silo, La – cualquier grupo de personas que comparten ideas, sentimientos y procedimientos en base al Mensaje de Silo, independientemente de que crean o no en la trascendencia y adhieran o no a algún otro grupo u organización, puede ser considerado como una Comunidad del Mensaje. Sus miembros se encuentran semanalmente, sin obligatoriedad de participación, para realizar ceremonias y estudiar, aplicando el Mensaje a su propias vidas e interpretándolo del modo en que mejor les otorgue sentido.

Comunidad para el Desarrollo Humano, La – organización social y cultural fundada en 1981 para impulsar el trabajo siloísta por la no violencia social y la transformación personal.

estructura, la – referencia al modo de organización del Movimiento Humanista. La estructura está compuesta por pequeños equipos de voluntarios conectados a través de sus orientadores, posibilitando la comunicación y el trabajo coordinado en proyectos similares alrededor del mundo.

experiencia guiada – narración breve escrita en primera persona, donde el lector se imagina a sí mismo en el lugar del narrador. Estas experiencias pueden ser usadas como un ejercicio psicológico en el cual uno inserta sus propios contenidos en la escena, trabajando con los propios recuerdos, esperanzas, temores, etc., con la intención de transformar las ideas y creencias fijas que pueden causar dificultades en la vida diaria.

Fuerza, la – la fuerza vital o energía de vida, conocida con muchos otros nombres en otros contextos culturales: “Ki” en las artes marciales como el Aikido, “Chi” en la tradición budista china; “Prana” en el sánscrito, etc. En la Ceremonia de Oficio se moviliza la Fuerza imaginando una esfera transparente y luminosa que desciende sobre uno, llegando hasta el corazón y expandiéndose hacia fuera del cuerpo. Esta experiencia es conocida también como “Trabajo con la Fuerza”; ver los Capítulos VII – XIX de la Mirada Interna en el Mensaje de Silo (disponible en www.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.net   ). Para el texto completo del Oficio, ver los Anexos.

Guía Interno, el – una imagen inspiradora que la persona puede configurar y utilizar en la meditación o el pedido. Ver el Capítulo XVII del Paisaje Interno, el Libro II de Humanizar la Tierra, en Obras Completas, Silo. (Buenos Aires, Ed. Plaza y Valdés, 2003, vol.I).

Mensaje de Silo, el – hace referencia tanto al libro de Silo con dicho nombre, como al mensaje contenido en él y en otros trabajos de Silo. El libro El Mensaje de Silo está dividido en tres partes: el Libro (La Mirada Interna), la Experiencia (Ceremonias) y el Camino (frases de meditación). Escrito por Silo en 2002, está disponible en www.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.net     . El Mensaje contenido en el libro estб basado en el principio universal que dice: “trata a los demбs como quieres que te traten”. Un mensaje de no violencia y no discriminaciуn, paz y reconciliaciуn, en la tradiciуn de Martin Luther King y Mahatma Gandhi; es un mensaje inspirador para todos aquellos en busca de sentido, esperanza y cambios positivos en sus vidas. Es un camino espiritual que aleja de la contradicción y acerca a lo profundo y lo Sagrado dentro de nosotros mismos.

mirada – el modo de ver nuestro “paisaje” (ver más arriba). La mirada de cada uno está íntimamente vinculada y afectada por la propia experiencia personal de vida. Ver “Miradas y Paisajes”, Capítulo I del Paisaje Humano, Libro III del Humanizar la Tierra en Obras Completas, Silo (Buenos Aires, Ed. Plaza y Valdés, 2003, vol. I).

Movimiento Humanista, el – movimiento mundial voluntario por la no violencia y la no discriminación que trabaja en numerosos frentes diversos para superar el dolor y el sufrimiento tanto a nivel personal como interpersonal y social.

Nación Humana Universal – ideal de sociedad al que los siloístas aspiran; un mundo donde la gente y las diferentes culturas vivan en armonía, respetando y alentando la diversidad mientras se celebra la humanidad común. “Los humanistas no desean un mundo uniforme sino múltiple: múltiple en las etnias, lenguas y costumbres; múltiple en las localidades, las regiones y las autonomías; múltiple en las ideas y las aspiraciones; múltiple en las creencias, el ateísmo y la religiosidad; múltiple en el trabajo; múltiple en la creatividad.” Del Diccionario del Nuevo Humanismo, Silo: Obras Completas, vol. II (Buenos Aires, Ed. Plaza y Valdés, 2003).

Nuevo Humanismo; también conocido como Humanismo Universalista – corriente de pensamiento siloísta que se focaliza en la superación del dolor y el sufrimiento tanto a nivel personal como interpersonal y social. Ver Diccionario del Nuevo Humanismo, Silo; Obras Completas Silo (Buenos Aires, Ed. Plaza y Valdés, 2003, vol. II).

orientador – coordinador de un equipo de voluntarios en el Movimiento Humanista.

paisaje – aquello que percibimos, incluyendo tanto el mundo físico como nuestros recuerdos, esperanzas y temores, lo cual afecta el modo de ver e interactuar con los eventos y las demás personas en el mundo físico. Ver “Miradas y Paisajes”, Capítulo I del Paisaje Humano, Libro III del Humanizar la Tierra en Obras Completas, Silo (Buenos Aires, Ed. Plaza y Valdés, 2003, vol. I).

Parques de Estudio y Reflexiónl Mensaje de Silo – son espacios abiertos a la reflexión, al intercambio y al encuentro entre personas, donde la gente en busca de sentido, esperanza y conexión humana puede reunirse en una experiencia común, más allá de la diversidad de culturas y confesiones. Los cinco parques regionales más importantes se encuentran en Attigliano, Italia; Alejandría, Egipto; Bombay, India; Buenos Aires, Argentina y California, EEUU. También parques a nivel nacional como los de Manantiales, Chile; Toledo, España; Caucaia, Brasil; así como centros en diferentes ciudades alrededor del mundo.Los Parques se encuentran en numerosos países de los cinco continentes. Ver www.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.net   .

Silo – seudónimo literario de Mario Luis Rodríguez Cobos, nacido en 1938 en Mendoza, Argentina, y fallecido en el mismo lugar en 2010. aAutor de numerosos trabajos en diferentes géneros que han sido traducidos a las lenguas más importantes. Ver www.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.net     .

siloísmo – el sistema de ideas formulado por Silo es tanto un “humanismo filosófico” como “una actitud partícipe de los valores del Nuevo Humanismo” (del Diccionario del Nuevo Humanismo, en Obras Completas, vol. II, Silo, Buenos Aires, 2003).

transferencia – técnica en la que se trabaja movilizando e integrando imágenes para resolver dificultades psicológicas persistentes. Ver Autoliberación de Luis Ammann (Buenos Aires, Ed. Plaza y Valdés, 2003); ver también Psicología III en Obras Completas de Silo (Buenos Aires, Ed. Plaza y Valdés, 2003).

Llamadas

  1. Silo es el seudónimo literario de Mario Luis Rodríguez Cobos, (1938-2010) Sus Obras Completas nacido en 1938 en Mendoza, Argentina, autor de numerosos trabajos en diversos géneros, que han sido ya traducidaos a las principales lenguas del mundo. Su trabajo denominado más reciente es El Mensaje de Silo fue escrito en 2002. Para mayor información verTodas sus producciones pueden descargarse libremente de www.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.net     .
  2. “El sentido de la vida” de Habla Silo, en Obras Completas, Silo, vol. I (Buenos Aires, Ed. Plaza y Valdés, 2003).
  3. La Muerte, un umbral – Manual de ayuda para el antes, el durante y el después – Rosita Benmayor. (Santiago de Chile: Fundación Laura Rodríguez, Red de Sicología para Todos).
  4. “La muerte” del libro Experiencias Guiadas, en Obras Completas, Silo, vol. I (Buenos Aires, Ed. Plaza y Valdés, 2003).
  5. Una referencia al capítulo XIX, “Los estados internos”, de La Mirada Interna, en el Mensaje de Silo.
  6. Palabras de Silo en la Primera celebración anual del Mensaje de Silo en Punta de Vacas, Argentina, el 4 de mayo de 2004: “Hemos fracasado y seguiremos fracasando una y mil veces porque montamos en alas de un pájaro llamado “Intento”, que vuela sobre las frustraciones, las debilidades y las pequeñeces.” (para el texto completo ver www.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.net   )
  7. “El resentimiento”, del libro Experiencias Guiadas, en Obras Completas, Silo, vol. I (Buenos Aires, Ed. Plaza y Valdés, 2003).
  8. Extraído de la historia llamada “Kaunda”, del libro El día del león alado, en Obras Completas, Silo, vol. I (Buenos Aires, Ed. Plaza y Valdés, 2003).
  9. El 4 de mayo de 1969 es la fecha de la primera intervención pública de Silo: “La Curación del Sufrimiento”, realizada en el apogeo de la represión militar en Argentina delante de una audiencia de algunos cientos de personas en Punta de Vacas, un paraje desolado en los Andes. Esta fecha es celebrada cada año como Aniversario del Mensaje de Silo.
  10. El término “coya” refiere a una tribu indígena de los Andes en el norte de Argentina.
  11. El Arbol de la Vida es utilizado para simbolizar diferentes momentos de un proceso incluyendo estados de conciencia. En este caso se trata del estado denominado “intento”.
  12. Refiere a la revelación que inspiró al filósofo alemán Friedrich Nietzsche la conocida obra “Así habló Zaratustra”. La experiencia nietzscheana de inspiración sublime tuvo lugar en agosto de 1881 en Sils María, en las alturas de los Alpes Suizos.
  13. El “Regalo” refiere a una breve oración de Pedido que Silo describió en su intervención del 7 de mayo de 2005 durante la inauguración del Parque de Estudio y Reflexión La Reja en Argentina la Sala Sudamericana del Mensaje de SiloE; esta parte de su intervención ha sido incluida junto a las ceremonias de El Mensaje en el Anexo al presente libro bajo el título “El pedido”; el texto completo de esta intervención puede ser encontrado en www.silo.net
  14. “El festival”, del libro Experiencias Guiadas, en Obras Completas, Silo, vol. I (Buenos Aires, Ed. Plaza y Valdés, 2003). Ver www.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.netwww.silo.net
  15. El Libro de la Comunidad, una publicación de la Comunidad para el Desarrollo Humano, organización social y cultural incluida en el Movimiento Humanista. El texto puede encontrarse en: www.libreriahumanista.com/Libros/012_Comunidad.htmwww.libreriahumanista.com/Libros/012_Comunidad.htmwww.libreriahumanista.com/Libros/012_Comunidad.htmwww.libreriahumanista.com/Libros/012_Comunidad.htmwww.libreriahumanista.com/Libros/012_Comunidad.htmwww.libreriahumanista.com/Libros/012_Comunidad.htmwww.libreriahumanista.com/Libros/012_Comunidad.htmwww.libreriahumanista.com/Libros/012_Comunidad.htm

 

 

 

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